Sigmund Freud
1856-1939
Dr. C. George Boeree
Traducción al castellano: Dr. Rafael Gautier
La historia de Freud, como
la mayoría de las historias de otras personas, empieza a partir de otros. En
esta ocasión fueron su mentor y amigo, Dr. Joseph Breuer y la paciente de éste,
Anna O.
Anna O. Fue paciente de
Breuer desde 1880 hasta 1882. Con 21 años de edad, Anna invirtió la mayoría
de su tiempo cuidando de su padre enfermo, desarrollando una tos importante que
no tenía una explicación física, así como dificultades para hablar, que
finalizaron en un mutismo completo, seguido de expresiones solo en inglés, en
vez de su lengua natal, el alemán.
Cuando su padre falleció,
la paciente empezó a rechazar la comida y desarrolló una serie inusual y extraña
de síntomas. Perdió la sensibilidad en las manos y pies, parálisis parciales
y espasmos involuntarios. También presentaba alucinaciones visuales y visión
de túnel. Toda vez que los médicos examinaban a Anna para estudiar estos síntomas
que parecían físicos, no encontraban ninguna causa física demostrable.
Además de estos síntomas,
por si no fuera poco, presentaba fantasías infantiloides, cambios dramáticos
de humor y varios intentos de suicidio. El diagnóstico de Breuer fue de lo que
se llamaba en aquel momento histeria (hoy, trastorno de conversión), lo que
significaba que tenía síntomas que parecían físicos, pero no lo eran.
En las noches, Anna se sumía
en unos estados de “hipnosis espontánea”, tal y como Breuer les llamó, a
los que la propia paciente designó “nubes”. (Anna tenía una formación
intelectual alta y era una mujer muy preparada; así que no es de extrañar que
ella utilizase términos muy precisos, incluso técnicos para designar algunos
de sus estados, como en el caso de los estados hipnoides, llamándoles nubes.
N.T.). Breuer se dio cuenta de que, a pesar de estos estados de trance, la
paciente podía hablar de sus fantasías diurnas y de otras experiencias, sintiéndose
mejor posteriormente. Anna llamó a estos episodios “limpieza de chimenea” y
“la cura por la palabra”.
En algunas ocasiones,
durante la “limpieza de chimenea”, Anna proporcionaba algunos datos que
daban comprensión particular a algunos de sus síntomas. El primer dato
sobrevino justo después de negarse a ingerir agua durante un tiempo: recordaba
ver a una mujer bebiendo agua de un vaso que un perro había lamido antes.
Cuando recordaba esta imagen, se disgustaba y le sobrevenía una sensación
intensa de asco…solo para inmediatamente después ¡beberse el vaso de agua!.
En otras palabras, su síntoma (la hidrofobia) desaparecía tan pronto se
verbalizaba y se sentía la sensación particular de asco; es decir, la base del
síntoma. Breuer llamó catarsis, del griego referido a “limpieza”, a estos
estados de recuperación espontánea.
11 años más tarde,
Breuer y su asistente, Sigmund Freud, escribieron un libro sobre la histeria,
donde explicaban su teoría. Toda histeria es el resultado de una experiencia
traumática que no puede aceptarse en los valores y comprensión del mundo de
una persona. Las emociones asociadas al trauma no se expresan de manera directa,
simplemente se evaporan: se expresan a través de la conducta de forma vaga,
imprecisa. Por decirlo de otra manera, estos síntomas tienen significado.
Cuando el paciente puede llegar a comprender el origen de sus síntomas (a través
de la hipnosis, por ejemplo), entonces se liberan las emociones reprimidas por
lo que no necesitan expresarse a través de ellos. Es similar a drenar una
infección local.
De esta manera, Anna fue
poco a poco mejorando de sus síntomas. Pero, es importante señalar que ella no
podía hacerlo sin Breuer: mientras se encontraba en sus estados hipnóticos,
necesitaba tener las manos de Breuer con ella, y desafortunadamente, surgieron
nuevos problemas.
De acuerdo con Freud,
Breuer reconoció que la paciente se había enamorado de él y además él también
se sentía atraído por ella. Además, la paciente le comentaba a todo el mundo
que estaba embarazada de Breuer. Se podría decir que ella le deseaba tanto que
su mente le dijo a su cuerpo que esto era cierto, desarrollando un embarazo histérico
(hoy llamado pseudociesis o embarazo psicológico. N.T.). Breuer, un hombre
casado en la época victoriana, abandonó abruptamente las sesiones y perdió
todo interés en la histeria.
Fue Freud quien
posteriormente retomó lo que Breuer no había reconocido abiertamente; es
decir, en el fondo de todas estas neurosis histéricas yacía un deseo sexual.
Con respecto a la evolución
de Anna, ésta pasó gran parte del tiempo restante en un sanatorio. Más tarde,
se convirtió en una figura muy respetada y activa (la primera mujer asistente
social de Alemania) bajo su nombre propio: Bertha Pappenheim. Murió en 1936.
Anna será siempre recordada, no solo por sus propios logros, sino como la
inspiración de la teoría de la personalidad más influyente que hayamos
conocido.
Biografía
Sigmund Freud nació el 6
de mayo de 1856 en una pequeña localidad de Moravia llamada Freiberg. Su padre
fue un comerciante de lana con una mente muy aguda y un buen sentido del humor.
Su madre era una mujer activa, vivaz, segunda esposa del padre de Sigmund y 20 años
menor que su marido. Tenía 21 años cuando tuvo a su primer hijo, su apreciado
Sigmund. Este tuvo dos medio-hermanos y otros seis hermanos. Cuando tenía 4 o 5
años (él no recuerda bien), su familia se trasladó a Viena, donde viviría
casi toda su vida.
Freud, un niño brillante,
siempre a la cabeza de su clase, ingresó en la escuela de medicina; una de las
pocas opciones para un jóven judio en Viena en esos días. Allí, se embarcó
en la investigación bajo la dirección de un profesor de fisiología llamado
Ernst Brücke. El maestro creía en nociones comunes o, si se quiere, radicales
de aquella época y que hoy conoceríamos como reduccionismo: “no existen
otras fuerzas que las comunes físico-químicas para explicar el funcionamiento
del organismo”. Freud pasó muchos años intentando “reducir” la
personalidad a la neurología, causa que más tarde abandonaría.
Freud era muy bueno en el
campo de sus investigaciones, concentrándose sobre todo en neurofisiología e
incluso llegó a crear una técnica especial de tinción celular. Pero, solo
existía un número limitado de puestos y había otros por encima de él. Brücke
le ayudó a conseguir una beca de estudios, primero con el gran psiquiatra
Charcot en París y posteriormente en Nancy con el que más tarde sería su
rival: Bernheim. Ambos científicos estaban investigando el uso de la hipnosis
en los pacientes histéricos.
Después de pasar un breve
período de tiempo como residente de neurología y como director de una guardería
infantil en Berlín, Freud se volvió a Viena y se casó con su prometida de años
Martha Bernays. Allí abrió su consulta de neuropsiquiatría, con la ayuda de
Joseph Breuer.
Las lecturas y obras de
Freud le proporcionaron tanto fama como ostracismo dentro de la comunidad médica.
Se rodeó de un buen número de seguidores que más tarde se convertirían en el
núcleo del movimiento psicoanalítico.
Desafortunadamente, Freud tenía una gran propensión a rechazar a aquellos que
no estaban de acuerdo con sus teorías; algunos se separaron de él de manera
amistosa, otros no, estableciendo entonces escuelas de pensamiento competidoras.
Freud emigró a Inglaterra
justo antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando Viena ya no era un sitio seguro
para un judío y más aún de la talla del famoso Freud. Poco más tarde murió
de un cáncer maxilobucal del que había sufrido desde hacía 20 años.
