El desarrollo normal en lactantes

 

Diversos autores han realizado minuciosas investigaciones acerca del desarrollo de los lactantes, esta serie de datos han surgido a partir de la observación fina de las crecientes capacidades que va adquiriendo el lactante, capacidades que surgen tanto de la continua maduración del sistema nervioso, como de la constante ejercitación y los estímulos provenientes del medio ambiente. De esta forma, encontramos signos específicos que determinan el nivel de desarrollo del lactante, con lo que se pueden ubicar y determinar datos de déficit en el desarrollo.

 

Por la importancia en sus investigaciones destacan dos autores, Spitz y Gesell, la finura con que realizaron sus observaciones, y la calidad de los instrumentos que aportaron para ubicar el nivel de desarrollo del lactante (y del niño en general), han propiciado que hasta nuestros días continúen siendo vigentes, por estos motivos, en el presente apéndice señalamos los signos y características que debe de presentar un niño que ha tenido un desarrollo del aparato psíquico normal.

 

Comencemos por Spitz (1965), este autor partió del estudio de los efectos producidos en el bebé por la separación de su madre. Señala que el desarrollo del aparato psíquico del bebé está ligado a la relación del bebé con su madre: de la indiferenciación inicial es llevado al desarrollo de una relación diferenciada con un objeto externo-interno estable, en general su madre, Todo sucede como si, de acuerdo con el principio según el cual la alucinación del objeto se apoya en la alucinación de la satisfacción, las huellas engramadas de las vivencias de placer fuesen recuperadas en el curso progresivo del desarrollo para cobrar un nuevo sentido, inductor de la vida fantasmática. Este proceso es llevado acabo mediante: “Los puntos de organización”, señalando con estos las etapas que apuntalan la construcción de la relación objetal. En especial indica tres de los puntos de organización u organizadores psíquicos: La primera sonrisa, El temor al rostro del extraño y el “No”.

 

Antes de pasar a describir los dos organizadores que son ubicables normalmente en niños que oscilan entre los 3 y 11 meses de edad, es conveniente comentar lo que se entiende por “organizador”. Spitz (1965) indica que: “durante periodos críticos del desarrollo, en que las mismas corrientes del desarrollo se integran unas con otras en varios sectores de la personalidad, así como con las funciones y capacidades emergentes que resultan de los procesos de maduración. El producto de esta acción integradora es una reestructuración del sistema psíquico en un nivel de complejidad superior. Dicha integración es un proceso delicado y vulnerable que, de tener éxito, lleva a lo que yo llamo un “organizador” de la psique”.

 

El primero de estos organizadores es la primer sonrisa. Con el comienzo del segundo mes de vida, el rostro humano se convierte en una imagen visual privilegiada para el lactante, ya que es capaz de distinguirlo del resto de los objetos circundantes, dedicandole su atención entera y en forma prolongada, para que ya durante el tercer mes, además de dedicarle su atención, se tenga la capacidad de responder a este estímulo con una sonrisa, indicio específico de ha quedado plenamente establecido el primer organizador psíquico, con lo cual se inaugura una nueva era en la vida del infante. Lo cual lo coloca en el camino de la construcción del siguiente organizador. No obstante, cuando la consolidación del organizador se desvía, el desarrollo se detiene, ya que los sistemas psíquicos que debían de haberse integrado, mediante la interacción con el medio, permanecerán en un nivel inicial, menos desarrollado, y previo al establecimiento del organizador.

 

Finalmente, Spitz, aclara que la presencia de este organizador es el signo inequívoco de la constitución del preobjeto, proceso necesario como tránsito a la constitución del objeto como tal, el cual se consolida cuando se observa “el temor al rostro del extraño”, es decir, la constitución del segundo organizador psíquico a los 8 meses de edad.

 

En lo que se refiere a los pacientes de nuestro estudio, encontramos que todos son mayores a los tres meses de edad, por lo que (si su desarrollo fuese normal) debería de ubicarse claramente este primer organizador.

