Integrantes: Pablo Fernando Díaz B.,Ma. Paola Pandolfi P. y Romina
Perfetti M. Concepción, Noviembre 02 de 1999
Porque todos
los amigos y amantes alguna vez fueron desconocidos y porque muchas
interacciones sociales nunca progresan más allá de un mínimo contacto, las
percepciones de lo que es y no es atractivo físico en las relaciones
interpersonales son un tema importante de la Psicología Social. Con el objetivo
de determinar la importancia que tiene el atractivo físico en las relaciones
interpersonales y como ésta afecta el autoimagen se ha realizado una
investigación bibliográfica, a partir de artículos de las revistas Journal of
Applied Social Psychology, pertinentes al tema.
El atractivo físico
es un concepto que es producto de la internalización de pautas culturales de
belleza, las cuales pueden variar según la cultura, pero a pesar de esto habría
características generales a través de la humanidad que dicen relación con la
teoría sociobiológica, en donde, los atributos físicos estarían relacionados
con la capacidad reproductiva del sexo opuesto. Así las mujeres se consideran más
atractivas cuando tienen atributos relacionados con la fertilidad y la juventud
y los hombres, características de dominancia, fuerza y alto status social. Las
personas físicamente atractivas son consideradas como más persuasivas, con más
factibilidad de ser elegidas como parejas para "salir", con más
habilidades sociales que aquellos menos atractivos, como más apoyados
socialmente, como mejores emisores de claves no verbales, están mejor
adaptados, son más deseables, más exitosos, son percibidos como más
competentes, producen mejores impresiones y son percibidos como menos propensos
a desarrollar enfermedades mentales y desarrollarían relaciones más
satisfactorias en plano romántico. Lo anteriormente expuesto se basa en la
premisa heurística "Todo lo bello es bueno", descubierta por Dion,
Berscheid y Walster, 1972; (Cash, T., 1990). Entendiendo por belleza, según la
teoría del rol social, un constructo social que se basa en una estructura física
dada y en rasgos comportamentales. En la que lo que es juzgado como físicamente
atractivo por el individuo es primordialmente dependiente en lo que las personas
en un tiempo particular y en una cultura determinada y/o subcultura aprenden a
catalogar como atractivo a través de experiencias individuales, grupales o a
través de los medios de comunicación; (Osborn, D., 1996).
Otro concepto
importante de analizar es el de la autoimagen corporal que se refiere a la
percepción de las cualidades y atributos físicos que se tienen de uno mismo.
De acuerdo a las teorías de la autodiscrepancia la insatisfacción física
refleja el estado de discrepancia entre los atributos físicos autopercibidos y
los estándares sociales internalizados (Jacobi, L. y Cash, T., 1994). El nivel
de discrepancia entre la autoimagen corporal y un ideal de belleza va a esta
influenciado por el nivel de automonitoreo, la identificación con un
estereotipo racial adecuado, el nivel de comparación social, entre otros
factores, los que en conjunto determinarán en gran medida la autoestima del
sujeto.
El atractivo físico,
como ya se ha planteado, es fuente de grandes influencias sociales, que en la
vasta mayoría de los casos operan a favor de la persona considerada físicamente
atractiva, según los cánones de belleza en la cultura que se encuentra. Es así,
como los jurados en EEUU, en lo relativo al acoso sexual cuando el culpado es un
hombre que posee características consideradas atractivas físicamente y la víctima
carece de ellas, el primero resulta menos inculpado por parte del jurado, que
cuando la situación es inversa: un acosador poco atractivo y una víctima bella
(Popovich, P. y cols., 1996). Así mismo, en otros delitos, los jueces
americanos eran menos propensos a encontrar a los defendidos culpables cuando
estos eran físicamente atractivos. Sin embargo, esto variaba de acuerdo al tipo
de crimen cometido. Así, los inculpados que eran considerados físicamente
atractivos recibían un notable menor castigo que aquellos poco atractivos en
los crímenes de robo, violación y engaño, pero recibían mayores castigos que
aquellos físicamente poco atractivos en el homicidio negligente se cree que
esto se debe a que las personas tienen expectativas más altas puestas sobre
personas físicamente más atractivas, por lo tanto cuando fallan ante estas
expectativas se le castiga más duramente (Mazzella, R. & Feingold, A.;
1994).
