A PROPOSITO DE UN CASO DE NEUROSIS OBSESIVA
Artículo: Freud S, A propósito
de un caso de neurosis obsesiva (El hombre de las ratas), en Obras Completas,
Amorrortu, 1995.
Introducción
En estas páginas,
Freud se propone: a) hacer algunas comunicaciones fragmentarias del historial clínico
de un caso grave de neurosis obsesiva, cuyo tratamiento llegó a feliz término
antes del año, y b) indicar algunas ideas sobre la génesis y el mecanismo fino
de los procesos obsesivos, como continuación de indagaciones anteriores
publicadas en 1896.
Comprender una
neurosis obsesiva es más difícil que comprender una histeria: el discurso
obsesivo es un dialecto de la histeria, y estos pacientes no suelen someterse al
tratamiento tan fácilmente, haciéndolo cuando los síntomas ya son graves.
I. DEL HISTORIAL
CLINICO
Un joven se
presenta diciendo que tiene representaciones obsesivas desde la infancia, aunque
particularmente intensas desde hace cuatro años. Lo principal son TEMORES de
que le suceda algo malo a su padre y a una dama a quien admira. Además, dice
sentir IMPULSOS OBSESIVOS (por ejemplo cortarse el cuello con una navaja), y
producir PROHIBICIONES, aún relacionadas con cosas indiferentes. Todo ello le
hizo rezagarse en sus estudios universitarios. Su vida sexual fue mas bien
pobre, habiendo tenido el primer coito a los 26 años.
A. La introducción
del tratamiento
Luego de
prescribirle la regla de hablar de cualquier cosa, P relata que tenía un amigo
a quien le preguntaba si él no era un criminal y si por ello no lo desprecia, y
su amigo le aseveraba siempre que no era así. Antes, también tenía otro compañero
que lo elogiaba mucho, pero que luego lo rebajó totalmente, cuando pudo usarlo
para llegar a su hermana, que era quien en realidad le interesaba.
B. La sexualidad
infantil
Enseguida después
de lo anterior, cuenta una escena ocurrida hacia los 4 o 5 años donde le tocó
los genitales a la señorita Peter por debajo de la falda. Desde entonces siente
deseos intensos por ver mujeres desnudas. Recuerda también que a los 6 años
espiaba a la señorita Lina cuando se desnudaba. Hacia los 7 años recuerda de
dicha señorita un comentario hecho delante de otras personas donde lo
menospreciaba en relación con su sexualidad, y P empezó a llorar.
Cuenta también
que tenía erecciones ya a los 6 años y que acudió a su madre para quejarse.
Surgió la idea enfermiza que sus padres sabrían sus pensamientos, cosa
explicable por habérselos declarado sin oírlos él mismo. En esto P ve el
comienzo de su enfermedad. Sentía además que iba a suceder algo malo si veía
mujeres desnudas, (como por ejemplo que su padre moriría), por lo que hacía
toda clase de cosas para impedirlo.
Lo que P marca
como el comienzo de la enfermedad es ya la enfermedad misma: una neurosis
obsesiva con todos sus elementos característicos.
Su deseo de ver
no tiene al principio carácter obsesivo porque no entró en conflicto con el
Yo, que no lo siente como ajeno, pero algo de ello hay por cuanto a dicho placer
acompaña un afecto penoso: 'cualquier' cosa mala puede suceder. Esta imprecisión
es típica de las neurosis, pero detrás de ella se esconde algo muy preciso:
"si deseo ver a una mujer desnuda, mi padre tiene que morir". Frente a
esta idea obsesiva luego instrumentará medidas protectoras.
Así, quedan
configurados todos los elementos de la neurosis:
1) una pulsión
erótica y una sublevación contra ella;
2) un deseo, aún
no obsesivo, y un temor, ya obsesivo, que lo contraría;
3) un afecto
penoso y acciones defensivas contra él.
También
encontramos 4) una formación delirante: que sus padres sabrían sus
pensamientos por haberlos declarado él mismo sin oírlos. Esto revela la
existencia de procesos inconcientes: "digo mis pensamientos sin oírlos"
suena como una proyección hacia afuera de nuestro propio supuesto, a saber, que
él tiene unos pensamientos sin saber nada de ellos, como una percepción endopsíquica
de lo reprimido.
