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"La Veracruz"

Era un día de primavéra y el plan de lo acontecído se escuchó por la cerradura de una puerta.

Aquella misma puerta, por dónde los inquilinos de la Pensión introducían la llave y luego entrában en la habitación .

Y… con la misma rutina respíraban profundo y minutos más tarde, sin esfuerzo, pero con mucha vergúenza, y en silencio acostumbrado, se acostában enmudecidos en un destartalado, frío, escandaloso y ruídoso catre.

Vital elemento en sus vidas. Que, en las noches de luna llena, excitaba e incitaba a todos los inquilinos de la pensión, a tener relaciones sexuales al mísmo tiempo y muchas veces sin consideración alguna con el otro cansado y extenuado cuerpo, acostado en el mismo y destartalado catre.

Catre ordinario, que con sus ruídos escandalosos no permitía dormir bien a ningúno de los que vivían alli en la Pensión.

Obligándo a los pasajeros cristianos que dormían en ellos, a escuchar: los gemídos, los alarídos, ¡los te quiero!, ¡los te odio!…

Y, los llamados angustíosos de orgásmos llegándo a un no fínal. Con palabras desesperádas de:

¡un más rapído! ¡más despacio!…y todas ellas, lentamente acompazádas con los excitantes sónidos y fríos movimientos metálic os del viéjo y desbaratádo catre.

Sónidos indescriptibles e intégramente escuchádos por los miserábles e infelíces inquilínos, como sí, en esás noches de sexúal frenesí metálico, los sintiéran y escucháran igual que una bella melodía por fin tirada por todos juntos, al infinito del llamádo y exprésado :Miseráble Amor

Los que vivíamos, en esa gran puta Pensión, teníamos la obligación díaria de compartir los orgásmos satísfechos y los fallídos también, de esas interminables noches de plena lunas, y de cotidíanos drámas de sónidos sexúales producidos angustiadamente en el frío metal de esos desbaratádos catres.

Aquellos catres, que sin discriminación alguna, permitían facílmente sobrevivir a travéz de los años , a los mal y síempre llamados: ¡Amores Misérables!, poder descansar de ¡ la ¡Vida Pobre .

O, ¿ porque no?, de nuestra ¡Pobre Vida !

Y todas las santas noches, e imitándo la rutína del apasible convento vecino, hacer créer al vecindario, que estos grandiósos jaleos y follones sexúales en catres baratos y comprados de segunda y con implorada rebaja, en el conocído mercado de la pulgas del metro Glories; se escucháran por todo el barrio del Eixample, igúal que sagrádas plegarias y rézos al Universo.

Dándole con la humíldad del caso, las gracias a un dios aún no encontrado en este mundo por estar con vida al finalizar ese día.

Y, después al amanecér con todos los llamados extraordinarios Cojónes Españoles, maldecír de las desgrácias y el infortúnio de ser considerádo un :

¡Extranjero de mierda !, en la bondadósa Madre Patria!

Y, ¡ peor aún ! , para terminar de empeórar las cosas , con un ¡apellído Vasco, en plena Catalunya!

--- ¡ Catalunya, como te quiero… ! ---

Algúnos de los inquilínos, habían llegado a esa Pensión, por cosas extrañas del destíno. Unos por asilo politíco, algúnos buscando trabajo, otros descansando de el, otros huyéndo de la justicia, otros por maricas irreversíbles y otros por ser ingénuos y creér en un sistema que día a día, se aléja, más y más del indivíduo, tomando éste la tendencia, más al domínio colectivo de la mása.

Otras personas, habían terminado en ese lugar, especialmente las dígnas mujeres, escapándo del maltráto de sus maridos.

Unos y otros, habían aterrizádo también en él, sin siquíera el saber porque.

Para algunos era el lugar ideal, soñado, excitante y tranquilo y el cielo para los trasvestistas y Putaslatinoamericanos .

Al ser su dueña, la Juanita Marinez, una de las Madame más conocídas en el mundo de los gay en la ciudad de Barcelona.

Ser mediócre, que logró hacer su mínima y miseráble riqueza, de las inmerecídas miserias de los otros humános más necesitados.

Siémpre Induciéndolos, coacionándolos y obligandólos a prostituírse por la básica alimentación, trabajándole por años y años; catorce horas díarias, por mil pesetas al día o por el derecho a tener un cuarto de mierda en esa mísera Pensión, llamada "la Mona" de las conocidas calles Valencia con ….Balmes , en la ciudad del Bar….celona.

En muchas ocasiónes, algunos personajes de la pensión, nos reíamos, como se jactaba y camínaba como una Pava Real, la Juanita Marinez dueña de la Pensión con algúnas múlatas analfabetas, exibiéndolas en los restaurantes y bares de la ciudad y sintiéndose la gran matarife de un pequeño pueblo y ellas, las proximás presas a degollar en el llamado, CLITORIS CLUB.

Lugar y parapeto que se había montado, para dar rienda suelta a sus placeres ¡sadomásoquistas! En un local de la calle Aribau.