Teoría
Freud no inventó
exactamente el concepto de mente consciente versus mente inconsciente, pero
desde luego lo hizo popular. La mente consciente es todo aquello de lo
que nos damos cuenta en un momento particular: las percepciones presentes,
memorias, pensamientos, fantasías y sentimientos. Cuando trabajamos muy
centrados en estos apartados es lo que Freud llamó preconsciente, algo
que hoy llamaríamos “memoria disponible”: se refiere a todo aquello que
somos capaces de recordar; aquellos recuerdos que no están disponibles en el
momento, pero que somos capaces de traer a la cosnciencia. Actualmente, nadie
tiene problemas con estas dos capas de la mente, aunque Freud sugirió que las
mismas constituían solo pequeñas partes de la misma.
La parte más grande
estaba formada por el inconsciente e incluía todas aquellas cosas que no
son accesibles a nuestra consciencia, incluyendo muchas que se habían originado
allí, tales como nuestros impulsos o instintos, así como otras que no podíamos
tolerar en nuestra mente consciente, tales como las emociones asociadas a los
traumas.
De acuerdo con Freud, el
inconsciente es la fuente de nuestras motivaciones, ya sean simples deseos de
comida o sexo, compulsiones neuróticas o los motivos de un artista o científico.
Además, tenemos una tendencia a negar o resistir estas motivaciones de su
percepción consciente, de manera que solo son observables de forma disfrazada.
Ya volveremos más adelante con esto.

El Ello, el Yo y el
Superyo
La realidad psicológica
freudiana empieza con el mundo lleno de objetos. Entre ellos, hay uno especial:
el cuerpo. El cuerpo (Nos referiremos a cuerpo como vocablo para traducir
“organism”, ya que en psicología es más aceptado el término. N.T.) es
especial en tanto actúa para sobrevivir y reproducirse y está guiado a estos
fines por sus necesidades (hambre, sed, evitación del dolor y sexo).
Una parte (muy importante,
por cierto) del cuerpo lo constituye el sistema nervioso, del que una de sus
características más prevalentes es la sensibilidad que posee ante las
necesidades corporales. En el nacimiento, este sistema es poco más o menos como
el de cualquier animal, una “cosa”, o más bien, el Ello. El sistema
nervioso como Ello, traduce las necesidades del cuerpo a fuerzas motivacionales
llamadas pulsiones (en alemán “Triebe”). Freud también los llamó deseos.
Esta traslación de necesidad a deseo es lo que se ha dado a conocer como proceso
primario.
El Ello tiene el trabajo
particular de preservar el principio de placer, el cual puede entenderse
como una demanda de atender de forma inmediata las necesidades. Imagínese por
ejemplo a un bebé hambriento en plena rabieta. No “sabe” lo que quiere, en
un sentido adulto, pero “sabe” que lo quiere…¡ahora mismo!. El bebé, según
la concepción freudiana, es puro, o casi puro Ello. Y el Ello no es más que la
representación psíquica de lo biológico.
Pero, aunque el Ello y la
necesidad de comida puedan satisfacerse a través de la imagen de un filete
jugoso, al cuerpo no le ocurre lo mismo. A partir de aquí, la necesidad solo se
hace más grande y los deseos se mantienen aún más. Usted se habrá percatado
de que cuando no ha satisfecho una necesidad, como la de comer por ejemplo, ésta
empieza a demandar cada vez más su atención, hasta que llega un momento en que
no se puede pensar en otra cosa. Este sería el deseo irrumpiendo en la
consciencia.
Menos mal que existe una
pequeña porción de la mente a la que nos referimos antes, el consciente, que
está agarrado a la realidad a través de los sentidos. Alrededor de esta
consciencia, algo de lo que era “cosa” se va convirtiendo en Yo en el
primer año de vida del niño. El Yo se apoya en la realidad a través de su
consciencia, buscando objetos para satisfacer los deseos que el Ello ha creado
para representar las necesidades orgánicas. Esta actividad de búsqueda de
soluciones es llamada proceso secundario.
El Yo, a diferencia del
Ello, funciona de acuerdo con el principio de realidad, el cual estipula
que se “satisfaga una necesidad tan pronto haya un objeto disponible”.
Representa la realidad y hasta cierto punto, la razón.
No obstante, aunque el Yo
se las ingenia para mantener contento al Ello (y finalmente al cuerpo), se
encuentra con obstáculos en el mundo externo. En ocasiones se encuentra con
objetos que ayudan a conseguir las metas. Pero el Yo capta y guarda celosamente
todas estas ayudas y obstáculos, especialmente aquellas gratificaciones y
castigos que obtiene de los dos objetos más importantes del mundo de un niño:
mamá y papá. Este registro de cosas a evitar y estrategias para conseguir es
lo que se convertirá en Superyo. Esta instancia no se completa hasta los
siete años de edad y en algunas personas nunca se estructurará.
Hay dos aspectos del
Superyo: uno es la consciencia, constituida por la internalización de
los castigos y advertencias. El otro es llamado el Ideal del Yo, el cual
deriva de las recompensas y modelos positivos presentados al niño. La
consciencia y el Ideal del Yo comunican sus requerimientos al Yo con
sentimientos como el orgullo, la vergüenza y la culpa.
Es como si en la niñez
hubiésemos adquirido un nuevo conjunto de necesidades y de deseos acompañantes,
esta vez de naturaleza más social que biológica. Pero, por desgracia, estos
nuevos deseos pueden establecer un conflicto con los deseos del Ello. Ya ve, el
Superyo representaría la sociedad, y la sociedad pocas veces satisface sus
necesidades.
Pulsiones de Vida y
Pulsión de Muerte
Freud consideró que todo
el comportamiento humano estaba motivado por las pulsiones, las cuales no son más
que las representaciones neurológicas de las necesidades físicas. Al principio
se refirió a ellas como pulsiones de vida. Estas pulsiones perpetúan
(a) la vida del sujeto, motivándole a buscar comida y agua y (b) la vida de la
especie, motivándole a buscar sexo. La energía motivacional de estas pulsiones
de vida, el “oomph” que impulsa nuestro psiquismo, les llamó libido,
a partir del latín significante de “yo deseo”.
La experiencia clínica de
Freud le llevó a considerar el sexo como una necesidad mucho más importante
que otras en la dinámica de la psiquis. Somos, después de todo, criaturas
sociales y el sexo es la mayor de las necesidades sociales. Pero, aunque debemos
recordar que cuando Freud hablaba de sexo, hablaba de mucho más que solo el
coito, la libido se ha considerado como la pulsión sexual.
Más tarde en su vida,
Freud empezó a creer que las pulsiones de vida no explicaban toda la historia.
La libido es una cosa viviente; el principio de placer nos mantiene en constante
movimiento. Y la finalidad de todo este movimiento es lograr la quietud, estar
satisfecho, estar en paz, no tener más necesidades. Se podría decir que la
meta de la vida, bajo este supuesto, es la muerte. Freud empezó a considerar
que “debajo” o “a un lado” de las pulsiones de vida había una pulsión
de muerte. Empezó a defender la idea de que cada persona tiene una
necesidad inconsciente de morir.
Parece una idea extraña
en principio, y desde luego fue rechazada por muchos de sus estudiantes, pero
creemos que tiene cierta base en la experiencia: la vida puede ser un proceso
bastante doloroso y agotador. Para la gran mayoría de las personas existe más
dolor que placer, algo, por cierto, que nos cuesta trabajo admitir. La muerte
promete la liberación del conflicto.
Freud se refirió a esto
como el principio de Nirvana. Nirvana es una idea budista usualmente
traducida como “Cielo”, aunque su significado literal es “soplido que
agota”, como cuando la llama de una vela se apaga suavemente por un soplido.
Se refiere a la no-existencia, a la nada, al vacío; lo que constituye la meta
de toda vida en la filosofía budista.