 

Entre los 6 y 8 meses, se produce un cambio decisivo en la conducta del niño frente a la presencia de los otros, ya no responde con una sonrisa indiscriminada ante cualquier rostro conocido o ajeno, ya que para esta edad la capacidad para la diferenciación perceptiva está ya bien desarrollada, ahora distingue claramente entre los rostros que le son conocidos y aquellos que le resultan extraños, y si uno de estos últimos se le acerca, mostrará una conducta típicamente inconfundible, esto es, dará muestras de diversas intensidades de recelo y de angustia rechazando la presencia del desconocido. Spitz señala que la conducta individual del infante varía en una escala bastante amplia, esto es, puede que baje los ojos tímidamente, cubrírselos con las manos, alzar sus vestidos o sarapes para ocultarse el rostro, arrojarse boca abajo, o puede llorar amargamente. Donde encontramos que el denominador común consiste en la presencia de una negativa a entrar en contacto con el desconocido, con matices más o menos pronunciados de angustia.

 

Al igual que la respuesta sonriente de los tres meses, la angustia del octavo mes señala una etapa diferente en el desarrollo de la organización psíquica. Spitz indica que en el caso de la respuesta sonriente, la Gestalt signo del rostro, visto de frente, es experimentada como homóloga a la del congénere humano. Mientras que en la angustia del octavo mes, el precepto del rostro del extraño es comparada por el niño con las huellas mnémicas del rostro de la madre, descubriendo que son distintos, y desembocando en angustia y rechazo. Este desagrado específico es originado por el temor del niño a haber perdido a su madre (el objeto libidinal).

 

Spitz comenta que la presencia de este organizador es indicativo de que se alcanza a diferenciar nítidamente el rostro de la madre, adjudicándosele un lugar único entre todos los demás rostros humanos, de lo que se deduce que se ha desarrollado el establecimiento del “objeto” libidinal propiamente dicho.

 

Finalmente Spitz esboza otra serie cambios que se han operado en el niño, y que desembocan en esta conducta específica surgida del organizador que se denomina “angustia del octavo mes”:

1)      En la esfera somática, la mielinización del conducto neural está ahora lo suficientemente avanzada como para hacer posible el funcionamiento diacrítico del aparato sensorial; para lograr una coordinación de los efectores; para colocar grupos musculoesqueléticos al servicio de las secuencias de acción dirigida; para permitir la adopción de posturas y de equilibrio que sirven como base para la acción muscular.

2)       En el aparato mental (aparato psíquico, según nuestra nomenclatura), se ha acumulado un número creciente de rastros mnémicos, de modo que pueden efectuarse operaciones mentales de complejidad creciente. Estas operaciones mentales a su vez, permiten la realización de un número creciente y más diversificado de secuencias de acción. La activación de las operaciones mentales y las secuencias de acción resultantes, aportan una de las condiciones que hacen posible y promueven el desarrollo del Yo.

3)      En la organización psíquica, la maduración y desarrollo del equipo congénito ha hecho posible la realización de secuencias de acción dirigida, permitiendo al infante descargar la tensión afectiva en forma dirigida e intencional.

 

El encuentro e interacción de estos tres elementos permiten generar como producto final lo que hemos denominado angustia del octavo mes, es decir, el encuentro e interacción de los mencionados procesos, constituyen lo que hemos designado como organizador del octavo mes.

 

Es tiempo de pasar a analizar al segundo de los autores que hemos escogido para ubicar el nivel de desarrollo de los lactantes de nuestro estudio, de esta forma, encontramos la obra de A. Gesell (1940), este autor nos señala específicamente desde otra perspectiva teórica una serie de rasgos y signos distintivos que debe de presentar el lactante y que denuncian su desarrollo o la ausencia de este. Gesell va especificando desde las cuatro semanas de vida los signos que debe de manifestar el lactante, estos signos se agrupan en cuatro ejes: el desarrollo motor, la conducta adaptativa, el desarrollo del lenguaje y la conducta personal social.

