Monografía
realizada por Cecilia Concha, Paula Dittus, Alejandra Montecinos, Ma. Paola
Pandolfi. Romina Perfetti. (Mayo 31 de 1999)
En el presente trabajo se dará a conocer el resultado de la
investigación bibliográfica que se realizó en torno al tema del optimismo.
El trabajo constará de un índice, una introducción, un marco
conceptual, evidencia empírica encontrada, una conclusión grupal y las
referencias bibliográficas.
En el marco conceptual se dará a conocer un concepto general de
optimismo que se obtuvo al integrar las ideas planteadas en todos los estudios
revisados, luego se presentarán características de los sujetos optimistas y se
compararán con las de los sujetos pesimistas. Finalmente, dentro de este punto
se presentarán algunas distinciones que hacen dos autores dentro del concepto
de optimismo, en las que hacen subdivisiones dentro del mismo.
En la evidencia empírica se dan a conocer los resultados y
conclusiones de las investigaciones revisadas.
Finalmente, en la conclusión se presentará una opinión del
grupo frente al tema tratado, rescatando los aspectos más importantes y las
implicancias que tiene el optimismo sobre la vida de las personas.
·
Configurar un concepto general de
optimismo.
Se entiende por optimismo la inclinación de los individuos a
esperar resultados favorables y positivos de la vida, siendo un aspecto que se
encuentra profundamente ligado al bienestar psicológico y físico de los
sujetos (Grant y cols., 1992); por consiguiente se puede decir que es un aspecto
de la personalidad que determinará el bienestar subjetivo del individuo (Carter
y cols., 1993).
Además, este concepto se relaciona con la estructuración de un
plan de vida realista en el que se enfrentan positivamente las situaciones que
se están viviendo. Se plantea también que una persona que presenta mayor
optimismo reaccionará con menor negación y mayor compromiso frente a
situaciones adversas (Carver y cols., 1993).
Otro aspecto del optimismo es que se plantea que reduce el
stress psicológico, ya que éste se relaciona con estrategias de enfrentamiento
más efectivas (Shelley y cols., 1992). Estas estrategias corresponderían a
esfuerzos conductuales y cognitivos, usados por los individuos, para alcanzar un
mayor ajuste frente a las demandas internas y externas que se producen en
situaciones de stress, serían un intento por cambiar las situaciones
estresantes existiendo un fuerte compromiso de la persona optimista para
resolver los problemas, diferenciándose del resto de las personas,
especialmente de los pesimistas, que tienden a ignorar y a evadirse de los
problemas (Chang, E., 1998).
Según Räikkönen (1999), las personas optimistas son aquellas
que esperan cosas positivas y poder enfrentar efectivamente el stress y desafíos
de cada día. Los optimistas tienden a persistir con esfuerzos directos para
lograr sus metas.
Se planta que las personas optimistas enfrentan de mejor manera
la adversidad, que al enfrentarse a situaciones adversas tratan de rescatar lo
positivo de éstas y de aceptarlas, que en general mantienen mejores
expectativas frente al futuro y piensan que con su trabajo y actitud positiva
vivirán exitosamente, y además aceptan las cosas y situaciones a las que se
enfrentan, pero que no pueden cambiar y enfocan sus esfuerzos de superación
sobre los aspectos de la vida que sí son susceptibles al cambio (Carver y
cols., 1993).
Al comparar la actitud de optimistas y pesimistas, se observa
que los optimistas actúan y luego evalúan su desempeño, a diferencia de los
pesimistas que están constantemente evaluando su accionar y tienen expectativas
más negativas sobre el futuro (Sanna, L., 1996). Además, los optimistas tienen
mayor ánimo positivo, mientras que los pesimistas tienen mayor ánimo negativo
en presencia de problemas que sean estresantes o después de un cambio
estresante en la vida. Los optimistas experimentan las interacciones
interpersonales más positivamente que los pesimistas (Räikkönen, K., 1999).
Según Segerstrom y cols. (1993), existen dos tipos de
optimismo: el optimismo disposicional y el optimismo situacional. El optimismo
disposicional se refiere a una manera constante de enfrentar los hechos en la
que se da la generalización de expectativas positivas de obtener buenos
resultados, es decir, es un estilo de enfrentar la vida que involucra una
disposición positiva. Por otro lado, se entiende por optimismo situacional al
mecanismo que surge frente a un evento estresante y que permite enfrentar de
mejor forma dicho evento. No es una disposición o manera de enfrentar la vida
constante, sino que se da frente a una situación particular, generalmente una
situación estresante.
Este mismo autor sugiere, además, otros dos tipos de optimismo:
el optimismo defensivo y el optimismo proactivo. El optimismo defensivo
corresponde al intento del individuo por minimizar la inquietud sobre un
comportamiento frente al cual uno se siente capaz de cambiar. El optimismo
proactivo fomenta el cambio positivo del comportamiento.
Shelley y cols. (1992), plantean la existencia de un tipo de
optimismo denominado optimismo irrealista, éste es de carácter adaptativo y se
asocia a personalidades mentalmente sanas, que se evalúan mejor, son personas
preocupadas por otros, más persistentes y creativos para enfrentar sus metas y
enfrentan de mejor manera el stress. Sin embargo, el optimismo irrealista puede
interferir con la percepción objetiva de riesgos externos evitando que las
personas tomen las medidas necesarias para evitarlos, pero en general, protegen
a las personas de situaciones muy amenazantes para su personalidad y también
los protege de situaciones estresantes.
