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11/14/2002: "Marcas que se quedan."
Hace dos días fui con una “amiga” al recital de un violinista y
una pianista rusos. Debo decir que su magnificencia en la
articulación de la música me sobrecogió. Sin embargo, lo que no me
gustó fue lo que vino después: Una ruptura definitiva. Fue sólo
entonces cuando, de una u otra forma, recordé las innumerables
marcas que no se van; que se quedan.
He dicho con
anterioridad que no he conocido a una exhuberante cantidad de
mujeres; Sin embargo, creo haber conocido más que suficientes. De lo
que hablo es de los términos de relaciones interpersonales que
apuntan a llenar el vacío más importante de los seres (que he
conocido): el amor (esto se ve claro en la cuarta edición de esta
columna). Como se ve, la mayor parte de las mujeres que he
conocido (entendiendo que las he conocido bastante, intentando
figurar si son “the one”) no ha resultado ser quien yo esperaba que
fueran. No obstante, a cada una de ellas le debo una gran cuota de
cariño y respeto, porque fue con la imagen de cada una de ellas con
la que miré a las estrellas más de una vez y quise pedir como quien
tiene moral para pedir. Así, es menester que hable un poco de
algunas de ellas (esperando continuar con el resto en una eventual
edición futura), sin un orden cronológico ni de importancia
relativa:
Magdalena 1. A Magdalena la conocí hace mucho
tiempo. Un día la vi y quise hablarle; No obstante, como cualquier
hombre con algo de temor, no lo hice de inmediato. Me costó muchas
tardes de convencimiento y autocorrección el finalmente llegar a
hablarle. Así, una tarde anaranjada de Octubre la vi pasar y después
de decidir y contra corregirme, volví a decidir y corrí tras ella
hacia la calle. Ahí toqué su hombro y fabriqué una excusa (que mal
que mal, generó las marcas que quedan): Necesitaba una foto suya
para un proyecto gráfico-literario. Puedo reconocer que no es una
de las mejores excusas que he fabricado, pero surtió efecto y así
conocí a Magdalena. Como fuere, tiempo después me regaló una
fotografía suya, y es de esta forma como comenzó el asunto de las
marcas que quedan. Una vez que supe bien quién era Magdalena, me
di cuenta de que salía de nuestra capital constantemente, lo cual es
completamente incompatible con mi enorme déficit atencional. Sin
duda, todo el resto de su conjunto constituía el haber encontrado
una instancia que, para mí, se parecía a lo que entiendo como
felicidad. A pesar de lo anterior, fui capaz de darme cuenta de
que nada resultaría, en un futuro, de una eventual relación con
Magdalena, puesto de la sutil incompatibilidad que se asomaba
incipiente. Por supuesto, nunca llegamos a nada, pero creo estar
relativamente orgulloso de habernos ahorrado una serie de
frustraciones y desencuentros.
Magdalena 2. Érame yo
haciendo clases de narrativa en la Universidad. Una semana que no
puedo recordar, hubo una suerte de problema de coordinación y llegó
sólo una de mis alumnos. Por supuesto, esperamos que el resto
llegara durante un buen rato, en el cual hicimos buena conversación.
Vale decir que durante la clase de la semana siguiente me enteré que
el día en cuestión había carecido de la concurrencia habitual por un
seminario del cual yo nunca me enteré (ni ella tampoco). De todas
formas, en vez de retirarnos más temprano en vista de las
circunstancias, nuestra buena conversación duró las dos horas de
“clase”. Cuando salimos, cada uno hacia su vida confusa, bajaba
yo por Las Condes y, en una luz roja, cuando miré al asiento del
copiloto y lo vi vacío, tomé un teléfono y la llamé con
diligencia. Esa misma noche comimos, hablamos, nos conocimos.
