PACIENTES PSICOSOMATICOS: UN ABORDAJE POSIBLE
AUTORES: Lic. Eduardo H.CAZABAT Lic. Daniel Bick
y Lic. Yago Licitra
Artículo publicado en: Comahue Médico (Revista del Colegio Médico de Gral. Roca, Río Negro) Vol XXIII, N* 24, 1993. (Una versión preliminar de este trabajo fue presentado en el II Congreso de la Asociación Sistémica de Buenos Aires, 1er. Congreso Interamericano de Psicoterapia Sistémica. Buenos Aires, Argentina, 18 y 19 de Octubre de 1991.)
Introducción
Casos Clínicos
Caso 1: Enrique
Caso 2: Patricia
Caso 3: Marcos
Discusión
Conclusiones
Bibliografía
INTRODUCCION
El presente trabajo se basa en el análisis de
tres casos clínicos de los que, comúnmente, se llaman psicosomáticos. Los
tres pacientes fueron tratados por uno de los autores, en el marco del Equipo de
Atención Psicoterapéutica en la Enfermedad Somática del Centro Privado de
Psicoterapias (CPP). Dicho equipo está coordinado por el Licenciado Daniel BICK
e integrado, además, por los Licenciados Yago LICITRA, Atilio FERRARO, y
Eduardo CAZABAT. Nuestro abordaje
psicoterapéutico reconoce su origen en el Modelo de Terapia Breve desarrollado
a partir de 1966 por el Brief Therapy Center del Mental Research Institute de
Palo Alto (California). Dicho modelo ha sido trasladado y adaptado a las
particulares condiciones de nuestro medio por el equipo del C.P.P. desde el año
1981. Su premisa básica, tal como fue expuesta por Fisch et al. (1982) es la
siguiente: "...en las 'soluciones' ensayadas por la gente, en los modos
específicos con que intentan rectificar un problema, existe algo que ayuda en
gran medida al mantenimiento o exacerbación del problema.(...). Para que una
dificultad se convierta en un problema, tienen que cumplirse sólo dos
condiciones: a) que se haga frente de forma equivocada a la dificultad; b) que
cuando no se soluciona la dificultad se aplique una dosis más elevada de la
misma 'solución'".
A partir de esto, y antes de exponer los
objetivos y características de nuestra tarea, consideramos conveniente
describir, en forma sintética, los aspectos distintivos de nuestro enfoque
psicoterapéutico: 1) Apunta a la modificación de conductas problemáticas
consideradas en su contexto, es decir, mantenidas por acciones de uno o más
individuos de un sistema relacional. 2) Se busca alcanzar un acuerdo con el
consultante sobre un objetivo concreto, específico, observable y pasible de ser
alcanzado. 3) El terapeuta se asume como directivo y en este sentido trata de
influir sobre los consultantes para que el cambio se produzca en el menor tiempo
posible. La tarea de nuestro equipo es la de asistir a los pacientes que
consultan o bien, espontáneamente o bien por derivación, que traen como Queja
Inicial un problema orgánico, y que en la primera entrevista co-construyen con
el Admisor un Motivo de Consulta que vincule, de un modo abordable, un aspecto
psicológico (en sentido amplio) con el problema orgánico. Cuando decimos
"psicológico en sentido amplio" entendemos los aspectos
comportamentales, cognitivos, emocionales, interaccionales y contextuales.
Entendemos por "psicosomáticos" a
aquellos pacientes que presentan algún trastorno orgánico funcional cuya
evolución, teniendo o no una etiología orgánica definida, se ve fuertemente
condicionada o determinada por factores psicológicos en sentido amplio.
Algunas de las entrevistas fueron realizadas en
Cámara Gessell, y el curso de los tratamientos fue discutido por el equipo. A
continuación presentamos en forma breve, los tres casos clínicos, y
seguidamente analizamos las similitudes, diferencias, las estrategias adoptadas
y los resultados.
CASOS CLINICOS
Caso 1.
Enrique: Enrique, de 32 años, casado, un hijo,
consulta por indicación de su gastroenterólogo, a raíz de una úlcera; de no
haber sido por esta indicación no lo habría hecho. Sin embargo está motivado
a hacer "cualquier cosa" por aliviar su sintomatología. Trabaja como
administrativo en una pequeña empresa familiar, y algunos de los últimos
episodios ulcerosos coincidieron con la visita del inspector de la DGI, al que
tuvo que atender personalmente.
El tratamiento se extendió a lo largo de cuatro
meses y medio en el que se realizaron 13 entrevistas. La estrategia implementada
se basó en la prescripción de la observación del síntoma a los fines de
"investigar el origen de sus episodios ulcerosos".
