EL MALESTAR EN LA CULTURA
Artículo: Freud S, El
malestar en la cultura, en Obras Completas, Madrid, Biblioteca Nueva, 1968.
Aparecido en 1930, en este artículo Sigmund Freud plantea
que la insatisfacción del hombre por la cultura se debe a que esta controla sus
impulsos eróticos y agresivos, especialmente estos últimos, ya que el hombre
tiene una agresividad innata que puede desintegrar la sociedad. La cultura
controlará esta agresividad internalizándola bajo la forma de Superyo y dirigiéndola
contra el yo, el que entonces puede tornarse masoquista o autodestructivo.
1 Freud había
escuchado decir de cierta persona que en todo ser humano existe un sentimiento
oceánico de eternidad, infinitud y unión con el universo, y por ese solo hecho
es el hombre un ser religioso, más allá de si cree o no en tal o cual credo.
Tal sentimiento está en la base de toda religión. Freud no admite ese
sentimiento en sí mísmo pero intenta una explicación psicoanalítica -genética-
del mismo.
Captamos nuestro
yo como algo definido y demarcado, especialmente del exterior, porque su límite
interno se continúa con el ello. El lactante no tiene tal demarcación. Empieza
a demarcarse del exterior como yo-placiente, diferenciándose del objeto
displacentero que quedará 'fuera' de él. Originalmente el yo lo incluía todo,
pero cuando se separa o distingue del mundo excterior, el yo termina siendo un
residuo atrofiado del sentimiento de ser uno con el universo antes indicado. Es
lícito pensar que en la esfera de lo psíquico aquel sentimiento pretérito
pueda conservarse en la adultez.
Sin embargo
dicho sentimiento oceánico está más vinculado con el narcisismo ilimitado que
con el sentimiento religioso. Este último deriva en realidad del desamparo
infantil y la nostalgia por el padre que dicho desamparo suscitaba.
2 El peso de la
vida nos obliga a tres posibles soluciones: distraernos en alguna actividad,
buscar satisfacciones sustitutivas (como el arte), o bien narcotizarnos.
La religión
busca responder al sentido de la vida, y por otro lado el hombre busca el placer
y la evitación del displacer, cosas irrealizables en su plenitud. Es así que
el hombre rebaja sus pretensiones de felicidad, aunque busca otras posibilidades
como el hedonismo, el estoicismo, etc. Otra técnica para evitar los
sufrimientos es reorientar los fines instintivos de forma tal de poder eludir
las frustraciones del mundo exterior. Esto se llama sublimación, es decir poder
canalizar lo instintivo hacia satisfacciones artísticas o científicas que
alejan al sujeto cada vez más del mundo exterior. En una palabra, son muchos
los procedimientos para conquistar la felicidad o alejar el sufrimiento, pero
ninguno 100% efectivo.
La religión
impone un camino único para ser feliz y evitar el sufrimiento. Para ello reduce
el valor de la vida y delira deformando el mundo real intimidando a la
inteligencia, infantilizando al sujeto y produciendo delirios colectivos. No
obstante, tampoco puede eliminar totalmente el sufrimiento.
3 Tres son las
fuentes del sufrimiento humano: el poder de la naturaleza, la caducidad de
nuestro cuerpo, y nuestra insuficiencia para regular nuestras relaciones
sociales. Las dos primeras son inevitables, pero no entendemos la tercera: no
entendemos porqué la sociedad no nos procura satisfacción o bienestar, lo cual
genera una hostilidad hacia lo cultural.
Cultura es la
suma de producciones que nos diferencian de los animales, y que sirve a dos
fines: proteger al hombre de la naturaleza, y regular sus mutuas relaciones
sociales. Para esto último el hombre debió pasar del poderío de una sola
voluntad tirana al poder de todos, al poder de la comunidad, es decir que todos
debieron sacrificar algo de sus instintos: la cultura los restringió.
Freud advierte
una analogía entre el proceso cultural y la normal evolución libidinal del
individuo: en ambos casos los instintos pueden seguir tres caminos: se subliman
(arte, etc), se consuman para procurar placer (por ejemplo el orden y la
limpieza derivados del erotismo anal), o se frustran. De este último caso
deriva la hostilidad hacia la cultura.
