TRASTORNOS DE ANGUSTIA
Marzo 22-29, 1999.
Dr. Figueroa.
Los trastornos de angustia son cuadros clínicos
en los cuales se altera el eje 1 del sujeto y dependiendo de cada caso en
particular puede alterarse el eje 2 o 3. En términos generales corresponden a
las antiguas "neurosis de angustia". Son distintas alteraciones, que
varían en sus características, predominando como denominador común la sensación
de ansiedad o angustia.
Se han clasificado en el DSM IV a los
trastornos de angustia en 11 cuadros distintos:
1.- Trastorno
de pánico sin agorafobia.
2.- Trastorno
de pánico con agorafobia.
3.- Agorafobia
sin trastorno de pánico.
4.- Fobias
específicas.
5.- Trastornos
de fobia social.
6.- Trastorno
obsesivo-compulsivo
7.- Trastorno
por estrés post-traumatico
8.- Trastorno
por estrés agudo
9.- Trastorno
de angustia generalizada
10.- Trastorno de angustia debido a una
condición médica.
11.- Trastorno de angustia debido al abuso de
substancias.
Síndrome de angustia
Corresponde a un conjunto de signos y síntomas
que condicionan una sensación de angustia. Existen dos formas de presentación
de la angustia: Angustia aguda o crisis de pánico (ataques de pánico, crisis
de angustia) y la angustia crónica generalizada o libremente flotante.
Las crisis
de pánico se definen como la sensación de un intenso temor y malestar que
comienza bruscamente, en muy pocos momentos llega al clímax (generalmente este
peak está dentro de los 10 minutos iniciales) para luego gradualmente ir
desapareciendo en un plazo variable. El DSM IV lo define según la aparición de
mínimo cuatro de los siguientes síntomas: 1.-Palpitaciones, taquicardia
intensa, sensación de que el corazón se sale del pecho. 2.- Sudoración
intensa, especialmente en cara y manos. 3.- Temblores de las manos o
estremecimiento. 4.- Sensación intensa de falta de aire, respiración corta y
como atragantado. 5.- Sensación de sofocación. 6.- Dolor, malestar o
disconfort torácico. 7.- Nauseas y malestar o dolor abdominal. 8.- Sensación
de desvanecimiento, como desmayo, inestabilidad y de vértigo subjetivo. 9.-
Desrealización o sensación de que la realidad es irreal como un sueño y/o
despersonalización o sensación de la persona como si no fuera ella. 10.- temor
a pérdida de control o volverse loco. 11.- Pánico a la muerte. 12.-
Parestesias o sensación de entumecimiento. 13.- Oleadas de calor o de frío.
Trastorno de pánico sin
agorafobia
Se caracteriza por la presencia de:
1.- Crisis de pánico inesperadas recurrentes
repetidas.
2.- Mínimo 1 de los siguientes criterios:
a)
Que la crisis de
pánico haya seguido durante un tiempo mínimo de 1 mes a una preocupación
persistente de tener nuevas crisis.
b)
Inquietud-preocupación
sobre las implicaciones de tener una crisis (ejemplo: paro cardíaco, caerse en
la calle, etc)
c)
Cambio
significativo en la conducta del sujeto.
Además el paciente no debe presentar:
1.- Agorafobia.
2.- Angustia explicada por una enfermedad médica.
3.- Angustia explicada por abuso de
substancias.
Este cuadro es relativamente frecuente en los
servicios de urgencia y es un diagnóstico diferencial importante de la
cardiopatía coronaria y el infarto agudo de miocardio.
Trastorno de pánico con
Agorafobia.
Está caracterizado porque además de las
crisis de pánico que ya se han descrito, el paciente presenta un síntoma muy
particular: Agorafobia.
La agorafobia es una fobia especial en que
existe una angustia intensa cuando el sujeto se encuentra en situaciones en las
cuales puede ser difícil o embarazoso escapar, o en la que no es fácil obtener
ayuda en caso de tener una crisis de angustia que pueda presentarse súbitamente.
Entre las situaciones típicas que generan angustia en los pacientes agorafóbicos
estan: 1.- Estar fuera de la casa. 2.- Las multitudes. 3.- Hacer fila. 4.-
Puentes. 5.- Viajar en bus, tren o automóvil. Estos pacientes evitan estas
situaciones, o bien las toleran con marcado e intenso malestar y temor de tener
una crisis de pánico, por lo cual requieren constantemente de compañía.