Debo reconocer que todo resultó bastante mejor que en muchas de mis
experiencias anteriores; Sin embargo, meses después, su
indescriptible confusión interna le llevó a terminar lo que fuere
que habíamos empezado. De ella no tengo foto; pero sí algo de
material de evaluación del curso que guardo entre mis cosas más
preciadas. Constanza. Una confusión de sillas me sentó junto a
una rubia hermosa. Reconozco que inicialmente no le presté atención;
pero una vez que escuché que estudiaba Historia, le hice notar una
legítima duda histórica que tenía yo sobre los Zares
Rusos. Semanas después, llegó el año nuevo del milenio; y es aquí
donde debo detener mi historia y decir que el sólo hecho de hacer
una llamada telefónica congestionada de saludos y abrazos minutos
después del cambio de milenio fue uno de los momentos más dotados de
magia que he tenido en mi vida. Consecuentemente, todo se
resolvió para bien y formalizamos algo bueno. Así probé lo que todos
llaman felicidad, durante un tiempo justo, hasta que la casualidad,
la inexperiencia y la franca estupidez nos llevó a una ruptura
inesperada y taxativa: Se mudó a Europa y los cuchillos de su viaje
se clavaron en mi estómago por varios meses. Es clave destacar que
ahí descubrí que es siempre peor para quien se queda, porque te
quedas con las mismas calles, con la misma gente. De ella tengo
innumerables fotografías que sólo fui capaz de quitar de mi vista
hasta unos 20 meses después de su partida.
Por ahora, no vale
la pena continuar un listado infame y doloroso; pero sí cabe
destacar que toda mujer a la que he conocido (y recalco la
importancia de conocer) ha dejado una marca que no se va, una
cicatriz que se queda por siempre. No estoy seguro si la auto
flagelación es equivalente a la celosa guardia de estos íconos,
fotografías y objetos; pero sí sé que ahí están, para quedarse, para
no irse nunca más.
Respuestas: 6
Comentarios
Muy bien... pero conste que uds. lo pidieron. Más
encima que me pillaron en un mal día... ugh :(
escrito por Cuye/Hormigón @ 11/20/2002
12:22 AM CST
jajajajajajaja puntito, no seai así, tení que estar
abierto a la diversidad.
escrito por kelly @ 11/19/2002 03:24 PM CST
y la muerte y la destrucción?! zzzzzzzz.
progresando pero aun muy ligth... queremos sangre!!! y vodka y atun
y complejos emocionales y esas cosas bizarras que usted escribe...
escrito por . @ 11/18/2002 11:00 PM CST
True.
escrito por Cuye/Hormigón @ 11/17/2002
11:24 PM CST
Todos los días cambiamos. Cada persona que pasa por
nuestras vidas deja una huella que, no necesariamente, tiene que ser
una cicatriz. Cada una de las personas que están involucradas en
nuestro diario vivir son importantes, trascendentales. Conocer de
verdad es imposible. Nunca llegaremos a conocer de verdad, a ser
capaces de predecir actitudes o adivinar pensamientos en otra
persona. Nunca podremos vanagloriarnos de "conocer", sí lo hacemos
es porque estamos ciegos, porque tenemos una concepción de la
realidad blanco/negro. Existen pocas cosas en este mundo que son
absolutas. Todo, o por lo menos la mayoría de las cosas, están
formadas por distintos tonos de gris.
escrito por filo @ 11/17/2002 10:31 PM CST
sin duda...todo aquel ser humano que pasa por
nuestras vidas, por nuestro día a día y que resulta ser importante o
en cierto modo transcendental en nuestra existencia, deja una
huella, una marca...ese recuerdo.. o más que recuerdo diría yo que
generan un cambio en tu vida, en tus actitudes, en tu
pensar.... ah si a las finales cuando llega alguien
importante...se te va todo a la mierda por más que insistamos en
negarlo...simplemente llega y te quebra esquemas..o simplemente te
hace ser tu mismo ;)
escrito por Annya @ 11/15/2002 02:06
AM CST
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