Chile

Palacio de la Moneda
Llegar
a La Moneda a Salvador Allende le costó cuatro intentos. En 1952 recibió sólo
el 5 por ciento de los votos. En 1958 fué derrotado por Jorge Alesandri y en el
64 por Eduardo Frei, padre. En 1970 se materializó otra de sus profecías.
"He sido candidato tantas veces que muchos me votan creyendo que voy a
perder. A lo mejor, una de estas veces, gano y se llevan una sorpresa",
bromeaba tras ser nominado candidato por la coalición izquierdista Unidad
Popular en 1969.
Durante
el primer año de mandato el gobierno nacionalizo empresas norteamericanas,
muchas tierras fueron expropiadas y repartidas entre campesinos sin tierra. Tras
la nacionalización de empresas norteamericanas, EEUU exigió indemnizaciones y
al no obtenerlas bloqueo los fondos estatales chilenos depositados en bancos
norteamericanos, puso medidas de presión económica contra Chile.
Richard Nixon habia resumido el giro de la política de Washington hacia Chile
en una orden a su embajador en Santiago: "Hay que aplastar rápidamente a
ese SOB (son of a bicht: hijo de puta)". Y la utopía murió. Según
Pinochet y Aylwin porque "era un mal estadista" y "no lo hizo
bien". No supo controlar las disputas internas de su coalición. Los que
mantienen su leyenda recuerdan que el primer presidente socialista elegido
democráticamente en Occidente fue vencido, pero por un golpe militar orquestado
desde la Casa Blanca. El 4 de noviembre de 1970 derrotó a los millones de dólares
que se ingresaban, vía valija diplomática, en las arcas de la campaña de
Frei. La CIA ya había perdido.
"Richard
Nixon ha decidido que un régimen Allende en Chile no es aceptable para los
Estados Unidos. El presidente pide a la Agencia (CIA) que evite que Allende
llegue al poder o que lo derroque. Autoriza 10 millones de dólares para este
objetivo, si es necesario. La Agencia debe llevar a cabo su misión sin el
conocimiento de los Departamentos de Estado o Defensa". Es el párrafo
textual número 2 del memorándum del que nació el "Proyecto FUBELT"
fechado el 17 de septiembre de 1970, una semana después de la victoria
electoral de Allende, y hecho público este verano los 5000 documentos
desclasificados por los servicios de inteligencia estadounidenses. Se
confirmaba, tras décadas de rumores e investigaciones, que un complot de la CIA
financió y orquestó el golpe de Pinochet.
Se había tratado antes de impedir la elección de Allende. Edward Korry,
embajador estadounidense en Santiago de 1967 a 1970, reveló que "la CIA
dispuso de 2,7 millones de dólares para financiar la elección de Frei",
pero además "consiguió sumas enormes de El Vaticano, de los partidos
democristianos alemán e italiano y de las casas reales de Holanda y Bélgica".
Korry se negó a usar los métodos que exigían Nixon y Henry Kissinger,
secretario de Estado, de "aplastar" a Allende, según el entoces
agregado militar en Chile, Paul Wimert. Nixon ordenó entoces que Wimert saltase
a Korry. Sus informes desde Chile explican, dia a dia, como hizo presión sobre
"altos militares chilenos para organizar un golpe de Estado", contactó
con "opositores civiles" e, introdujo "tres metralletas y bombas
lacrimógenas a través de la valíja diplomática de la Embajada, junto con
50.000 dólares que sirvieron para el intento de secuestro del comandante en
jefe del ejército, general Schneider", que fué herido mortalmente en el
ataque, una semana antes de la investidura de Allende.
La
izquierda del socialismo y otras fuerzas izquierdistas optaron por una
política de movilizaciones de masas. El 11 de septiembre de 1973, llamado
"su Día-D" por los chilenos, por el agregado naval
norteamericano, el gobierno de Allende fue derrocado por un golpe militar
encabezado por Augusto Pinochet. Salvador Allende murió en la defensa del
Palacio de la Moneda.