El atractivo físico
también es un factor que favorece el acceso a diversos escenarios sociales como
por ejemplo, una persona atractiva tiene mayores posibilidades de ingresar a un
bar y beber, aún siendo menor de edad, con menor probabilidad de que le sea
pedida su identificación; por el sólo hecho que los trabajadores del lugar al
permitirle acceder al ingreso y a beber creen que tendrán mayor acceso de
interactuar con esa persona que ellos consideran físicamente más atractiva (Mc
Call, M., 1997).
En cuanto a
liderazgo una persona será considerada más exitosa, con mayores habilidades
sociales, ambicioso y competente cuando es físicamente atractivo, por lo tanto,
el atractivo físico cumpliría un rol importante en la elección del líder; lo
que se traduce en una profecía autocumplida, lo cual lleva al líder, que en un
principio fue elegido por su atractivo físico a ser un líder efectivo
(Cherulnik, P. & cols., 1990).
Sin embargo,
estas influencias sociales que ejercen las personas atractivas dependen también
de los niveles de automonitoreo de los influenciados, puesto que las personas
que poseen un bajo automonitoreo tienden a procesar de una manera más sistemática
y central lo que las personas atractivas expresan; teniendo un procesamiento más
superficial o heurístico aquellas con alto automonitoreo en esta misma situación.
Esto queda claro, en la respuesta que se produce ante propaganda comercial donde
los protagonistas son sujetos físicamente atractivos. Las personas con bajo
automonitoreo se sentirán atraídas a lo atractivo de los sujetos para luego
procesar de una manera sistemática lo que éstos expresan, vale decir, estas
personas se verán influenciadas por la propaganda si y sólo si ésta presenta
argumentos claros y convincentes, en contraste, con aquellos de alto
automonitoreo, quienes no se verán influenciados por el tipo de argumento usado
por la fuente físicamente atractiva (De Bono, K. & Telesca, C., 1990).
Según un
estudio de Bond y Cash (1992) la preocupación por la imagen corporal es mayor
en mujeres jóvenes que en mujeres mayores y hombres, se vio también que las
mujeres que tenían ideales que en algún aspecto puntual eran discrepantes con
la percepción que ellas tenían sobre sí mismas no reportaban autoimágenes más
negativas, lo que sugiere que las discrepancias en detalles entre la imagen
corporal ideal y la real no afectan emocionalmente a la gestalt de la
autoimagen.
En un estudio
realizado sobre la autopercepción de atractivo físico y la comparación del
ideal de belleza con estándares relacionados a la identidad racial (Makkar, J.
y Strube, M., 1995), se vio que compararse con ideales muy elevados puede ser
devastador ya que puede llevar a sentimientos de poca valía personal y
desarrollo de desórdenes alimenticios, además es muy importante que el ideal
de belleza que tenga una persona esté relacionado con un nivel de belleza que
corresponda al grupo étnico al cual se pertenece, para así evitar una
comparación poco realista que tenga un efecto negativo sobre la autoestima del
sujeto, por otro lado, un alto nivel de autoestima proveerá una protección
general frente a un ideal de atractivo físico muy elevado y poco realista lo
que hará que la persona tenga una mejor evaluación de sí misma al compararse
con ideales más alcanzables. Se vio también que el proceso de comparación
social entre la autoimagen e ideal de belleza estará mediado por el nivel de
identidad racial que presenta el sujeto y por su autoestima; la interacción
entre ambos factores determinará en gran medida la autopercepción del sujeto.
