Informe
realizado por Rodrigo Díaz y Rosa Gayó
La
anorexia nerviosa se constituye como una de las enfermedades llamadas "de
fin de siglo". Aunque se ha hecho notar hace más de cien años, recién en
las últimas décadas ha recibido mayor atención y preocupación, debido en
parte al aumento de conocimiento público y al evidente aumento de su
incidencia, sobre todo en los países occidentales u occidentalizados (Sue,
1996).
Diversas
causas para este fenómeno han sido propuestas por el psicoanálisis, la
psicología cognitiva y el conductismo, todos ellos con perspectivas de
causalidad lineal ( Sarason y Sarason, 1996). El paradigma sistémico, en su
aplicación a la terapia y tratamiento psicológico, enfoca el fenómeno
"anorexia" enmarcándolo en pautas de comportamiento más amplias que
involucren incluso a otras personas.
En
el presente trabajo se revisan algunas de las implicancias de concebir la
anorexia como un fenómeno sistémico. Con este propósito, es que en primer
lugar se integrará y enmarcará la definición de anorexia nerviosa en el
contexto del paradigma sistémico, describiendo algunas "características
de personalidad" de las personas diagnosticadas como anoréxicas, las
posibles consecuencias que produce en su entorno y otros factores relacionados.
En segundo lugar, se expondrá el caso de una persona diagnosticada con
anorexia, detallando algunos aspectos de su diario de vida. Luego, en la reflexión,
se discutirá acerca de los posibles alcances y limitaciones que implica el
concebir la anorexia desde una perspectiva sistémica, distinguiendo las
principales ventajas y desventajas. En la última parte del informe se exponen
las principales conclusiones extraídas de la integración realizada en el marco
conceptual y actividad práctica.
La
anorexia nerviosa consiste en la necesidad compulsiva de tomar todas las
precauciones posibles para perder peso, haciendo ejercicios, evitando comer o
comiendo sólo aquello que menos calorías aporten al organismo (Corbella, 1994;
Feinstein, 1988; Turón, 1997). No se presenta una reducción del apetito, sino
que existe una negación consciente y deliberada a comer (Saranson y Saranson,
1996). Se acompaña de un estado emocional de ansiedad (Corbella, 1994; Sue,
1996), además de temor a enfermar o morir y fobia al sobrepeso real o
imaginario (Sue, 1996; Feinstein, 1988). La preocupación por ingerir la menor
cantidad posible de alimentos les lleva a ciertos rituales, como esconder la
comida en los bolsillos, almacenarla en la boca para escupirla después, vómitos,
etc. (Sue, 1996). Las consecuencias orgánicas relacionadas con la anorexia son
retraso en el crecimiento de los huesos, anemia, hipotermia, hipotensión,
bradicardia, pérdida temporal de los períodos menstruales, insomnio, etc.
(Mussen, 1985; DSM IV, 1995; Kaplan, y Sadock, 1997; Papalia; 1998; Buceta y
Bueno, 1996; ; Feinstein, 1988; Turón, 1997).
Entre
las características de personalidad definidas para la persona anoréxica, se
encuentran baja autoestima, alteración en la percepción de su imagen personal
(no admite su delgadez), pensamientos distorsionados ("todo el mundo me
mira cuando como"), retraimiento social (Mussen, 1985; Corbella, 1994;
Papalia; 1998), inestabilidad emocional y estados depresivos, necesidad de
demostrar autocontrol y éxito (por ejemplo, exceso de dedicación al estudio),
racionalización de su progresivo aislamiento social (Corbella, 1994),
introversión, sensibilidad al castigo y ansiedad (Sue, 1996; Feinstein, 1988).