 

Gesell indica que dentro de estos cuatro ejes y con el progresivo desarrollo del niño, sus capacidades se van incrementando. Planteamiento (este último) que coincide plenamente con las propuestas de Spitz.

 

1.      Por Características motrices se entienden las relaciones las reacciones posturales, la prensión, locomoción, coordinación general del cuerpo, y ciertas aptitudes motrices específicas.

 

2.      La Conducta adaptativa es una categoría conveniente para incluir todas aquellas adaptaciones de carácter perceptual, manual, verbal y de orientación, que reflejan la capacidad del niño para acomodarse a las nuevas experiencias y para servirse de las pasadas. La adaptatividad incluye la inteligencia y las diversas formas de constructividad y utilización.

 

3.      El Lenguaje abarca toda la conducta relacional con el soliloquio, la expresión dramática, la comunicación y la comprensión.

 

4.      La Conducta personal-social incluye las reacciones personales del niño frente a otras personas y frente a los estímulos culturales; su adaptación a la vida doméstica, a la propiedad, a los grupos sociales y a las convenciones de la comunidad.

 

Estos cuatro campos principales de la conducta agrupan la mayoría de los modos visibles de la conducta infantil. Por lo que no hay que creer, que estos cuatro sectores se encuentran marcadamente diferenciados. El niño siempre reacciona como unidad en sí mismo. Por lo que Gesell  aclara que la clasificación por categorías responde a una simple conveniencia de orden práctico, ya que facilita la observación y el análisis para el diagnóstico, y en nuestro caso el análisis del desarrollo.

 

16 semanas

Desarrollo motor: El reflejo tónico cervical (r.t.c.) empieza a perder su preponderancia. La  cabeza, más móvil, ocupa con más frecuencia el plano medio. Y lo mismo brazos y manos, ya que sus movimientos se encuentran, en gran medida, relacionados con la posición de la cabeza y los ojos, incluso bajo su control.

 

Sigue con la mirada objetos que se encuentran cerca genera un movimiento general de acercamiento incipiente que comprende la cabeza, los hombros y los brazos. En lo que se refiere a las piernas, cuando se le sostiene en posición erguida extiende las piernas reiteradamente, soportando una fracción de su peso.

La musculatura de su tronco se encuentra lo suficientemente desarrollada como para permanecer sentado apoyado en una almohada y sostener la cabeza por si sólo (control de cabeza) mirando a su alrededor.

 

Conducta adaptativa: El r.t.c. ahora en vías de desaparición, ha llevado a lograr que la atención visual desplace de una fijación difusa sobre el brazo extendido a la inspección prolongada de la mano, o sea, mira atentamente la mano.

 

Desarrollo del lenguaje:A esta edad balbucea, runrunea, hace gorgoritos y ríe, al oír un ruido familiar, gira la cabeza. Pero es más significativa la atención que presta a la voz humana.

 

Conducta personal social: a esta edad ya “reconoce” el rostro, las manos y la voz de la madre y a otros familiares que lo atienden, manifestando este reconocimiento con múltiples expresiones inarticuladas pero correspondientes a patrones bien definidos, establecidos mediante diferentes respuestas como la sonrisa ante el contacto social y el ponerse serio ante un extraño. Finalmente podemos indicar que se le ve contento cuando se le coloca en la posición sedente (perpendicular).

 

28 semanas

Desarrollo motor: A esta edad logra sentarse sin ayuda, logrando mantener erguido el tronco hasta un minuto entero, logra tomar objetos con el empleo del pulgar, y se los pasa de una mano a la otra, aunque todavía no cuenta con una prensión fina definida, por lo que no logra tomar una bolita. La orientación visual se encuentra más desarrollada que la manual, por lo que puede percibir una cuerda, pero es incapaz de tirar de ella.

 

Conducta adaptativa: En este sentido, ya logra inspeccionar objetos, y si estos se encuentran a su alcance los va a asir. Explora y aprieta con los dedos los diversos objetos, además de llevárselos a la boca, aventarlos y volverlos a recoger y repetir el proceso de exploración.

