TOTEM Y TABU
Artículo: Freud S, Tótem y
tabú, en Obras Completas, Tomo 13, Amorrortu, 1986.
El horror al incesto
La vida de los salvajes es un estadio previo de
nuestro propio desarrollo cultural. Si esto es cierto, encontraremos notables
concordancias entre la psicología del salvaje y la psicología del neurótico,
y podremos comprender ambas bajo una nueva luz.
Freud toma el ejemplo de los actuales salvajes de
Australia. Ellos se rigen por el totemismo: cada clan tiene su tótem, un
antepasado benefactor y protector que une a los miembros más que los mismos
lazos de sangre. En cada tótem está siempre la norma de la exogamia, no
estando permitido el vínculo sexual entre miembros del mismo clan totémico.
Totemismo y exogamia aparecen muy unidos. Si alguien viola la norma, toda la
tribu lo castiga enérgicamente como si estuviese defendiéndose de una seria
amenaza, aunque la violación implique un amorío pasajero que engendra hijos.
Si el tótem se hereda de la madre, entonces los hijos no podrán tener comercio
sexual ni con su madre ni sus hermanas, ya que son del mismo tótem. Todos los
descendientes del mismo tótem son considerados parientes consanguíneos (de la
misma sangre), aún cuando sean de distintas familias. Tienen horror al incesto.
Así, la estirpe totémica reemplaza a la familia
realmente consanguínea, tanto que un hijo llama 'padre' no sólo a quien lo
engendró, sino a cualquier otro hombre que pudiera haberse casado con su madre.
Tal parece ser la herencia del viejo sistema del matrimonio grupal, donde un
cierto número de hombres pueden fecundar otro cierto número de mujeres. La
rigidez de la prohibición del incesto se podría entender como forma de
prevenir el incesto grupal.
El clan o estirpe totémica junto a otros clanes
forman una unidad mayor llamada sub-fratia, y dos de éstas últimas forman a su
vez una fratria. Fratrias y sub-fratrias son exógamas entre sí. Pero sin
embargo alguien de un clan totémico de la fratria 1 sólo puede tener comercio
sexual con alguien de un clan totémico de la fratria 2 y no con una sub-fratria
de su misma fratria, lo cual limita mucho la exogamia. Se impuso tal organización
quizá porque la prohibición totémica original del incesto empezaba a
relajarse. De todo esto importa destacar el horror que tienen los australianos
al incesto, quizás porque en ellos la tentación es mayor.
Además de la prohibición totémica, el incesto
también se combate con 'evitaciones', o sea una serie de normas para no cometer
incesto y encontrables también en otras tribus no australianas. Tales
mandamientos suelen ser también muy estrictos, debido a las tentaciones
derivadas de las vicisitudes matrimoniales, que pueden llevar incluso a cometer
incesto con la suegra. Si bien ésta puede ser exogámica, la norma de la
evitación combate las fantasías de incesto, que son inconcientes.
El psicoanálisis nos permite entender el horror al
incesto como un rasgo infantil, que concuerda llamativamente con la vida anímica
del neurótico, ya que éste inhibió su desarrollo regresando a la etapa
infantil en una fijación incestuosa, que la persona normal reprimió.
Tabú significa algo sagrado, pero sobretodo algo
prohibido, y no por algún dios, sino que es la norma misma quien prohíbe. Tabú
significa también algo que protege, a jefes, niños, mujeres, etc. Si
investigamos desde la psicología estos tabúes, también podremos comprender
los nuestros propios.
Wundt habla del tabú de los animales (prohibición
de matarlos y comerlos), y que es el núcleo del totemismo. También pueden ser
tabúes seres humanos (niños, mujeres, etc) y otros objetos como plantas,
casas, etc. Wundt cree que el tabú obedece al miedo a un poder demoníaco
supuestamente escondido en el tabú. Su contagio se evita mediante ceremonias
expiatorias.
Con el tiempo el tabú pasó poco a poco a prohibir
por sí solo, pasando lo demoníaco a un segundo plano. Sin embargo Wundt no
llega a las raíces últimas del tabú, que son raíces psicológicas y no demoníacas.