La
anorexia nerviosa constituye un cuadro muy complejo, en el que inciden factores
de todo orden (Corbella, 1994) como haber presentado obesidad anteriormente (y
las respectivas dietas para bajar peso), el ser mujer (por convención social,
es peor visto que una chica no se preocupe de su imagen corporal, en comparación
con el hombre), ideales de belleza delgados (sobre todo en publicidad),
estereotipos culturales que equiparan el éxito con la delgadez. (Corbella,
1994; Sue, 1996; Minuchin, 1989), el fallecimiento de alguna persona
significativa, separación o conflictividad entre los padres y algún comentario
crítico ante un aumento de peso. (Corbella, 1994; Minuchin, 1989)
El
paradigma sistémico, emergente como tal a mediados de siglo XX y aplicado en la
psicología con distintos modelos -constructivistas, interaccionistas,
estructuralistas, estratégicos- (Keeney, 1993), define en general- el sistema
como pautas de interacción entre un grupo de organismos, pautas que mantienen
estabilidad a través de procesos de cambio (Keeney, 1993; Minuchin, 1992). Un
acercamiento sistémico al estudio de la anorexia nerviosa implica
principalmente, en primer lugar, concebir ésta como producto de la interacción
sinérgica e inseparable entre factores de tipo "biológicos",
"psicológicos" y "sociales" (Minuchin, 1992) y, en segundo
lugar, ubicar el fenómeno etiquetado de "anorexia" en el contexto de
pautas de comportamiento más amplias, que involucren la interacción con otras
personas, probablemente en la estructura familiar(Minuchin y col., 1989;
Minuchin, 1992; Minuchin y Nichols, 1994; Keeney, 1993).
De
esta manera, en el estudio de la anorexia, para hablar de sistema, es necesario
definir cualitativamente las relaciones interpersonales que posibilitan ese fenómeno.(Keeney,
1993; Minuchin, 1989). Aunque, por lo general, los autores que se definen sistémicos
son reacios a generalizar las condiciones necesarias para cualquier fenómeno
(Keeney, 1993), es posible encontrar algunos puntos en común en las familias de
las personas diagnosticadas como anoréxicas: sobreprotección, rigidez, baja
tolerancia a los conflictos, ambiente familiar estresante, madre obesa, uno de
los miembros de la familia posee algún trastorno de la ingesta, padres que
suelen generar mucha ansiedad ante la ingesta de comida (reforzando las
conductas de rechazo del alimento si la anoréxica siente necesidad de llamar la
atención y manipular a las personas de su entorno)(Corbella, J. 1994; Sarason,
I. y Sarason, B. 1996; Minuchin, 1989).
Desde
en enfoque sistémico, la anorexia pierde su calidad de enfermedad individual,
para convertirse en una responsabilidad del grupo familiar o social al que
pertenece el individuo diagnosticado "con anorexia" (Minuchin, 1989).
De esta manera, desde esta perspectiva, cualquier intervención terapéutica
implicará trabajar con la familia del afectado, intentando cambiar las pautas
de comportamiento que facilitan el comportamiento anoréctico (Minuchin, 1989;
Sarason y Sarason, 1996).
Como
actividad práctica se revisará parte del diario de vida de una chica
diagnosticada como anoréxica. Este diario está presentado en Internet,
como la página personal de alguien que quiso mostrar algo de su vida. Sandra
mide un metro setenta, tiene diecisiete años y hasta hace unos meses pesaba 52
kilos. Quiso adelgazar un poco. Lo justo para el verano, un kilo, no más de
dos. Adelgazó doce. Cuando pesaba cuarenta sus padres la ingresaron en el
hospital del Niño Jesús de Madrid. Sandra escribe un diario desde hace años.
Un diario que ha continuado en el hospital:
DIARIO
DEL VERANO DEL 96: .... Bien, quería decir que hoy
no he comido hasta la cena. Genial, porque no tenía hambre, pero en la cena he
comido demasiado y no ha servido de nada. Tengo la tripa hinchada y me siento
gorda.
18
del 7: Son las nueve y media en Madrid. Aquí las tres de la madrugada. Llevo 24
horas sin dormir, pero no tengo sueño. Estoy en Estados Unidos chapurreando
cautelosamente un idioma que desconozco.
24
del 7: A las siete teníamos que cenar... Pizza. Estoy intentando controlarme,
pero mira lo que he comido hoy. Cereales, sándwich de queso, un poco de fruta
podrida, pan con queso, lechuga. ¿Ves mis intentos? Pero no hay mucho donde
elegir.
28
del 7: La cabeza me va a estallar. Llevo una hora dando vueltas en la cama,
despierta por no sé qué extraña pesadilla, pensando en lo que quiero hacer
con mi vida. Ayer quería venir aquí. Hoy sólo quiero dejar de tener cerebro.
He pensado en papá. He pensado en la universidad. Aquí he amontonado
preguntas.
6
del 8: El lunes estuvimos todo el día de compras. Me sentía cansada y
obsesionada por la comida. Cené demasiado y quise vomitar, pero no pude, lo que
fue realmente frustrante. No brillo en nada, no me distingo en nada. Y yo lo sé.