La evidencia cotidiana de
la pulsión de muerte y su principio de nirvana está en nuestro deseo de paz,
de escapar a la estimulación, en nuestra atracción por el alcohol y los narcóticos,
en nuestra propensión a actividades de aislamiento, como cuando nos perdemos en
un libro o una película y en nuestra apetencia por el descanso y el sueño. En
ocasiones esta pulsión se representa de forma más directa como el suicidio y
los deseos de suicidio. Y en otros momentos, tal y como Freud decía, en la
agresión, crueldad, asesinato y destructividad.
Ansiedad
Una vez, Freud dijo: “la
vida no es fácil”.
El Yo está justo en el
centro de grandes fuerzas; la realidad, la sociedad, está representada por el
Superyo; la biología está representada por el Ello. Cuando estas dos
instancias establecen un conflicto sobre el pobre Yo, es comprensible que uno se
sienta amenazado, abrumado y en una situación que parece que se le va a caer el
cielo encima. Este sentimiento es llamado ansiedad y se considera como una señal
del Yo que traduce sobrevivencia y cuando concierne a todo el cuerpo se
considera como una señal de que el mismo está en peligro.
Freud habló de tres tipos
de ansiedades: la primera es la ansiedad de realidad, la cual puede
llamarse en términos coloquiales como miedo. De hecho, Freud habló específicamente
de la palabra miedo, pero sus traductores consideraron la palabra como muy
mundana. Podríamos entonces decir que si uno está en un pozo lleno de
serpientes venenosas, uno experimentará una ansiedad de realidad.
La segunda es la ansiedad
moral y se refiere a lo que sentimos cuando el peligro no proviene del mundo
externo, sino del mundo social interiorizado del Superyo. Es otra terminología
para hablar de la culpa, vergüenza y el miedo al castigo.
La última es la ansiedad
neurótica. Esta consiste en el miedo a sentirse abrumado por los impulsos
del Ello. Si en alguna ocasión usted ha sentido como si fuésemos a perder el
control, su raciocinio o incluso su mente, está experimentando este tipo de
ansiedad. “Neurótico” es la traducción literal del latín que significa
nervioso, por tanto podríamos llamar a este tipo de ansiedad, ansiedad
nerviosa. Es este el tipo de ansiedad que más interesó a Freud y nosotros le
llamamos simple y llanamente ansiedad.
Los Mecanismos de
Defensa
El Yo lidia con las
exigencias de la realidad, del Ello y del Superyo de la mejor manera que puede.
Pero cuando la ansiedad llega ser abrumadora, el Yo debe defenderse a sí mismo.
Esto lo hace bloqueando inconscientemente los impulsos o distorsionándoles,
logrando que sean más aceptables y menos amenazantes. Estas técnicas se han
llamado mecanismos defensivos yoicos y tanto Freud como su hija Anna, así como
otros seguidores han señalado unos cuantos.
La Negación se
refiere al bloqueo de los eventos externos a la consciencia. Si una situación
es demasiado intensa para poder manejarla, simplemente nos negamos a
experimentarla. Como podrían suponer, esta defensa es primitiva y peligrosa
(nadie puede desatender la realidad durante mucho tiempo). Este mecanismo
usualmente opera junto a otras defensas, aunque puede funcionar en exclusiva.
En una ocasión, mientras
estaba leyendo en la sala de mi casa, mi hija de cinco años veía unos dibujos
animados de la tele, creo que los Pitufos. Como casi todos los niños de su
edad, tenía el hábito de estar demasiado cerca de la pantalla. En un momento
determinado donde parece que los responsables de la emisora no prestaban atención
suficiente, pasaron abruptamente a un anuncio de una película de terror a
estrenarse próximamente en el cine. Contenía muchas escenas violentas de
sangre y masacre, con un cuchillo ensangrentado, una máscara de hockey y gritos
de terror. Como ya era tarde para salvar a mi hija de tal invasión, hice l que
todo padre psicólogo haría con su hijo: ¡Vaya, ese anuncio era terrorífico,
¿verdad?!. Ella dijo: ¿eh?. Yo dije a continuación: Ese anuncio…fue
horroroso, ¿no?. Y dice ella: ¿qué anuncio?. Yo contesté abruptamente: ¡Ese,
el de la máscara de hockey; el del cuchillo sangriento y esos gritos!.
Aparentemente, mi hija había borrado todo el anuncio de su cabeza.
Desde aquel momento, en mi
vida he visto muchas reacciones parecidas en niños cuando son confrontados a
situaciones a las que no están preparados. También he visto personas desmayándose
en una autopsia (personas que niegan la realidad de la muerte de un ser querido)
y estudiantes que se olvidan de buscar las notas de sus exámenes. Todo esto es
negación.
La Represión,
defensa que Anna Freud llamó también “olvido motivado” es simplemente la
imposibilidad de recordar una situación, persona o evento estresante. Esta
defensa también es peligrosa y casi siempre va acompañada de otras más.
Cuando era un adolescente,
desarrollé un fuerte sentimiento de miedo hacia las arañas, especialmente
aquellas con patas largas. No sabía de donde venía ese miedo, pero empezaba a
ser bastante engorroso cuando precisamente iba a entrar en el instituto, antes
de la universidad. En el instituto, un consejero me ayudó a llevarlo mejor (con
algo que él llamaba desensibilización sistemática), pero aún no tenía ni
idea de dónde podía provenir el miedo. Años más tarde, tuve un sueño
particularmente vívido y claro donde me veía encerrado por mi primo en un
cortijo de la parte de atrás de la casa de mis abuelos. La habitación era
oscura y estaba muy sucio. El suelo estaba cubierto de (ya lo habrán sabido) ¡arañas
con patas largas!).
La comprensión freudiana
de este sueño es bastante simple: reprimí un evento traumático (el incidente
del cortijo), pero cuando en la realidad veía arañas, surgía la ansiedad del
evento sin traer consigo el recuerdo del acontecimiento.
Otros ejemplos abundan en
la literatura. Anna Freud habla de uno en concreto que es particularmente
especial: una chica jóven, acosada de una culpa importante por sus fuertes
deseos sexuales, tiende a olvidar el nombre de su novio, aún cuando le está
presentando a sus amistades. O un alcohólico que no puede recordar su intento
de suicidio, argumentando que debió “haberse bloqueado”. O alguien que casi
se ahoga de pequeño, pero es incapaz de recordar el evento aunque los demás
intenten recordárselo…pero presenta un miedo terrible a los lagos y mares.
Nótese que para que haya
un verdadero ejemplo de defensa, debe funcionar de forma inconsciente (Laplanche
y Pontalis en su Diccionario de Psicoanálisis ? Ed. Labor, 1993- establecen que
la defensa adquiere a menudo un carácter compulsivo y actúa, al menos
parcialmente, inconscientemente. N.T.).
Mi hermano tenía un miedo terrible a los perros cuando era niño, pero no había
en esta experiencia ninguna defensa en juego. Simplemente él no que ría
repetir la experiencia de haber sido mordido por uno de ellos. Comúnmente, eso
que llamamos miedos irracionales o fobias derivan de la represión de traumas.
Ascetismo es la renuncia de las necesidades
es una de las defensas que menos hemos oído hablar, pero se ha puesto
nuevamente de moda con la emergencia del trastorno llamado anorexia. Los
pre-adolescentes, cuando se sienten amenazados por sus emergentes deseos
sexuales, pueden protegerse a sí mismos inconscientemente a través de negar no
sólo sus deseos sexuales, sino también todos sus deseos. Así, se embarcan en
una vida como si fueran monjes, con una tendencia ascética donde renuncian a
cualquier interés sobre lo que los demás renuncian.
En los chicos de hoy hay
un interés marcado en la autodisciplina de la artes marciales. Afortunadamente,
las artes marciales no solo no hacen (mucho) daño, sino que incluso pueden
ayudarles. Por el contrario, las chicas de nuestra sociedad desarrollan con
mucha frecuencia un interés importante por alcanzar estándares artificiales de
belleza basados en la delgadez. Considerando la teoría freudiana, la negación
de estas chicas a comer es una tapadera de su negación a su desarrollo sexual.
