CONFERENCIA 17: EL SENTIDO DE LOS SINTOMAS
Artículo: Freud S,
Conferencia 17: El sentido de los síntomas, en Obras Completas, Tomo II,
Madrid, Biblioteca Nueva, 1968.
En las conferencias 16 y 17, incluídas en
"Introducción al Psicoanálisis" (1916-1918), Sigmund Freud muestra
porqué la teoría psicoanalítica afirma que los síntomas obsesivos, en
contraposición a la psiquiatría clásica, tienen un sentido que es preciso
encontrar a través de su interpretación.
Breuer y
Janet fueron algunos de los pioneros que creyeron que los síntomas neuróticos
tenían un sentido, es decir que eran manifestaciones del inconciente. En esta
conferencia Freud cita algunos ejemplos tomados de casos de neurosis obsesivas.
A
diferencia de la histeria, la neurosis obsesiva tiene síntomas netamente psíquicos,
y no orgánicos o somáticos.
El neurótico
obsesivo presenta tres síntomas básicos: a) tiene una idea (o representación)
fija, generalmente absurda; b) experimenta impulsos extraños a él; y c)
realiza ciertos actos contra su voluntad y desprovistos de placer, actos que son
huídas de tentaciones sexuales o agresivas (como matar) y que adoptan la forma
de rituales. Según cada enfermo, podrá predominar la idea, el impulso o el
acto.
El enfermo
no puede suprimir la obsesión, pero sí puede desplazarla. Por ejemplo de la
certeza pasa a la duda (y por ello las polaridades se agudizan). La explicación
que da la psiquiatría sobre los obsesivos es simplemente que se trata de
individuos "degenerados", explicación insatisfactoria y además
peyorativa.
Freud cita
entonces dos ejemplos clínicos de síntomas obsesivos, para ilustrar cómo es
posible llegar a encontrar sus sentidos.
CASO 1:
Una paciente de 30 años tenía un acto obsesivo que repetía una y otra vez:
corría hacia una habitación, se ponía frente a una mesa, llamaba a su
doncella y le daba una orden cualquiera (o ninguna) y luego la despedía,
volviendo la mujer a su propio cuarto.
Fue la
misma paciente quien encontró sentido a su acto. Se trataba de una repetición
de su noche de bodas donde su marido, impotente, hizo varias tentativas yendo
desde otra pieza a la habitación de casados, y después, para que la criada no
advirtiera la penosa situación, echó tinta roja en la cama. Efectivamente, en
la mesa donde luego la paciente se colocaba había una gran mancha roja: se había
identificado con la conducta de su marido y la repetía siempre. Fue
'perfeccionando' la escena para rectificar la penosa experiencia real, y el
sentido del acto obsesivo resultó que expresaba un deseo: "mi marido no
tiene que avergonzarse ante nadie, pues él no es impotente". Al
rehabilitar a su marido, además, se obligaba a serle fiel y resistir otras
tentaciones. De paso, también nadie sospechaba la causa real de la separación.
CASO 2: Se
trata de una bella e inteligente joven de 19 años, hija única. Todos tenemos
ceremoniales antes de acostarnos, pero podemos modificarlos si las
circunstancias lo exigen (por ejemplo suprimirlos si tenemos mucho sueño). Pero
esta joven no: antes de acostarse sacaba primero de la pieza todo lo que pudiera
hacer ruido (relojes, jarrones que pudieran caerse, etc). Pero paradójicamente
también se aseguraba de tener la puerta entreabierta. Además colocaba la
almohada de determinado modo, ajustándola al milímetro. Como siempre dudaba de
todo lo que hacía, su ritual solía durar como una o dos horas.
A medida
que fue enlazando el síntoma con recuerdos, el primero fue disminuyendo hasta
desaparecer. Alejaba los relojes pues su pulsación estaba vinculada con la
pulsación de su clítoris, es decir con su excitación. Asimismo relacionaba la
posible caída de jarrones con la hemorragia de la primera relación sexual, ya
que una vez se había sangrado cuando se le cayó uno de esos objetos. De esta
forma los ruidos y su evitación, no tenían nada que ver. Con la obsesiva
posición de la almohada buscaba separar a ésta (su madre) de la cabecera de la
cama (su padre), vale decir evitar la unión sexual de ambos debido a un intenso
amor incestuoso hacia el padre. La puerta entreabierta le permitía espiar a sus
padres para controlarlos. Es así que en el conjunto de todo el ceremonial
confluyen varias fantasías. El sentido de dicho ritual era por un lado expresar
sus deseos, pero también defenderse contra ellos.
Los casos
1 y 2 muestran que los síntomas, al igual que los actos fallidos y los sueños,
poseen un sentido, que guarda relación con la vida íntima del enfermo y con
una situación del pasado. En las neurosis, por último, podemos encontrar: a) síntomas
típicos, que encuentran su sentido en situaciones pretéritas también típicas
(por ejemplo la manía por la limpieza), y b) síntomas individuales, propios de
cada paciente, derivados de situaciones pretéritas y vivencias únicas y
personales.