En general se ha visto que el optimismo es un aspecto de la
personalidad de los sujetos y que éste determinará en gran medida la manera
como los sujetos enfrentan su vida en toda su magnitud, es decir, en las
relaciones con otros, de establecer expectativas y planes sobre el futuro,
enfrentamiento de situaciones, etc.
A partir de estudios realizados por distintos autores acerca del
optimismo en relación a diversos aspectos de la salud y a las alternativas de
simulaciones mentales (de optimistas y pesimistas), se pueden señalar los
siguientes aspectos:
En
el área de la salud: el optimismo se ha asociado
con una mejor salud física y un enfrentamiento más exitoso a los desafíos de
salud (Segerstrom, S. y cols., 1998).
Se ha visto que los optimistas al enfrentarse a diferentes
agentes estresantes experimentan menos ánimo negativo y comportamientos de
salud más adaptables y una condición inmune mejor (Segerstrom, S. y cols.,
1998).
Según estos mismos autores el hecho de aumentar la percepción
de controlar una enfermedad aumenta la predisposición optimista en la percepción
de riesgo para esa enfermedad.
Según el estudio realizado por Räikkönen y cols. (1999), los
adultos pesimistas y ansiosos tienen niveles más alterados de presión sanguínea
y sienten en forma menos positiva que los optimistas adultos con baja ansiedad.
Los resultados del estudio sugieren que el pesimismo trae consigo consecuencias
fisiológicas y psicológicas.
Desde una perspectiva psicofisiológica el darse por vencido y
alejarse, característico de los pesimistas, y el esforzarse continuamente,
característico de los optimistas, son los rasgos que difieren los tipos de
reacción al stress. El tipo derrotista son los pesimistas y el tipo defensivo
son los optimistas.
Este estudio también sugiere que el optimismo disposicional y
la ansiedad tienen efectos relativamente similares en el bienestar psicológico
y físico.
El pesimismo confiere efectos adversos en el bienestar psicológico
y físico, no solamente en circunstancias estresantes, sino también en una
variedad de circunstancias que se dan en los eventos rutinarios de cada día.
En el estudio realizado por Taylor, S. y cols. (1993) sobre un
grupo de homosexuales entre los cuales se encuentran personas ceropositivas y
ceronegativas (SIDA), las ceropositivos tenían una actitud más positiva con
respecto al desarrollo de la enfermedad del SIDA que los ceronegativos que aún
teniendo un mejor pronóstico médico tenían peores expectativas con respecto
al SIDA debido a que no habían desarrollado el optimismo irrealista, cosa que
si habían hecho los ceropositivos.
En las mujeres con cáncer de mamas se vio que las optimistas no
se dan por vencidas, enfrentan las adversidades con continuo esfuerzo y aunque
saben que el cáncer es un gran golpe asumen que es una situación que se puede
manejar y que pueden esperar un buen desenlace (Carver, C. y cols., 1993).
El pesimismo entre las pacientes con cáncer de mamas estaba
significativamente, pero indirectamente asociado con las experiencias de
angustia (Chang, E., 1998).
Los pacientes optimistas tienen mejores expectativas frente al
stress que se produce en el tratamiento médico, se recuperaban más rápido y
tenían menos complicaciones post operatorias (Chang, E:, 1998).
A través de cuatro estudios realizados por Sanna (1996) se
investigaron las simulaciones mentales (de pensamiento prefáctico y contrafáctico)
de pesimistas y optimistas.
Los pesimistas defensivos usan estrategias anticipatorias
estableciendo bajas expectativas o jugando con los posibles resultados de una
situación (pensamiento prefáctico), en cambio los optimistas utilizan
estrategias retrospectivas como construir cognitivamente lo sucedido después
que el resultado es conocido.
Los pesimistas defensivos son personas que se benefician con la
adopción de una perspectiva negativa de eventos venideros, su pesimismo es
estratégico, porque está sirviendo, al menos, a dos metas: a) un fin
autoprotector de preparación para un posible fracaso y b) un fin motivacional
de aumentar el esfuerzo, de incrementar la perspectiva de hacerlo mejor. El
otorgar bajas expectativas a los eventos venideros parece servir como
autoprotección, mientras que establecer patrones más bajos sirve a la meta
motivacional, ayudando a aprovechar la ansiedad o aspectos negativos acerca de
un posible fracaso.
Los optimistas establecen inicialmente grandes expectativas y
protegen su autoestima retrospectivamente en casos de fracaso.
Como conclusión se ha llegado a establecer un concepto general
grupal de optimismo, en el que se entiende el concepto como una disposición a
enfrentar de manera positiva todos los aspectos de la vida, lo que lleva a los
sujetos a adaptarse de manera más efectiva frente a eventos adversos.
Se vio también que el optimismo determina la manera que tienen
las personas de enfrentar el stress y los problemas que se les presentan, también
determina en gran medida muchos hábitos de vida y de salud.
Además, influye en el establecimiento de relaciones
interpersonales, determina las proyecciones a futuro y las expectativas que se
tienen frente al mismo.
En general, se puede decir que el optimismo determina en gran
medida la disposición de las personas frente a la vida, su bienestar físico y
psicológico, y su percepción de bienestar y felicidad en general, por lo que
es un aspecto muy importante de la personalidad.