Periodistas en La Moneda en la mañana del 11 de septiembre, 1973.

Aviones
Hawker Hunter de la FACH sobrevolando La Moneda antes del bombardeo.

Soldados en el techo de un edifico al frente de La Moneda, al comienzo del bombardeo
Una
gran nube negra se eleva desde el palacio en llamas. El presidente Allende muere
en su sitio. Los militares matan de a miles por todo Chile. El Registro Civil no
anota las defunciones, porque no caben en los libros, pero el general Tomás
Opazo Santander afirma que las víctimas no suman más que el 0,01 por 100 de la
población, lo que no es un alto costo social, y el director de la CIA, William
Colby, explica en Washington que gracias a los fusilamientos Chile está
evitando una guerra civil. La señora Pinochet declara que el llanto de las
madres redimirá al país.
Ocupa
el poder, todo el poder, una Junta Militar de cuatro miembros, formados en la
Escuela de las Américas en Panamá. Los encabeza el general Augusto Pinochet,
profesor de Geopolítica. Suena música marcial sobre un fondo de explosiones y
metralla: las radios emiten bandos y proclamas que prometen más sangre,
mientras el precio del cobre se multiplica por tres, súbitamente, en el mercado
mundial.
El poeta Pablo Neruda, moribundo, pide noticias del terror. De a ratos consigue dormir y dormido delira. La vigilia y el sueño son una única pesadilla. Desde que escuchó por radio las palabras de Salvador Allende, su digno adiós, el poeta ha entrado en agonía.
La
historia de la Caravana
La Caravana de
muerte fue la comitiva militar que recorrió el norte y sur del país tras el
pronunciamiento de 1973. La misión ordenada por el entonces jefe de la Junta
Militar, Augusto Pinochet, era uniformar criterios sobre la administración de
justicia para con los prisioneros políticos.
De acuerdo a
los antecedentes recopilados y que forman parte del expediente del ministro Juan
Guzmán, se ha podido establecer a lo menos las ejecuciones de 72 personas por
la Caravana de la Muerte:
En Cauquenes
(4), La Serena (15), Copiapó (13), Antofagasta (14) y Calama (26).
El 4 de octubre de 1973 llegó el helicóptero Puma con la comitiva a
Cauquenes; el 16 de octubre, a La Serena. Dos jeeps se estacionaron
frente a la cárcel y 15 prisioneros fueron sacados del regimiento de esa
ciudad.
Ese mismo día
aterrizó en Copiapó, en donde un bando informó que 13 prisioneros intentaron
fugarse cuando eran conducidos de la cárcel de Copiapó a la de La Serena en un
camión que era conducido por el entonces capitan Patricio Díaz.
El 18 del
mismo mes llegó a Antofagasta. En la noche de ese día la Caravana de la
Muerte sacó de la cárcel a 14 prisioneros y los ejecutaron en la quebrada del
Way, según se ha establecido.
El 19 llegó a Calama y el resultado fue el fusilamiento de 26 personas;
de 13 de ellas ya han sido ubicados sus restos.
-
Sergio Arellano Stark: General de Ejército delegado del presidente de
la Junta de Gobierno durante el mandato del general Augusto Pinochet. Fue la
cabeza de la denominada Caravana de la Muerte.
-
Sergio Arredondo: El coronel Sergio Arredondofue agregado militar de
Chile en Brasil. Es identificado por los organismos de derechos humanos como el
segundo hombre de Arellano Stark en la denominada Caravana de la Muerte.
Mientras estaba en Sao Paulo, confirmó haber participado en misiones militares
en 1973 y admitió los fusilamientos, pero siempre negó su participación en
las ejecuciones, señalando que eran de responsabilidad de las autoridades
militares locales.
-
Patricio Díaz: A pesar de no haber integrado el grupo de Arellano
Stark, se le acusa como el oficial que habría trasladado a 13 prisioneros desde
Copiapó a La Serena, y que fueron ejecutados en el camino la madrugada del 17
de octubre de 1973.
