TRASTORNOS
AFECTIVOS
Las altas y bajas de la
vida
Introducción.
Antes de introducirnos de lleno al tema de los trastornos afectivos,
podemos comenzar por definir lo que es un afecto.
El afecto es el estado de ánimo que una persona experimenta en un
momento determinado.
Todos experimentamos
cambios de estado de ánimo o estado emocional, son una parte normal de la vida. Para la mayoría de la gente, los estados de ánimo extremos
son de corta duración; la mayor parte del tiempo se encuentra en algún punto
entre los sentimientos de exaltación y de tristeza o desesperación. Pero, en contraste con este patrón común,
algunas personas experimentan perturbaciones en el estado de ánimo que son
extremas y prolongadas. Sus altas
son más altas, sus bajas son más bajas y los periodos que pasan en esas
alturas y profundidades emocionales son prolongados. Se dice que éstas personas sufren
"trastornos afectivos", que el DSM-IV describe bajo dos categorías
principales: desórdenes depresivos y desórdenes bipolares. A continuación explicaremos ambas
categorías.
Desórdenes Depresivos.
A menos que llevemos una vida encantada, la vida diaria nos trae algunos
sucesos que nos hacen sentir tristes o desilusionados. Una calificación inesperadamente baja,
la ruptura con el novio o novia, no lograr obtener un puesto o un aumento, esos
y otros sucesos cambian nuestro equilibrio emocional hacia la tristeza. ¿En que momento es que esas reacciones
constituyen una depresión? La
mayoría de los psicólogos esta de acuerdo en que varios criterios son útiles
para llegar a esta decisión.
Primero, las personas que
sufren de depresión experimentan una infelicidad verdaderamente profunda, y la
experimentan la mayor parte del tiempo. Segundo,
las personas que sufren depresión reportan que han perdido interés en todos
los placeres normales de la vida. La
comida, el sexo, los deportes, los entretenimientos, nada logra proporcionarles
el disfrute y la satisfacción que la gente espera y que, por lo general, deriva
de ellos. Tercero, las personas que
sufren depresión experimentan una pérdida importante de energía. Todo se convierte en un esfuerzo y son
comunes los sentimientos de agotamiento y extenuación. Otros síntomas de la depresión
incluyen la falta de apetito, seguida por una pérdida real de peso;
perturbaciones del sueño; dificultades para pensar (la gente deprimida es
indecisa y encuentra que no puede pensar, concentrarse o recordar); pensamientos
recurrentes de muerte; sentimientos de poca valía o culpa excesiva y
sentimientos frecuentes de agitación. Una
persona depresiva describía:
"Empecé por no ser
capaza de manejar... los tipos de cosas que siempre había podido hacer con
facilidad, como cocinar, lavar, cuidar a los niños, jugar... Otra cosa que me
asustó fue que ya no podía leer. Si
me despertaba temprano, a veces me quedaba en la cama por horas tratando de
levantarme... Luego, cuando lo hacía, sentía que no podía vestirme. Y cualquiera que fuera el paso
siguiente, sentía que no lo podía hacer..."
Cuando los individuos
experimentan cinco o más de esos síntomas a la vez, el DSM-IV considera que
muestran un "episodio depresivo mayor".
Por desgracia, la depresión es demasiado común. Es por mucho el tipo de desorden psicológico
más común, aunque, por razones que no se comprenden del todo, es mucho más
común entre las mujeres que entre los hombres.
Algunas aproximaciones indican que se deba quizás a que ellas son
regidas en mayor medida por sus emociones que por su razón.
Desordenes Bipolares.
Si la depresión es el hoyo negro emocional de la vida, entonces el
desorden bipolar de los trastornos afectivos es la montaña rusa emocional. Quines sufren de un desorden bipolar
experimentan cambios considerables de estado de ánimo. Pasan, a lo largo de periodos variables
de tiempo, entre la depresión profunda y un estado emocional conocido como manía,
en que se encuentran muy excitados, exaltados y llenos de energía. Durante los episodios maniacos, esas
personas hablan rápidamente, muestran disminuciones considerables en la
necesidad de sueño, saltan de una idea o actividad a otra, muestran un
involucramiento excesivo en actividades placenteras que tienen un alto potencial
de consecuencias dolorosas; por ejemplo, pueden hacer compras excesivas o
realizar inversiones muy riesgosas. Es claro que los desórdenes bipolares son sumamente
perturbadores no solo para los individuos que los experimentan, sino también
para la gente cercana a ellos. A
las personas que experimentan este tipo de desorden, se les conoce con el nombre
de "maniaco-depresivos". En
su etapa depresiva, experimentan los mismos síntomas ya explicados en el
desorden depresivo.
Raíces biológicas y
psicológicas.