El psicoanálisis nos muestra el tabú en los
enfermos obsesivos, llenos de tabúes a los que obedecen tanto como los
salvajes. Hay concordancias entre las prohibiciones obsesivas neuróticas y los
tabúes, como por ejemplo que son igualmente inmotivadas y de enigmático
origen, y además impuestas desde dentro del sujeto. Además, no sólo prohiben
cierta acción sino también el mismo pensar en hacerla. Los enfermos obsesivos
se portan como si las personas tabúes fueran portadoras de una enfermedad
contagiosa, y mediante ceremoniales buscan anular la nefasta influencia de lo
prohibido. En suma, las concordancias son 4: carácter inmotivado,
convencimiento interno, desplazabilidad (contagio) y acciones ceremoniales.
Freud da el ejemplo de la persona que reprimió su
placer al contacto, creándose así un conflicto (deseo tocar pero está
prohibido hacerlo, es tabú). Las prohibiciones tabú son ambivalentes: en lo
inconciente les gustaría violarlas, pero al mismo tiempo temen hacerlo. Las más
antiguas e importantes prohibiciones-tabú son las dos leyes fundamentales del
totemismo: no matar al animal totémico, y evitar el comercio sexual con los
miembros del sexo opuesto del mismo clan totémico. Consiguientemente, estas
debieron ser las apetencias más fuertes del hombre, ya que el fundamento del
tabú es un obrar prohibido para el cual hay una intensa inclinación
inconciente.
El hombre que violó un tabú se vuelve él mísmo
tabú porque da el mal ejemplo a los demás, los cuales deben entonces evitarlo.
También se vuelve tabú el ser humano que tienta a violar lo prohibido, como
por ejemplo una mujer, o también el hombre que despierta envidia. Esta
transferibilidad del tabú refleja la inclinación de la pulsión inconciente,
ya indicada para la neurosis, a desplazarse siempre sobre nuevos objetos
siguiendo diferentes caminos asociativos.
Hasta aquí resumimos: el tabú es una prohibición
antiquísima impuesta desde afuera por alguna autoridad, y dirigida hacia las más
intensas apetencias del hombre. El placer de violar el tabú subsiste en este
inconcientemente, y quienes obedecen el tabú tienen una actitud ambivalente
hacia aquello sobre lo cual el tabú recae: objeto, persona, etc. ya que
despierta tentación y también temor. La violación del tabú se expía
mediante una renuncia.
Si entre los primitivos encontráramos la
ambivalencia que vemos en los neuróticos entre un deseo y su contrario, quedaría
prácticamente certificada o asegurada la concordancia psicológica entre el tabú
y la neurosis obsesiva.
Para investigar si existe tal ambivalencia de
sentimientos, Freud estudia en detalle los tabúes de los pueblos salvajes en
relación con: a) el trato dispensado a los enemigos; b) el tabú de los
gobernantes; y c) el tabú de los muertos.
Es raro observar una crueldad sin inhibiciones en el
trato a los enemigos. El conquistador suele seguir una serie de preceptos
subordinados a un tabú, y que pueden agruparse en cuatro: apaciguar al enemigo
asesinado, restricciones para el matador, acciones expiatorias o purificaciones
para el matador, y ciertas medidas ceremoniales. Corrientemente tales preceptos
se explican desde dos principios: la prolongación del tabú hacia todo lo que
tuvo contacto con él, y el miedo al espíritu del asesinado. Freud prefiere
explicarlo por la existencia de una ambivalencia de las mociones de sentimiento
hacia el enemigo.
La conducta de los pueblos primitivos hacia sus
gobernantes (jefes, reyes, sacerdotes) está regida por dos principios: el
pueblo debe cuidar a los gobernantes, y por otro lado debe cuidarse de ellos.
Ambas cosas se logran mediante muchos preceptos-tabú, como por ejemplo evitar
el contacto inmediato y directo con ellos (para cuidarse de estos). Todas estas
actitudes también se entienden a partir de la existencia de una ambivalencia,
ya que al gobernante por un lado se lo venera, pero por el otro,
inconcientemente, se siente una intensa hostilidad hacia él. La desconfianza
hacia el gobernante ('hay que cuidarlo') expresa esta hostilidad, y el hecho de
tener que cuidarlos (no vigilarlos), expresa el sentimiento opuesto de veneración.
Lo mismo encontramos en el delirio de persecusión, donde la figura perseguidora
paterna es al mismo tiempo ensalzada o estimada, y criticada u odiada. Cabe
entonces pensar que también el vínculo del salvaje con su gobernante proviene
de la actitud infantil del niño hacia su padre.
En el caso del tabú a los muertos, todo aquel que
haya tenido algún contacto con ellos es impuro, y se vuelve a su vez tabú.