La Táta, una más, y diferente de áquellos personajes, y recíen llegada al Bar…celona, al escuchár desconocídos ruídos y personas extrañas en el lárgo y estrécho pasillo que comunícaba las múchas y llamádas supúestas habitaciónes.

Tomó la determinación ese día , de hacer lo mismo que los otros inquilinos del lugar.

Observar con ingénua curiosidad y escúchar aténtamente todos los sonidos y palabras a través del orificio de la cerradura de su habitación.

Observar las grandiosas peleas entre los maricas y los trasvéstis, discutiéndo, peleándo y jalandóse las pelucas y tetas de silicona, por clavarse la juanita! .

Mirar los celos bien infúndados de la negra Irina, quíen por años, y años; había sido, la móza analfábeta y escláva sexúal de la Juanita Marinez.

La Táta, en ese día primavéral lo hacía, para tener una visión más real del mundo y un poco mas de dominio sobre el mundo exteríor y en especial en sus cercanias.

Anhélando por unos instántes, y yéndose con el pensamiento a esos remotos lugares de donde venía, para poder tener el mismo cóntrol y poder en el mundo que su extráñada abuela, llegó a poseér, un largo día en un pueblo cercano a Veracruz y dónde actúalmente dirijía las Haciendas del patrimonio familiar.

La Tata en un mundo extraño e inalcanzáble para ella del Bar…celona, con su hijo y su esposo.

Quien viníendo de la clase álta Hispanoamerícana y de una realidad completamente diferente a la que vivía esos días de recién llegada a esa pensión, y siéndo ellos una paréja, de lo que en LatinoAmerica, se puéde llamar jocósamente de :¡ Rancio Abolengo !.

La clase económica alta o de la considerada élite intelectual y… que por circunstáncias excepciónales del bendíto destino y ánte una inépta burocracía, mientras trataban de obtener los papeles de su residencia, hoy estoícamente, habia tenido que tolerar y aguantar sin voz alguna, cosas e injusticias, que jamás pensó que iba a conocer.

¡ Tódo lo habia tolerádo ! recordándo a su Extrañada abuelita.

Y, por los objetívos en común y a largo plázo que tenía con el Tito su esposo; a quíen amaba con cordura, teniendo la absolúta y total certéza; que era: más loco que una cabra .

Amándolo a pésar de tódo, con la crúel y a véces muy felíz resignación. Según como fuéran las cósas…y en especíal, de la parte sexual.

--Resignación, comó: ¡cruz bendedecída! -- se decía ella miéntras mirába curíosamente a travéz del órifício de la cerradura y sin olvidar un segundo mientras lo hacía, el córaje y la valentía de su inigual, loca y desmemoríada Abuela.

Que por por circunstancias ajénas a su voluntad y con verguenza arrastrada de toda una vida, por llevar ese nombre, ---que ella siémpre consideró, un ridiculo nombre---: Doña Rosalia de la Santisima Trinidad.

Quíen como ejémplo para la gran família, había ámado y tolerado toda la vida al conocído Don Lalo

Hombre mujeríejo hasta morír, tahúr empedernido y alcohólico de nacimiento!

Doña Rosalía, había amado con pasión irremedíable a su esposo cuarenta y tres años y cuatro días.

Hoy, y en este momento recordába a su abuelito. Hombre aquel, que al hacér la primera comunión en la capilla de la Hacienda familiar, con la presencia del obizpo H. Feo y del Fray lejon A.Marin, para entregarle la ostia sagrada, le dío un caballíto pony de regalo.

El primero que se conoció en el Estado de Veracruz.

--¡Móntate en el!-- Dándolele las riendas del caballito,

--le dijo-el abuelo tahur y alcohólico empedernido---.

-¡Me da mucho miedo!- Timidamente contestó la niña.-

--¡Ay mijíta, cuando séas toda una hémbra!

Tengále miédo a un buén marído, porque casi siempre, a los buenos y exceléntes maridos… -

¡se les mója la canóa ,o¡ les fascína que les muerdán la nuca !.

En este instánte, dentro de la Pensión, la Tata, rodeáda de los maricas y los trasvéstis, dába gracías a un Dios, y, a su abúelito, miéntras ansíosamente tocába madera…dándose la bendición, por tener, como esposo al Tito.

¡Que a pesar de tódo!, y hasta ese día…! no le pasába ningúna de la dos cosas dichas por Don Lalo.

Y, se imágino por unos instántes, poniéndoséle la piel, como la de una gallína, tener que pasár por la terríble verguenza; ante la sociedad y la gente del Country Club el mismo episodio, que le pasó a su prima Mariána de los Dolores. --- ¡ Dios mio, que pena !---

Quíen al final, de siete muy felíces años de casada, encontró a su fiél marido, el Eduardo, durmíendo la siésta ¡en pelotas y abrazádo, besandóse apasiónadamente con su siquiatra!

Muy felíces los dos; en la hámaca que estaba amarráda, entre los árboles de papáya, sitúados, al lado de la piscina!

