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06/24/2002: "Daño Colateral"

Este viernes estuve en un cumpleaños donde sabía iba a estar una “amiga” con la que salí hace mucho tiempo. Es decir, llegaba la hora de la dulce “venganza”.

El asunto en ese entonces – cuando salía con ella - fue relativamente simple: Yo salía con ella y disfrutaba de su compañía. Su físico tampoco se quedaba atrás en mi evaluación global (no quiero dejar de destacar que ella trabaja como modelo y promotora de cuando en cuando). Como sea, un día viernes de Octubre acordamos juntarnos a cierta hora para visitar mi casa (que está fuera de la ciudad). Llegué a Santiago a la hora convenida y cuando llamé a su casa para avisarle que estaba a minutos de llegar; la linda no estaba. “¡¿Cómo que no está?!” me pregunté varias veces. ¡Varias!.
Hice hora un buen rato sentado en la butaca del auto y cuando finalmente llegó, le pregunté qué diablos estaba pasando. Heh... en sus simples palabras me dio a entender que había cambiado de opinión con respecto a la salida y que se aprontaba a salir con otro tipo en un par de minutos.
No hice un escándalo. Tampoco me exalté y ni siquiera me mostré enfadado. Simplemente agarré mis pilchas y me mandé a cambiar.
De cualquier forma, no la vi durante un largo largo periodo y este viernes supe que iba a estar, con el “de turno”. No intenté “producirme”, a pesar de que tal vez debiera haberlo hecho, en términos de mostrarle a la niña linda la calidad del material que se había perdido. Sin embargo, enfilé al cumpleaños con la idea de presentarme 100 veces mejor que el pobre tipejo que hubiere cazado esta muchacha.
Cuando llegué, saludé al muchacho en cuestión y de una u otra forma me senté a conversar con ellos. Actualizamos las situaciones personales y de pronto me encontré con que el tipo al cual iba a superar cruelmente, me caía bastante bien. Un cabro capaz de llevar una conversación interesante e incluso - a veces - intelectual. La hilaridad del asunto llegó cuando cada cierto rato, ella nos miraba con cara de “?”, puesto que creo que no entendió ni la mitad de lo que estuvimos hablando.
En resumen, a lo que voy con todo esto, es que el prejuicio o la predisposición negativa hacia ciertas personas por situaciones que les atañen colateralmente no deben interponerse en su evaluación objetiva. Es decir, si yo hubiera llegado en una posición hostil (como fue al principio) y la hubiera mantenido, me hubiera ido del cumpleaños pensando “jajaja... su pololo es un idiota”; cuando realmente no es así.
En pocas palabras, evitemos ser prejuiciosos y demos al resto “el beneficio de la duda”; puesto que a veces, el León no es como lo pintan.
Cabe destacar que lo mismo es válido cuando a uno lo invitan a salir o cuando uno estima que podría invitar a salir a alguien. La gente nunca es tal como una la imagina. Cuidado. Humildad.

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