Al igual que en el trastorno de pánico sin
agorafobia, los criterios diagnósticos incluyen la presencia de crisis de pánico
recurrentes, repetidas e inesperadas. El pacietne debe presentar durante un período
mínimo de 1 mes uno de los siguientes síntomas: que alguno de las crisis sea
seguida de preocupación persistente de tener nuevos ataques,
inquietud-preocupación sobre las implicaciones de tener una nueva crisis o un
cambio significativo en la conducta. Además el paciente debe presentar
agorafobia, sin otra fobia específica o fobia social y no debe existir una
explicación de la angustia basada en una enfermedad médica o el abuso de
substancias.
Es el trastorno de angustia más frecuente.
Agorafobia sin trastorno de pánico.
Esta definida por la presencia de temores
agorafóbicos sin que estos hayan llegado a constituir una crisis de pánico y
por ende un trastorno de pánico con agorafobia. Es el más raro de los tres
anteriores.
Trastornos por fobias específicas.
Se distingue por la presencia de los
siguientes criterios:
1.- La presencia de una fobia. Fobia se
define como un temor marcado, persistente, excesivo e irrazonable que es evocado
o producido por la presencia o anticipación de objetos o situaciones específicas.
2.- La exposición al estímulo genera una
respuesta de angustia más o menos inmediata con una intensidad variable que
puede llegar a crisis de pánico.
3.- La persona reconoce que el temor es
excesivo y/o irracional.
4.- La persona evita las situaciones fóbicas
o las soporta con gran malestar.
5.- Este "soportar" interfiere
significativamente en la conducta del sujeto, ya sea en el plano cotidiano,
laboral, entretenimientos, estudio, etc.
Los trastornos fóbicos más frecuentes (de
tipo específico) son las que generan estímulos de origen animal (insectos, arañas,
ratones, serpientes,etc.), el medio ambiente (tormentas, terremotos, alturas,
etc.), lo relacionado con lesiones, sangre o inyecciones, y finalmente los de
tipo situacional como los ascensores, volar, conducir o los lugares cerrados.
Es importante considerar que dentro de los
requisitos diagnósticos de un trastorno fóbico específico (al igual que todos
los demás trastornos de angustia) es necesario que la angustia no se explique
por alguna enfermedad médica ni por el abuso de subtancias.
Trastorno de fobia social.
El trastorno de fobia social corresponde a un
tipo particular de fobia en el cual el tratamiento es distinto, que se clasifica
separadamente debido a que es el que presenta mayor incidencia.
En este trastorno los requisitos diagnósticos
son muy similares al punto anterior (fobias específicas):
1.- El paciente siente un temor fóbico ante
un rendimiento social en que la persona se siente o es expuesta a otras personas
no conocidas o al posible escrutinio de los demás. El individuo teme actuar de
un modo o mostrar ciertos síntomas que para él son vergonzosos o humillantes.
Un ejemplo muy característico es el temor fóbico a hablar en público.
2.- La exposición a estas situaciones genera
en el paciente, casi invariablemente, mucha angustia o crisis de pánico
situacionalmente ligadas.
3.- La persona reconoce que este temor es
irracional y/o exagerado.
4.- La persona evita las situaciones fóbicas
o las soporta con gran malestar.
5.- Interfieren significativamente en la
calidad de vida del paciente.
6.- No debe ser provocado por una enfermedad
médica (alteración del eje III) o bien por el abuso de substancias.
Trastorno obsesivo-compulsivo.
Se definen por obsesiones:
1.- Pensamientos o impulsos o imágenes
recurrentes y persistentes que son experimentadas por el sujeto como intrusivas
e inapropiadas y que le causan marcada angustia o malestar.
2.- Estos pensamientos, impulsos o imágenes
no son sólo preocupaciones meramente excesivas frente a la vida real.
3.- La persona intenta ignorar o suprimir
tales pensamientos o neutralizarlos con algún otro pensamiento o acción.
4.- La persona misma reconoce que son
producto de su propia mente, aún cuando son egodistónicos.
Las compulsiones, por otro lado, se definen.