- Pedro
Espinoza Fue uno de los integrantes de la llamada Caravana de la Muerte
cuando aún era mayor de Ejército. Actualmente cumple condena de seis años en
la cárcel especial de Punta Peuco, por el homicidio calificado, en Washington
D.C., del ex canciller chileno Orlando Letelier.
-
Marcelo Moren: Conocido como el comandante de Villa Grimaldi, el mayor
de Ejército e integrante de la disuelta Dirección de Inteligencia Nacional
(Dina). Ex detenidos de Villa Grimaldi que estuvieron a su cargo, lo recuerdan
como uno de los personajes que actuó con extrema crueldad en contra de sus víctimas.
Salvador Allende
Político chileno, presidente de la República (1970-1973)
Nació el 26 de junio de 1908. Sus padres fueron el abogado y notario, militante
del Partido Radical, Salvador Allende Castro y doña Laura Gossens Uribe.
ingresa al Liceo Eduardo de la Barra, donde realiza sus estudios con excelentes
calificaciones. Destaca en la practica de diferentes deportes. Por esos años
conoce a Juan Demarchi, viejo anarquista italiano, que influye en su formación ideológica
prestándole los primeros textos de marxismo. Realiza estudios de medicina en la
Universidad de Chile. En 1927 es presidente del Centro de Alumnos de Medicina,
organiza un grupo que se reúne periódicamente para leer y discutir de
marxismo. Pide su incorporación a la Masonería en 1929 siguiendo una tradición
familiar. Funda junto a sus compañeros de universidad el Grupo Avance. En el año
1931 es miembro del Consejo Universitario en representación de los estudiantes.
Temporalmente expulsado de la Universidad, es pronto reincorporado por sus
excelentes calificaciones y porque le faltan escasos meses para terminar sus
estudios. 1932 es el año en que finaliza sus estudios y regresa a Valparaiso,
para estar cerca de su padre enfermo. Mientras redacta su memoria sobre Higiene
Mental y Delincuencia, hace su practica profesional. En Junio se proclama la
Republica Socialista que encabeza Marmaduke Grove. Tras la fugaz experiencia
socialista, el nuevo gobierno desata la persecución contra los elementos
progresistas. Allende es encarcelado. Mientras permanece en prisión, muere su
padre. El joven medico jura sobre su tumba dedicar su vida a la lucha por la
libertad de Chile. Participa el 19 de Abril de 1933 en el nacimiento del Partido
Socialista de Chile, junto a Eugenio Matte Hurtado, Marmaduke Grove, Eugenio González,
Oscar Schnake y otros. Es elegido al Congreso en 1937, y fue ministro de Sanidad
desde 1939 hasta 1942. En 1945 Allende fue elegido senador, cargo en el que
permaneció durante 25 años. En este periodo fue tres veces candidato
presidencial de su partido. Realizó un cuarto intento en 1970, liderando la
Unidad Popular, una coalición que integraba a las principales formaciones de
izquierdas (Partido Socialista, Partido Comunista, Partido Radical) y a ciertos
grupos escindidos de la democracia cristiana, y ganó por una escasa mayoría,
por lo cual tuvo que ser ratificado por el Congreso Nacional. Durante su breve
mandato como presidente, Allende se propuso renovar la sociedad chilena,
nacionalizando industrias y empresas y acelerando las expropiaciones de la
reforma agraria, pero chocó con la oposición democristiana de derechas y el
desacuerdo de la izquierda radical. Cuando aumentó la inflación, Estados
Unidos, cuyos intereses en Chile se veían perjudicados por la política
antiimperialista de Allende, especialmente desde la nacionalización de varias
empresas estadounidenses, aprovechó la situación para incitar a la clase media
chilena a manifestar su descontento con el gobierno. Finalmente Allende fue
derrocado por un golpe militar, encabezado por el general Augusto Pinochet
Ugarte, el 11 de septiembre de 1973. La opinión generalizada es la de que
Allende se suicidó durante el asalto al palacio presidencial de la Moneda.
Recibió exequias nacionales en 1990, tras la restauración de la democracia.