Incluso hasta quien pronuncia el nombre del muerto. Esto mismo ocurre con los
neuróticos obsesivos, que temen pronunciar ciertos nombres, o escucharlos. El
tabú de los muertos encierra también una ambivalencia hacia estos, pues hacia
el muerto se siente ternura y hostilidad. El duelo se cumple porque queríamos
al muerto, pero nuestra hostilidad hacia él la proyectamos fuera de nosotros
sobre la figura del muerto y él es ahora el peligroso. Esta proyección de la
hostilidad es inconciente y existía aún desde antes del fallecimiento, Sólo
con su muerte se actualiza este conflicto amor-odio hacia el fallecido. En
general, la proyección sirve para resolver un conflicto de sentimientos
ambivalentes, es decir como defensa, pero también puede usarse cuando no hay
conflicto alguno, como cuando mediante la proyección organizamos el mundo
exterior en base a nuestro mundo interior.
En los salvajes primitivos la ambivalencia es más
intensa que en el hombre de nuestra cultura actual. Es decir la ambivalencia fue
disminuyendo, lo que explica porqué poco a poco fue desapareciendo el tabú,
entendido éste como síntoma de compromiso del conflicto de ambivalencia. Los
neuróticos recibieron la herencia de los salvajes, por cuanto en ellos el
conflicto de ambivalencia está también muy agudizado.
El tabú e xplica la conciencia moral: es su
antecedente histórico, pues hay culpa cuando el tabú es violado. En el neurótico
encontramos también el conflicto moral, donde uno de los opuestos es reprimido
y el otro gobierna despóticamente en la conciencia. Se trata, nuevamente, del
conflicto de ambivalencia de sentimientos, habiendo entonces una identidad
esencial entre la prohibición del tabú y la prohibición moral.
Hay no obstante diferencias entre los salvajes y los
neuróticos obsesivos. Si el salvaje viola el tabú el castigo lo recibirán
todos, pero si el neurótico lo viola, otro será quien sufrirá el castigo
(generalmente un ser allegado) y no él mísmo. El neurótico es un 'altruísta',
pues no quiere hacer algo prohibido ya que sufrirá otra persona. En realidad no
hace otra cosa que desplazar su angustia de la muerte propia sobre un otro.
Otra diferencia es que en la neurosis la prohibición
recae sobre pulsiones sexuales, mientras que en los salvajes recae sobre una
pulsión social: el contacto prohibido no tiene sólo un significado sexual sino
también el de agarrar, apoderarse, hacer valer su persona sobre los otros,
dominar. La esencia a-social de la neurosis radica en que el sujeto se refugia
en una realidad fantaseada para huír de una realidad insatisfactoria.
Para el animismo, el universo está poblado de seres
espirituales y demonios que animan y generan animales, plantas y cosas inertes.
Los primitivos creen además que los hombres poseen almas que moran en ellos
mismos, y que en cierta forma son independientes de sus cuerpos. El sistema
animista gira en torno a estos seres autónomos: es una forma de explicar el
universo, reemplazada luego por los sistemas religiosos y más tarde por las
teorías científicas.
Pero además de ser una forma de explicar el
universo, es también una forma de dominarlo, mediante las técnicas del ensalmo
(brujería) y la magia. Son técnicas que movilizan a los espíritus para que
estos cumplan la voluntad del hombre: proteger, dañar, etc. Entre estos
procedimientos está el daño hecho a un muñeco que representa al enemigo
(similitud), o también actuar sobre algo perteneciente al enemigo como un
cabello, o comer su carne, etc (contigüidad). Tanto la similitud como la contigüidad
implican contacto. Son relaciones entre cosas, pero en el animismo las
relaciones existentes entre las representaciones (palabras o pensamientos) se
presuponen también entre las cosas, de forma tal que lo que hagamos con
nuestras representaciones se supone que ocurrirá también con las cosas. Esto
se llama 'omnipotencia de los pensamientos', como el neurótico que cree que al
pensar en la muerte de alguien, esta muerte ocurrirá realmente. Los enfermos
obsesivos son así supersticiosos, aún cuando reconozcan ellos mismos lo
absurdo de su actitud.