1.- Conductas repetitivas (ej. Lavarse las
manos, ordenar, chequear las cosas) o actos mentales (ej. Rezar, cantar, repetir
silenciosamente) que la persona se siente impulsada a efectuar en respuesta a
una obsesión o en acuerdo a ciertas reglas que "debe" aplicar rígidamente.
2.- Estas conductas o actos mentales tienen
como meta prevenir o reducir el malestar de algún hecho o situación temida
(disminuir la angustia).
3.- En algún momento, a lo menos, el
paciente tiene que haber reconocido que sus compulsiones son excesivas e
irracionales.
4.- Producen un marcado malestar e
interfieren significativamente en la vidad del sujeto al consumir buena parte de
su tiempo.
Por último, en el trastorno
obsesivo-compulsivo la angustia no debe explicarse por el efecto de un abuso de
substancias o una enfermedad médica.
En términos generales, este trastorno se
aleja un poco de los otros trastornos de angustia debido a que aún cuando
predomina la angustia, existen otros factores también involucrados. Ejemplo de
ello, es que un marcador pronóstico en estos pacientes es su propia capacidad de introspección
(insight) ya que mientras mayor sea será menos dificultoso sacarlo de este
trastorno
Trastorno de angustia
generalizada.
Este trastorno de angustia se caracteriza
por:
1.-Existencia de una ansiedad y preocupación
inmotivados o excesivos o "expectación ansiosa" de que algo malo le
puede suceder a la persona en un futuro cercano aunque no lo pueda saber.
2.- Además el sujeto encuentra muy difícil
controlar esta preocupación.
3.- Asociación a síntomas (al menos 3 y
cuando lleven más de 6 meses de evolución.
Intranquilidad o sentirse como
ahogado, como que se está en el límite de la situación.
Sentirse muy fácilmente
fatigado físicamente.
Dificultad importante de
concentrarse al leer, realizar una actividad o en sí mismo.
Irritabilidad
Tensión muscular (típico
cefalea tensional)
Alteraciones o trastornos del
sueño, dificultad al conciliar el sueño o sueño intranquilo con múltiples
despertares y sensación de no tener un sueño reparador.
4.- En este trastorno tiene que determinarse
que no está limitado a estrés post-traumático, estrés agudo,
obsesivo-compulsivo o cualquiera de los tipos anteriores de trastornos de
angustia. En este caso lo más propio es una "Angustia libremente
flotante" e inespecífica/indeterminada.
5.- Este trastorno debe provocar molestias clínicas
significativas o alteración emocional, laboral, educacional, etc.
6.- Excluir el abuso de substancias o una
enfermedad médica que explique el cuadro.
Etiología de los trastornos
de angustia.
Los trastornos de angustia en todos sus tipos
y formas, tienen una etiología explicada en virtud de tres teorías:
a)
Etiología de
teoría Psicodinámica.
Se basa en el postulado de que
durante un conflicto interno, el sujeto tiene una tensión entre dos tendencias
opuestas (pulsión y contrapulsión) que generan la aparición de angustia de señal
de conflicto, la cual, a su vez, determina la acción de mecanismos de defensa
con el propósito de controlarla.
b)
Etiología según
teoría del aprendizaje.
Esta basada en la experiencia
de Watson (1920) que experimentó con un niño de 11 meses presentándole un
objeto asociado a un estímulo desagradable, con lo cual mediante un
condicionamiento relativamente sencillo, pudo generar una angustia frente al
objeto e incluso otros objetos similares. Esto comprobó que la angustia se
puede aprender y que ciertas situaciones neutrales se pueden volver temidas por
el sujeto mediante el condicionamiento.
c)
Etiología según
aspectos biológicos.
Existen sitios del Sistema
nervioso central que son especialmente importantes en control de la angustia y
también en su aparición. Entre los más relevantes entán la corteza frontal,
corteza límbica, Locus coeruleus y núcleos del rafe. Lso mecanismos etiopatogénicos
están relacionados con tres sistemas de neurotransmisores:
1.- Sistema GABAérgico. Su
estimulación reduce la angustia.
2.- Sistema Noradrenérgico.
Su estimulación produce angustia.
3.- Sistema serotoninérgico.
Su estimulación disminuye los síntomas de angustia.