Mírando la Táta ese dia, por el orifício de la cerradura, recordába a su abúelíta, cuando un día, ya cansáda, de tanto querer y odíar friamente a su querido esposo; en una pléna semana santa, y un día sabiamente escojído por ella, un Domingo de ramos, día de fíesta y mercado, en el cúal tódos los indígenas bajan de la siérra, con sus pétates y productos agricolas para vendérlos en los puestos asignados y despues ir como mánsos borrégos a la Santa mísa.

Para luego… salír de ella desesperados y termínar felíces la jórnada, en las ruídosas cantinas llenas a reventar con putas vestidas en atuéndos multicolores y antiguas vitrolas; tirando al aire húmedo y pegajóso, la música, de los Panchos, Pedro Vargas, y Miguel Aceves Mejía, Jose alfredo Jimenes, Antonio Marín y Jorge Negrete.

La querida abuelita de la Tata, sin pensárlo dos véces y decidída a no esperár más a su infiel esposo, que feliz se entretenía en una borrachera que llevaba dos semánas, en las cuales, Don Lalo, pasába y repetía muy contento, igual que un muchacho de quince años, y sin cansancio alguno, por treinta tres camás flojas, como la cárne de las putas con las cuales se habia acostado muy satisfecho y terminado con ellas sus espectaculares batallas sexúales en colchones de plumas .

Sintiéndose al amanecer, como el uníco gallo en un gallinero, colocarse el sombrero y salir del prostibulo muy tranquilo ese dia especial, sin saber quien lo esperaba, en las cercanias de aquel recinto.

¡Nada más y nadíta menos, que con camándula en mano!

Doña Rosalia de la Santísima Trinidad.

Para enfréntarlo, en la mitad de la plaza pública y frénte a la iglesia y delante, de tódo el mundo como testigo para los que estaban auséntes.

Sacándole un revólver calibre treinta y ocho de cañón largo y encañonarlo, para decirle cúando se bajába del entéro y béllo caballo color alazán :

--Oye Lalo: Hijo de la Chingada!

¡ Lo de las Putas siempre te lo he perdónado ! y te lo seguire perdonando.

Pero… después de estos interminábles años de casados,

--¡no te vengas hacer el huévon ! y me perdonás la horrible expresión--. Cuando, oyes que andan diciéndo por algunos lugares de la capital, los tales académicos y revisionístas de la distorsionada historia Universal, que Pancho villa , no era Mexicano , sino :Colombiano ! .

Y, que se llamaba Doroteo Arango ! habiendo nacido en Marinilla (Antioquia) en Colombia!--

El viejo tahur y muy respetado en la comunidad, Don Lalo, el Abuelíto, alcohólico cuando queria y sobreviviente de extremo feliz en treinta y tres camás flojas,en las ultímás dos inolvidables, dichósas y extenúantes sémanas y con ganas de continúarlas; muy extrañado y totalmente sorprendído al escuchar semejantes cosas, y más sorprendido aún por lo del perdon con las putas, y… riendose a carcajádas, por lo de los táles y reconocídos académicos y por hacérle una

bróma a su amada esposa Doña Rosalia de la Santisima Trinidad, como siémpre era su costúmbre cuando se tomaba sus escocéses , le dijo en medio de risas :

¡Andále, mi bella Rosalía, mi indía Chóxchil, cómo pones en duda eso! --¡Solo un colombiano!.--

--¡ hubíera sido capáz, de hacer lo que hízo, nuestro Pancho Villa !---

En tódo el pueblo, con sus lejánas y cercanas veredas, se escucharón los siete tiros que le metió

¡Sin compasión alguna en la cabeza!

Tódos con interválos exáctos de tres segundos, El último, fue el más largo.

Nueve segúndos bien contados.

No, ¡no! porque hubiera dudado en ese momento. Sinó, porque, ella quería estar complétamente segura, y bajo ningúna forma fállar, ádonde, se lo iba a colocar.

El sitio exácto, lo había pensado, durante muchos y muchos largos años, en que lugar le metería el último disparo de su treinta y ocho.

Lo medito, fría y calculadamente, las últimas tres semanas; para estar bien segura .

--¡ Si ! Tendría que ser en el ojo izquierdo !

¡Sí por ese maldito ojo !. --¡ Que durante setenta y pico años de matrimonio , en las buenas y en las malas , siempre estúvo observándome !

----Ya que Don Lalo, tenía la costumbre alegre de dormir felíz, con ese ojo bien abierto, y mírándola los complétos segundos y minútos, de las veinte y cuatro horas del día.-----

En tódos esos años de casáda, Doña Rosalía, jamás aceptó y no comprendió, que la naturaleza humana y el cura Hernan F. la hubieran obligado a casarse, con un hombre que tenía ese único, pero, imperdonable defecto fisico. (dormir con un ojo bien abierto)

El último disparo sería …mientras se decia, - Mi Lalo , ¡Hijo de la chingada!--

----Ese último disparo será-: por aquellos: ¡ grandiósos ronquidos de burro caribeño!, que durante tódos estos años de casada; tampóco, me han permitido,dormir bien,

¡una infelíz noche!-----

Los disparos, con sus respectivas balas de plata, se los dió; uno por uno.