En primer lugar, Enrique aportó dos hipótesis:
la primera, que llamaremos "de disparo directo" rezaba que cada
situación estresante era seguida de una eclosión sintomática. Esta hipótesis
fue rápidamente descartada. La segunda, que denominamos "la de la gota que
rebasa el vaso", según la cual el estrés se iría acumulando y se
descargaría en un desencadenamiento de los síntomas a posteriori de algún
evento estresante, sin importar su magnitud. Esta hipótesis también fue
descartada luego de una seguidilla de hechos altamente estresantes que no
provocaron ninguna consecuencia.
Investigando esta situación, Enrique arriesgó
la hipótesis de que la crisis dependía de su propia actitud frente a los
primeros síntomas. Mientras lo habitual era que frente a ellos se derrumbara anímicamente
y comenzara con la batería de medicamentos, a la espera de la hecatombe, en
esta oportunidad actuó asertivamente, "presentándole combate" al
malestar. A partir de este momento las crisis disminuyeron en cantidad e
intensidad, quedando como remanente algunas molestias pasajeras. Estas fueron
connotadas positivamente como una luz roja frente a la sobrecarga de estrés, de
tal manera que, si desaparecieran, debería reemplazarlas por una rutina de
descarga.
El seguimiento, realizado por un equipo específicamente
dedicado a esta tarea y diferente del nuestro, reveló que ocho meses después
se mantenía el progreso.
Caso 2.
Patricia: Patricia, 26 años, soltera, se queja
de sufrir descomposturas de vientre, mareos, lipotimias sin motivo orgánico
aparente. Fue tratada a lo largo de 30 sesiones durante 8 meses. Derivada por su
clínico, declara tener poca confianza en la psicoterapia. Ya que el médico
ocupa este lugar de influencia frente a la consultante, resulta imperioso
ponerse en contacto con él, debido a que él es quien detecta el componente
psicológico del problema. En estos casos se hace imprescindible el trabajo en
equipo con el médico. Luego de una charla telefónica en la que se escucharon
sus ideas respecto del caso y se llegó a un acuerdo respecto a la estrategia a
desarrollar, la consultante comentó que "ahora sí tengo confianza en esta
terapia".
La estrategia empleada fue nuevamente la
prescripción de la observación del síntoma con el fin de investigar los
motivos de dichas descomposturas. La hipótesis explicativa aportada por
Patricia en el curso de esta investigación (y luego de recorrer diversos temas)
fue que ella no sabía decir que nó, y de esta manera se cargaba con los
problemas de todos, especialmente los del padre. Esta sobrecarga repercutía en
sus descomposturas. Para poner a prueba la hipótesis comenzó - con
dificultades por cierto - a decir que no, comprobando que las descompensaciones
disminuían en cantidad e intensidad. Este hecho la decidió a continuar por
este camino con más firmeza, y al cabo de unas pocas sesiones más se pactó el
alta.
El seguimiento muestra que en los tres años
subsiguientes no se produjo ningún episodio similar.
Caso 3.
Marcos: Marcos tiene 31 años, 2 años de
casado, es técnico químico y trabaja en una fábrica; su hermana es psicóloga.
Consulta por iniciativa propia, porque desde hace tres años sufre de trastornos
intestinales tanto en el trabajo como en situaciones sociales frente a personas
desconocidas. El tratamiento duró 7 meses totalizando 24 entrevistas.
La estrategia aplicada fue, en primer lugar,
prescribir la observación minuciosa de los síntomas, para establecer con
precisión qué era lo que los desencadenaban. Una vez identificados los
factores desencadenantes (p.ej. ir al comedor de la fábrica) la prescripción
fue no evitarlos, sino enfrentarlos para reunir más datos acerca del
funcionamiento de este trastorno. Los trastornos fueron desapareciendo
paulatinamente. En el momento de la última entrevista, los trastornos en
situaciones laborales habían desaparecido totalmente, y el paciente manifestaba
que estaba más sociable y la gente lo notaba más contento. El malestar aparecía
sólo en algunas situaciones sociales (fiestas p.ej.) pero en una intensidad mínima
que no dificultaba su concurrencia. De cualquier manera, rescataba la metodología
de no evitar situaciones que le provocaran malestar. Llegados a este punto,
pactamos el alta.
En el seguimiento, realizado 10 meses después,
Marcos manifestó haber mantenido los logros alcanzados durante el tratamiento.
Pero al mismo tiempo explicitó cierta insatisfacción por no haber descubierto
el por qué de su afección, quedándole una sensación de proceso incompleto.
DISCUSION
En el primer caso, Enrique, ante la imposibilidad de eludir las situaciones estresantes, al sentir los primeros síntomas, intentaba evitar la crisis ulcerosa con la batería de medicamentos. Al mismo tiempo pensaba que la crisis era inevitable y por lo tanto se sentaba a esperarla, derrumbándose anímicamente. En el tercero, Marcos, evitaba directamente las situaciones que le desencadenaban sus trastornos, aunque en algunos casos la evitación resultaba imposible, enfocando toda su atención en los síntomas que ya consideraba inevitables.