Epidemiología y tratamiento
de los trastornos de angustia.
a) Trastornos de pánico.
Epidemiología:
Los trastornos de pánico son más frecuentes
de lo que se preveía, con una prevalencia de 1,5 a 3% en la población general,
lo cual aumenta con la agorafobia a un 4%. La diferencia entre los sexos casi no
existe para los trastornos de pánico sin agorafobia, mientras que la incidencia
del mismo trastorno con agorafobia es más alta en las mujeres en proporción
2:1 e incluso 3:1.La edad de comienzo clásica es en adultos jóvenes de 22 a 25
años. El factor social no parece estar involucrado en su aparición, aunque
ciertos eventos vivenciales pueden determinar mayor predisposición, en
especial, el divorcio de los padres. Existiría además un cierto componente genético,
fundamentalmente cuando se acompaña de agorafobia.
Este trastorno también puede aparecer en la
adolescencia tardía y, sobretodo cuando se asocia la agorafobia, puede adquirir
una tendencia crónica con un 50% de los pacientes que presentan síntomas
moderados y una remisión completa sólo de 30 a 40%, e incluso hasta un 10% de
pacientes luego de 3 a 5 años puede quedar con síntomas importantes que pueden
llegar a ser invalidantes.
Etiología:
En el cerebro habría ciertas alteraciones
estructurales del lóbulo temporal, especialmente derecho, e hipocampo. Con exámenes
de PET se aprecian alteraciones en el flujo sanguíneo cerebral por disregulación
vascular.
Comorbilidad:
Existe una comorbilidad importante en los
trastornos de pánico c/s agorafobia, lo que obliga a modificar el tratamiento.
Aproximadamente un 50% de los pacientes presenta depresión, 20-30% presenta
comorbilidad de alcohol y drogas y la mayor parte de los pacientes presenta
alteración del rendimiento escolar y de sus relaciones familiares.
Tratamiento
Existen elementos importantes en el
tratamiento de la angustia y en especial en el tratamiento de las crisis de pánico
y del trastorno de pánico sin agorafobia. Los fármacos más importante
corresponden a dos grupos: Benzodiazepinas y Antidepresivos.
1.- Benzodiazepinas: Son fármacos que tienen
la ventaja de un inicio de acción muy rápida, disminuyen rápidamente la
angustia y sus molestias y tienen muy pocos efectos colaterales. En
contrapartida, tiene la desventaja de provocar dependencia medicamentosa al
corto plazo. De ellos, se utilizan el Clonazepam (tabletas de 0,5-2 mg) con
dosis diarias de tratamiento que van de 1 a 4 mg divididos en dos dosis como mínimo
y el Alprazolam (tabletas de 0,25-0,50 y 1 mg) con dosis diarias de 2 a 6 mg,
que debido al metabolismo más rápido deben ser dosificadas cada 8 horas como máximo.
El lorazepam (tabletas de 1-2 mg) es otra benzodiazepina, de acción
relativamente parecida a la del alprazolam, pero con vida media más corta, lo
que determina la necesidad de un uso con más repetido durante el día
produciendo más dependencia. La ventaja del uso de lorazepam es su formulación
sublingual de 2mg (Amparax®) que ayuda a los pacientes con trastornos de pánico
tanto desde el aspecto farmacológico por su rápido efecto como desde el
aspecto psicológico al sentirse protegidos frente a la aparición de las crisis
de angustia.
2.- Antidepresivos o Estabilizadores del ánimo:
Se utilizan principalmente debido a que tienen una gran efectividad reparadora
del ánimo y se administran en dosis única, pero tienen la desventaja de tener
un efecto retardado no actuando antes de las dos semanas del inicio de la
terapia, por lo cual este período inicial debe acompañarse necesariamente de
benzodiazepinas. Como otras desventajas están sus efectos colaterales,
especialmente que la sobredosis puede ser letal y el efecto inicial de
exacerbación de las molestias de angustia con dosis demasiado altas, por lo que
todo tratamiento debe iniciarse con dosis de 10 mg y a partir de esto ir
aumentando las dosis. El fármaco más utilizado es la Clorimipramina o
Clomipramina (tabletas de 10-25-75 mg) con dosis diarias variables de 10, 75, e
incluso más miligramos. La imipramina también puede ser efectiva en el
tratamiento, pero en general es menos eficaz que la clomipramina manteniendo
similares efectos adversos y el efecto retardado.
