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01/15/2003: "Y ése... ¿Quién es?"

Muchas veces me encuentro con un tipo soberbio y molesto que me inflama la sangre. A veces lo veo con misericordia y otras con desprecio; sin embargo, lo más frustrante, es que siempre está ahí.

Si bien es sumamente cierto - y aquellos asiduos a esta columna bien lo sabrán ya - yo soy un tipo majaderamente arrogante, hay un fenómeno que siempre me llama la atención, tanto como me asusta y me desespera: A veces, cuando me encuentro con mi rostro en el espejo, un enorme, extraño y bizarro sentimiento me corrige y me tortura. Simplemente, en mi cabeza de hormiga no puede caber el hecho de que ese tipo que me mira fijamente a los ojos sea yo.
Por supuesto, racionalmente entiendo que tengo un rostro. No obstante, es cuando lo veo que no puedo comprender - emocionalmente - que ése soy yo. El fenómeno es interesante, mas no descriptible. Veo a un sujeto hormigoso y realmente no sé quién es. Es decir, es absolutamente imposible que ése sea yo; porque a pesar de que sé que tengo un rostro, ése simplemente no puede ser. Lo veo ahí, en el espejo, y una suma de sentimientos de enorme magnitud se precipita violenta dentro de mi cabeza. No alcanzo a determinar si estamos hablando de repulsión, vanidad, narcisismo o desprecio; pero sólo Dios sabe lo fuerte que llegan. Es claro que no estamos hablando de una apreciación física; sino metafísica.
Mi teoría es más bien simple, así como contradictoria: El espejo me mira y de pronto yo lo detesto (o por lo menos siento una vasta cuota de sentimientos que no puedo dilucidar). No obstante, cuando no veo al tipo hormigoso en el espejo, me satisface enaltecer su “imagen”, desarrollando sus capacidades y vistiéndolo de colores de éxito, perseverancia y grandeza. Entonces, ¿No será acaso que por la enorme repulsión (en caso de que eso sean los sentimientos indescriptibles) que le tengo a este tipo, me vea obligado a contrarrestar el efecto al ponerme en una situación de egolatría infinita cuando no lo estoy viendo al espejo?
Francamente; no lo sé. Sin ir más lejos, ni siquiera soy capaz de definir qué es lo que en mi cabeza explota cuando miro hacia el espejo. Además, hay otra variable - más lejana - que tal vez también forma parte de esta inusual relación:
Como es sabido ya, yo soy un escritor. Por esto, muchas veces me veo obligado a sumirme en la creación de múltiples personajes que, de una u otra forma, se parecen a mí en algún sentido. Entonces, ¿No estamos nuevamente hablando de la tortuosa contemplación del ser propio en las acciones, personalidades y fundamentos de mis propios personajes?
No alcanzo a determinar si todo lo anterior representa una relación enferma entre mi persona y yo mismo, donde se mezclan la repulsión y la admiración; No obstante, tengan por seguro que la próxima vez que lo vea, le enviaré vuestros saludos.

Respuestas: 1 Comentario

bienvenido al club de los egoncéntricos egocentristas. (también podría ser un partido político) Como sea.
sería...

escrito por . @ 01/16/2003 09:46 PM CST

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