Mensaje de Salvador Allende a los ciudadanos transmitido por Radio Corporación
a las 8,45 de la mañana, 11 de septiembre de 1973:
Pagaré
con mi vida la defensa de principios que son caros a esta patria. Caerá un baldón
sobre aquellos que han vulnerado sus compromisos, faltado a su palabra, roto la
doctrina de las Fuerzas Armadas.
El pueblo debe estar alerta y vigilante. No debe dejarse provocar, ni dejarse
masacrar, pero también debe defender sus conquistas. Debe defender el derecho a
construir con su esfuerzo una vida digna y mejor.
Una palabra para aquellos que llamándose demócratas han estado instigando esta
sublevación, para aquellos que diciéndose representantes del pueblo, han
estado turbia y torpemente actuando para hacer posible este paso que coloca a
Chile en el despeñadero.
En nombre de los más sagrados intereses del pueblo, en nombre de la patria, los
llamo a ustedes para decirles que tengan fe. La historia no se detiene ni con la
represión ni con el crimen. Esta es una etapa que será superada, éste es un
momento duro y difícil. Es posible que nos aplasten, pero el mañana será del
pueblo, será de los trabajadores. La humanidad avanza para la conquista de una
vida mejor...
...Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha; me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente en los atentados terroristas, volando puentes, cortando las vías férreas, destruyendo los oleoductos y los gasoductos, frente al silencio de los que tenían la obligación de proceder... La historia los juzgará.
Que lo
sepan, que lo oigan, que se lo graben profundamente: dejaré La Moneda cuando
cumpla el mandato que el pueblo me diera, defenderé esta revolución chilena y
defenderé el Gobierno porque es el mandato que el pueblo me ha entregado. No
tengo otra alternativa. Sólo acribillándome a balazos podrán impedir la
voluntad que es hacer cumplir el programa del pueblo"
Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz no
llegará a ustedes. No importa: me seguirán oyendo. Siempre estaré junto a
ustedes, por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con
la patria. El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe
dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.
Trabajadores de mi patria: tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros
hombres el momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse.
Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán las
grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad
mejor.
¡Viva Chile, viva el pueblo, vivan los trabajadores!
Estas son mis últimas palabras, teniendo la certeza de que el sacrificio no será
en vano. Tengo la certeza de que, por lo menos, habrá una sanción moral que
castigará la felonía, la cobardía y la traición
No es venganza, es justicia (Diario de Sevilla 13 de Agosto de 2000.)
Han
sido casi veintidós meses de alegrías contenidas y furias desatadas. Casi dos
años de esperanzas anheladas para unos y desilusiones jamás soñadas para
otros. Desde que Augusto Pinochet Ugarte fuera detenido en Londres el 16 de
octubre de 1998 por una orden de búsqueda y captura internacional dictada por
el juez de la Audiencia Nacional española Baltasar Garzón, muchas cosas han
cambiado y la luz que alumbra el inicio de cada amanecer tiene, ahora, nuevas
interpretaciones para casi todos.
Al dictador chileno, ex jefe de Estado, ex comandante en jefe del Ejército y,
desde el martes, ex senador vitalicio, debe costarle, estos días, conciliar el
sueño. Pasó gran parte de los largos 17 años que detentó el poder,
1973-1990, tramando la fina red que le evitaría precipitarse al vacío. Aprobó
en 1978, en primer lugar para asegurar su impunidad y la de sus hombres, la Ley
de Amnistía para todos los delitos cometidos durante los primeros cinco años
de la dictadura; después, una constitución en 1980 que
confiere
un poder casi inconstitucional a las Fuerzas Armadas, primero, y como senador
vitalicio intocable, mas tarde. Diez años después, los envites
de las familias de las víctimas de su aguerrido temperamento de militar
prusiano y, a remolque
de los corazones partidos, los políticos demócratas han desgastado los hilos
del entramado de un sistema que parecía infranqueable.
Mientras Pinochet estuvo en Santiago, todo se desarrolló según el guión que
había previsto. Aunque ya no en primer plano, el amigo personal de la Dama
de Hierro seguía dominando un país que no terminaba de poner punto y final
a una transición demasiado larga y enturbiada por sentimientos encontrados.
El general había planificado no sólo su futuro, también el de cientos de
chilenos que ahora continúan presenciando atónitos cómo la oposición de
derechas intente negociar una reforma de la Constitución, querida por el
presidente socialista Ricardo Lagos, a cambio de un acuerdo que evite que el
dictador se siente en el banquillo de los acusados.
La detención en Londres de Pinochet despertó conciencias dormidas y dio la razón
a otras que, aún despiertas, no recibían confirmación de su certidumbre: La
Justicia existe. Por primera vez un ex jefe de Estado era detenido en otro país
por los delitos cometidos durante su Gobierno y en su territorio nacional, por
la falta de acción de los tribunales locales. El Derecho Internacional por fin
dejaba los gruesos volúmenes de diminuta tipografía para pasar a la acción.
Si el magistrado de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón entró por derecho en
la historia, el juez británico Roland Bartle continuó sus pasos con su
sentencia, calificada por muchos de ejemplar, que determinó que el dictador era
extraditable a España por 35 delitos de tortura, uno de conspiración para la
tortura y dejaba la puerta abierta a los tribunales españoles para que
consideraran la tortura psicológica como un delito que permanece en el tiempo y
que por tanto no prescribe ya que según rezaba la sentencia del caso The
Kindong of Spain vs. Augusto Pinochet Ugarte: "más allá de las
desapariciones y torturas, el efecto que se ha causado en los familiares de
aquellos que desaparecieron puede considerarse tortura psicológica".
Ha sido una larga senda con varios escenarios. En Madrid, la
Audiencia Nacional. En Londres, la Cámara de los Lores, los juzgados de Bow
Street y la Corte Suprema, además de los abogados querellantes que representan
las ilusiones y esperanzas de cientos de personas y el juez Juan Guzmán Tapia,
del que ya se dice que ha establecido la "doctrina Guzmán", es decir,
considerar que el secuestro calificado no es uno de los delitos contemplados en
la Ley de Amnistía, que los secuestrados siguen estándolo hasta que aparecen
-vivos o muertos- y que por tanto hasta entonces el delito no prescribe.
Ha sido un largo trayecto en el que la comunidad internacional, como nunca
antes, estuvo pendiente de lo que pasaba en los tribunales. Unos porque fueron
de los pocos en sobrevivir a las torturas de Pinochet o porque entre los
desaparecidos se contaba algún familiar, amigo o conocido. Otros, porque fueron
víctimas de cualquier otro sátrapa, y comprobar que se hacía Justicia por
primera vez despertaba la ilusión de aspirar a la suya propia. Un reducido
grupo, legistas de todo el planeta, admiraba cómo lo que habían creado echaba
a andar impulsado por jueces nacionales que miraban más allá de la línea del
horizonte. Los más, millones de ciudadanos del mundo, simplemente contemplaban
atónitos los actos de la complicada trama de esta obra y se dejaban contagiar
de los sentimientos que despertaban grandes vocablos: Justicia, DerechosHumanos,
Democracia,...
No todo han sido parabienes. Después de que Pinochet fuera detenido en Londres,
la Justicia sufrió un serio revés que no conviene olvidar. Los más altos
tribunales británicos intervinieron en el proceso que puso entre la espada y la
pared al gobierno del laborista británico Tony Blair, pero según los convenios
de extradición que rigen entre España y Gran Bretaña la autorización de la
extradición compete en última instancia al Ejecutivo, en este caso al ministro
del interior, Jack Straw. Y, para inesperada alegría de unos y desesperación
de muchos, primó lo político sobre lo jurídico. Straw echó balones fuera, lo
que agradeció el Ejecutivo de José María Aznar, la pelota cayo en el tejado
chileno, y en casa no cabía otra posibilidad de patearla.