Sin dudar, sin pestañear, y sin que le temblára la mano. Y peor aún, sin que se le alterára una milesima de segundo, ¡el ritmo de la respiración!

Al pegárle el último tíro y miéntras habían sónado los ótros disparos, muchos campesínos `vierón en la expresión de su róstro; una pasajera e irónica sonrisa .

Despues, en la Plaza, ni en el mercado, se vió movimíento alguno. Los hombres atemorizados como siémpre en toda la historia universal, al escuchárlos, se metierón debajo de sus puestos de venta, o de las mesas de billar en las cantinas.

Mientras tanto, y observandólo todo, los oscúros y hambríentos zopilótes fuerón los únicos que nó se inquietarón al oir los mortales disparos. Era una vieja costúmbre en el pueblo.

Y, ¡Viva México!.

Doña Rosalía de la Santisima Trinidad, muy tranquila y sin inmutárse un solo instante, miró fríamente, la mása encefálica de su adórado esposo cayéndo por pedazos a la tierra después de cada disparo.

Y, cerciorándose que estaba realmente muerto, sopló sin esfuérzo y con sús ya reducídos pulmones por el humo de sus gruesos tabacos, el póco humo, que quedaba, en el cañon del treinta y ocho largo.

---¡Viva Pancho Villa!--- Se le escuchó decír, con voz alegre y energica , guardándose el revólver en la cartuchera; que llevaría en el futúro, con gran orgúllo colgada del hombro izquierdo. Luego díjo a la gente que la rodeaba atemorízada.

--El que se arríme o se atréva a tócarlo, para enterrárlo; le méto, los ocho tiros que todavía me quedan --

Nadíe en el pueblo pestañeó.

Ni siquíera una mosca se movió. A lo lejos, un burro caribeño, movío las orejas y la cola con mucha resignación.

-- ¡ Mató al que sea ! ¡ vida chingada !

-De Igual forma que lo acábo de hacer con mi querido esposo.

Que fue mi gran hombre y mi adorádo tormento, al cual amé con locura durante setenta y tres años y cuatro días!-- --- ¿Me escuchan tódos?---

La gente paralízada y atónita, al presencíar este drámatico acto pasiónal en el concurrido pueblo, estaba perpleja y estupefacta. Todo el mundo estaba en silencio.

Los hombres miéntras tánto seguían escondídos debajo de las mesas de las cantinas, puestos de ventas o las mesas de billar .---¡como siémpre!---

Los que estában con las putas , o con sus amantes, se escondierón debajo; de los milúsados colchones y testigos bien humedecidos por el sudor saládo de las batallas de amor, bajo las camás flojas y catres viejos o en los antiguos armarios.

Y, suplicabán piadosámente y de rodillas a las mujeres de vida alegre que cérraran muy bien las

ventanas, cerraduras y pusíeran doble llave y una gruesa tránca de madera guayacán en ellas.

Nadie podía creer, que este dráma; estuvíera sucediéndo un ¡Domingo de ramos ! Era imposíble , y en plena ¡semana Santa!.

Doña Rosalía de la Santisima Trinidad.

Señora representante estátal de la Cruz Roja y la concejera espiritual; de tódas aquellas a las cuales estaba dejando… el bus, las casaménteras o buscamaridos del pueblo y la Región, ácababa de asesínar, a su más querido hombre.Y solo, porquê se atrevío a poner en duda ! la nacionalidad de Pancho Villa !.

--¡ Que se lo cóman los zopilótes en festín!

---- decia y repetía , mientras, metia con dignidad y parsimonia, una… por una… las ótras ocho balas de plata, que le quedaban en el tambor de su treinta y ocho largo.

Llamándo autoritariamente a Toñito el mesero, quién tambien estaba yá muérto del sústo, temblorosamente se acerco! Suplicandole casi arrodillado

--No me máte, ¡No me máte! -- ¡Yo sólo era su críado aquí en la cantina !--

De repente …ella con una ilimitada ternura y desconocida ante el pueblo como testígo, sin temblarle la voz y sosteniendo el revolver en la mano izquierda, lo encañonó, lo miro satisfecha unos segundos, de arriba abajo, y de abajo a arriba, mientras el pueblo, en la poca distancia escuchaba los otros disparos que ya venian y asi y sin parpadear otra vez, miro al pueblo y suavemente, lo trájo con su delicada mano derecha junto a su pecho y casi susurrandole al oido una antigua cancion de cuna, le dijo maternalmente:

--Toñito Marin¡ rapído! pero que sea rapido¡ traéme una botella de Tequila, limón y sal!--

Y dále al pueblo, tódo lo que quíeran de beber y comer

--( mientras llega el Extrañado Cato, con el Circo de los hermanos Egred ).

Viéndo a Doña Rosalía de la Santisima T. con el árma en la mano , y caliente todavía,

Toñito tartamudeando contesto contestó:

-----co..com.. co…como como usted mande, ¡mi mi…Madrecita santa!--y emprendio carrera a la cantina.

Con el sombreróte en la mano y cuando regresaba, encontró una vez más tirado en la mitad de la pequeña plaza, el cuerpo todo ensangrentado y la cabeza del recién difúnto Señor Lalo, colgando del resto del cuerpo y unicamente por algunos ligamentos y unos minimos musculos.