Los trastornos afectivos tienden a presentarse en familias. Así, si un gemelo idéntico sufre
depresión, el otro tienen una posibilidad sustancial (quizá hasta del 40%) de
desarrollar un desorden similar. En
contraste, entre los gemelos no idénticos que no comparten la totalidad de los
genes, esta cifra cae al 20%. Otros
hallazgos sugieren que los trastornos afectivos pueden incluir anormalidades de
la bioquímica cerebral. Por
ejemplo, se ha descubierto que los niveles de dos neurotransmisores, la
norepinefrina y la serotonina, son menores en los cerebros de los depresivos que
en los de las personas no depresivas. De
modo similar, los niveles de esas sustancias son mayores en los cerebros de las
personas que exhiben manía. Además,
cuando las personas que se han recuperado de una depresión son sometidas a
procedimientos que reducen los niveles de serotonina en el cerebro, los síntomas
depresivos reaparecen en un periodo de 24 horas.
Por último, las drogas que producen depresión como un efecto colateral,
como la reserpina, usada en el tratamiento de la hipertensión, tienden a
reducir las concentraciones de norepinefrina, mientras que las drogas que
contrarrestan la depresión actúan incrementado los niveles cerebrales de la
misma sustancia.
Por desgracia, esta
pintura relativamente clara se ve complicada por los siguientes hechos: no todas
las personas que sufren de depresión muestran niveles reducidos de
norepinefrina o serotonina, y no todas las personas que muestran manía tienen
niveles incrementados de esos neurotransmisores.
Además, las drogas utilizadas para tratar ambos tipos de desorden
producen muchos efectos además de cambiar la presencia o actividad de dichos
neurotransmisores. Entonces, es
claro que los factores biológicos juegan un papel en la depresión, pero aún
debe determinarse la naturaleza precisa de esos efectos.
Aunque se dispone de
evidencia creciente que indica que la depresión incluye cambios sutiles en los
procesos bioquímicos, otros hallazgos señalan la importancia de los mecanismos
psicológicos en la explicación de los trastornos afectivos. Uno de ellos es conocido como
"desamparo aprendido". Cuando
los individuos son expuestos a situaciones cuyos resultados no pueden controlar,
a menudo desarrollan expectativas negativas: concluyen que nada de lo que hagan
importa y que ninguna acción de su parte les permitirá evitar los resultados
displacenteros. Hay un corto paso
de estas creencias a los serios problemas que los trastornos afectivos acarrean.
De acuerdo con otra teoría
llamada "modelo de la desesperanza", los trastornos afectivos se
relacionan con la tendencia atribuir
los eventos desfavorables a causas internas estables. En otras palabras, cuando a las personas
con algún trastorno afectivo les suceden hechos negativos, se culpan de su
ocurrencia y atribuyen los hechos a
sus propias desventajas duraderas, como la falta de inteligencia, la pereza, el
mal juicio, la ineptitud, etc.
Otro factor que parece
jugar un papel crucial en la aparición de trastornos afectivos son
las ideas negativas que las personas parecen sostener sobre sí mismas. Los individuos con trastornos afectivos
parecen poseer autoesquemas negativos, concepciones negativas de su propias
características personales, capacidades y conducta; en otras palabras, una baja
autoestima. Como consecuencia,
estas personas tienden a ser muy sensibles a la información negativa acerca de
sí mismas; por ejemplo, la retroalimentación negativa proporcionada por los
demás. A su vez, esto suele
llevarlas a buscar en los demás, y en exceso, la seguridad de que esas personas
"realmente se preocupan" por ellos.
Como puede suponerse, esas demandas repetidas de seguridad pueden ser
molestas y por ello tienden a ser desdeñadas, por lo que sufren un mayor
rechazo por parte de los demás obteniendo, curiosamente, el resultado que estas
personas desean evitar. Además de
sostener opiniones negativas acerca de sí mismas, las personas con trastornos
afectivos a menudo parecen tener también opiniones negativas de los demás.
Por último, las personas
con trastornos afectivos son más proclives a varios tipos de pensamiento
fallido o distorsionado. Por
ejemplo, tienden a extender y amplificar la importancia de los sucesos negativos
mientras ignoran o minimizan la importancia de los resultados positivos. En consecuencia, suelen mostrar mejor
memoria para los fracasos y otros sucesos desagradables que para los éxitos u
otras experiencias que alimentan el ego. Esta
tendencia se traduce frecuentemente en las características ya mencionadas de
desesperanza, desesperación, ideas negativas acerca de uno mismo y de los demás,
etc. Dadas esas reacciones, no es
sorprendente que muchas personas que sufren trastornos afectivos, busquen una
solución drástica a sus problemas: El Suicidio.
El suicidio es sin duda la más grave consecuencia de un trastorno
afectivo no tratado a tiempo, por lo que es fundamental tomar medidas
preventivas o de control antes de que la persona pueda llegar a estos dramáticos extremos.