INTRODUCCION DEL NARCISISMO
Artículo: Freud S,
Introducción del narcisismo, en Obras Completas, Amorrortu, 1986.
Resumimos a continuación los principales conceptos de
este medular artículo de Sigmund Freud, que data del año 1914.
Näcke había empleado el concepto de narcisismo en
1899, para designar al individuo que logra completa satisfacción sexual con su
propio cuerpo. Desde esta perspectiva cabría afirmar entonces que se trata de
una perversión. No obstante, hemos encontrado en la clínica este narcisismo
unido a otras perturbaciones, como la homosexualidad y las neurosis. Así, el
narcisismo no sería ya una perversión sino el complemento libidinoso del egoísmo
del instinto de conservación (egoísmo que, por lo demás, posee todo ser
vivo).
Este narcisismo primario normal permite explicar la
demencia precoz (Kraepelin), o esquizofrenia (Bleuler) o parafrenia (Freud),
pues allí aparecen delirios de grandeza y desinterés total por el mundo
exterior. En los neuróticos todavía se conserva el interés por el mundo pero
a un nivel de fantasías: hay interés por seres imaginados, no reales, y este
proceso de volcar la libido sobre dichas fantasías se llama introversión de la
libido.
Pero en la esquizofrenia, ¿adónde fue la libido
sustraída a los objetos? Fue al yo (narcisismo), pero se trata de un narcisismo
secundario, proveniente de un narcisismo primario más el arrastre de las
catexias objetales. En los niños y en los pueblos primitivos encontramos también
megalomanía, como por ejemplo en la omnipotencia de las ideas, que influirían
mágicamente sobre el mundo exterior. Aquí hay una carga primitiva libidinosa
del yo, de la cual una parte se destina a cargar los objetos, como si fueran los
seudópodos de una ameba. Cuanto mayor es la libido del yo, menor es la libido
objetal, y viceversa. La libido objetal es máxima en el amor, y tiene su antítesis
en la fantasía paranoica del fin del mundo.
Cabe preguntarnos ahora qué relación hay entre el
narcisismo y el autoerotismo. Los instintos autoeróticos existen
primordialmente antes del desarrollo del yo: cuando éste se desarrolla, se
instaura el narcisismo. Debemos también preguntarnos lo siguiente: si atribuímos
al yo una carga primaria de libido, ¿para qué precisamos diferenciar una
libido sexual de una energía no sexual correspondiente a los instintos del yo?
¿Para qué diferenciar tantos tipos de libido? ¿No basta un solo tipo de energía
psíquica para explicarlo todo? No, responde aquí Freud. La división de la
libido en libido del yo y libido objetal es una prolongación inevitable de la
clasificación de los instintos en instintos del yo y sexuales, clasificación
que surje de haber estudiado las neurosis de transferencia, y que la explica
adecuadamente. La diferenciación primitivas en instintos del yo y sexuales
determinó la libido del yo y la objetal. A su vez esa diferenciación primitiva
es inevitable si consideramos las funciones de todo organismo vivo
(automantenerse y mantener la especie). Por tanto el fundamento último de estas
teorías es biológico, y a falta de una mejor la seguiremos manteniendo, sobre
todo por explicar satisfactoriamente los cuadros neuróticos y las
esquizofrenias.
No sólo podemos investigar el narcisismo a través
de las parafrenias y las neurosis (donde definimos lo normal a partir de la
intensificación de lo patológico), sino también observando la enfermedad orgánica,
la hipocondría, y la vida erótica de los sexos.
El enfermo orgánico se interesa sólo por su cuerpo,
su sufrimiento, retrayendo la libido del mundo exterior y cesando el interés erótico.
También lo vemos en el dormir (deseo único y exclusivo de dormir cuando se está
muy cansado). El hipocondríaco, análogamente, retrae su interés y su libido
del exterior, concentrando ambos en el órgano que le preocupa. En la vida erótica,
ciertas partes del cuerpo intensifican su erogeneidad, siendo objeto de gran
interés, de igual forma que en la hipocondría, donde ciertos órganos
supuestamente enfermos también despiertan la misma intensidad de interés.