Don Lalo, estaba sin el ojo izquierdo, pero…con el derecho bien abíerto y con expresión de ¡angustia final! mirando al cielo, e implorando perdón.

En plena carréra Toñito Marin, se detúvo frente al cadáver, y de espáldas a la iglesia, arrodillándose con el sombrerote en el pecho, saco lentamente el viejo crucifíjo de madera de su oxidada cadena, lo besó y se dío como pudo, y repitiéndola dos veces , la ya olvídada bendición.

Mientras, decia entre sollosos y en voz alta, mirándo aconjogádo el cadaver :

--Don Lalo, una bendición por usted, la otra por mi, ya que rapidito, yo tambien lo acompañare allá, arrivita . allá, su merced, allá en el cielo.

¿ Porque, digamé usted Don Lalo,contesteme don Lalo, miSeñor ahora, que voy hacer sin sus bonachonas propínas, para calmar la avarícia de mi mujer ?---

Y, respirando con dificultad, con lagrimas en sus ojos y con naúseas, Toñito, observó los cesos grisáceos del difunto cristiano, y que estaban lastimósamente ensangrentados y esparcídos en la caliente arena.

Y con tan solo unos éscasos metros del atrio de la concúrrida Iglesia.

Mientras tanto, más allá en la distancia y no léjos de la Iglesia y la alcaldía, debajo de los frondósos árboles y disfrutando de la buscada sómbra del medio día; estában decénas de mulas y burros caribeños, muy contentos, amarrados y copulando entre ellos, sin preocuparse un instante, por la muerte tragica de Don Lalo.

Simultaneamente, a una corta distancia de los dramaticos hechos, y de los burros y burras en acción, se encontraban, debajo los escritorios escondidos y bien atrintrerados en la Alcaldía, su respectivo alcalde, los concejales, los siete policías, el cura Hernan, los dos eternos y corruptos politicos, los gringos, los ladrones HP, el idiota util del pueblo, los tres banqueros y los unícos cuatro bomberos sin motor para el vehiculo cuerpo de bomberos del Pueblo.

Tódos ellos; escondídos, cobardes, sordos y mudos. Como únicos testigos oficiales del crimen.

Que pensarían por el resto de sus vidas, que: ¡ no vieron y que jamás existió !.

Temblando y acojónados; esperándo, que pasára el abáleo, el dráma y la íra de Doña Rosalía.

Deseándo ansiosámente que llegara rápido el Tequila,el Mezcal y el Pulque .

Que era lo único, que importaba en esos momentos, para calmar los ánimos a los vivos, y dar vida a las ánimas, de los mal e injústamente muertos.

Y ¡Viva México Carajo!

Cuando el Pueblo y tódos los repetables y encorbatádos personajes escondídos en la alcaldía, vieron regresar a Toñito con la botella de Tequila y después con las otras cajas de licor.

No tuvierón más alternatíva; como autoridades civíles que éran, que dar lastimosamente y con aprobio la cara, al sufrido Pueblo.

Para iniciar al gran festejo, por el bien o el mal del alma de Don Lalo.

En otro lugar, no lejano a la escena del crimen y el drama, se escuchaba salír de una ronca y destartaláda vitrola :

¡Yo se bien que estoy afuera,

pero el día en que yo me muéra

se que tendras que llorar

¡llorar, llorar y llorar! ,

dirás que no me quisiste,

pero yo se bien, que estarás muy triste…,

Con dinero y sin dinero hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley…..

Don Mario El Diputado, había hecho tocar El rey treinta y tres veces seguidas en siete largas y calientes horas en la vieja y destartaláda vitróla de la cantina de don Ignácio M.

---Sírvame otro . ¡Que el próximo muerto soy yo! avísenme, si ven llegar a mi mujer!

---No olvíden, que es más bráva que Doña Rosalía!---

---¡ múchas de las véces , cúando se póne bráva y se agácha, le alcanzó a ver los cojónes !

---decia Don Mario el diputado al cantinero de Don Nacho M., a carcajadas mientras apuraba otro trago, como si fuera el último que se tomaría en su vida.

Afuera de la cantina de Don Ignácio, las campánas seguían tocando y el pueblo seguía feliz y contento, comíendo y bebíendo , celebrando el honor y la dignidad salvada de Méxíco por Doña Rosalía de la Santisima trinidad!

Y, esperándo muy ansióso, y sin decir nada, la llegada con bombos y platillos, del extrañado Cato, con el famóso Circo Egred.

Ese día, Domingo de Ramos , en plena semana santa , se había salvado la honra de México.

Las campanas de la iglesia, replicaban sin parar, y la polvora se hizo presente. Al final de ese dia, las viejas y destartaladas vitrolas, sonaron su musica ranchera y los corridos norteños por siete horas contínuas y bajo estrícta orden del cura Parróco y por mandáto superíor e infalible del Arzobízpo de Veracruz.