Ambos consultantes coincidían en desplegar una
estrategia de evitación, y, simultáneamente considerar inevitable la crisis,
poniéndose anímicamente en una posición defensiva, dando todo por perdido. La
atención de ambos, entonces, se dirigía selectivamente a detectar síntomas,
actuando probablemente como amplificador, a modo de una profecía
autocumplidora. En los tres casos, la estrategia desarrollada por el terapeuta
fue prescribir la observación del síntoma con fines de investigación,
invirtiendo de esta manera la solución intentada por ellos. Los síntomas
fueron connotados positivamente como fuente de nuevos datos, valiosos para el
proceso psicoterapéutico; de esta manera se invirtieron también las valencias
anímicas de los mismos. Y la atención de los consultantes fue desviada de los
síntomas al contexto en el que se manifestaban, impidiendo así la función
amplificadora de la misma.
Ahora bien, aunque en los tres casos los resultados fueron una disminución significativa en frecuencia e intensidad de los trastornos, el grado de satisfacción (considerado en términos subjetivos) es disímil. En nuestra opinión, la insatisfacción de Marcos está determinada por el hecho de no haber tomado en cuenta debidamente sus expectativas. Marcos, no sólo quería aliviar su sufrimiento, sino también entender el origen de su trastorno.
Estas expectativas no fueron debidamente
satisfechas; no se ofreció al consultante una hipótesis que las satisficiera.
CONCLUSIONES
Como bien sabemos, la psicoterapia no "cura" lo orgánico. Por lo tanto nunca podríamos pactar un Motivo de Consulta en torno de un problema orgánico. Sin embargo, la psicoterapia puede aliviar, mejorar, transformar situaciones, relaciones y/o actitudes que facilitan el desencadenamiento y evolución de los trastornos orgánicos.
Como terapeutas estamos llamados a intervenir
sobre esos factores psicológicos (en sentido amplio) que condicionan a la
enfermedad orgánica.
Con quienes suponen una causa psicológica en la
etiología de su organicidad, pactamos un Motivo de Consulta en torno de dicha
causa, cuya elección recae en el consultante. Si el consultante no tiene una
hipótesis, se puede trabajar con él para ayudarlo a elaborarla (tal como lo
vimos más arriba).
En ambos casos, la prescripción de la observación
del síntoma se ha mostrado como una herramienta eficaz en el alivio de la
sintomatología psicosomática. Lo que resulta importante en estos casos, más
que en otros, es la formulación de la prescripción. Por otra parte, deberíamos
dar por supuesto que nunca las molestias desaparecerán en forma absoluta; sería
como pretender que desaparecieran para siempre los resfríos. Por ello es
conveniente contar con una buena reformulación (1) para su prescripción en el
momento del cierre del tratamiento (p.ej., cumplir la función de luz roja en el
caso de Enrique, o necesidad de proteger al padre, en el de Patricia).
Otro punto para destacar es la importancia de
tener en cuenta al médico derivador e incluirlo en la estrategia. Por ejemplo,
en el caso de Patricia, el médico era de la opinión de la necesidad de
realizar una psicoterapia profunda, de dos o tres veces por semana. En la charla
telefónica, aceptando en principio esa indicación, sugerimos como primer paso
una terapia más breve y dirigida a aliviar la sintomatología somática, para
luego sí, darse el tiempo necesario en profundizar la terapia. De esta manera,
el médico acordó con nuestra estrategia y la apoyó frente a la paciente, que
así pudo comenzar la tarea psicoterapéutica. Los resultados alcanzados dejaron
satisfecho al médico, quien en una nueva comunicación telefónica estuvo de
acuerdo (a sugerencia del terapeuta que ya contaba con su confianza gracias a
los resultados obtenidos) en lo inoportuno de encarar una psicoterapia profunda
que "podría llevar al resurgimiento de los síntomas somáticos".
Siguiendo este ejemplo, creemos inoportuno
ponernos a discutir con el médico acerca del tipo de indicación psicoterapéutica.
El médico tiene una mentalidad enfocada a conseguir resultados palpables, y eso
es lo que nosotros debemos ofrecerle, antes que darle una clase acerca de las
diferentes psicoterapias y las ventajas de la nuestra. El médico es un
consultante más (en algunos casos el único de un tratamiento psicoterapéutico)
y debemos responder a su demanda y expectativas respetando su punto de vista.
Por último, queremos destacar la importancia de
tomar en cuenta la cosmovisión y las expectativas del paciente.Tenerlas lo
suficientemente presentes nos va a evitar empañar buenos resultados terapéuticos
por no haber ofrecido lo que el paciente demanda, como en el caso de Marcos.
BIBLIOGRAFIA
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