Pero decírselo a A. es como reconocer que este año no he querido a nadie y
nadie me ha querido. Sí, soy una mierda. Mírame, me quito la ropa, me
descubro, sí soy una mierda. Decir: nada me sale bien, ningún chico de los que
quiero me quiere. Es como decirle a A. soy fea, no me tengas alto en tu escala
de valores, porque no valgo para nada, y desde luego no me creas capaz de nada
porque soy fea. No, no puedo dejar que ella crea eso. Simplemente, no puedo.
15
del 8: Me sorprende cómo antes podía comer patatas fritas y eso. Ya no puedo.
¿Por qué quiero seguir adelgazando? No, yo sólo quiero no engordar. ¿Y un
helado? ¿Cuándo te permitirás un helado?. Sólo si me salto unas comidas. Sí
quiero seguir saltando comidas, quitando el hambre con fruta para no engordar
pero, si mamá cocina cosas deliciosas, no puedo... Es mejor saltar la comida,
comer el helado y vomitar. Entonces sí sirve, porque no engorda.
18
del 8: Estamos en un cámping y aún no he conocido a nadie. No me he sentido
simpática, ni graciosa, ni abierta. Lo que quiero decir es que nadie va a
querer conocerme por ser simpática, porque tengo miedo. Ni tampoco por ser
mona, hay demasiadas rubias delgadas aquí.
31
del 8: Sólo quiero contarte la pesadilla que he tenido estas últimas noches.
En la primera yo acababa de comer. Estaba increíblemente llena. Entonces
llegaba mamá que me había comprado un helado de vainilla con cookies. "Te
lo tienes que comer todo", decía, porque es muy caro. Era horrible porque
no podía más.
2
del 9: Bueno, esto fue lo que X. me dijo: "Sí, estás flaca, pero estás
bien. Sólo te hace falta músculo en los brazos. Haz flexiones". No he
vomitado desde que volví de Estados Unidos y no quiero hacerlo. Ahora bien,
estoy comiendo casi siempre más por costumbre que por hambre y eso me molesta.
9
del 9: Acabo de pensar una cosa. TERMINO EL VERANO 96 ¿Qué ha quedado de él?
Más problemas, 46 kilos y no sé si amigos al otro lado.
22
del 9: Siento mucho frío. Aunque me envuelva en lana, mis pies y mis manos
siempre están frías. La piel eternamente erizada. Tengo mucho frío. Pero lo
soporto, porque no hay causa. A veces, sin haber hecho ningún esfuerzo, me
siento cansada. Como si no tuviera fuerzas para seguir, como si simplemente no
pudiera. Pero puedo y por eso lo olvido. No tengo regla. No sé muy bien lo que
es ir al baño. Hay una idea que me atormenta. Una idea que puebla mis noches de
pesadillas. Al despertar, me siento aliviada. Pero es sólo un tiempo, puedo
vivir con ello, así que también lo ignoro. Quizá he aprendido algo. He
aprendido a controlar mis sensaciones, frío, calor, hambre, sed. Mentía al
decir que quería tener hambre. Porque lo que yo sé es que no quiero comer ni
quiero pensar en ello. No sé por qué es así, pero lo es.
14
del 10: He ido dos veces al psicólogo pero no me ha dicho nada nuevo. Mamá
habla de ingresarme. Confío en que no me estropeará la vida de esa forma.
Realmente camino sobre una cuerda floja con un cerebro muy vacío y abierto sólo
a una cosa, ¿Tienes algún sueño? Oh sí... Suelo soñar con comida.
17
del 10: Papá me ha hecho decirle que sé que hay anorexia de por medio y que
voy a intentarlo. Pero yo no quiero comer, ni tengo hambre, ni quiero
intentarlo. Todo depende de mí y sólo de mí. Estoy bien, estoy bien. He
perdido peso y estoy bien. Así que no sé por qué no me dejan en paz. Si es
por el físico, que les jodan. No estaba más guapa antes y si lo estaba, qué
divertido que se den cuenta ahora. Acabo de pensar. Ese chico rubio nunca saldría
conmigo y seguro que me despreciaría si supiera todo esto. He leído mucho
sobre anorexia y tengo muchos rasgos, pero si estoy enferma, no quiero curarme.
A lo mejor estoy cansada de ser hipócrita.
20
del 10: Mi vida ha cambiado. Empieza la recuperación. En el autobús X. me dijo
que me estoy suicidando y que el cole y toda mi vida se destruía, que tenía
que cambiar de aires. Me dijo que me fuera con él el fin de semana que viene.