3.-
Inhibidores de la MAO: Corresponden
a un grupo de antidepresivos con un mecanismo de acción distinto al de los tricíclicos
como la imipramina. Los IMAOs clásicos dejaron de utilizarse en Chile debido a
que producen crisis hipertensivas en pacientes que consumía alimentos ricos en
tiramina. De ellos, la fenelzina (tabletas de 50 mg) en dosis de 50-150 mg/d se
utiliza en otros países. Una nueva generación de inhibidores de la MAO (IMAOs
tipo B) bloquea selectivamente la MAO del Sistema nervioso central con lo que se
evita el riego de crisis hipertensivas. De ellos la Moclobemida (tabletas de
150-300 mg) es la más utilizada en dosis diarias de 150 a 600 mg. Tiene pocos
efectos colaterales, aunque aún no está clara su real eficacia en estos
trastornos.
4.-
Bloqueadores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRR): Son fármacos
muy utilizados en los trastornos de angustia, en especial cuando hay
contraindicaciones para el uso de los fármacos ya mencionados. Los principales
son Fluoxetina, Paroxetina y Sertralina, que vienen en tabletas de 20, 20 y 50
mg, respectivamente. Todas ellas se utilizan en dosis diarias de 1 tableta. Su
uso no esta claramente comprobado, ya que la evidencia empírica no ha sido aún
determinada con certeza.
Cuando al trastorno de pánico se le suma la
agorafobia, el tratamiento siempre debe tener un componente farmacológico
asociado a medidas adicionales. Las más relevantes son la "exposición in
vivo" y la Psicoterapia de naturaleza cognitiva.
En la exposición in vivo se le pide al
paciente que recopile en una lista aquellas situaciones temidas, haciendo una
jerarquización según el grado de angustia que estas situaciones le produzcan.
Teniendo esta lista se le plantea al paciente que se vaya exponiendo a estas
situaciones, desde la que le produce menor angustia y así progresivamente,
asociándolo como "tareas" diarias que el paciente se compromete a
cumplir. Ocasionalmente, puede ser necesario acompañarlo, generalmente cuando
está recién comenzando el tratamiento.
La psicoterapia cognitiva, es una técnica de
especialida, en la cual con una lista similar de situaciones temidas, se le
propone al paciente separar las molestias de los temores cognitivos que la
persona tiene, dándole a entender que le teme más a la situación que a la
angustia misma. En este contexto, el médico trata de ir cambiando estos temores
cognitivos, mejorando la apreciación del paciente hacia sus temores fóbicos,
entre ellos la agorafobia.
b) Tratornos por fobias específicas
y fobia social.
Epidemiología.
Los trastornos de angustia por fobias específicas
son muy comunes en la población general, aunque no siempre sean incapacitantes.
Tienen una prevalencia a 6 meses de aprox. Un 5 a 10%, con una mayor incidencia
en mujeres con una proporción 2:1. Es un trastorno de comienzo más temprano
que los trastornos de pánico, en especial aquellos a los accidentes naturales,
a la sangre, a los animales, etc. A medida que el tiempo pasa se van sumando
fobias a las ya preexistentes.
La angustia social tiene prevalencia a 6
meses un poco menor, con 2-3% de la población general, siendo más frecuente en
mujeres y aparecen más tardíamente que las fobias específicas, especialmente
en la adolescencia.
En ambos casos, la genética juega un rol
importante. Cerca del 30 a 40% de los familiares de primer grado presenta la
alteración, aunque, no obstante, esto no ha podido se comprobado en gemelos
monocigotos. Además en la fobia social los familiares de primer grado presentan
una incidencia tres veces mayor que en la población general.
Etiología:
Existe una importante alteración del sistema
Noradrenérgico con un aumento de la excreción de productos del metabolismo de
este neurotransmisor. También se ha visto alterada la función dopaminérgica,
todo lo cual ha podido comprobarse, entre otras cosas, por el efecto de los fármacos
que se administran durante el tratamiento.
Comorbilidad:
En algunos casos se pueden encontrar
trastornos de personalidad, sobretodo en la fobia social, lo cual determina un
pronóstico más reservado (peor).
