
| El niño Goyito está de viaje. El niño Goyito va a
cumplir cincuenta y dos años; pero cuando salió del vientre de su madre le
llamaron niño Goyito, y niño Goyito le llaman hoy y niño Goyito le llamarán
treinta años mas, porque hay muchas gentes que van al panteón como salieron
del vientre de su madre. Este niño Goyito, en cualquiera otra parte seria un don Gregorio de buen tamaño, ha estado recibiendo por tres años enteros cartas de Chile en que le avisan que es forzoso que se transporte a aquel país a arreglar ciertos negocios interesantísimos de familia, que han quedado embrollados con la muerte súbita de un deudo. Los tres años los consumió la discreción gregoriana en considerar cómo se contestarían estas cartas y cómo se efectuaría este viaje. El buen hombre no podía decidirse ni a uno ni a otro. Pero el corresponsal menudeaba sus instancias; y ya fue preciso consultarse con el profesor, y con el médico, y con los amigos. Pues, señor, asunto concluido: el niño Goyito se va a Chile. Seis meses se consumieron en ellos gracias a la actividad de las niñas (hablo de las herramientas de don Gregorio, la menor de las cuales era su madrina de bautismo), quienes, sin embargo del dolor de que se hallaban atravesadas con este viaje tomaron en un santiamén todas las providencias dci caso. Vamos al buque. Y ¿quién verá si este buque es bueno o malo? ¡Válgame Dios! ¡Qué conflicto! ¿Se acudirá al inglés don Jorge, que vive en los altos? Ni pensarlo; las herramientas dicen que es un bárbaro capaz de embarcarse en un zapato. Un catalán pulpero, que ha navegado de condestable en la Esmeralda, es, por fin, el perito. Le costean el caballo, va al Callao, practica su reconocimiento y vuelve diciendo que el barco es bueno, y que don Goydto irá tan seguro como en un navío de la Real Armada. Con esta noticia calma la inquietud. Despedidas. La calesa trajina por todo Lima. ¿Conque se nos va usted? ¿Conque se decide usted a embarcarse?... ¡Buen valorazo! Don Gregorio se ofrece a la disposición de todos: se le bañan los ojos en lágrimas a cada abrazo. Encarga que le encomienden a Dios. A él le encargan jamones, dulces, lenguas y cobranzas. Y ni a él le encomienda nadie a Dios, ni él se vuelve a acordar de los jamones, de los dulces, de las lenguas ni de las cobranzas. Llega el día de la partida. ¡Qué jarana! ¡Qué hulla! ¡Qué Babilonia! Baúles en el patio, cajones en el dormitorio, colchones en el zaguán, diluvio de canastas por todas partes. Todo sale, por fin, y todo se embarca. aunque con bastantes trabajos. Marcha don Gregorio. acompañado de una numerosa caterva. A la que pertenecen también, con pendones y cordón de San Francisco de Paula, las amantes hermanitas, que sólo por el buen hermano pudieron hacer el horrendo sacrificio de ir por primera vez al Callao. Las infelices no se quitan el pañuelo de los ojos, y lo mismo le sucede al viajero. Se acerca la hora del embarque, y se agravan los soponcios. ¿Si nos volveremos a ver?... Por fin, es forzoso partir; el bote aguarda. Va la comitiva al muelle: abrazos generales, sollozos, los amigos separan a los hermanos: "¡Adios, hermanitas mías!" ¡Adios, Goyito de mi corazón! La alma de mamá Chombita te lleve con bien". Este viaje ha sido un acontecimiento notable en la familia; ha fijado una época de eterna recordación; ha constituido una era, como la Cristiana, como la de la Hégira, corno la de la fundación de Roma, corno el Diluvio Universal, como la era de Nabonasar. Se pregunta en la tertulia:
Pero las revoluciones hacen del hombre, a fuerza de sacudirlo y pelotearlo, el mueble más liviano y más portátil; y los infelices que desde la infancia las han tenido por atmósfera, han sacado de ellas, en medio de mil males, el corto beneficio siquiera de una gran facilidad locomotiva. ¿La salud, o los negocios, o cualesquiera otras circunstancias aconsejan un viaje? A ver los periódicos. Buques para Chile.
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| Esta ligera apuntación al abogado, esta otra al procurador. Cuenta, no te descuides con la lavandera, porque el sábado me voy.
Cuatro letras por la imprenta, diciendo adiós a sus amigos. Eh: llegó el sábado. Un abrazo a la mujer, un par de besos a los chicos.
Dentro de un par de meses estoy de vuelta. Así me han enseñado a viajar, mal de grado, y así me ausento. lectores míos,
dentro de muy pocos días. Este y no otro es el motivo de daros mi segundo número antes que paguen sueldos. No quisiera emprender este viaje pero es forzoso. No sabéis bien cuánto me cuesta el suspender con esta licencia mis dulces coloquios con el público. Quizás no sucederá otro tanto a la mayor parte de vosotros, que corresponderéis a mi amistosa despedida exclamando ¡Mal rayo te parta, y nunca más vuelvas a incomodarnos la paciencia! En fin, sea lo que fuere, los enemigos descansad de mi insoportable tarabilla; preparad vuestros viajes con toda la calma que queráis, hablad de la ópera como os acomode; idos a Amancaes como cuando os parezca; bailad zamacueca a taco tendido, a roso y velloso, a troche y moche, a banderas desplegadas: haced cuanta tontería os venga a las mientes: en suma, aprovechad estos dos meses. Los amigos y amigas tened el presente articulo por visita o tarjeta de despedida. y rogad a Dios me dé viento fresco, capitán amable, buena mesa y pronto regreso.
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