Y desde luego que la sociedad aumenta la presión. ¡Lo que para otras
sociedades representa una mujer madura es para nosotros una mujer con 20 libras
de más!.
Aislamiento (también llamado intelectualización)
consiste en separar la emoción (o el afecto. N.T.) de un recuerdo doloroso o de
un impulso amenazante. La persona puede reconocer, de forma muy sutil, que ha
sido abusada de pequeña, o puede demostrar una curiosidad intelectual sobre su
orientación sexual recién descubierta. Algo que debe considerarse como
importante, sencillamente se trata como si no lo fuera.
En situaciones de
emergencia, hay algunas personas que se sienten completamente calmados e íntegros
hasta que se haya pasado la situación difícil, y es entonces cuando se vienen
abajo. Algo te dice que te mantengas entero mientras dure la emergencia. Es
bastante común que nos encontremos con personas totalmente inmersas en
obligaciones sociales alrededor de la muerte de un ser querido. Los médicos y
las enfermeras deben aprender a separar sus reacciones naturales de su ejercicio
profesional cuando están en presencia de pacientes heridos, o cuando necesitan
operarles, o simplemente cuando tienen que clavar una aguja. Deben tratar al
paciente como algo menos que humanos cálidos con familias y viviendo una vida
similar a la de ellos. Muchos adolescentes se dirigen a ver en masa las películas
de terror, e incluso se obsesionan con la cuestión, quizás para lograr
combatir el miedo real. Nada demuestra el aislamiento más claramente que un
cine lleno de gente riéndose histéricamente ante el descuartizamiento de un
ser humano en la pantalla.
El Desplazamiento
es la “redirección” de un impulso hacia otro blanco que lo sustituya. Si el
impulso o el deseo es aceptado por ti, pero la persona al que va dirigido es
amenazante, lo desvías hacia otra persona u objeto simbólico. Por ejemplo,
alguien que odia a su madre puede reprimir ese odio, pero lo desvía hacia,
digamos, las mujeres en general. Alguien que no haya tenido la oportunidad de
amar a un ser humano puede desviar su amor hacia un gato o un perro. Una persona
que se siente incómodo con sus deseos sexuales hacia alguien, puede derivar
este deseo a un fetiche. Un hombre frustrado por sus superiores puede llegar a
casa y empezar a pegar al perro o a sus hijos o establecer discusiones
acaloradas.
Agresión contra el
propio self
(Utilizaremos aquí el propio término en inglés para referirnos al “sí
mismo, ya que en la psicología en español se usa con mayor frecuencia el
vocablo en inglés “self”. N.T.). Es una forma muy especial de
desplazamiento y se establece cuando la persona se vuelve su propio blanco
sustitutivo. Usualmente se usa cuando nos referimos a la rabia, irritabilidad y
la agresión, más que a impulsos más positivos. Constituye la explicación
freudiana para muchos de nuestros sentimientos de inferioridad, culpa y depresión.
La idea de que la depresión es muchas veces el producto de la rabia contra un
objeto (persona) que no queremos reconocer, es ampliamente aceptada por
freudianos y otros de diversas corrientes.
Hace un tiempo, en una
etapa en la que no me sentía muy bien, mi hija de cinco años derramó un vaso
de leche con chocolate en el salón de casa. Me levanté incómodo y empecé a
decirle gritándole que cómo era posible que después de habérselo dicho
tantas veces lo hacía de nuevo. Que tenía que ser más cuidadosa porque ya era
mayor y…etc. En ese momento, mi hija empezó a golpearse la cabeza varias
veces. Obviamente, ella no me golpearía la cabeza a mí, ¿no?. De más está
decir que a partir de aquel suceso me he sentido culpable hasta hoy.
Proyección o desplazamiento hacia fuera, como
Anna Freud le llamó, es casi completamente lo contrario de la agresión contra
el propio self. Comprende la tendencia a ver en los demás aquellos deseos
inaceptables para nosotros. En otras palabras; los deseos permanecen en
nosotros, pero no son nuestros. Confieso que cuando oigo a alguien hablar sin
parar sobre cómo está de agresiva nuestra sociedad o cómo está aquella
persona de pervertida, no puedo dejar de preguntarme si esta persona no tiene
una buena acumulación de impulsos agresivos o sexuales que no quiere ver en
ella misma.
Déjenme mostrarles
algunos ejemplos. Un marido fiel y bueno empieza a sentir atracción por una
vecina guapa y atractiva. En vez de aceptar estos sentimientos, se vuelve cada
vez más celoso con su mujer, a la que cree infiel y así sucesivamente. O una
mujer que empieza a sentir deseos sexuales leves hacia sus amigas.. En lugar de
aceptar tales sentimientos como algo bastante normal, se empieza preocupar cada
vez más por el alto índice de lesbianismo en su barrio.
La Rendición altruista
es una forma de proyección que parece a primera vista como lo opuesto: aquí,
la persona intenta llenar sus propias necesidades de forma vicaria a través de
otras gentes.
Un ejemplo común es el
del amigo (siempre conocemos alguno) que en vez de buscar algún amigo o relación
por sí mismo, embarca a los demás a que las tengan. Son esos que te dicen
curiosamente “¿y qué paso anoche con tu cita?” o “Qué, ¿ya tienes
pareja o no?”. Un ejemplo extremo sería el de la persona que vive
completamente su vida para y a través de los demás. (La rendición altruista
también es común en los grupos ideológicos dogmáticos, incluyendo grupos de
“ciencia”, así como de personas que se someten a una religión por completo
o a una vida dedicada únicamente a servir a los demás. N.T.).
La Formación reactiva,
o “creencia en lo opuesto”, como Anna Freud llamó, es el cambio de un
impulso inaceptable por su contrario. Así, un niño. Enfadado con su madre,
puede volverse un niño muy preocupado por ella y demostrarle mucho cariño. El
niño que sufre abusos por parte de un progenitor, se vuelve hacia él
corriendo. O alguien que no acepta un impulso homosexual, puede repudiar a los
homosexuales.
Quizás el ejemplo más
significativo de formación reactiva lo encontramos en niños entre 7 y 11 años.
La mayoría de los chicos, sin dudarlo, hablarán mal de las chicas o incluso no
querrán saber nada del tema. Las niñas harán lo mismo con respecto a ellos.
Pero, si nosotros, los adultos, les vemos jugar, podemos decir con toda
seguridad cuáles son sus verdaderos sentimientos.
La Anulación
Retroactiva comprende rituales o gestos tendientes a cancelar aquellos
pensamientos o sentimientos displacenteros después de que han ocurrido. Por
ejemplo, Anna Freud mencionaba a un niño que recitaba el alfabeto al revés
siempre que tenía un pensamiento sexual, o que se volvía y escupía cuando se
encontraba con otro niño que compartiese su pasión por la masturbación.
En personas
“normales”, la anulación retroactiva es, por supuesto, más consciente,
pidiendo formalmente excusas o estableciendo actos de expiación. Pero, en
algunas personas los actos de expiación no son conscientes en absoluto. Fíjese,
por ejemplo, en un padre alcohólico que después de un año de abusos verbales
y quizás físicos, regala los mejores juguetes a sus hijos en Navidad. Cuando
pasa la época navideña y percibe que sus hijos no se han dejado engañar por
los regalos, se vuelve al bar de siempre y le comenta al camarero lo
desagradecida que es su familia, lo que le lleva a beber.
Uno de los ejemplos clásicos
de esta defensa es el lavarse después de una relación sexual. Sabemos que es
perfectamente común lavarse después de esto, pero si usted tiene que ducharse
durante tiempo y frotarse concienzudamente con un jabón fuerte, quizás el sexo
no le va mucho.