La conducta manipulatoria-perceptual es de gran actividad a las 28 semanas. Se le puede considerar una adaptatividad dinámica combinada con una búsqueda utilitaria.

 

Desarrollo del lenguaje: A las 28 semanas, chilla y cacarea, se han alcanzado una gran cantidad de vocalizaciones espontaneas, como vocales, consonantes y hasta sílabas y diptongos, por lo que se encuentra casi listo para la emisión doble y precisa de mu, ma y da, que lo llevará a decir sus primeras “palabras”.

Así mismo, ha entablado una cantidad de relaciones sociales con ciertas personas específicas del medio, con sus expresiones faciales, ademanes y actitudes posturales. Ha incorporado a su propio sistema psico-motor determinadas respuestas bajo la forma de predisposiciones motorizadas en correspondencia con los acontecimientos, y con las personas y objetos con ellos relacionados. Aunque por el momento los acontecimientos prácticos, los objetos físicos y los tonos e inflexiones de la voz le interesan más que las palabras, aunque podemos considerar que esta respuesta es una forma de comprensión en el plano del criterio práctico.

 

Conducta personal social: A esta edad es relativamente reservado, ya que las facultades motoras recién dominadas demandan toda su atención, se puede considerar que se encuentra casi totalmente inmerso en la iniciativa privada por sólidas razones evolutivas. Esto no significa que busque el aislamiento, a esta edad está continuamente aprendiendo el contenido social elemental de los sucesos domésticos, principalmente en lo que se refiere al valor que ellos entrañan para él. Pero esto, lo hace socialmente prudente, todavía carece de un fundamento suficientemente sólido para presentar gran atención a las palabras. No le interesa demasiado que los extraños sean extraños, mientras no defrauden sus expectativas normales.

 

40 semanas

Desarrollo motor: En este momento, los puntos más distantes y sutiles del organismo (punta de la lengua, yemas de los dedos y dedos del pie)  empiezan a ser controlados en una forma más fina. Las piernas ya sostienen el peso total del cuerpo; pero el equilibrio independiente no llegará hasta finalizar el año. Estando sentado el equilibrio está perfectamente dominado, puede volverse de costado, inclinarse en ángulos variables y recobrar el equilibrio. Alcanza a pasar de la posición sedente a la inclinada y viceversa, y estando en la inclinada logra retroceder, balancearse y gatear.

La prensión se observa más refinada, ya que el pulgar y el índice muestran una movilidad y extensión capaces de hurgar, revolver y arrancar, además de que la yema del pulgar está en oposición a la del índice.

 

Conducta adaptativa: Los labios demuestran mayor adaptación al acercársele el borde de una taza, la lengua coopera con mayor eficacia en la regulación o expulsión de un bocado. A esta edad es capaz de tomar una migaja con prensión en forma de pinza. Con el dedo índice explora los objetos en forma más fina, por lo que realiza nuevos descubrimientos en la tercera dimensión y en el aspecto táctil de la cosas. Todavía se lleva las cosas a la boca, pero la importancia de esta como órgano sensorio terminal ha empezado a disminuir en favor de la creciente capacidad en los órdenes táctil y visual para explorar los objetos y sus detalles.

En presencia de más de un objeto, demuestra tener cierta conciencia de que son más de uno, una primaria sensación de dos, de continencia y de contenido, de cima y fondo, de lado y lado, e incluso de causa y efecto.

 

Desarrollo del lenguaje: La expansión a distancia de la red neuromotriz comienza a incorporar tanto los músculos accesorios del habla como los de masticación. Todo lo cual contribuye a la formación de la vocalización articulada. Se hace presente aún durante la alimentación el “blu-blu”. El bebé tiende a imitar ademanes, gestos y sonidos. Responde a su nombre, y hasta “entiende” el ¡No, no! y aunque todavía esta incapacitado para una verdadera comprensión del significado de las palabras, su interés social es tan grande que inevitablemente lo lleva al lenguaje, además de que ya posee una o dos “palabras” en su vocabulario articulado.