Relacionado con lo mismo se puede decir que las personas que no se identifican
con el ideal de belleza que corresponde a su raza son susceptibles a tener
menores niveles de autoaceptación. De este trabajo también se concluye que la
autoimagen es reactiva y susceptible a variables situacionales.
Actualmente,
los ideales de belleza cambian según los dictámenes de la moda. La influencia
de la exposición a la publicidad va a depender del nivel de automonitoreo de
los sujetos, por lo que la influencia de la publicidad será mayor sobre las
personas con alto automonitoreo, las que serán más susceptibles a la presión
cultural y a los ideales de belleza impuestos externamente. Las mujeres que se
acercan más a sus ideales de belleza presentan niveles de autoestima corporal
mucho más altos y además manifiestan sentimientos más positivos sobre ellos
mismos. Los juicios de otras personas influirán sobre los juicios que emiten
sobre belleza los sujetos con alto automonitoreo. En general, el juicio sobre
belleza corporal personal dependerá en gran medida del nivel de automonitoreo
que presentan los sujetos (Henderson & King, E. y Henderson & King, D.,
1997).
Se ha
descubierto que afectos positivos están catalogados como más atractivos que
los afectos negativos, tanto la expresión facial como en la voz. Afectos
dominantes son catalogados como más atractivos que los afectos sumisos en la
expresión facial, pero este efecto se da de forma inversa en lo referente a la
voz, vale decir, aquellas voces sumisas parecen ser más atractivas que aquellas
dominantes.
Otro factor
relacionado con el atractivo físico sería aquel que se refiere a una imagen
saludable, sin embargo, lo que se entiende por imagen saludable muchas veces no
corresponde a verdaderos estados de óptima salud. Esto, claramente visto en la
percepción que se tiene del bronceado en la piel, puesto que, este factor está
tipificado como ser una expresión de salud, sin embargo, este bronceado puede
traducirse en cáncer a la piel y en envejecimiento prematuro. Se han realizado
encuestas que arrojan que el 66% de la población joven piensa que ellos con un
bronceado se ven más sanos aunque sólo el 18% de ellos cree que una persona
bronceada es más sana. Investigaciones posteriores demuestran que las personas
que están bronceadas son consideradas más físicamente atractivas, populares y
sexy que aquellas que no están en esa condición, existiendo una preferencia
por un bronceado mediano sobre uno débil, con una clara menor preferencia para
un bronceado oscuro y una ausencia total de éste. Las razones por no considerar
al bronceado oscuro como muy atractivo pueden deberse a que se ha internalizado
en la población los efectos nocivos de los rayos ultravioleta (Broadstock, M. y
cols., 1992).
Dentro de este
mismo tema, en el cual se relaciona el atractivo físico con una imagen
saludable investigaciones confirman la presencia o ausencia del patrón
masculino de la pérdida del cabello tiene un gran impacto en la primera impresión
por parte de hombres y mujeres. En términos generales los hombres calvos, jóvenes
o viejos, son percibidos como menos deseables física, personal y socialmente,
puesto que la calvicie puede hacer ver más viejo al hombre joven, mientras que
el hecho de conservar el cabello puede llevar a preservar una imagen juvenil en
el hombre mayor.
Se diseñó una
investigación para determinar en que medida los sujetos pueden influenciar sus
niveles de atractivo físico, centrándose específicamente en el uso de
maquillaje y el uso de la postura. Se vio que la estructura física es tan
importante como la estructura facial al momento de establecer juicios sobre
niveles de atractivo físico, se demostró, por lo tanto, que hay factores
comportamentales que influyen sobre los juicios de belleza y que son casi tan
importantes como los factores estructurales.