Aunque Pinochet difícilmente volverá a salir de su país, el juez Garzón
acaba de insistir en que la causa sigue abierta en España. Este gesto, que
parece la rabieta de un magistrado que no sacia su afán de protagonismo, podría
tener un significado que justifique éste y todos los procesos que en Europa se
siguen contra los militares suramericanos y africanos: el mundo necesita un
Tribunal Penal Internacional. Uno que se establezca de forma permanente no como
los de Nuremberg o la ex Yugoslavia. Uno que entienda no sólo de conflictos
legales y sólo cuando las consultas las eleven órganos de la ONU o Estados
implicados en conflictos y que compartan el interés por solucionarlos (Chile,
con el consentimiento de España, pidió al alto tribunal que estableciera si la
pretensión española suponía una injerencia en su soberanía). El mundo
necesita de un Tribunal que no entienda de fronteras, ni de ideologías o política
y mucho menos de economía.
Si Augusto Pinochet Ugarte rinde cuentas, todos pueden dar explicaciones. Si los
chilenos ya no sueñan, saborean la Justicia , todas las víctimas del mundo
podrán saciar su sed. La esperanza existe, la Justicia ya no es esa arena que
durante décadas se filtró entre los dedos de cientos de chilenos.
La única lucha que se
pierde es aquella que se abandona
Por
Gustavo Marin es chileno y francés,
responsable del programa Futuro del planeta en la FPH, París.Estuvo tres años
en prisión en Chile después del golpe militar de Pinochet, fue torturado, a
punto de ser arrojado vendado desde un avión y expulsado a Francia en 1976.
Actualmente apoya varios talleres temáticos, grupos geoculturales y redes
socio-profesionales de la Alianza, incluyendo aquellos que trabajan por la
construcción de la paz.
No volverás del fondo de las rocas
No volverás del tiempo subterráneo
No volverá tu voz endurecida
No volverán tus ojos taladrados
Yo vengo a hablar por vuestra boca muerta
Pablo
Neruda
La
construcción de la paz es un proceso "complejo" que debe considerar
todos los aspectos de la realidad social: económicos, sociales, políticos,
culturales, religiosos, artísticos. Pero para la construcción de la paz es
fundamental el ejercicio de la justicia, que conlleva juzgar a aquellos que cometieron
crímenes contra la humanidad.
Consolidar
la construcción de la paz, exige no sólo lograrla allí donde está ausente o
en peligro, especialmente en las regiones en guerra, sino consolidarla allí
donde, quienes han atentado contra la humanidad, están siendo juzgados o en vísperas
de serlo.
En
febrero pasado estuve en Chile. Era época de verano y en los kioscos había
una revista que mostraba en su portada una playa. Lo primero que pensé fue que
esa revista había consagrado un número de verano para hacer una presentación
turística sobre el estado de las playas chilenas. Apenas la tuve en mis manos
me di cuenta que no se trataba de un análisis de la calidad del agua o de la
limpieza de la arena, sino del recuento de las playas donde cayeron los cuerpos
de los desaparecidos arrojados desde los aviones por los que desataron el golpe
militar de septiembre de 1973.
En
enero del 2001, 28 años después del golpe militar, el mando del ejército
publicó un informe reconociendo no sólo que había habido desaparecidos, sino
indicando además los lugares donde habían sido arrojados desde los aviones.
Para
muchos chilenos, que también van a las playas en verano, este informe del ejército
no sólo venía a confirmar una crueldad ampliamente conocida, sino que también
provocaba una situación incómoda, para no decir insoportablemente dolorosa: a
nadie le agrada bañarse en una playa donde fueron arrojados los cuerpos de
quienes se opusieron a los golpistas del 73.
Al
mismo tiempo en los periódicos y en la televisión aparecía la foto de la
sobre su arresto, decidido por el juez Guzmán.
Algunos
personeros del gobierno, de los partidos de la coalición gobernante y de la
jerarquia de la iglesia católica afirmaban que el reconocimiento por parte de
los militares de la existencia de desaparecidos, dando cuenta detallada de las
playas en que algunos de ellos habían sido arrojados desde los aviones, cerraba
este episodio cruel de la historia de Chile y que había que dar vuelta la página,
perdonar, reconciliarse y mirar el futuro con optimismo.