La Introyección,
muchas veces llamada identificación, comprende la adquisición o atribución de
características de otra persona como si fueran de uno, puesto que hacerlo,
resuelve algunas dificultades emocionales. Por ejemplo, si se le deja solo a un
niño con mucha frecuencia, él intenta convertirse en “papá” de manera de
disminuir sus temores. En ocasiones les vemos jugando a con sus muñecos diciéndoles
que no deben tener miedo. También podemos observar cómo los chicos mayores y
adolescentes adoran a sus ídolos musicales, pretendiendo ser como ellos para
lograr establecer una identidad.
Un ejemplo más inusual es
el de una mujer que vive al lado de mis abuelos. Su esposo había muerto y ella
comenzó a vestir en sus ropas, aunque prolijamente adaptada a su figura. Empezó
a presentar varios de sus hábitos, como fumar en pipa. Aunque para los vecinos,
todo esto era extraño y le llamaban el “hombre-mujer”, ella no presentaba
confusión alguna con respecto a su identidad sexual. De hecho, más tarde se
casó, manteniendo hasta el final sus trajes de hombre y su pipa.
Debo agregar en este
momento que en la teoría freudiana, el mecanismo de identificación es aquel a
través del cual desarrollamos nuestro Super-yo.
Identificación con el
Agresor es una
versión de la introyección que se centra en la adopción no de rasgos
generales o positivos del objeto, sino de negativos. Si uno está asustado con
respecto a alguien, me convierto parcialmente en él para eliminar el miedo.
Dos de mis hijas, las cuales se han criado con un gato de bastante mal genio,
recurren muchas veces a maullar y chillar para evitar que salga repentinamente
de un armario o de una esquina oscura y vaya a morderle los tobillos.
Un ejemplo más dramático
es aquel llamado Síndrome de Estocolmo. Después de una crisis de rehenes en
Estocolmo, los psicólogos se sorprendieron al ver que las rehenes no solo no
estaban terriblemente enojadas con sus captores, sino incluso sumamente simpáticas
hacia ellos. Un caso más reciente es el de una mujer joven llamada Patricia
Hearst, proveniente de una familia muy influyente y rica. Fue secuestrada por un
pequeño grupo revolucionarios autoproclamados conocidos como el Ejército de
Liberación Simbionés. La retuvieron armarios, la violaron y maltrataron. A
pesar de esto, decidió unirse a ellos, haciendo pequeños videos de propaganda
para éstos e incluso portando un arma de fuego en un atraco cometido a un
banco. Posteriormente a su detención, sus abogados defendieron con fuerza su
inocencia, proclamándole como víctima, no como una criminal. No obstante, fue
sentenciada a 7 años de prisión por el robo al banco. Su sentencia fue
conmutada al cabo de dos años por el presidente Carter.
La Regresión
constituye una vuelta atrás en el tiempo psicológico cuando uno se enfrenta a
un estrés. Cuando estamos en problemas o estamos atemorizados, nuestros
comportamientos se tornan más infantiles o primitivos. Un niño, por ejemplo,
piede empezar a chuparse el dedo nuevamente o a hacerse pis si necesitan pasarse
un timepo en el hospital. Un adolescente puede empezar a reirse
descontroladamente en una situación de encuentro social con el sexo opuesto. Un
estudiante preuniversitario debe traerse consigo un muñeco de peluche de casa a
un exámen. Un grupo de personas civilizadas se pueden volver violentas en un
momento de amenaza. O un señor mayor que después de 20 años en una empresa es
despedido y a partir de ese momento se vuelve perezoso y dependiente de su
esposa de una manera infantil.
¿A dónde nos retiramos
cuando nos enfrentamos al estrés?. De acuerdo con la teoría freudiana, a un
tiempo de la vida donde nos sentimos seguros y a salvo.
El mecanismo de Racionalización
es la distorsión cognitiva de los “hechos” para hacerlos menos amenazantes.
Utilizamos esta defensa muy frecuentemente cuando de manera consciente
explicamos nuestros actos con demasiadas excusas. Pero, para muchas personas con
un Yo sensible, utilizan tan fácilmente las excusas, que nunca se dan cuenta de
ellas. En otras palabras, muchos de nosotros estamos bastante bien preparados
para creernos nuestras mentiras.
Una buena forma de
entender las defensas es verlas como una combinación de negación o represión
con varias clases de racionalizaciones.
Todas las defensas son, de
hecho, mentiras, incluso si no somos conscientes de ellas. Es más, si no nos
damos cuenta de ellas, son aún más peligrosas, si cabe. Como su abuela le
dice: “Ay, cómo nos complicamos la vida…”. Las mentiras traen más
mentiras y nos lleva cada vez más lejos de la verdad, de la realidad. Después
de un tiempo, el Yo no puede preservarnos de las demandas del Ello o empieza a
hacerle caso al Superyo. Empieza a surgir fuertemente la ansiedad y nos venimos
abajo.
Pero aún así, Freud
consideró que las defensas eran necesarias. No podemos esperar que una persona,
especialmente un niño, pueda con todo el dolor y las penas que la vida le
depara. Aunque algunos de sus seguidores sugirieron que todas las defensas podían
utilizarse con fines positivos, Freud dijo que solo había una, la sublimación.
La Sublimación es
la transformación de un impulso inaceptable, ya sea sexo, rabia, miedo o
cualquier otro, en una forma socialmente aceptable, incluso productiva. Por esta
razón, alguien con impulsos hostiles puede desarrollar actividades como cazar,
ser carnicero, jugador de rugby o fútbol o convertirse en mercenario. Una
persona que sufre de gran ansiedad en un mundo confuso puede volverse un
organizado, o una persona de negocios o un científico. Alguien con impulsos
sexuales poderosos puede llegar a ser fotógrafo, artista, un novelista y demás.
Para Freud, de hecho, toda actividad creativa positiva era una sublimación,
sobre todo de la pulsión sexual.
Los Estadios
Como mencioné antes, para
Freud la pulsión sexual es la fuerza mtivacional más importante. Éste creía
que esta fuerza no era solo la más prevalente para los adultos, sino también
en los niños, e incluso en los infantes. Cuando Freud presentó sus ideas sobre
sexualidad infantil por primera vez, el público vienés al que se dirigió no
estaba preparado para hablar de sexo en los adultos, y desde luego menos aún en
los niños.
Es cierto que la capacidad
orgásmica está presente desde el nacimiento, pero Freud no solo hablaba de
orgasmo. La sexualidad no comprende en exclusiva al coito, sino todas aquellas
sensaciones placenteras de la piel. Está claro que hasta el más mojigato de
nosotros, incluyendo bebés, niños y adultos, disfrutamos de as experiencias táctiles
como los besos, caricias y demás.
Freud observó que en
distintas etapas de nuestra vida, diferentes partes de la piel que nos daban
mayor placer. Más tarde, los teóricos llamarían a estas áreas zonas erógenas.
Vio que los infantes obtenían un gran monto de placer a través de chupar,
especialmente del pecho. De hecho, los bebés presentan una gran tendencia a
llevarse a la boca todo lo que tienen a su alrededor. Un poco más tarde en la
vida, el niño concentra su atención al placer anal de retener y expulsar.
Alrededor de los tres o cuatro años, el niño descubre el placer de tocarse sus
genitales. Y solo más tarde, en nuestra madurez sexual, experimentamos un gran
placer en nuestras relaciones sexuales. Basándose en estas observaciones, Freud
postuló su teoría de los estadios psicosexuales.
La etapa oral se establece desde el nacimiento
hasta alrededor de los 18 meses. El foco del placer es, por supuesto, la boca.
Las actividades favoritas del infante son chupar y morder.
La etapa anal se encuentra entre los 18 meses
hasta los tres o cuatro años de edad. El foco del placer es el ano. El goce
surge de retener y expulsar.