La omnipotencia de los pensamientos se aprecia en el
animismo, donde el hombre mísmo se atribuye omnipotencia. Si bien en las
cosmovisiones religiosas el poder es atribuído a los dioses, el hombre se
reserva la posibilidad de influír de alguna forma sobre ellos. En cambio en las
cosmovisiones científicas el hombre acepta su pequeñez, pero confía en que
dominando las leyes naturales podrá ser omnipotente. En todos aflora , y
especialmente en los neuróticos, este narcisismo intelectual u omnipotencia de
los pensamientos. Originalmente esto viene de la magia, donde el hombre mismo es
omnipotente; después pasó al animismo (omnipotencia de los espíritus), y
luego a la religión (omnipotencia de los dioses). En tales casos Freud explica
esta proyección de la omnipotencia en otro ser, para que en el hombre no
coexistan dos tendencias conflictivas que luchan por ser omnipotentes, pues
evidentemente ambas no pueden serlo. La proyección permite aliviar este
conflicto.
En realidad lo proyectado no está afuera sino que
está reprimido, latente, o sea es inconciente. A este material latente
accedemos interpretándolo, por ejemplo a través de los sueños, las fobias,
las obsesiones y los delirios. Psicoanalíticamente, aquellos motivos escondidos
existen también entre los salvajes en su animismo y su magia, pero en ellos, a
diferencia del caso neurótico cuyo síntoma es improductivo, sus invocaciones mágicas
tienen un sentido racional: por ejemplo el precepto-tabú de que los guerreros
al pelear deben olvidarse de sus esposas, es para que puedan luchar despejados
sin la añoranza de los ausentes.
El totemismo es tanto un sistema religioso como
social. Religioso porque apunta al vínculo de mutuo respeto y protección entre
un hombre y su tótem, y social porque regula las relaciones entre los hombres.
Dos son las prohibiciones importantes en el totemismo: matar (o comer) al tótem,
y comerciar sexualmente con los mismos miembros del clan totémico.
Tres tipos de teorías intentaron explicar el origen
del totemismo: las nominalistas, las sociológicas y las psicológicas. Según
las primeras, los antepasados dieron nombres de animales a sus jefes porque tenían
algunas cualidades de ellos. Con el tiempo, sus descendientes terminaron
creyendo que su antepasado, el tótem, fue un animal.
Según la teoría sociológica (Spencer y Guillen),
el tótem representa a la sociedad en su conjunto, corporiza a la comunidad que
es el genuino objeto de veneración. La sociedad es venerable porque permite
unirse armónicamente a los hombres y cooperar entre sí para poder subsistir.
En cuanto a las teorías psicológicas, hay varias,
como las de Wilken, Boas, Wundt y Frazer. Este último, en un primer momento
sostuvo como teoría que el tótem es sentido como un refugio seguro del alma
del primitivo para protegerla de los peligros. Después adhirió a la teoría
sociológica antes indicada, y por último, Frazer buscó identificar la fuente
última del totemismo en la ignorancia de los salvajes acerca del proceso de la
reproducción sexual, especialmente respecto del papel del macho. El totemismo
resulta ser así una creación de la mujer, quien cree que algo (el tótem) la
fecunda y le da hijos. Freud critica esto, diciendo que los salvajes no son tan
ignorantes como para creer en una concepción sexual mágica.
Respecto de las relaciones entre totemismo y
exogamia, hay quienes dicen que ambas instituciones están juntas por azar y que
en realidad son independientes, mientras otros sostienen que la exogamia es una
consecuencia lógica del totemismo. Freud no estará de acuerdo con ninguna de
las teorías expuestas para explicar el origen de la exogamia (es decir, el
origen del horror al incesto).
Freud intentará una teoría de tipo histórico-conjetural,
es decir que supondrá que hace mucho tiempo se produjo un cierto acontecimiento
primordial, a partir del cual puede luego deducirse el horror al incesto.
Tal acontecimiento se relaciona con una hipótesis
darwiniana según la cual los monos superiores vivieron en hordas, dirigidos por
un jefe que acaparaba las mujeres y que por celos impedía la promiscuidad
sexual dentro de su horda. De esta exigencia exogámica vino después el tótem
imponiendo su prohibición del incesto. Otra teoría sostiene lo contrario, al
sostener que la exogamia es consecuencia (y no origen) de las leyes totémicas.
No parece cosa simple unificar ambas concepciones.
Los niños se interesan más por los animales y se
sienten más cerca de ellos que de los adultos, pero sin embargo desarrollan
zoofobias (terror a ciertos animales), y el análisis mostró que tales animales
representaban al padre, en tanto temido oponente de sus intereses sexuales, en
tanto fuente de amenazas de castración. Estos niños también se identifican
con el animal temido, siendo ellos mismos quienes son peligrosos. Encontramos
aquí hasta ahora dos rasgos comunes entre estas zoofobias infantiles y el
totemismo: la plena identificación con el animal totémico, y la actitud
ambivalente de sentimientos hacia él (porque tanto el padre como el tótem son
a la vez temidos y amados). Freud aclara que estas zoofobias aparecen en los niños
varones.