Yo le contesté que pensaba que él no quería estar conmigo. Se echó a llorar
y eso me devolvió la vida.
21
del 10: No lo he entendido del todo. 42 kilos. Hoy no he ido al cole porque he
visto a dos psiquiatras. El doctor Morandé, o como se llame hablaba de
hospitalización... Mierda, ahora que me curaba. Y luego comí. Comí y voy a
cenar. Aún así, 42.
23
del 10: Me equivoqué. Me equivoqué como en tantas cosas. No ha empezado una
nueva etapa. Bueno, se me ha caído el mundo encima, he querido llorar pero no
lo he hecho. Soy agria y malcriada con quien me ha traicionado. Por mi bien, no
lo dudo, pero no me importa, y me siento lo suficientemente confusa como para
justificar mi egoísmo y no pensar más que en mí y en que estoy enfadada. En
fin, ya no siento nada. Yo no quiero ir a un hospital. No quiero, no quiero. No
quiero. No es por miedo, es que me dan ganas de llorar. Y me molesta. Mi gatito
ya no me quiere.
25
del 10: Tengo, un pequeño problema. ¡Nos vamos! ¡Sí! Sabes que tengo
problemas con la comida, lo sabes. Hay cosas que quiero comer antes de ir al
hospital.
29
del 10: En el hospital. Llegué ayer y había camas, claro que había camas. Me
da rabia llorar, pero también lloro de rabia y eso no lo puedo evitar. Me
desesperé y todas las veces que he llorado ha sido por eso. Ese día había
comido. Mucho, mucho queso, pero me obligó la vieja de la voz amable y
tranquila a tomarme un zumo que bebí llorando. No me he lavado los dientes
desde hace dos días, ni me he duchado, ni me he enjuagado la boca, no puedo
andar y sólo como, como y como. He tenido que merendar un bocata de jamón york
con queso. Yo mentía a mi madre al decirle lo que había comido a mediodía.
(Vaya, esta es la primera vez que lo digo y suena... suena mal). Acabo de cenar.
2.000 Kcal y luego reposo, reposo, como una gorda. Comer y descansar, comer y
descansar. Quiero hacerlo todo bien, porque no me gusta estar aquí. No sé si
eso es bueno o malo, pero es la verdad. No puedo querer curarme porque primero
quiero asumirlo todo bien. Sé que no puedo dar el segundo paso sin haber dado
el primero antes.
30
del 10: En la merienda he descubierto que mi plátano era doble. Increíble. No
sé de dónde sacan fruta tan enorme. Mi plátano tenía dos plátanos. Saben cómo
hacer que todo esto sea odioso. Estoy furiosa, estoy harta. No quiero que me den
nada más. Ya vale, ya vale, ¡basta! Sé cuanto peso: 42, 400 gramos. He
recuperado dos kilos... Cuando ingresé pesaba 40, 08. Hoy al ver a A. me he
agobiado increíblemente ¿Cómo? ¿Cómo ha podido llegar a eso? Es que no
puede vivir, es que no es nada. Se va a morir. No puede ser. Dan ganas de
gritarle: ¡"Reacciona"! ¡Que te mueres! No es que estés muy
delgada, es que estás enferma, te mueres. ¡Entra en razón! Pero A. lleva
cinco años enferma. Tiene diecisiete años y pesa 34 kilos.
2
del 11: ¿Sabes? No espero oír el carrito de la comida. No. No tengo ansiedad.
Y hoy he tenido hambre y estaba muy feliz después de comer.
3
del 11: Hoy me he relajado demasiado. No he pensado nada. Salvo ahora que me
vuelvo a agobiar con lo de que hacerlo bien me está convirtiendo en una sin
importancia y sin valor... Puedo curarme de la anorexia. Te juro que parece
mucho más sencillo que curarme de lo otro. La anorexia es cuestión de
voluntad, lo demás me tortura el cerebro. Lo que yo quiero es que no se olviden
de mí. Tienes el defecto de ser egoísta y de necesitar atención. ¿Cómo se
lucha contra los defectos? Un egoísta ejercerá la generosidad.
7
del 11: Es mucho más fácil caer que salir. Y yo no estoy saliendo. Mírame. No
quiero. Ahora que lo estaba haciendo bien. Me estoy volviendo depresiva, así
que soy estúpida. Esperar a que me calme... calma...