La etapa fálica va desde los tres o cuatro años
hasta los cinco, seis o siete. El foco del placer se centra en los genitales. La
masturbación a estas edades es bastante común.
La etapa de latencia dura desde los cinco, seis o siete
años de edad hasta la pubertad, más o menos a los 12 años. Durante este período,
Freud supuso que la pulsión sexual se suprimía al servicio del aprendizaje.
Debo señalar aquí, que aunque la mayoría de los niños de estas edades están
bastante ocupados con sus tareas escolares, y por tanto “sexualmente
calmados”, cerca de un cuarto de ellos están muy metidos en la masturbación
y en jugar “a los médicos”. En los tiempos represivos de la sociedad de
Freud, los niños eran más tranquilos en este período del desarrollo, desde
luego, que los actuales.
La etapa genital empieza en la pubertad y
representa el resurgimiento de la pulsión sexual en la adolescencia, dirigida más
específicamente hacia las relaciones sexuales. Freud establecía que tanto la
masturbación, el sexo oral, la homosexualidad como muchas otras manifestaciones
comportamentales eran inmaduras, cuestiones que actualmente no lo son para
nosotros.
Estas etapas constituyen
una verdadera teoría de períodos que la mayoría de los freudianos siguen al
pie de la letra, tanto en su contenido como en las edades que comprenden.
La crisis Edípica
Cada estadio comprende una
serie de tareas difíciles propias de donde surgirán multitud de problemas.
Para la fase oral es el destete; para la anal, el control de esfínteres; para
la fálica, es la crisis edípica, llamada así por la historia griega del rey
Edipo, quien inadvertidamente mató a su padre y se casó con su madre.
Veamos como funciona la
llamada crisis edípica. El primer objeto de amor de todos nosotros es nuestra
madre. Queremos su atención, queremos su afecto, queremos su cuidado; la
queremos, la deseamos de una manera ampliamente sexual. No obstante, el niño
tiene un rival ante estos deseos, personificado en su padre. Éste es mayor, más
fuerte, más listo y se va a la cama con ella, mientras que el chico es
desplazado a dormir solo en su habitación. El padre es el enemigo.
Ya en el momento en que el
niño se da cuenta de esta relación arquetípica, ya se ha percatado de las
diferencias entre niños y niñas, además del pelo largo y los estilos de
vestirse. Desde su punto de vista párvulo, la diferencia estriba en que tiene
un pene, cosa que no tiene la chica. En este período de la vida, éste cree que
es mejor tener algo que carecer de ello, por lo que se siente satisfecho y
orgulloso de poseerlo.
Pero, aparece la pregunta:
¿y dónde está el pene de la niña?. Quizás lo ha perdido de alguna forma.
Quizás se lo cortaron. ¡Quizás lo mismo me puede pasar a mí!. Este es el
inicio de la ansiedad de castración, un nombre poco apropiado para definir el
temor a perder el propio pene.
Volviendo a la historia
anterior, el niño, al reconocer la superioridad de su padre y temiendo a su
pene, empieza a poner en práctica algunas de sus defensas yoicas. Desplaza sus
impulsos sexuales a su madre hacia las chicas y posteriormente a las mujeres. Y
se identifica con el agresor, su papá, e intenta parecerse cada vez más a él;
esto es, un hombre. Después de unos años de latencia, entra en la adolescencia
y al mundo de la heterosexualidad madura.
La niña también empieza
su vida con amor hacia su madre, por lo que se nos presenta el problema de tener
que redirigir sus afectos hacia su padre antes de que tenga lugar el proceso edípico.
Freud responde a esto con la envidia al pene. La niña ha notado también que
ante la diferencia de ambos sexos, ella no puede hacer nada. A ella le gustaría
tener un pene también, así como todo el poder asociado a éste. Mucho más
tarde podrá tener un sustituto, como un bebé. Como todo niño sabe, se
necesita de un papá y una mamá para tener un bebé, de manera que gira su
atención y cariño hacia papá.
Pero, papá, por supuesto
ya está cogido por alguien. La chica entonces le desplaza por los chicos y
hombres, identificándose con mamá, la mujer que posee al hombre que ella
verdaderamente desea. Debemos observar que hay algo aquí que falta. La niña no
sufre por el poder motivacional de la ansiedad de castración, ya que ella no
puede perder lo que nunca ha tenido. Freud pensó que la falta de este tremendo
miedo es lo que provocaba que las mujeres fuesen menos firmes en su
heterosexualidad que los hombres y un poco menos inclinadas hacia los aspectos
morales en general.
Antes de que usted se
torne rabioso por esta poco agraciada sdescripción de la sexualidad femenina,
no se preocupe, que muchas personas han respondido a ello. Retornaremos a esto
en sección sobre la discusión.
Carácter
Las experiencias que uno
va acumulando a lo largo de la vida contribuyen a forjar su personalidad o carácter
como adulto. Freud creía que las experiencias traumáticas tenían un efecto
especialmente fuerte en esta etapa. Indudablemente, cada trauma en particular
podría tener su impacto específico en una persona, lo cual solo podía
explorarse y comprenderse sobre una base individual. Pero, aquellos traumas
asociados con los estadios de desarrollo por los que todos pasamos, tendrían
mayor consistencia.
Si una persona presenta
algún tipo de dificultad en cualquiera de las tareas asociadas con estas etapas
(el destete, el control de esfínteres o en la búsqueda de la identidad sexual)
tenderá a retener ciertos hábitos infantiles o primitivos. A esto se le llama fijación.
La fijación provoca que
cada problema de una etapa específica se prolongue considerablemente en nuestro
carácter o personalidad.
Si, teniendo 18 meses de
edad, se encuentra constantemente frustrado en su necesidad de chupar, ya sea
porque mamá está incómoda o incluso es muy ruda con usted, o sencillamente
quiere destetarle demasiado rápido, usted puede desarrollar un carácter oral-pasivo.
Una personalidad de este tipo tiende a depender mucho de los demás. Usualmente
buscan “gratificaciones orales” tales como comer, beber y fumar. Es como si
estuviesen buscando los placeres que se perdieron en la infancia.
Cuando tenemos entre 5 y 8
meses de edad, empezamos la dentición. Una acción que nos satisface mucho en
este período es morder todo lo que esté a nuestro alcance, como por ejemplo,
el pezón de mamá. Si esta acción es causante de displacer o se corta
demasiado rápido. Podremos desarrollar entonces una personalidad oral-agresiva.
Esta personas retienen de por vida un deseo de morder cosas, como lápices,
chicles, así como personas. Tienden a ser verbalmente agresivos, sarcásticos,
irónicos y demás.
En el estadio anal estamos
fascinados con nuestras “funciones corporales”. Al principio, podemos
hacerlo de cualquier forma y en cualquier lugar. Posteriormente, sin razón
aparente empezamos a comprender que podemos tener control sobre ello, haciéndolo
en ciertos lugares y a ciertas horas. ¡Y los padres parecen valorar sobremanera
el producto final de estos esfuerzos!.
Algunos padres se someten
a merced del niño en el entrenamiento del control de esfínteres. Le piden de
rodillas que lo hagan en el váter, se alegran considerablemente cuando lo hacen
bién y se rompe su corazón cuando no lo hacen correctamente. El niño,
mientras, es el rey de la casa, y él lo sabe. Este niño, con esos padres,
desarrollará una personalidad anal-expulsiva (también anal-agresiva).
Estas personas tienden a ser sensibleros, desorganizados y generosos ante una
falta. Pueden ser crueles, destructivos y muy dados al vandalismo y los grafiti.
El personaje de Oscar Madison en la película “Un par de gruñones” (The Odd
Couple) es un buen ejemplo.