Los mismos miembros del tótem ven en éste a su
antepasado y padre primordial. Este es el núcleo de la explicación psicoanalítica
del totemismo. En efecto, las dos prohibiciones del tótem (no matar al animal
totémico y no cometer incesto) son justamente los dos crímenes cometidos por
Edipo (mató a su padre y tomó por mujer a su madre). Si estos dos deseos no
son adecuadamente reprimidos, darán lugar a la neurosis. Se concluye hasta
ahora: el sistema totemista resultó de las condiciones del complejo de Edipo.
W. Smith destaca como característica universal de
toda cultura los sacrificios en el altar como medio para reconciliarse con la
divinidad o simpatizar con ella. El sacrificio de animales es el más antiguo,
donde estos eran el alimento tanto del dios como de sus adoradores, es decir que
ambos eran comensales del mismo banquete. Se trata de un lazo de unión que debe
repetirse siempre para hacerlo duradero: comer juntos une a la divinidad con sus
adoradores, y a estos entre sí. Matar al animal para el sacrificio sólo se
permite cuando todos lo hacen para ofrendarlo, estando prohibida la matanza
individual. Vale decir, sólo era permitida cuando todos juntos asumían la
responsabilidad. El animal sacrificado era considerado de la misma sangre ( y
por tanto del mismo clan) que los adoradores y el dios divinidad.
El lazo que los une no es entonces simplemente el
banquete, sino el hecho que tanto los adoradores como el dios comían el mismo
animal, con lo cual la vida de este pasaba a morar en la sangre y la carne de
todos ellos. La religión totemista se funda así en la matanza y devoración
periódica del tótem. Consumada la muerte, el animal es llorado y lamentado
compulsivamente por temor a una represalia, pero inmediatamente después viene
un festejo jubiloso donde se liberan todas las pulsiones. El tótem, desde el
psicoanálisis, es el padre, pues hacia él hay sentimientos ambivalentes: se lo
odia (por eso es matado) y se lo ama (por eso es llorado).
Uniendo esto con la hipótesis darwiniana de la horda
primordial, cabe pensar que esta horda es el origen de los sistemas totémicos.
Ello se debe a un acontecimiento que conjeturalmente según Freud tuvo que haber
ocurrido: los hermanos se unieron para darse fuerza y poder matar al jefe de la
horda, severo y celoso. Luego comieron su cadáver para identificarse con él y
que cada uno tuviese un poco de la fuerza del padre. El banquete totémico
recuerda periódicamente este acontecimiento. Pero como los hermanos también
amaban al padre vino luego el arrepentimiento, naciendo así el sentimiento de
culpa en la humanidad, volviéndose el muerto más fuerte de lo que había sido
en vida. Desde esta conciencia de culpa de los hijos varones nacieron las dos
prohibiciones totémicas: no matar al animal totémico, y no tener vínculos
incestuosos con mujeres del mismo clan (ya que era lo que el padre originalmente
prohibía). Ambas cosas fundaron la eticidad del hombre,y mientras la primera
solo tenía su razón de ser en un simple sentimiento, la segunda tuvo además
un valor práctico: la prohibición del incesto impedía que los hermanos se
peleen entre sí por las mujeres de su clan, lo cual implicaba el riesgo de que
apareciera nuevamente un padre tirano y celoso entre ellos. En suma: el psicoanálisis
nos lleva sostener un nexo íntimo y un origen simultáneo entre totemismo y
exogamia.
Es esto también el origen de las religiones. La
comunión cristiana es en el fondo una nueva eliminación del padre, una
repetición del crimen que debía expiarse. El complejo de Edipo está así en
el origen de todas las religiones e instituciones sociales, así como también
en el origen de las neurosis. Los procesos psíquicos en las masas son entonces
asimilables a los procesos psíquicos individuales. La conciencia de culpa
generada por el parricidio primordial no se ha extinguido aún en nosotros. La
hallamos en los neuróticos, quienes actúan en función de una cierta realidad
psíquica (expiar una culpa) y no de una realidad objetiva. Para el neurótico,
como para los primitivos, meros deseos e impulsos tienen el valor de hechos. No
obstante hay diferencia entre unos y otros: el neurótico sustituye las acciones
por pensamientos, y el primitivo convierte los pensamientos en acciones.
Resumen: PC