COMPLEMENTO METAPSICOLOGICO A LA DOCTRINA DE LOS SUEÑOS

Artículo: Freud S, Complemento metapsicológico a la doctrina de los sueños, en Obras Completas, Tomo III, Madrid, Biblioteca Nueva, 1981.

 

En este trabajo de 1915, Freud sostuvo que todos los caracteres esenciales del sueño están determinados por la condición del estado de reposo. En forma más amplia, el sueño es un residuo de la actividad anímica del durmiente, permitido por el hecho de no haber logrado totalmente el establecimiento del estado narcisista de reposo.

 

Ciertos estados afectivos como el duelo y el enamoramiento, y otros diferentes como el sueño y el dormir, son prototipos normales de ciertas afecciones patológicas.

El dormir es una reactivación del estado intrauterino donde el hombre se despoja de todo lo adquirido y obtiene calor, quietud, y ausencia de estimulación.

En las psiconeurosis observamos 'regresiones temporales', y las hay de dos tipos: una compromete el desarrollo del yo (que se retrotrae hasta la fase de la satisfacción alucinatoria de deseos), y la otra compromete el desarrollo de la libido (que llega hasta la reconstitución del narcisismo primitivo).

Este último también se aprecia cuando vemos que el durmiente es el protagonista principal del sueño: el narcisismo es un complemento libidinoso del egoísmo. Esto nos permite comprender la aptitud diagnóstica del sueño: el durmiente retrae la libido del mundo al yo amplificando todas las sensaciones somáticas y advirtiendo así sobre alguna enfermedad indetectable en la vigilia.

El hecho de dormir perturba el reposo, pero al mismo tiempo evita que nos despertemos (el sueño es el guardián del dormir).

El sueño es también una proyección, entendida esta como externalización de un proceso interior. Como tal, se trata de una defensa, que también aparece por ejemplo en la fobia.

La perturbación en la intención de dormir puede provenir del exterior o del interior. El narcisismo del estado de reposo implica la sustracción de la carga de todas las ideas de objetos, tanto de su parte inconciente como preconciente, siendo los restos diurnos una excepción ya que se incorporan al sueño, y sobre ellos no se sustrajo carga libidinal alguna. Estos restos son ideas preconcientes, y se nos muestran en el análisis como ideas latentes oníricas.

Los restos diurnos tienen una carga más débil que la que tenían durante el día, con lo cual es preciso explicar que se incorporan al sueño debido a que reciben un 'refuerzo' emanado de impulsos instintivos inconcientes: sólo así pueden surgir como formadores de sueños. De hecho, la censura que separa preconciente de inconciente en el sueño se debilita, lo que facilita la interacción entre ambos sistemas.

No obstante hay una objeción: si el narcisismo del reposo implica retraer todas las cargas de los sistemas inconciente y preconciente, no se entiende cómo los restos diurnos preconcientes aparezcan intensificados por los impulsos instintivos inconcientes, los cuales han cedido sus cargas también al yo.

Por ello Freud ve la necesidad de corregir la hipótesis del narcisismo de esta manera: el deseo de dormir intenta retraer todas las cargas emanadas del yo y constituír un narcisismo absoluto. Tal propósito no puede ser conseguido sino a medias, pues lo reprimido del sistema inconciente no obedece al deseo de dormir. Por tanto, tiene que ser mantenida también una parte de la contracarga, y la censura entre los sistemas preconciente e inconciente ha de permanecer vigilante, aunque no con toda su intensidad. Cuanto más extiende su dominio el yo, más quedan despojados de sus cargas todos los sistemas, y cuanto más fuertes las cargas instintivas, más inestable será el dormir. En un caso extremo ocurre que el yo renuncia a dormir por no poder coartar el impulso instintivo (o sea renuncia a dormir por miedo a soñar).

Otra excepción a la hipótesis del narcisismo ya fue indicada: algunos restos diurnos pueden oponer resistencia y conservar cierta carga debido a su conexión con impulsos inconcientes. También puede pasar que dichos restos se pongan en contacto con lo reprimido luego de empezar a dormir, en pleno reposo, pues en ese momento queda debilitada la conexión preconciente-inconciente. En ambos casos se cumple el deseo preconciente de dar expresión al material reprimido mediante el material de los restos diurnos preconcientes. A diferencia del resto diurno, este deseo no existía en la vigilia.

Tal deseo onírico no es tampoco lo mismo que el impulso del deseo inconciente el cual, si existe, intensifica el deseo onírico aludido.