Por otro lado,
se vio que establecer relaciones interpersonales pueden influir y cambiar los
juicios sobre atractivo físico, viéndose que el efecto: "la belleza se
encuentra en el ojo de la persona que la ve" es verdadero. Se puede
concluir de esta investigación que las estrategias de autopresentación
(maquillaje), como las personas se mueven y como interactúan con otros influirá
muchísimo sobre los juicios de atractivo físico (Osborn, D., 1996).
Según el
estudio de Henss (1991), otro factor que influye sobre el atractivo físico es
la percepción de edad, se vio que hay una alta correlación negativa entre edad
y atractivo físico entre mujeres (a mayor edad menor atractivo físico), pero
esta correlación disminuye en la medida que las mujeres que enjuician son
mayores. No se vio una correlación entre la edad y el nivel de atractivo físico
en hombres. Además, quedó de manifiesto que los hombres prefieren a las
mujeres más jóvenes, que para enjuiciar a una persona joven como una persona
poco atractiva las personas se centran en señales ligadas a edades mayores
(arrugas, pieles menos tersas, pelos menos brillantes, etc.) y que para
enjuiciar a personas mayores como atractivo las personas se centrarían en señales
de juventud. Finalmente, se puede decir que las personas jóvenes enjuiciaron
como menos atractivas a personas mayores y que las personas mayores emitían
juicios más favorables sobre personas de similares edad.
En cuanto al
atractivo físico y las diferencias genéricas se podría decir que la vasta
mayoría de las mujeres desean ser más delgadas, discrepancia en la autoimagen
que contribuye a la prevalencia de los trastornos alimenticios. Por otra parte,
la mayoría de los hombres quieren un peso diferente, el que puede ser menor o
mayor al que actualmente poseen, dentro de este punto se ve que muchos hombres
están descontentos con su musculación y quieren tener una constitución más
mesomórfica. Cuando los hombres aspiran a ganar peso lo que ellos buscan es un
aumento del peso muscular. Finalmente, estudios sobre el peso en relación a los
ideales del sexo opuesto han revelado que cada sexo posee una inadecuada
percepción de lo que el otro sexo prefiere descubriéndose que el otro sexo es
menos extremo de lo que se cree. Algunos investigadores han destacado que la
altura es más importante para los hombres que para las mujeres, aventajando al
hombre alto por sobre el bajo, sin embargo, estudios hechos por Cash et. al, en
1986 encontraron que solo el 20% de los hombres estaban descontentos con su
altura.
En cuanto al
tamaño del pecho los estudios descubrieron que aunque los hombres prefirieron
un busto más grande que las mujeres, un tamaño promedio era más atractivo
para ambos sexos. Investigaciones muestran que ambos sexos preferirían tener un
pecho más grande que el que ellos tenían y ambos sexos creían que el otro
sexo prefería un pecho más grande en el sexo opuesto.
El ideal color
de ojos aparece en investigaciones como congruente con el color de ojos propio,
sin embargo, el 82% de los hombres y el 81% de las mujeres asumen que el sexo
opuesto los prefiere azules. En cuanto al color del cabello se encontró que
independiente de que tengan un color natural o artificial, el 79% de las mujeres
prefirieron hombres morenos y dentro de los hombres el 69% de los morenos las
prefieren morena mientras que el 69% de los rubios las prefieren rubias, según
un estudio hecho en EEUU publicado por Jacobi, L. y Cash, T. en 1994.
Otra diferencia
de género que se ha observado es referente a la imagen corporal, la cual se
refiere a como la gente piensa, siente y se comporta frente a sus propios
atributos físicos. La imagen corporal contaría con tres facetas: la evaluación
(satisfacción o insatisfacción frente a la propia apariencia), el afecto
(experiencias emocionales que las evaluaciones provocan en distintos contextos)
y la inversión (preocupación por el manejo de la imagen). Frente a esto surgirían
las siguientes diferencias de género: relativo a los hombres las mujeres
muestran una evaluación de imagen corporal más negativa; invierten más en su
imagen y presentan con mayor frecuencia disforia frente a su imagen. También
las mujeres presentan mayores discrepancias entre su yo ideal y su yo real, en
lo que a proporciones del cuerpo se refiere (musculatura, piel, peso, etc.); los
hombres y mujeres que presentan un descontento similar frente a su cuerpo
invierten de igual manera para mejorar su apariencia física. La insatisfacción
con el cuerpo aumentaría después de los veinte años en las mujeres y en los
hombres aún no se ha determinado una edad ( Muth, J. y Cash, T. 1997).