Pero
la búsqueda de la reconciliación no debe ocultar ni postergar la indispensable
aplicación de la justicia contra aquellos que atentaron contra la humanidad
torturando, exiliando, matando, haciendo desaparecer, arrojando al mar
prisioneros desde aviones.
Por
esta razón, las familias de los desaparecidos, las organizaciones de defensa de
los derechos humanos, los abogados defensores de los desaparecidos y yo diría
que la mayoría de los chilenos, piensan que justamente si los jefes militares
reconocían haber matado, lo menos que se podía hacer era juzgarlos. En esta
perspectiva, el proceso para juzgar a Pinochet es un paso fundamental para
lograr que la justicia pueda algun día ejercerse en Chile.
El
"caso Pinochet" es una cuestión que concierne a los ciudadanos del
mundo entero. Incluso los de países y regiones lejanos a Chile siguen atentos a
lo que pasa con Pinochet y todos, tanto chilenos como ciudadanos del mundo, se
admiran y se refuerzan constatando que la justicia sigue su camino para lograr
juzgar a Pinochet.
Este
sentimiento de "hacer justicia" y juzgar a aquellos que han cometido
crímenes contra la humanidad, cualquiera que sea su nacionalidad, ha pasado a
ser un "sentimiento común de la humanidad", tanto de los que han
sufrido crímenes contra la humanidad, como de los que son solidarios con
quienes los han sufrido, constituyendo uno de los rasgos más prometedores de la
construcción de la paz en este alba del siglo 21.
En
Chile, en Argentina, así como en varios países de Africa, las comisiones de
reconciliación han jugado un rol importante para develar la verdad de las
violaciones de los derechos humanos durante los golpes de Estado, las guerras o
los procesos de apartheid. Los procesos contra Pinochet y Milosevic, entre
otros, ilustran, sin embargo la convicción de que esta reconciliación necesita
que la justicia siga su camino y que aquellos que cometieron
crímenes contra la humanidad sean juzgados.
Una
de las convicciones claves de esta época, compartida por millones de
ciudadanos, es que los crímenes contra la humanidad no tienen nacionalidad.
Un
torturado, un desaparecido, un asesinado, sea hombre o mujer, joven o viejo,
cualquiera sea su país de origen, es un ser humano contra quien se ha cometido
un crimen y quienes atentaron contra su vida deben ser juzgados.
Otra
convicción es que la sola reconciliación es insuficiente, puesto que si se
limita a una amnistía o a la publicación de un voluminoso informe donde se
reconocen los crímenes, pero sin el indispensable juicio a todos aquellos, que
en cualquiera nivel de responsabilidad los cometieron, dicha reconciliación
tendrá los pies de barro, no será fecunda y tarde o temprano las tensiones
surgirán nuevamente.
Las
nuevas generaciones, aquellas que no vivieron ni sufrieron los crímenes contra
la humanidad, lejos de olvidar, siguen conscientes de la necesidad no sólo de
esclarecer dichos crímenes, sino sobretodo de juzgar a los culpables.
La
consigna de las Madres de la Plaza de Mayo: "la única lucha que se pierde
es aquella que se abandona", permanece vigente en las mentes y en los
corazones de miles y millones de argentinos, chilenos, ciudadanos del mundo. La
bienaventuranza cristiana que dice: "bienaventurados aquellos que tienen
hambre y sed de justicia", ha devenido una verdadera consigna moral
y política
En
ese mismo mes de febrero de 2001, en un pueblo del Norte de Chile, el grupo
musical de Los Jaivas reunía en su gira anual miles de chilenos y chilenas.
Todos cantamos aquel poema de Pablo Neruda:
Sube
a nacer conmigo hermano
Dame la mano desde la profunda zona
de tu dolor diseminado
Traed a la copa de esta nueva vida
vuestros viejos dolores enterrados
Sube a nacer conmigo hermano...