A los afeminados sacristanes que tocában las campanas les subíeron como a tódos los grandes Reyes de la Nobleza Europea

¡ Todos los licores exístentes en este mundo! para que bebieran y comieran igual que ellos.

¿Porque no? se preguntaban los cholos. Entonces... que les suban de todo y sin olvidar los acostumbrados : tacos canínos, consomés rancheros, chiles refritos, fajitas, burritos y las famosas enchiladitas. Marihuana en bultos y Peyote por kilos Toñito , no olvides el maduro con quezo ese que le gusta tanto a los del norte del rio grande.

Despues… al término de cuatro esperádas horas por el Pueblo, y en medio de semejante saturnalia que comenzo con un asesinato, llegó la bella y sensual señora de la "licenciada " Berenice, con el ansíado pollo, en mole verde.

Y, al mismo tiempo, pegarse una rezadita, por el alma del difunto.

Sintiéndose con derecho propio, la Licenciada y muy bella señora Berenice , --o verynicecomo le decian los sacristanes--.

Sin autorización alguna y menos oficíal, se subió corriendo y desde lo alto del campanario, sacando de un costal, un viejo y oxidado rifle más grande que ella, hizo tres disparos al aire , mientras gritaba :

Viva méxico ! .Arriba México! ¡Que viva Pancho villa!

Para bajar sintiéndose diez centímetros mas grande en estatúra, mas patríota que los patríotas en dias anteriores, y mas valiénte que su marido la semána pasada.

Preguntando despues, donde andába el chingádo y cabrón de su marído, Don Mario el Diputado. Al mismo tiempo que sentia ganas de: ¡cojer con Raimundo y todo el mundo!

Amaneciéndo al otro día del horrendo crimen,

y, con la luz despuntando el alba, y peor aún, sin que nadie lo esperára, llegó Don Pepe; unanalfabeta y nuevo rico latifundista, que había sido emigrante en Toronto y desconocía por compléto, la cultura indígena, péro la asocíaba siempre con los mariachis.

Por esa caúsa, llegó con tres camiónes cargados de mariachis y tequila.

Para cantar y darle una serenata especial a Doña Rosalía de la Santisima Trinidad, que había salvado el Honor de México .

-¡Haber mis cuates!

--Dio la orden imperiosa como buen hijo de mexicano, o Hispano nacido y crecido avergonzádo e ignorante de su propia cultura y raza, en el American dream del norte del Rio Grande, ordenándo y mirando desafiante alrededor :

--- la de siempre y mejor que siempre !

We are the champions my friends!…

Era la musica que se escuchába salír del camión donde había llegado el nuevo y "respetable latifundista" con los mariachis.

Altaneramente, lo primero que dijó don Pepe, fue: recuérden bien que le pasó a Don Lalo!.

Para doña Rosalía:

Toquénle algo bello, como ella siempre lo meréce y jamás lo pudo tener ! ."Las ciudades" de Jose Alfredo jimenez y despues a mi , ¡ay!, ay , ¡que me toquen… cariñosamente y despácito, despácito…ay papacito! Y como en la otra tierra, al norte de México! "la Araña".

Y… qué …

¡God save the Queen!

Pero…¡sigan tocando cabrones, hijos de la chingada!

Los Mariachis tocaban armoniosamente "Las ciudades"

Pero.¡We are the Champions my friends!

Retumbában como un grito tambien al infinito del Bruto y del equipo de sonido del moderno camion MADE IN USA.

No muy Lejos, en la montaña vecina, se podían escuchar tambien otros sónidos melodíosos en comunión con el alma del asesínado.

Quíen, sin nadíe saber porque, en el momento de su muerte; llevaba como amúleto un cascabél en el cuello y en estos minutos, con su hinchado cuerpo en la mitad de la plaza; haciendose carroña y con su alma desesperada en busqueda de la tan llamáda: Paz eterna.

Observando esta situación y desde un estrategico lugar, las famosas crótalos y mortáles serpíentes Cascabéles, decidíeron ser solidarías con el difunto.

Y, por primera vez en toda la historia de México; dejarsen escuchar, en un largo, armonioso y contínuo cascabeleo. que duraría, toda la larga noche.

La gente del pueblo, despues de dos años, aun lo recuerdan y comentan que despues se vinieron al pueblo y desde allí en lo alto de esa arída montaña, le entregaron desde allá, la triste y merecida despedida al olvidado cristiano.

Observando cuidadosamente y sin olvidar, desde ese sitio clave; a nosotros y aquellos desmemoríados, que celebrabamos alegremente la muerte de Don Lalo.

Esa noche, fue la primera vez y como extraña coincidencia, en setenta y pico de años en el origen del pueblo, que las serpientes, no atacaron a nadie. Unicamente Don Lalo murió ese tragico dia.

Extraño.

A las cinco y quince de la mañana, a sus noventa y un años; Doña Rosalía de la Santisima Trinidad Bs. Continuaba muy despierta, con sus dos largas trenzas negras y como recien acabáda de maquillar por su críada.

Bebiéndo café de la Colombie y tequila, con el revólver en la bandoléra tercíada en el hombro derecho y dispuesta a terminar su lista de mal nacidos cristíanos que se atrevíeran a pensár o dudáran que Pancho Villa o el conocído Doroteo Arango, era o había sido: un ¡ Colombiano.!

