CONSTRUCCIONES EN EL ANALISIS

Artículo: Freud S, Construcciones en el análisis, en Obras Completas, Madrid, Biblioteca Nueva, 1968.

 

En este artículo de 1937, Sigmund Freud establece la diferencia entre una interpretación y una construcción, formula algunas criterios para discernir entre construcciones correctas e incorrectas, y finalmente compara la construcción con el delirio.

 

La terapia analítica es un trabajo que afecta a dos personas: por un lado está el paciente que debe recordar lo reprimido, y por el otro lado está el analista que debe construír (o mejor, reconstruír) el pasado del paciente, además de transmitir a éste último sus construcciones.

El analista y el arqueólogo.- Las tareas del analista y del arqueólogo pueden compararse entre sí, excepto que el analista trabaja con situaciones vitales, no muertas. Ambos deben ir encontrando qué grado de antigüedad tiene lo que van desenterrando.

Sin embargo, el analista está en mejores condiciones de trabajo, básicamente por dos razones: a) hay muchas conductas repetidas, que entonces están remitiendo a lo mismo. El arqueólogo se topa en cambio con muchas cosas diferentes entre sí. b) Hay cosas que el arqueólogo jamás podrá recuperar, porque se quemaron o se robaron. Para el analista,

en cambio, todo lo esencial está intacto, aunque oculto. Por otro lado, el trabajo analítico presenta dos desventajas: a) los objetos psíquicos son mucho más complicados que los objetos materiales del arqueólogo, y b) el analista no conoce aquello que podría llegar a encontrar, y de aquí que las sorpresas sean frecuentes. Para el arqueólogo, la reconstrucción es el fin, pero para el análisis es solamente la tarea preliminar, ya que, una vez obtenida, debe comunicarla al paciente para que este pueda actuar sobre ella y generar un cambio en su conducta. Cabe aclarar que la construcción es una tarea preliminar no en un sentido cronológico, ya que se desarrolla simultáneamente con la tarea de cambio del paciente. En este contexto, interesa la distinción entre interpretación y construcción: esta última es más amplia, y surge de varias interpretaciones a lo largo de un cierto tiempo de análisis.

Indicadores de construcciones correctas e incorrectas.- No deben restarse importancia a las reacciones del paciente frente a nuestras reconstrucciones. Si frente a nuestra construcción el paciente no contesta ni 'sí' ni 'no', y más tarde durante el tratamiento sigue sin acusar recibo de la misma, es bastante probable que nuestra construcción haya sido equivocada: deberemos admitirlo frente al paciente en el momento oportuno para no menoscabar nuestra autoridad.

Un simple 'sí' es ambiguo: puede expresar hipocresía, o también que no entendió correctamente la construcción, aunque crea haberlo hecho. El 'sí' carece de valor a menos que sea confirmado con evidencias indirectas. El simple 'no' también resulta ambiguo: a lo que un 'no' apunta es siempre a lo incompleto de la comprensión de la interpretación (o la construcción), sea por represión, sea porque dicha interpretación o construcción no le corresponde a ese paciente.

Pero hay otras respuestas más útiles y esclarecedoras. Por ejemplo: "no lo pensé nunca", o "no debería haber pensado esto". La última respuesta puede traducirse como "esto es verdad acerca de mi inconciente". Desafortunadamente, este tipo de respuestas viene después de interpretaciones y no de construcciones, que son más amplias.

Otro ejemplo de respuesta útil es alguna asociación del paciente que se ajusta al contenido de la construcción. También es un indicador positivo de construcción correcta una exacerbación del síntoma, sobre todo si el paciente no desea ser analizado, ya que siente la construcción correcta como una peligrosa intromisión en su intimidad. En rigor, nunca una sola reacción del paciente, por sí sola y en forma aislada, nos permite decidir sobre la corrección de la construcción.

Otras consideraciones.- Teóricamente, nuestra construcción debería terminar en el recuerdo del conflicto por parte del paciente, pero esto no es necesario: se puede conseguir igual efecto terapéutico si -aún sin recuerdo- si el paciente adhiere con convencimiento a nuestra construcción.

A veces el recuerdo del paciente no se refiere directamente al objeto de la construcción, sino que aparece desplazado a situaciones adyacentes de menor importancia, como si fuese un delirio. Quizá pueda constituír ésta una explicación dinámica de los delirios psicóticos. Los delirios serían entonces intentos de construcción que realiza el propio paciente, intentos tanto por explicar su conflicto, como intentos de curación. Los delirios encierran una verdad histórica (algo que le pasó al paciente) y esto debe ser tenido en cuenta en el transcurso del análisis, donde frente a ese delirio no basta con mostrar la paciente su desconexión de la realidad externa. En cuanto a los delirios de la humanidad (mitos, leyendas, etc), si ellos continúan 'vivos' es porque encierran alguna verdad histórica. sólo que no ya referida a un individuo, sino a una conflictiva más universal.

 

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