En la parafrenia y la hipoconrdía hay un
estancamiento de la libido del yo, así como en las neurosis de transferencia
(histeria y neurosis obsesiva) hay un estancamiento de la libido objetal. Freud
se pregunta aquí porqué un estancamiento de la libido del yo es sentido como
displacentero, y porqué entonces luego se hace objetal. Se hace objetal cuando
la carga libidinosa del yo sobrepasa cierta medida (un intenso egoísmo protege
contra la enfermedad; pero al fin y al cabo hemos de comenzar a amar para no
enfermar, y enfermamos en cuanto una frustración nos impide amar). El aparato
psíquico busca calmar las excitaciones displacenteras o patogénicas. Como la
descarga al exterior no puede hacerse, por diversos motivos, se busca una
derivación interna de esas excitaciones. Cuando son derivadas hacia objetos
irreales se produce un estancamiento de la libido (introversión). La megalomanía
permite una análoga elaboración interna de la libido retraída al yo, y quizá
sólo cuando ésta fracasa es cuando se hace patógeno dicho estancamiento
libidinal. En la parafrenia, la libido no permanece ligada a objetos de la
fantasía (como en las neurosis de transferencia) sino que se retrae al yo.
Correlativamente, el fracaso de esta función psíquica correspondería a la
hipocondría de la parafrenia, homóloga a la angustia de la neurosis de
transferencia.
Como la parafrenia involucra generalmente un
desligamiento sólo parcial de la libido de sus objetos, pueden ocurrir tres
cosas: 1) retornar a la normalidad o a la neurosis (fenómenos residuales); 2)
desligar la libido de los objetos (hipocondría, regresión, etc); y 3) la
restitución, que consiste en ligar nuevamente la libido a los objetos, sea a la
manera histérica o parafrénica, o a la manera de la neurosis obsesiva o la
paranoia.
La vida erótica humana es una tercera fuente para el
estudio del narcisismo. Las primeras satisfacciones sexuales autoeróticas son
vividas en relación a funciones de autoconservación, es decir los instintos
sexuales se apoyan en un principio en los instintos del yo, y solo ulteriormente
de hacen independientes. Incluso hay un apoyo anaclítico para la elección de
objeto pues éste satisface necesidades del yo (alimento, protección, etc);
este tipo de elección de objeto son las primeras que realiza el niño. En los
perversos y homosexuales la elección de objeto es en cambio narcisista: se
elije el objeto conforme a la imagen de uno mísmo. Así, el sujeto tiene dos
posibbles objetos para elegir: él mísmo y la mujer nutriz. A esto llamamos
narcisismo primario.
Más tarde, el hombre hará un tipo de elección de
objeto, y la mujer otro. En el hombre se ve un amor completo al objeto
(hiperestimación sexual), y es una transferencia del narcisismo infantil sobre
el objeto sexual, lo cual permite el enamoramiento. En la mujer, y sobretodo si
es bella, nace una complacencia por ella mísma: se aman a sí mísmas con la
misma intensidad con que el hombre las ama. No necesitan amar, sino ser amadas.
No obstante, hay muchas mujeres que aman según el tipo masculino, desarrollando
la hiperestimación sexual correspondiente. La mujer narcisista encuentra no
obstante una salida para el amor objetal con su hijo (una parte de ellas mismas
a quien pueden consagrar un pleno amor objetal sin abandonar su propio
narcisismo). Finalmente otras mujeres no necesitan tener un hijo para pasar del
narcisismo al amor objetal: son las que desde antes incluso de la pubertad
desarrollaron una trayectoria masculina.
En síntesis, se ama conforme al tipo narcisista lo
siguiente: lo que uno es, lo que uno fue, lo que uno quisiera ser, o la persona
que fue parte de uno mísmo, y se ama conforme al tipo anaclítico o de apoyo a
la mujer nutriz, o al hombre protector. El punto más espinoso para el
narcisismo -no ser inmortal- se resuelve amando a los propios hijos, amor que no
es más que una resurrección del narcisismo de los padres.
El narcisismo primitivo del niño está expuesto a
perturbaciones, y el niño instrumentará medidas defensivas contra ellas. El
complejo de castración (miedo a la pérdida del pene en el niño y envidia del
pene en la niña) es una perturbación principal. La llamada 'protesta
masculina' procede del complejo de castración y tiene una naturaleza
narcisista, aunque no sea algo importante dentro de las neurosis.