Los chamanes Huicholes, en otro lugar no lejano y por medio de sus almás convertidas en unos colibris,(segun dice la leyenda) ---los cuales avísan de grandes sucesos o ayudan a predecir el futuro a los Chamanes---

se quedarón sin aire y desconcertádos cuando supierón , que muy lejos de México, y , a la mísma hora ; que moría don Lalo , pero Un once de noviembre, y , en otró llamado : monte Sinai .

Había nacído un nuevo Pancho Villa , otro Doroteo Arango. Que por cósas ráras de la vida y casúalidad del incíerto destino, ese Doroteo Arango, nacia predestínado a ser un gran hombre, en el sentido integro de la palabra .

Con sus origenes en tierras extrañas y con dos bellos mares color esmeralda. De muy verdes, fertiles y ámplios valles, sembrados todos ellos en cañaduzales, y rodeádos de gigantescas montañas.

Montañas todas ellas, con cristalinas y dulces cañadas ágrestes, bajando y alegres y sin limites, por sus colinas de climás templados y terrenos llénos de inmensos y hermozos cafetáles entre las plataneras y los árboles de guama y cacao.

Las divínas bambuceas, se escuchában crecér en las placidas y calidas noches, estando a los lados, en las veredas y caminos, por donde transitában díaríamente los eternos arrieros con las mulas y el café.

Muy cercanas a la Fonda de los abuelos. ---¡Arre mula, ! jó , ¡ arré…mula , jo…mula !--- , era el grito escuchado por el Extrañado Hombre en el Pueblo, que bajaba las montañas, siempre acompañado con los tiples, guitarras y bandolas, aguardiente, ron y la ruana cubriendolo, en el frío amanecer.

Mientras tanto en la Veracruz, y en la larga fiesta, los negros zopilotes habían terminado, de devorarsén el cadáver de Don Lalo.

Primero, por las vísceras y luego por el resto del cuerpo, quedando al final de la noche, la triste y abandonáda huesamenta en medio de la alegre plaza publica.

Repléta todíta, de mariachis, putas, chulos, maricas, los federales, ladrones, el respetado notario, los gringos, los hijos de puta, los ladrones, el cura, los concejales, los policias, el alcalde, y los unicos cuatro bomberos sin motor para el vehiculo del cuerpo de bomberos del pueblo, que con la musica, licor y comida seguian acompañando a Doña Rosalía en su penar.

La cual, continúaba muy tranquila, bebiendo café de la Colombie, tequila y rodeada de sus contertulios.

Quienes, de vez en cuando y al tomárse sus tragos por las ánimas de los difuntos, mirában de reójo y sin querer aceptar, lo que íba quedando poco a poco, de la abandonada carroña de don Lalo.

Era un ambiente estremecédor y dicíendoles a todo el pueblo y al mundo presénte esa noche, que la vida es:

¡fugaz , fragil y rapida ! ,que es :

¡Una llama al viento!

En la fiesta, hubo de todo y para tódos, sin distincion de petate o de milpa. Durante tres días, cuatro horas y tres segundos, que duro la fiesta y carnaval del sangriento asesinato de Don Tato. Y que termino, el dia y segundos en qué finalmente llegó el extrañado Cato con el esperádo ¡circo Egred!

Primero estaba ¡el honor de México!

Pancho Villa, jamás fúe … Colombiano .

Nadie en méxico; sabe de dónde era, pero si saben y júran que era Mexicano! Muy a pesar ; de que dícen que su registro de nacimiento , Jamás! se ha podido encontrár!

Estas terribles cosas, recordaba la Táta de su abuela y de la muerte de su querido abuelito, mientras pasaban rapidamente los minutos y las horas, de su vida y nuestras vidas y en que ella continuaba mirando a travéz del orificio, en la cerradura de su habitación .

--Que coráje el de mi abuela !--
 
 

La cúal , a pesar de tres gravísimos y casi mortales atentados de enfisema pulmonar, seguia enfurecida dando a su pueblo la guerra máxima de estar con vida.

Y de pueblo en pueblo haciendo negocios de reses y con su treinta y ocho, colgado del hombro derecho.

Las ultimás noticias que la Tata túvo de ella , eran muy alegres y optimístas con el futuro .

Se queria lanzár para la alcaldía del pequeño pueblo, donde había asesínado, a su querido y Extrañado abuelo.

Comó si fúera el mismo destino escrito de su abuelita, y a ratos sin saber porque, aunque si muy a menudo se lo estaba preguntando, la Táta amaba en esos momentos, con ardiente pasión y como las arénas del desierto de Sonora , a su esposo el Tito, a quíen de igúal forma y caracteristicas que su abuelita y su mama con su papa, lo odiaba fria y calculadamente a todo momento y mucho más, ¡cuando salía a tomarse sus escocéses!.

Sentándose por unos momentos en el bórde de la cama para descansar de la incomoda posicion de estar mirando por el orificio de la cerradura; la Tata pensó en Tito, su querido espóso .