Otros padres son
estrictos. Pueden estar compitiendo con los vecinos a ver cuál de los niños
controla primero los esfínteres (muchas personas creen que si un niño lo hace
muy pronto en su evolución, es un signo de gran inteligencia). Pueden llegar a
usar la humillación o el castigo. Este niño puede perfectamente sufrir de
estreñimiento, tratando de controlarse constantemente y desarrollará de mayor
una personalidad anal-retentiva. Será especialmente pulcro,
perfeccionista y dictatorial. En otras palabras el anal-retentivo está atado
por todas partes. El personaje de Félix Unger en la película mencionada es un
ejemplo perfecto.
Existen también dos
personalidades fálicas, aunque a ninguna de ellas se le ha dado nombre.
Si el niño, por ejemplo, es rechazado en demasía por su madre y además
amenazado por su padre excesivamente varonil, tendrá posiblemente una sensación
muy pobre de autovalía en cuanto a su sexualidad. En este caso, intentaría
lidiar con esto o bién declinando cualquier actividad heterosexual; convirtiéndose
en un ratón de biblioteca o llegando a ser el macho de todas las mujeres. En el
caso de una niña rechazada por su padre y amenazada por una madre excesivamente
femenina, también producirá una autoestima muy baja en el área de la
sexualidad. Así, podría llegar a ser un jarrón de flores de adorno y una
belleza exageradamente femenina.
En otra situación, si un
niño no es rechazado por su madre y más bien es sobreprotegido en sus
debilidades por ella mucho más que su padre pasivo, podría desarrollar una
opinión de sí mismo bastante grande (lo cual le remitirá mucho sufrimiento al
enfrentarse al mundo real y darse cuanta de que los demás no le quieren como su
madre lo hizo) y parecer afeminado. Después de todo, no existe ninguna razón
por la que tenga que identificarse con su padre. De la misma manera, si una niña
es la princesita de papá y su mejor colega y mamá ha sido relegada a una
posición casi de sirvienta, la chica será muy superficial y egocéntrica, o
por el contrario muy masculina.
Estos distintos caracteres
fálicos demuestran un punto importante de la caracterología freudiana: los
extremos conllevan a los extremos. Si usted se encuentra frustrado o es
demasiado indulgente, tiene problemas.. Y, aunque cada problema tiende a
desarrollar ciertas características, éstas últimas pueden ser fácilmente
reversibles. Así, por ejemplo, una persona anal-retentiva puede volverse
excesivamente generosa o ser bastante desorganizada en algunos aspectos de su
vida. Esto puede llegar a ser suficientemente frustrante paralos científicos,
pero de hecho es la realidad de la personalidad.
Terapia
La terapia de Freud (en el
ámbito de la psicología, se utiliza “psicoterapia” para hablar de terapias
psicológicas. N.T.) ha sido la más influyente de todas, a la vez que la parte
más influyente también de su teoría. A continuación veremos algunos de sus
puntos más importantes:
Atmósfera relajada. El cliente debe sentirse libre de
expresar lo que quiera. La situación terapéutica es, de hecho, una situación
social única, en la que uno no se debe sentir miedoso ante un juicio social u
ostracismo. De hecho, en la terapia freudiana, el terapeuta prácticamente
desaparece. Añada a este situación un diván cómodo, luces tenues, paredes
insonorizadas, y el ámbito está servido.
Asociación libre. El cliente puede hablar de
cualquier cosa. La teoría dice que con una buena relajación, los conflictos
inconscientes inevitablemente surgirán al exterior. Si nos detenemos un poco
aquí, no hay que ir tan lejos para observar una similitud entre esta terapia y
el soñar. Sin embargo, en la terapia, existe un terapeuta que está entrenado
para reconocer ciertos aspectos o pistas de problemas y sus soluciones que el
cliente pasa por alto.
Resistencia. Una de estas pistas es la
resistencia. Cuando el cliente intenta cambiar de tema, o su mente se le queda
en blanco, se duerme, llega tarde o falta a una sesión, el terapeuta dice “¡Ajá!”.
Estas resistencias sugieren que el cliente, a través de sus asociaciones
libres, está cercano a contenidos inconscientes que vive como amenazantes.
Análisis de los sueños. Mientras dormimos, presentamos
menos resistencia a nuestro inconsciente y nos permitiremos algunas licencias,
de manera simbólica, que florecerán en nuestra consciencia. Estos deseos del
Ello proveen al cliente y al terapeuta de mayores pistas. Muchas formas de
terapia usan los sueños en sus prácticas, pero la interpretación freudiana es
distinta en tanto tendencia a hallar significados sexuales en ellos.
Paráfrasis. Una paráfrasis es una desvío
del discurso verbal. (muchas veces este acto supone una invasión directa de
contenidos inconscientes o del Ello, llamado también “lapsus linguae”.
N.T.). Freud creía que estos fallos o desvíos también sugerían pistas para
llegar a conflictos inconscientes. También se interesó por los chistes que sus
clientes contaban. De hecho, creía que cualquier cosa que dijera el paciente
siempre significaba algo; equivocarse de número al llamar por teléfono,
desviarse de ruta, decir mal una palabra, suponían serios objetos de estudio
para Freud. No obstante, como él mismo mencionó, en respuesta a un
estudiante que le preguntó cuál era el significado simbólico de un cigarro,
el contestó que “a veces, un cigarro no es más que un cigarro”. ¿O no?.
Otros seguidores de Freud
desarrollaron un interés especial sobre los test proyectivos, como el famoso
test de manchas Rorschach. La teoría base de este test es que cuando se
presenta un estímulo vago, el cliente lo completa con sus propios temas
inconscientes. Una vez más, esto puede proveer de más pistas al terapeuta.
Transferencia, catarsis
e introspección.
(Usaremos indistintamente “insight” e “introspección” para referirnos
al mismo fenómeno. N.T.)
La transferencia ocurre
cuando un cliente proyecta sentimientos sobre el terapeuta que de manera más bién
tienen que ver con otras personas importantes. Freud entendía que la
transferencia era necesaria en la terapia para traer a la luz aquellas emociones
reprimidas que habían estado causando problemas al paciente por tanto tiempo.
Por ejemplo, uno no puede sentirse verdaderamente rabioso si no existe una
persona con la que estarlo. Contrariamente al pensamiento popular, la relación
entre el terapeuta y el cliente en la teoría freudiana es muy cercana, aunque
se establece de manera que no pueda traspasar unos límites.
La catarsis es la explosión
súbita y dramática que ocurre cuando el trauma resurge. ¡Las letras pequeñas
de un contrato no están ahí de adorno!.
La introspección es el
estado de alerta ante la fuente de la emoción o de su fuente traumática. Se
alcanza la mayor parte de la terapia cuando el insight y la catarsis se han
experimentado. Aquello que debió ocurrir hace muchos años y que por ser muy
pequeños para lidiar con ello o porque la presión era demasiado para nosotros,
empieza ahora a surgir, de manera de lograr una vida más feliz.
Freud dijo una vez que el
objetivo de la terapia era simplemente “hacer consciente lo inconsciente”.
Discusión
No hay cosa más común
que una admiración ciega por Freud y un rechazo igualmente ciego por él.
Ciertamente, la postura ideal descansa en algún lugar entre estos extremos.
Empecemos por ver algunos defectos de la teoría.
La parte menos popular de
la teoría de Freud es el Complejo de Edipo y las ideas asociadas de ansiedad de
castración y la envidia del pene. ¿Cuál es la realidad bajo estos conceptos?.
Es cierto que algunos niños están muy unidos a su progenitor del sexo
contrario y son muy competitivos con el otro de su mismo sexo. Es verdad que
algunos niños se preocupan de las diferencias entre chicos y chicas y tienen
miedo de que alguien les corte sus penes. No es mentira que algunas niñas también
se preocupan con esto y quisieran tener un pene. Y no es incierto que algunos de
estos niños retienen estas sensaciones, miedos y aspiraciones hasta la edad
adulta.