La observación del adulto nos muestra muy mitigada
su antigua megalomanía, pero ello no significa que la libido del yo se haya
'gastado' totalmente en cargas de objeto: simplemente hubo una represión al
entrar en conflicto con cuestiones éticas y culturales. El adulto consagra a un
yo ideal el amor ególatra que en la niñez había sido dirigido al yo
verdadero. Intenta reconquistar la niñez libidinizando el yo ideal. La formación
de un ideal tiene relación con la sublimación. En ésta, y en relación a la
libido objetal, el instinto se orienta hacia un fin diferente y muy alejado de
la satisfacción sexual. En cambio en la idealización se mantiene la connotación
sexual. Como la sublimación se refiere a algo que ocurre con el instinto y la
idealización a algo que ocurre con el objeto, se trata de dos conceptos bien
distintos. Que un individuo haya trocado su narcisismo por la veneración de un
yo ideal no significa que haya hecho una sublimación: el yo ideal exije
sublimación, pero no puede imponerla. El yo ideal puede o no ser punto de
partida de una sublimación.
Idealización y sublimación son también distintas
que la represión: la producción de un ideal puede elevar las exigencias del yo
y favorecer así la represión. La sublimación en cambio es un medio para
cumplir tales exigencias sin recurrir a la represión.
La instancia psíquica que vela por la satisfacción
narcisista en el yo ideal es la conciencia moral (de aquí sacará luego Freud,
años más tarde, la idea de superyo). A dicha conciencia moral se deben los
delirios de autorreferencia ('todos me observan y me espían'). El yo ideal se
formó a partir de la influencia de los padres, educadores, etc. Estas voces
reaparecen luego en la enfermedad. El yo ideal y la conciencia moral aparecen
también como censores del sueño, específicamente en el llamado por Silberer
'fenómeno funcional', donde hay una autopercepción del estado de reposo o de
despertar.
La autoestimación tiene mucho que ver con la libido
narcisista, pues la primera aparece intensificada en la parafrenia y debilitada
en la neurosis de transferencia, así como en la vida erótica el no ser amado
disminuye la autoestima, y viceversa, el sentirse amado la aumenta. El que ama
pierde una parte de su narcisismo, y sólo puede compensarla siendo amado. El no
poder amar disminuye mucho la autoestimación: por ello hay sentimientos de
inferioridad en las neurosis de transferencia. Pero la fuente principal de este
sentimiento es un empobrecimiento del yo resultante de las grandes cargas de
libido que le fueron sustraídas (tendencias sexuales sin control).
En cuanto al vínculo de la autoestimación con el
erotismo caben dos posibilidades: si las cargas de libido son egosintónicas, el
amor es estimado como cualquier otra actividad del yo, pero si las cargas de
libido son reprimidas se siente un gran vaciamiento del yo, haciéndose
imposible la satisfacción del amor.
El yo evoluciona alejándose del narcisismo primario,
pero siempre con la tendencia a conquistarlo de nuevo. Dicho alejamiento se
produce desplazando la libido sobre un yo ideal impuesto desde el exterior, y la
satisfacción deviene por cumplir con este ideal.
Una parte de la autoestima es primaria (residuo del
narcisismo infantil); otra procede de la omnipotencia confirmada por la
experiencia (cumplimiento del ideal); y otra de la satisfacción de la libido
objetal. Cuando la satisfacción narcisista tropieza con obstáculos reales,
puede usarse el ideal sexual como satisfacción sustituta: es amado aquello que
posee la perfección que le falta al yo para llegar al ideal. El neurótico está
imposibilitado de alcanzar ese ideal por el empobrecimiento yoico (producido por
excesivas cargas de objeto). El sujeto intentará entonces retornar al
narcisismo eligiendo, conforme al tipo de elección narcisista, un ideal sexual
que tenga la perfección que él no puede alcanzar.
El ideal del yo es también el ideal de una familia,
una clase o una nación. La insatisfacción producida por el incumplimiento de
ese ideal deja libre un acopio de libido homosexual que se transforma en
angustia social (culpa), culpabilidad que originalmente provino del miedo al
castigo de los padres, y más tarde de la sociedad. Resumen: PC