Tratamiento:
Las fobias específicas y la fobia social se
tratan de manera similar. Los fármacos con buen efecto son los IMAOs como la
moclobemida, en dosis similares al trastorno de pánico, de 150-600 mg/d; el
clonazepam, especialmente en las fobias específicas y los betabloqueadores que
disminuyen los efectos neurovegetativos de las fobias. En todas las fobias, con
especial hincapié en el caso de la fobia social, toma importancia la exposición
in vivo, ya sea el paciente solo o con el médico acompañando.
c) Trastorno
obsesivo-compulsivo.
Epidemiología
Es un trastorno menos frecuente que los
anteriores, pero más frecuente de que se suponía, con una incidencia de 2%, lo
cual habría aumentado en los últimos años. No existe una distinción por sexo
en este trastorno y su edad de comienzo es alrededor de los 20 años (hombres
levemente antes) y es raro que aparezca en personas de más de 35 años. Se ve
que hay un notorio aumento de la prevalencia en solteros. La genética es más
importante que en los otros trastornos, comprobándose que la herencia entre
gemelos monocigotos es de un 80% y en no monocigotos de un 15%, mientras que en
otros parientes de primer grado la incidencia ha sido calculada hasta en un 35%,
según distintas muestras.
Etiología:
Existe claramente una alteración del sistema
serotoninérgico, incluso más importante que en cualquier otro trastorno,
aunque no está claro si es una correlación etiológica o una consecuencia de
otra alteración. Esta relación se comprueba por el aumento del Ácido
5-OH-indolacético, un metabolito de la serotonina.
Por otro lado, en imágenes cerebrales se
pueden distinguir alteraciones del metabolismo cerebral con una mayor actividad
en los lóbulos frontales y ganglios basales, especialmente caudado, y también
en la región del cíngulo. En estudios estructurales con TAC de cerebro, se
puede ver también el aumento de tamaño del núcleo caudado en forma bilateral.
Otro hallazgo que sostiene con fuerza la
etiología orgánica de este trastorno es la observación de que el efecto
placebo es casi nulo y por lo tanto, la causa netamente mental de esta patología
queda desechada. Este efecto es incluso menor que el de la esquizofrenia, una
enfermedad donde está prácticamente comprobada la etiología orgánica.
Comorbilidad:
La comorbilidad es importante, especialmente
trastorno depresivo mayor, fobia social y abuso de alcohol. Además estos
pacientes tienen otra comorbilidad que se relacionan con el sueño (latencia REM
aumentada), electroencéfalograma con alteración inespecífica y un test de
supresión de dexametasona consistentemente alterado.
Tratamiento:
El trastorno obsesivo compulsivo es una
enfermedad más seria que los otros trastornos de angustia, por lo que siempre
debe ser derivado al especialista. En el tratamiento es muy importante el uso
del antidepresivos tricíclicos, en especial, la clomipramina, que puede curar
de este trastorno a 1/3 de los pacientes con dosis bastante altas de 150-300
mg/d. El resto de los pacientes que no mejora con este tratamiento, puede ser
sometido a otras estrategias como el uso de inhibidores selectivos de la
recaptación de serotonina, primariamente paroxetina o sertralina. En pacientes
muy angustiados toman importancia terapias conductuales con exposición a
situaciones temidas. En casos muy refractarios y graves, donde la sintomatología
es francamente invalidante, puede ser considerada la posibilidad de una cirugía
estereotáxica.
d) Trastorno de angustia
generalizada.
Epidemiología:
Tiene una prevalencia de 3 a 8% de la población
general, con una relación 2:1 entre mujeres y hombres. Existe una proporción
importante de casos que no consulta (aprox. 30%), por lo que este trastorno es
tolerable por los pacientes que lo padecen. Se presume que comienza alrededor de
los 20 años.
Etiología y Curso:
Se presume que debe existir un patrón
hereditario, ya que un 20% de los parientes de primer grado también lo tienen.
La comorbilidad más importante está en la depresión y aproximadamente un 50%
de los pacientes tiene otro trastorno psiquiátrico. Tiene un curso fluctuante
con curación y recidivas, especialmente asociándose su aparición a eventos
vitales.
Tratamiento: