COTO DE CAZA La televisión de los horrores ha creado una serie de monstruos mediáticos que a su vez han ido destacando en otros aspectos culturales como la radio, cine o teatro. Una de estas criaturas es Coto Matamoros, alguien con mucha mala leche, mal genio, mala uva y mal despertar, supuestamente por su adicción a la cocaína, según dice cada vez que puede, haciéndose distinguir. Este individuo gana en todos los combates verbales contra sus rivales pertenecientes también al mismo saco de freaks. Debates, tertulias, discusiones acerca de aspectos personales de ellos mismos. Cumple con eficacia su tarea nocturna en la televisión, el darle vida a un ser zafio, grotesco, maleducado, vacilón, pedante, irrespetuoso, políticamente incorrecto, machista, grosero, intolerante… Si por casualidad leyera esto y me pidiera explicaciones se las daría educadamente sin llegar a caer en su juego. Este exitoso artista es una especie de demonio temido en tv, por lo que no cito, lo que para él sería engrandecerle y endiosarle aún más, mis motivos acerca de los calificativos escritos líneas atrás. Coto tiene seguramente millones de españoles como aprendices. Coto se puede meter en nuestras casas, estanterías y ahora incluso en los escenarios de los teatros de nuestra ciudad. De acuerdo, como tiene millones de seguidores puede permitírselo sin hacer el ridículo por falta de asistencia a sus shows, pero lo hace a nivel de contenido no a un nivel de sociedad o público perteneciente a una, esperemos, mala racha casi a cualquier nivel. Aunque ni muchos ni yo pertenezcamos a su club de fans nos enteramos irremediablemente, por ejemplo, de que ahora anda de bulos con una obra teatral llamada “Coto de caza”. Qué ingenioso juego de palabras dirán o pensarán algunos. Busco una respuesta a esta motivación y entusiasmo tan inmediato, pero enmudezco por pena o por asco a quienes aplaudan tales chorradas. Además le acompaña El Conde Lequio, quien tras alguna muerte en una lista sucesoria podría llegar a ser Rey de este país. No comment. Pues resulta, que cerca de mi bar favorito hay un cartel, en plena calle, en el que aparece la susodicha bestia haciendo promoción de su obra. El problema es la manera de hacer las cosas, como el que aparezca el animal de fruto del roble fumando un puro, que es lo de menos, pero con pose amenazante y cínica riéndose de quien observa el cartel, ya que se dispone a golpear con un bate de beisball a quien lo observa. No sé ustedes, pero yo me sentí insultado y amenazado al verlo. Lo más cojonudo es que no existía ningún motivo aparente para la explicación de la fotografía. Valiente fotógrafo… Las Autoridades Culturales, si las hay, deberían de prestar más atención a gestos tan ofensivos como el citado. Tal vez debería de ir a ver la obra y después poder criticar. Entonces queridos lectores, no han entendido nada. Cuidado. Michi