4 Examina aquí
Freud qué factores hacen al origen de la cultura, y cuáles determinaron su
posterior derrotero. Desde el principio, el hombre primitivo comprendió que
para sobrevivir debía organizarse con otros seres humanos. En 'Totem y Tabú'
ya se había visto cómo de la familia primitiva se pasó a la alianza
fraternal, donde las restricciones mutuas (tabú) permitieron la instauración
del nuevo orden social, más poderoso que el individuo aislado. Esa restricción
llevó a desviar el impulso sexual hacia otro fin (impulso coartado en su fin)
generándose una especie de amor hacia toda la humanidad, pero que tampoco anuló
totalmente la satisfacción sexual directa. Ambas variantes buscan unir a la
comunidad con lazos más fuertes que los derivados de la necesidad de
organizarse para sobrevivir.
Pero pronto
surge un conflicto entre el amor y la cultura: el amor se opone a los intereses
de la cultura, y ésta lo amenaza con restricciones. La familia defiende el
amor, y la comunidad más amplia la cultura. La mujer entra en conflicto con el
hombre: éste, por exigencias culturales, se aleja cada vez más de sus
funciones de esposo y padre. La cultura restringe la sexualidad anulando su
manifestación, ya que la cultura necesita energía para su propio consumo.
5 La cultura
busca sustraer la energía del amor entre dos, para derivarla a lazos
libidinales que unan a los miembros de la sociedad entre sí para fortalecerla
('amarás a tu prójimo como a tí mísmo'). Pero sin embargo, también existen
tendencias agresivas hacia los otros, y además no se entiende porqué amar a
otros cuando quizá no lo merecen. Así, la cultura también restringirá la
agresividad, y no sólo el amor sexual, lo cual permite entender porqué el
hombre no encuentra su felicidad en las relaciones sociales.
6 En 'Más allá
del principio del placer' habían quedado postulados dos instintos: de vida
(Eros), y de agresión o muerte. Ambos no se encuentran aislados y pueden
complementarse, como por ejemplo cuando la agresión dirigida hacia afuera salva
al sujeto de la autoagresión, o sea preserva su vida. La libido es la energía
del Eros, pero más que esta, es la tendencia agresiva el mayor obstáculo que
se opone a la cultura. Las agresiones mutuas entre los seres humanos hacen
peligrar la misma sociedad, y ésta no se mantiene unida solamente por
necesidades de sobrevivencia, de aquí la necesidad de generar lazos libidinales
entre los miembros.
7 Pero la
sociedad también canaliza la agresividad dirigiéndola contra el propio sujeto
y generando en él un superyo, una conciencia moral, que a su vez será la
fuente del sentimiento de culpabilidad y la consiguiente necesidad de castigo.
La autoridad es internalizada, y el superyo tortura al yo 'pecaminoso' generándole
angustia. La conciencia moral actúa especialmente en forma severa cuando algo
salió mal (y entonces hacemos un examen de conciencia).
Llegamos así a
conocer dos orígenes del sentimiento de culpabilidad: uno es el miedo a la
autoridad, y otro, más reciente, el miedo al superyo. Ambas instancias obligan
a renunciar a los instintos, con la diferencia que al segundo no es posible
eludirlo. Se crea así la conciencia moral, la cual a su vez exige nuevas
renuncias instituales. Pero entonces, ¿de dónde viene el remordimiento por
haber matado al protopadre de la horda primitiva, ya que por entonces no había
conciencia moral como la hay hoy? Según Freud deriva de los sentimientos
ambivalentes hacia el mismo.
8 El precio
pagado por el progreso de la cultura reside en la pérdida de felicidad por
aumento del sentimiento de culpabilidad. Sentimiento de culpabilidad significa
aquí severidad del superyo, percepción de esta severidad por parte del yo, y
vigilancia. La necesidad de castigo es una vuelta del masoquismo sobre el yo
bajo la influencia del superyo sádico.
Freud concluye
que la génesis de los sentimientos de culpabilidad están en las tendencias
agresivas. Al impedir la satisfacción erótica, volvemos la agresión hacia esa
persona que prohíbe, y esta agresión es canalizada hacia el superyo, de donde
emanan los sentimientos de culpabilidad. También hay un superyo cultural que
establece rígidos ideales.
El destino de la
especie humana depende de hasta qué punto la cultura podrá hacer frente a la
agresividad humana, y aquí debería jugar un papel decisivo el Eros, la
tendencia opuesta. Resumen: PC