LA NEGACION
Artículo: Freud S, La
negación, en Obras Completas, Volumen 19, Amorrortu, 1995.
Freud ilustra en este
breve artículo la operación de la negación con ejemplos de la clínica y,
desde ellos, analiza la función intelectual del juicio, así como el origen
psicológico de esa función a partir de las mociones pulsionales primarias.
Un contenido de representación o de pensamiento reprimido puede irrumpir
en la conciencia a condición de que se deje negar. Por ejemplo, cuando alguien
enfatiza que tal persona de su sueño 'no' es su madre, debemos pensar que sí
lo es.
La negación es un modo de tomar noticia de lo reprimido: es una
cancelación de la represión pero no una aceptación de lo reprimido. Es sólo
una aceptación intelectual de lo reprimido, separada de lo afectivo. Puesto que
la función intelectual del juicio es afirmar o negar contenidos de pensamiento,
lo anterior nos lleva a estudiar el origen psicológico de esa función. Por el
símbolo de la negación, el pensamiento se libera de las restricciones de la
represión, enriqueciéndose con contenidos indispensables para su operación.
En lo esencial, el juicio debe adoptar dos decisiones: debe atribuír o
desatribuír unas propiedad a una cosa [juicio de atribución], y debe admitir o
impugnar la existencia de una representación en la realidad [juicio de
existencia]:
a) Juicio de atribución: Tiene su origen en el yo-placer que quiere
introyectar todo lo bueno y arrojar fuera de sí todo lo malo. El juicio de
atribución atribuye propiedades buenas o malas.
b) Juicio de existencia: Es un interés del yo-realidad definitivo
(desarrollado a partir del yo-placer). Aquí ya no se trata de si algo percibido
en el mundo debe ser o no acogido dentro del yo, sino de si algo presente como
representación dentro del yo puede ser reecontrado también en la percepción
(realidad). La experiencia enseña que es importante no sólo que algo sea
'bueno' y por tanto merecedor de ser acogido en el yo, sino también que esté
en el mundo exterior para tomarlo si se lo necesita.
Para comprender este progreso debe recordarse que todas las
representaciones provienen de percepciones, son repeticiones de estas. Por
tanto, ya la misma existencia de la representación garantiza la realidad de lo
representado. La oposición objetivo-subjetivo no se da desde el comienzo, y tal
distinción se establece porque:
1) El pensar puede hacer presente, representación mediante, algo ausente
alguna vez percibido. Por tanto el fin primero del examen de realidad no es
hallar en la percepción objetiva algo que corresponda a lo representado, sino
'reencontrarlo', convercerse de que todavía está ahí.
2) No siempre, al reproducirse la percepción en la representación, se
la repite con fidelidad, pudiendo haber omisiones y deformaciones varias. El
examen de realidad debe entonces controlar el alcance de tales desfiguraciones.
Ahora bien, hay una condición para que se instituya el examen de realidad:
tienen que haberse perdido objetos que antaño procuraron una satisfacción
objetiva [real].
El juzgar (emitir juicios) pone fin a la dilación del pensamiento mismo,
y como tal es la acción intelectual equivalente a una acción motriz pues
conduce del pensar al actuar.
Tal dilación del pensamiento es un tanteo con un mínimo gasto energético,
y ya la había practicado el yo antes en relación con las percepciones, cuando
el yo enviaba al sistema percepción pequeños volúmenes de investidura para
tomar muestras de los estímulos externos, para luego volverse a retirar.
El estudio del juicio nos aclara la génesis de una función intelectual
a partir de las mociones pulsionales primarias. El juzgar es la forma en que se
desarrollará, acorde a fines, la inclusión dentro del yo o la expulsión de él,
originalmente regidas por el principio de placer. Tal polaridad parece
corresponder a la polaridad pulsional: la afirmación como sustituto de la unión
remite a Eros, y la negación como sucesora de la expulsión, a la pulsión de
destrucción. El negativismo de muchos psicóticos sería un indicio de un déficit
de componentes libidinosos. La operación de la función del juicio se
posibilita sólo por esta vía: que la creación del símbolo de la negación
haya permitido al pensar un primer grado de independencia respecto de las
consecuencias de la represión y, por tanto, de la compulsión del principio de
placer.
No hay ningún 'no' proveniente del inconciente: el 'no' surge de que el
yo reconoce el inconciente, expresándolo en forma negativa