A
partir de la revisión del diario de Sandra, se pueden identificar un conjunto
de aspectos que, según lo expuesto en el desarrollo conceptual de este informe,
podrían asociarse a su diagnóstico de anorexia: estilo de pensamiento obsesivo
y centrado en la comida, inducción de vómito, negación a comer, idea de
controlar por lo menos algún aspecto de su vida, percepción de inestabilidad
en las relaciones interpersonales, preocupaciones académicas, baja autoestima,
retraimiento social, temor de no ser aceptada, decaimiento físico, hipotermia,
irregularidades en el ciclo menstrual y percepción errónea de su propio
cuerpo.
Como
se mencionó antes, el enfoque sistémico de la anorexia busca enmarcar el
comportamiento problema en pautas más amplias de comportamiento (Keeney, 1993).
Así, desde esta perspectiva, el caso de Sandra debería ser analizado en busca
de aspectos particulares en la relación que mantiene con otras personas
(probablemente familiares) y las pautas de comportamiento del sistema familiar.
Aunque es poco probable que a partir del diario- resulte válido especular
acerca de la situación del sistema familiar en que Sandra está inserta, sí es
posible identificar algunas declaraciones que guardan relación con sus
interacciones interpersonales. Por ejemplo:
·
Si bien no aparece explícita una
situación de tensión familiar, podría haberla habido en el divorcio de sus
padres.
Además,
es razonable considerar otros factores sociales, como la presión a que se ven
expuestas las mujeres para adecuarse a ideales de belleza de delgadez, que son
promovidos por la publicidad y los medios de comunicación, y los estereotipos
culturales que indican que sean ellas las que mayormente se preocupen por su
imagen corporal (Turón, 1997).
Aquí,
en el intento de análisis de un caso escrito, es donde una de las desventajas
del enfoque sistémico resultan evidentes: su pobre capacidad para generar
principios o condiciones estables para explicar cualquier fenómeno (Keeney,
1993). Hay que trabajar con la familia, con el sujeto, indagar el sistema,
preguntar, conversar, discutir, pelear y llorar (Minuchin, 1989), es decir,
resulta necesario tener al grupo familiar presente para poder construir la noción
de sistema particular en la que se insertará el comportamiento problema, en
este caso, la anorexia diagnosticada en Sandra.
Sin
embargo, una de las mayores ventajas de la utilización del enfoque sistémico
es que no etiqueta el comportamiento problema bajo el nombre de algún trastorno
o enfermedad. Sandra ha sido etiquetada de "anoréctica", incorporando
a su sistema de identidad este concepto; quizá esto facilite un posible intento
por llamar la atención de sus padres.
Con
todo, dado que la anorexia es un fenómeno difícil de definir y en los que
intervienen múltiples factores, una perspectiva que integre el mayor número de
aspectos en su visión probablemente resulte más efectiva (Minuchin, 1989). Ya
en la terapia, se ha descartado el concepto médico de anorexia (como trastorno
endocrino) para dar paso a la intervención sistémica, en la que se trabaja, en
lo posible, con todos los miembros de la familia (Feinstein, 1988). Algunos
terapeutas incluso creen que el sujeto debe ser separado de su hogar (Sarason y
Sarason, 1996), pero más allá de concepciones extremas está el gran avance
que significa descentrar el trastorno llamado anorexia y reubicarlo en el
contexto más amplio de relaciones interpersonales en el que el sujeto se
desenvuelve. Todo esto, no significa desmerecer la influencia de ningún factor
en especial (ya sea biológico o social) sobre otro. No, sólo significa
proponer el entendimiento de la anorexia no como una enfermedad que se posea
"individualmente", sino como un fenómeno sistémico, en el que la
responsabilidad de curación recae en todo el grupo familiar, en el compromiso
que sella el amor, base de todo sistema familiar.
En
la anorexia se entremezclan diversos factores, como rasgos de personalidad,
características familiares, presión social y estereotipos culturales. Estos
factores resultan difíciles de separar, por lo que se considera que un enfoque
de terapia que considere el gran espectro de aspectos involucrados, resulta más
efectivo. El enfoque sistémico, centrado en las pautas de interacción de
sistemas familiares, busca cambiar los patrones de comportamiento que facilitan
el comportamiento anoréctico. Probablemente, una ventaja de este enfoque es el
descentramiento del fenómeno en un sólo sujeto y, también tentativamente, sus
desventajas refieren a la poca generalización de sus resultados y a la
necesidad de trabajar con varios miembros de la familia. La responsabilidad de
curación de la anorexia, según el enfoque sistémico, recae en toda la
familia, bajo el compromiso que sella el amor.