 

Conducta personal social: A esta edad ya está totalmente asentado en la rutina cotidiana, duerme toda la noche, hace dos siestas y come tres o cuatro veces al día. Ahora le queda un margen de energía para los contactos sociales y aunque es capaz de jugar una hora entera o más sin compañía, le gusta tener gente a su alrededor. Su reciente sensibilidad al medio social le permiten aprender algunas “gracias” infantiles. En la manipulación de los juguetes a veces modifica su conducta bajo el estímulo de la demostración.

Sonríe ante su propia imagen en el espejo, pero puede mostrar timidez ante un extraño. Esta misma capacidad de reconocer a un extraño es, por sí sola, un síntoma de mayor madurez social.

 

un año de edad

El niño de un año todavía debe de perfeccionar los patrones que hacen su aparición en el cuadro de las 40 semanas y que no se definirán completamente hasta los 15 meses.

 

Desarrollo motor: A ésta edad, el niño gatea con gran destreza, puede hacerlo sobre manos y rodillas o en cuatro pies (a la manera plantígrada), pero a pesar de su pericia en el gateo no puede resistir el impulso de levantarse sobre los pies, y una vez que ya ha adoptado la postura plantígrada, ya casi está listo para pararse por sus propios medios. Puede lograr pararse sin ayuda, pero ordinariamente no alcanza un equilibrio estable hasta cuatro semanas después.

 

 

Por ahora se desplaza de costado, agarrándose a algún sostén, y alcanza a caminar con ayuda de algún apoyo. Su forma de prensión se acerca a la de un adulto. La prensión fina es hábil y precisa y casi posee la facultad de soltar las cosas a voluntad.

 

Conducta adaptativa: El bebé de un año demuestra una naciente apreciación de la forma y el número, Empleando su nueva aptitud para soltar, puede colocar un cubo dentro de un recipiente. Ya comienza a geometrizar el espacio y es capaz de poner un objeto sobre otro momentáneamente, esta forma de orientación presagia la futura capacidad para la construcción de torres. Su orientación manual respecto a las relaciones espaciales también le permite, mediante la adaptación de sus manipulaciones, sacar una bolita de un frasco, aunque todavía en forma torpe.

También se puede señalar que muestra progresos en el juego social con la pelota bajo el estímulo de dame-y-toma.

 

Desarrollo del lenguaje: En este aspecto, manifiesta un alto grado de reciprocidad social. Escucha palabra con mayor atención y repite la palabras familiares bajo la influencia de la repetición e imitación. Comienza a subordinar la acción a la palabra, entregando la pelota cuando se le da la orden: “Dámela”. Es probable que haya agregado dos o tres palabras más a su vocabulario, o que trate de atraer la atención, si no con palabras, por medio de toses o chillidos. Cuando se aproxima a su imagen en el espejo, lo hace socialmente, acompañando a menudo el contacto social con vocalizaciones.

 

Conducta personal social: Manifiesta una significativa tendencia a repetir las acciones que le han sido festejadas. Él mismo se complace tanto con esto como su auditorio. Mediante estas situaciones, comienza a sentir su propia identidad, que habrá de convertirse a la postre en el sentido de personalidad. Por el momento es capaz de miedo, cólera, afecto, celos, ansiedad y simpatía. También puede estar dotado de un sentido estético elemental.

En cuanto a la conducta doméstica, se está volviendo más independiente. Se alimenta con sus propios dedos, roza el plato con la cuchara y luego le pasa la lengua, y cuando está saciado lo expresa con un ademán, además de ayudar a vestirse.

Frecuentemente adopta una actitud sociable, y si es necesario, recurre a las vocalizaciones u otros medios para atraer la atención sobre sí. Revela una considerable perceptividad de las emociones de los demás y una creciente capacidad para influir sobre estas emociones o adaptarse a ellas. Lo cual se considera como índice tanto de inteligencia como de personalidad.

 

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