No obstante, la mayoría
de los teóricos de la personalidad sostienen que estas son aberraciones
singulares más que universales; excepciones más que reglas. Ocurren en
familias que no funcionan como deberían, donde los padres eran muy infelices
entre ellos y usaban a los niños en contra del otro. Estos resultados surgen de
familias donde los padres denigran literalmente a las niñas por su supuesta
falla y hablan de cortarles los penes a los chicos que se portan mal. (Se ha ido
demostrando a lo largo del tiempo, que los niños sufren más ante los comandos
no verbales y las agresiones encubiertas, que aquellas visiblemente llevadas a
cabo. N.T.). Y especialmente ocurren en vecindarios donde la más mínima
información sobre la sexualidad no es bienvenida, y los niños solo reciben esa
información de otros niños.
Si consideramos al
Complejo de Edipo, la ansiedad de castración y la envidia al pene de una manera
más metafórica y menos literal, constituyen conceptos muy útiles. Sí que
amamos a nuestras madres y padres de la misma forma que competimos con ellos.
Los niños probablemente sí aprendemos el comportamiento estándar heterosexual
a través de imitar al progenitor del mismo sexo, practicándolo sobre el
opuesto. En una sociedad dominada por el varón, tener un pene (ser varón) es
mejor que no tenerlo y perder la posición como hombre provoca bastante miedo. Y
el hecho de que una mujer aspire a lograr los privilegios de un hombre, más que
su órgano masculino, es una cuestión razonable. Pero Freud no nos dijo que tomásemos
estos conceptos de manera metafórica. Algunos de sus seguidores sí lo
hicieron.
Sexualidad
Una crítica más general
de la teoría freudiana recae sobre su énfasis en la sexualidad. Todo, ya sea
malo o bueno, es el resultado de la expresión o represión de la pulsión
sexual. Muchas personas lo critican, y se preguntan si no habría más fuerzas
en juego. El mismo Freud añadió más tarde la pulsión de muerte, pero solo
para convertirse en otra de sus ideas menos populares.
Ante todo, quiero aclarar
que de hecho, muchas de nuestras actividades están motivadas de alguna manera
por el sexo. Si echamos una mirada penetrante a nuestra sociedad moderna,
podemos ver como la mayoría de la publicidad usa imágenes sexuales, las películas
y los programas de televisión no venden muy bien si no incluyen cierto grado de
estimulación, la industria de la moda se basa en un juego continuo de enseñar
y esconder y nosotros pasamos una considerable cantidad de tiempo cotidiano
jugando a ligar. Pero aún así, no creemos que todo en la vida sea sexual.
Si embargo, el énfasis
sobre la sexualidad en Freud no estaba basado en la gran cantidad de sexualidad
obvia en su sociedad; más bien estaba basada en la intensa evitación de la
misma, especialmente en clases medias y altas y particularmente en mujeres. Lo
que olvidamos demasiado fácilmente es que nuestra sociedad ha cambiado bastante
en los últimos cien años. Olvidamos que los médicos recomendaban un castigo
severo ante la masturbación, que la palabra “pierna” era sucia, que las
mujeres que deseaban sexualmente eran inmediatamente consideradas potenciales
prostitutas y que los eventos de la noche de bodas de una recién casada le
tomaban completamente por sorpresa, pudiéndose desplomarse literalmente con
solo pensarlos.
Es crédito de Freud, no
obstante, el moverse intelectualmente por encima de las actitudes sexuales de su
cultura. Ni siquiera su mentor Breuer y el brillante Charcot no pudieron
reconocer por completo la naturaleza sexual de los problemas de sus pacientes.
El error de Freud fue más una cuestión de generalización extrema y de no
tomar en cuenta los cambios culturales. Es irónico ver que muchos de los
cambios culturales relativos a actitudes sexuales fueron debidos en parte al
trabajo de Freud.
El inconsciente
Un último concepto
usualmente criticado es el de inconsciente. En la actualidad, no se discute que
algo parecido al inconsciente juega un papel en nuestro comportamiento, pero de
manera muy distinta a la naturaleza de cómo fue definido.
Los conductistas,
humanistas y existencialistas defienden que a) las motivaciones y problemas
atribuidos al inconsciente son bastante menos que los que promulgó Freud, y b)
el inconsciente no es el gran recipiente de actividad que él describió. La
mayoría de los psicólogos actuales consideran al inconsciente como todo
aquello que no necesitamos o no queremos ver. Incluso algunos teóricos ni
siquiera usan el término.
En la otra cara de la
moneda, por lo menos un teórico, Carl Jung, describió un inconsciente que deja
pequeño al de Freud. Pero de este autor hablaremos en su revisión.
Aspectos positivos
Las personas tienen la
tendencia desafortunada de “pagar el justo por los pecadores”. Si no están
de acuerdo con las ideas a, b y c, entonces suponen que x, y, z serán del mismo
signo. Pero Freud tenía algunas muy buenas ideas, tan buenas que han sido
incorporadas a otras teorías, hasta el punto de que olvidamos darle su crédito.
En primer lugar, Freud nos
hizo conocer dos fuerzas poderosas y sus demandas sobre nosotros. En un tiempo
donde todo el mundo creía en la racionalidad del ser humano, nos demostró cuánto
de nuestro comportamiento estaba influenciado por la biología. Cuando la gente
consideraba que éramos individualmente responsables de nuestras acciones, nos
enseñó el impacto de la sociedad.. Cuando todo el mundo creía que la
masculinidad y la feminidad eran roles impuestos por Dios, nos enseñó cómo
influía en los mismos los patrones dinámicos familiares. El Ello y el Superyo,
las manifestaciones psíquicas de la biología y la sociedad, estarán siempre
con nosotros de una forma o de otra.
En segundo lugar está la
teoría básica, volviendo a Breuer, de que ciertos síntomas neuróticos son
causados por traumas psicológicos. Aunque la mayoría de los teóricos ya no
creen que todas las neurosis se pueden explicar, o que es necesario aliviar el
trauma para mejorar, es ampliamente aceptado que una niñez llena de rechazo,
abuso y tragedia tiende a producir un adulto infeliz.
En tercer lugar está la
idea de las defensas yoicas. Aún cuando se sienta incómodo con la idea
freudiana de inconsciente, está claro que nos embarcamos en pequeñas
manipulaciones de la realidad y de recuerdos de esa realidad para llenar
nuestras necesidades, especialmente si éstas son fuertes. Recomendaría que
aprendan a reconocer estas defensas: se percatará de que el que tengan nombres
será de gran ayuda para verlas en nosotros mismos y en los demás.
Finalmente, Freud
estableció claramente una forma de terapia. Salvo para algunas terapias
conductuales, la técnica fundamental sigue siendo “la cura por la palabra”
(The talking cure) y envuelve todavía la misma atmósfera de relajación social
y física. E incluso cuando algunos autores no crean en la transferencia, la
naturaleza altamente personal de la relación terapéutica es considerada en
general como algo importante para lograr el éxito.
Algunas de las ideas de
Freud están claramente atadas a su cultura y su época. Otras no son tan fáciles
de comprobar. Incluso algunas podrían pertenecer más a la propia personalidad
y experiencias de Freud. Pero este autor fue un excelente observador de la
condición humana y mucho de lo que dijo aún tiene relevancia, tanto que Freud
será parte de los libros de personalidad en los años venideros. Incluso cuando
algunos teóricos vengan con nuevas teorías sobre cómo funcionamos, compararán
sus ideas con las freudianas.
Lecturas
Se mantienen las citas y
bibliografías del autor en inglés. Para el lector no familiarizado con el inglés,
recomiendo:
-Sigmund
Freud. Obras Completas. Amorrortu Editores.
-Freud. Una vida de nuestro tiempo. Peter
gay. Paidós.
-Sigmund Freud. Un siglo de psicoanálisis. Emilio
Rodrigué. Editorial Sudamericana. (Excelente biografía y además la primera
hecha por un latinoamericano).