Finalmente, se
puede destacar como un punto importante el peso frente a las diferencias de género,
por lo que se puede ver que las características físicas van a ser importantes
frente a la comparación con otros. Las mujeres obesas, en orden jerárquico
presentarían las siguientes características: en el ámbito sexual son
consideradas como significativamente menos atractivas, menos deseables como
parejas, poseerían menos habilidades sexuales, serían menos cálidas
sexualmente y tendrían menor respuesta sexual; por lo que muchas veces pueden
ser percibidas como vírgenes, con menores posibilidades de tener una pareja
sexual estable y experimentar deseo sexual. A su vez los hombres obesos, en
orden jerárquico, presentan las siguientes características: sería menos
probable que tuvieran una pareja sexual, son considerados significativamente
menos atractivos en el ámbito sexual y son menos deseados como parejas.
La comparación
en el aspecto sexual es mayor entre las mujeres obesas y de peso normal, que
entre los hombres obesos y de peso normal. Las mujeres con sobre peso incorporarían
al peso como parte de su autoconcepto, creyendo que este interferiría con sus
actividades sociales, pensando así que las negativas sociales que reciben están
en función de su peso y tienden a tener una menor autoestima y una mayor visión
negativa sobre sí mismos en relación a una persona de peso normal, concluyendo
así que las mujeres obesas se ven a sí mismas como criaturas asexuales
incapaces de atraer y satisfacer a una pareja sexual.
A través de
los artículos publicados por la revista Journal of Applied Social Psychology,
relativos al atractivo físico, en que se ha basado este trabajo, se puede
concluir que el atractivo físico es un constructo social determinado
culturalmente y que varía según patrones de estética raciales y tendencias de
la moda que influirán sobre el establecimiento de relaciones sociales, el
establecimiento del autoimagen y juicios sobre la propia imagen corporal, sobre
conductas que se presentan y por último se vio que hay diferencias de género
en cuanto al tema.
La influencia
del atractivo físico sobre las relaciones sociales queda de manifiesto al verse
que las personas consideras más atractivas tendrán más acceso a ciertos
lugares, a ocupar ciertas posiciones dentro de un grupo (liderazgo) y a ser
juzgados más favorablemente y ser castigados menos duramente en general y
particularmente frente a algunos crímenes.
En relación al
autoimagen se plantea que es necesario que las personas tengan un ideal de
belleza realista y acorde a su raza para que estén conformes consigo mismo y
que las personas con alto automonitoreo son más susceptibles a la comparación
social y a la influencia de estereotipos publicitarios .
Dentro de las
conductas que se presentan en relación al atractivo físico se vio que el
broncearse, el maquillarse, la postura, la manera de relacionarse con otros y el
mantener un peso adecuado serían determinantes al momento de enjuiciar el nivel
de belleza de los sujetos.
En lo que a
diferencias de género se refiere se pudo ver que los conceptos que tienen las
personas sobre su propio sexo son mucho más extremistas que los que en realidad
el sexo contrario considera como atractivo y que en general las personas
prefieren rasgos físicos similares a los propios al momento de establecer
juicios valorativos de atractivo físico.
Finalmente, se
puede decir que se cumplieron los objetivos planteados en un principio, comprobándose
que el atractivo físico influye sobre el establecimiento de relaciones
interpersonales y que tiene un efecto relevante en la formación de la
autoimagen.