Veamos ahora qué tres caminos puede seguir este impulso del deseo, representante de una tendencia instintiva inconciente y que se ha formado como deseo onírico (fantasía realizadora de deseos) en el sistema preconciente:

a) Un camino normal durante la vigilia, o sea, pasar del preconciente a la conciencia.

b) Una descarga motora directa, eludiendo la conciencia.

c) La observación nos revela que, en el sueño, lo que se sigue es un tercer camino. Según el primer camino el deseo se convertiría en una 'idea delirante', cosa que durante el reposo no sucede. En el segundo camino se convertiría en un acto motor y esto, salvo en el sonambulismo, no es posible durante el reposo. El tercer camino es la culminación de una serie de tres fases: por la primera se refuerzan los restos diurnos por influencia del inconciente, por la segunda se pone en marcha el deseo onírico, y por la tercera fase (propiamente el tercer camino), el proceso nacido en el preconciente toma un camino retrógrado a través del sistema inconciente, en dirección a la percepción, que presiona a la conciencia. Se trata de una regresión 'tópica', para diferenciarla de la regresión 'temporal' o de desarrollo, antes mencionada. En el sueño ambas regresiones coinciden (aunque no siempre): la regresión como inversión del curso de la excitación (desde el preconciente a la percepción, a través del inconciente) es al mismo tiempo un retorno a la fase de la realización alucinatoria de deseos.

En la regresión los pensamientos se transforman en imágenes, sobretodo visuales. La presentación verbal se reduce a la presentación de cosa. Hecha la regresión, quedan en el inconciente una serie de cargas de recuerdos de cosas sobre las cuales actúa el proceso primario hasta formar, mediante la elaboración, el contenido manifiesto. A tal proceso se someten los restos diurnos siempre que hayan sido 'percepciones' y no residuos de pensamientos. La elaboración onírica busca siempre la representación plástica, no verbal. En la esquizofrenia, sin embargo, el proceso primario elabora las palabras mismas, y no las presentaciones de cosa como en la actividad onírica.

Consiguientemente, en la esquizofrenia no hay una regresión tópica.

El proceso onírico culmina cuando el contenido del pensamiento regresivamente convertido en deseo se hace conciente como percepción sensorial, momento donde recibe la influencia de la elaboración secundaria. El deseo ha sido alucinado. Pero sin embargo esta última fase presenta aún algunos puntos oscuros.

La formación de la fantasía de deseo y su regresión a la alucinación también las encontramos en la demencia aguda alucinatoria (amencia de Meynert) y en la fase alucinatoria de la esquizofrenia. Ambos casos y el sueño son tres formas de psicosis de deseo alucinatorio. Tales psicosis no sólo llevan a la conciencia deseos reprimidos sino que los muestran al sujeto como realmente satisfechos, ya que se trata de una alucinación.

Pero, ¿qué determina que haya una alucinación? Una primera respuesta sería la regresión (tópica), pero esto no nos convence porque hay casos de regresión sin alucinación (por ejemplo recordar una escena visual durante la vigilia), donde tenemos conciencia de la irrealidad de la imagen. Por tanto en la alucinación debe haber algo más.

Desde nuestros primeros años debimos aprender a distinguir lo real de lo alucinado, pues una alucinación no procura una satisfacción real: el niño que alucina el pecho se puede morir de hambre. Logramos un examen de la realidad, que en la psicosis fue suprimido.

La respuesta al problema lo encontramos en el estudio del sistema conciencia (Cc). La alucinación entonces sería una carga del sistema conciencia, carga que se realiza desde el interior (no desde el exterior, como sería lo normal), y que tiene por condición el avance de la regresión hacia este sistema y, consecuentemente, pasando por alto el examen de la realidad.

El organismo vivo reconoce lo exterior de lo interior porque sobre lo primero puede ejercer un control motor, muscular, y de aquí que para controlar algo interior se lo proyecte afuera. Quien distingue entre lo exterior y lo interior es el sistema conciencia, pues su inervación motora le sirve para comprobar si la percepción es o no 'real'. En esto se basa el examen de la realidad, que es, como la censura, una función del yo. La psicosis suprimió la primera función, lo cual se ve claro en la amencia de Meynert donde el sujeto pone en la realidad alucinatoriamente un objeto que perdió, negando su pérdida. Este apartamiento de la realidad es homologable al proceso de la represión.

Aquello que en la amencia lleva a cabo la represión, es realizado en el sueño por la renuncia voluntaria (al examen de la realidad). El estado de reposo retrae las cargas de los sistemas Cc., Prec. e Inc., pues esos elementos obedecen al deseo de dormir. Con la falta de carga del sistema Cc., cesa la posibilidad de un examen de la realidad, y las excitaciones, independientes del estado de reposo, toman el camino de la regresión, encontrándolo libre hasta el sistema Cc. donde pasarán por realidades incuestionables (alucinaciones).

En la demencia precoz entonces la alucinación sólo sobreviene después, cuando el yo está tan desintegrado que no puede cumplir el examen de la realidad y no puede evitar el proceso alucinatorio.

En conclusión: todos los caracteres esenciales del sueño están determinados por la condición del estado de reposo. En forma más amplia, el sueño es un residuo de la actividad anímica del durmiente, permitido por el hecho de no haber logrado totalmente el establecimiento del estado narcisista de reposo.

Desde un punto de vista tópico, en el sueño la sustracción de la carga psíquica (libido o interés) alcanza a todos los sistemas; en las neurosis de transferencia sólo es retraída la carga preconciente (Prec.),; en la esquizofrenia la del sistema inconciente (Inc.),; y en la amencia de Meynert la del sistema conciencia (Cc.).

 

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