|
[Volver al
Indice]
02/20/2003: "Seguir Caminando."
Hace un tiempo renuncié. Simplemente, decidí que nunca más iba a
hervir mi sangre y que nunca más iba a correr tras de los ojos de
una mujer. Decidí cruzarme de brazos y esperar por un destino
absolutamente improbable. Curiosamente, hoy, este destino me ha
sorprendido con melancolía, gracia y protocolo.
Llevaba más
de un par de meses habiendo pensado que ya nada valía la pena y que
mis esfuerzos y sacrificios por encontrar a la Princesa valían muy
poco. Contrario a lo que alguna vez declaré en esta misma columna
(La Historia de Amor y El Príncipe Azul), quité mi pie del
acelerador en mi vida y lentamente pisé el freno hasta llegar a la
estática de la absoluta desesperanza. A pesar de todo lo
anterior, anoche el destino me sorprendió con una bofetada en la
cara: Conocí una mujer. Llamé a Andrés, mi buen amigo, y
organizamos nuestros horarios para salir durante la noche posterior
al nefasto día de los enamorados (nefasto cuando no se tiene nada
que hacer ni nadie con quién hacerlo). De esta forma, llegamos a un
bar y después de algunos minutos, vi los ojos que me
hipnotizan. Decidimos y bailamos. La conversación trivial no lo
fue tanto y claramente me vi absolutamente embobado por una mujer
que un momento después me diría hasta luego. Por supuesto, debido
a lo anterior, mi ánimo decayó como una roca en el agua, decidiendo
- un par de horas después - retirarnos y seguir con mi huelga de
brazos caídos con respecto al asunto. No obstante, con la casualidad
como afitriona, nos encontramos con ella a mitad de la calle.
Primero, pasamos de largo, albergando el magnífico miedo al
rechazo. Un par de segundos después, me detuve y le dije a Andrés
que lo que estaba sucediendo no era posible. En términos simples,
debíamos dar la vuelta y empaparme de la trivialidad que nunca lo es
para mí. Como es de esperar, Andrés me dio 100 motivos por los
cuales debíamos seguir camino al auto y nunca más mirar atrás; Sin
embargo, sí volví. Nos sentamos y hablamos de cuantos temas
cruzaron mi mente. La gracia de su discurso, el pálido de sus ojos y
la piel suave como la seda me convencieron de que el destino se reía
hoy de mi soberana estupidez y me entregaba una segunda oportunidad
para perseguir mis esperanzas. Así, concertamos un nuevo
encuentro y anoche, como no había sido hace muchas noches, recosté
mi cabeza en la almohada y me sentí contento, con una explosión de
cariños y sentimientos en mi pecho. Por supuesto, como un ser
humano aprehensivo, tengo mis consideraciones con respecto al
asunto. En otras palabras, la voluntad y la decisión no me libran
del miedo de fracasar y sentir que, nuevamente, una parte de mí
puede agonizar y morir. No obstante, cito una de mis propias y
carismáticas oraciones: “El miedo está ahí, y yo sigo
caminando”.
|
menu: Indice Archivos
Bienvenidos a la Columna del Desmenuzado Humano!
Estimados Lectores: Debido a un error del servidor de
Bananacorp, ya no se tiene acceso directo a los archivos de esta
columna. Por lo anterior, me dispongo a cambiar la columna a un
nuevo dominio; siempre manteniendo la última edición en Bananacorp.
[email protected] |