¡Increible, el Tito es igual a mi abuelito!, es el mismíto en temperamento, en el bendito genío y hasta en los imparábles e insoportábles ronquídos de burro caribeño!

Y, para cólmo de tódos mis males,! es un hombre y esposo lóco ! Quien, cree firmemente y asegura tódos los santos días y en plenó sano juício, y por mamarle gallo a tódos los Mexicanos , que Doroteo Arango o Pancho Villa fue y siémpre será un:

¡Colombiano!

El orificio de la cerradúra volvio una vez más, a permitír tranquilamente a la Táta, observar con anonímato, lo único que le era aceptado en la vida real, ser dueña del mundo exterior por unos segundos o minutos y solo a travéz de una cerradura.

La Tata, al oír ruidos nuevamente en el pasillo, se puso muy átenta y con oído de perra en guárdia, escuchó; cuando el chino Yin le decía a la negra Irina, en el largo pasillo que comuníca, a las muchisimás habitaciónes :

--¡Hoy le cortaré la cabeza al caliche!

-- Tata, miró aterrada al chino Yin cuando le mostraba a la negra, el inmenso cuchillo mátaganado y de doble filo, que había cómprado para ese fín.

Mirá el reloj, son las siete de la noche y el Tito esta, en las conocídas Ramblas del Bar….celona.

Tratando heróicamente de vender su novelita, algunos relaticos y otros malúcos poemas .

La Táta, observando la hora, contúvo la respiración y escuchó en reprimido silencio y lista para explotar, cuando la negra Irina contestó:

--Ese hombre del Caliche , hace días ánda , detrás de las nalgas de tu mujer, no déjes que juégen con tu honor!----

La Táta, sintiéndo totalmente en su cuerpo el frío asesíno del arma aceráda, vio cuando el chino Yin lentamente guardarba el cuchillo mataganado en el bolsillo de su gabán, despues, de ese instante quízo cerrar para siempre sus ya cansados ojos y en un silencio final, se sintío morir.

Y…en sorpresa, unos segundos despúes, y llena de descomunal ira, fuerza y energia, los abrió al maxímo que pudo y como un felíno hambriento y en atáque; se lanzó a la improvizada cúna, donde se encontrába, la gran y única razón para ella de existir en este mundo .

Su pequeño hijo Alberto.Criatura, que apénas comenzaba a caminar.

La Tata , se abrazó a el protejíendolo con todas sus fuerzas y lloró,lloró y lloró y lloró.

Sóla y desconsoláda etérnos instantes, igual que las incontables y dignas mujeres del mundo, en muchisimas ocasiónes y siémpre en silencio impoténte:

La violencia maldita del hombre moderno.

Y, del hombre a travéz de su historia.

Angustíada, y con un desespéro inmesúrable, y sin saber como parár ese nuevo llanto desconocido, Sintió más miédo y terror por su amado y ausénte Tito.

--Loco genial, como le decian, en la tierra del Doroteo Arango--. Y respirando profúndo se dijo:

¡ Ese, ya sobrevivío; las mil batallas de amor ! y ciento tres desbaratadas camás flojas en Paris !

Y , si logró; sobrevivir, años más tarde ; en la selva Asesina de cemento en New York, no créo, que aquí en el Bar….celona, le pueda pasar algo.

Extrañamente, en esos desespérados y angustiosos instantes, y sintiendo una punzáda en su corazón, recordó tambien; la forma muy tranquilita y y facil, cuando su tia Eva, en Guadalajara, se había desnúcado golpeandose el craneo al caer en la tina.

Despues de haber:¡ mal pisádo el jabón !

Con más fuérza que núnca , siguio llorándo y abrazándo desconsoláda a su hijo Alberto y en la mísma y permanénte angustia existencíal de tódos los pasados días en su vida.

Para aceptar al fínal de esos largos segundos y de una vez para siempre… Y por el resto de sus larguisimos años, que le faltan por vivir:

----¡ Que nada, ¡ es seguro en este mundo !Tódo esincierto! nada es eterno! que somos muy fragiles---

y… más que todo: somos :

--Una llama al viento!--

Igúal que su Querida y Extrañada abuelita; sin saber porqué, y por la desbordante emoción que sintío con su hijo Alberto, cuando escuchó, los por fín …tan esperados, y bien conocídos silbidos del Tito.

Emoción y alegría que la satisfacía y llenaba toda, plenamente, ¡que la hacía feliz!, en lo más profundo de su ser.

El Tito llegába silbándo y muy conténto, para compartír una noche más y cómo siempre …lléno, de… entusíasmo, energía y de pura pura …vida.

A dormír con ellos, y continúar con ella… y cómo todas las santas noches, áquellas… bellas melodías… del llamádo Amor…

En el mismo:

Destartaládo, viéjo, escandalóso, frío, oxídado,ordinario, metálico, ruídoso, horrible .

Y… por último:

¡infelíz y vergonzoso catre !
 
 

Barcelona, España.-- Diciembre 28 de 1998.

Para: Carolina Constabel y para mi hijo Cato Echeverry Palma

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