Como toda
neurosis, presenta aspectos absurdos, como por ejemplo porqué debe morir el
padre si en P aparecen deseos concuspicentes. Más adelante Freud intentará
mostrar que detrás del absurdo se enconde una lógica, sólo comprensible si
nos remitimos a las primeras vivencias traumáticas, conflictos y represiones
del paciente, que luego sucumbieron a la amensia infantil, amnesia que termina
en P hacia los 6 años, y por ello es a partir de dicha edad que comienza la
sintomatología.
Recordemos también
que el origen de las neurosis obsesivas no ha de buscarse en la vida sexual
actual (muchas veces normal, vista superficialmente), sino en la vida sexual
infantil y más concretamente en una actividad sexual prematura.
C. El gran temor
obsesivo
P cuenta una
vivencia que fue su motivo de consulta a Freud. Un capitán, que no le gustaba
por su crueldad, le cuenta un castigo donde sobre el trasero de la persona se le
pone un tarro dado vuelta lleno de ratas, que penetran... "por el
ano", completa P. en su relato.
Siente esto como
una fantasía, en la cual se incluye también que dicho castigo lo sufre una
mujer conocida de él a quien admira, así como también su padre (aún cuando
éste había muerto hacía años). De esta fantasía se defiende pensando que
será sancionado si fantasea lo descripto.
Al día
siguiente del encuentro con el capitán, relata que alguien retiró por él unos
quevedos que había pedido por correo, por lo que debía reembolsarle el dinero
(3,80 coronas). Enseguida pensó: "si devuelvo el dinero se cumplirá la
fantasía de las ratas en la mujer y en mi padre". Frente a este impulso de
no devolver el dinero, P implementó toda una serie de tortuosas acciones
destinadas a devolverlo a pesar de todo, es decir, quería oponerse al impulso
de no devolverlo. Sólo en un tercer relato P empezó a aclarar estos recuerdos.
En la misma sesión
expuso también sus argumentos en relación con sus actuales creencias (hasta
sus 14-15 años había sido muiy religioso): "como no podemos conocer nada
del más allá, no arriesgamos nada, por lo tanto, hazlo", que se puede
traducir como creer por las dudas, aunque no por fe.
En la tercera
sesión relata una serie de conductas y justificativos incomprensibles y
disparatados, derivados de su obsesión por cumplir el juramento de pagarle a A
la deuda. En P oscilan impulsos contradictorios de igual fuerza y por ello tiene
muchas cavilaciones y dudas y no puede decidir, dejando que lo haga cualquier
acontecimiento fortuito.
D. La introducción
en el entendimiento de la cura
Un AUTORREPROCHE
OBSESIVO: un año después de fallecer su padre y en ocasión de la muerte de
una tía política, en P. se
intensifican enormemente los reproches de no haber estado presente cuando su
padre murió, por lo que se siente un criminal. Este sentimiento puede parecer
desmedido en relación con la situación, pero hay que entender que se ha
producido un falso enlace a partir de una representación original, que es la
que hay que averiguar. Por lo demás, P. también espera encontrar a su padre en
diferentes sitios, cosa que forma parte del normal trabajo de duelo.
En la sesión
siguiente y ante un comentario de P, Freud le indica que el efecto curativo pasa
por descubrir el contenido ignorado al cual pertenece el reproche y la culpa, es
decir, por unir conciente (la persona ética) e inconciente (el mal). P intuye
acertadamente el vínculo de lo inconciente con lo infantil. Freud le confirma
esto diciendo que lo inconciente es aquella
parte de la persona que una vez reprimió (suplantó) y no acompañó su
ulterior desarrollo. P se pone contento cuando Freud le da un buen pronóstico
por su edad y por lo intacto de su personalidad.
En la sesión
siguiente relata un hecho acaecido a los doce años, cuando le acudió la idea
de que una niña conocida le demostraría amor si a él le ocurría una
desgracia: la muerte de su padre. A propósito de esta IDEA OBSESIVA, hablando
con Freud, P se asombra diciendo que esta muerte no es un deseo sino un temor.
Freud le dice que su intenso amor al padre es la contrapartida del odio
reprimido hacia él: conciente e inconciente son opuestos. Es el mismo amor que
impide al odio mantenerse conciente. Este odio no es, no obstante, destruído
pues está unido con una fuente u ocasión, que son los apetitos sensuales a raíz
de los cuales ha sentido al padre como perturtbador, siendo el conflicto entre
sensualidad y amor infantil algo típico; na prematura explosión sensual
determinó una gran contención de ella. El deseo de eliminar al padre como
pertubador es muy antiguo, y anterior al sexto año, que es cuando se instala el
recuerdo en forma continuada. Con esta construcción concluye provisionalmente
la elucidación.
En la séptima
sesión, P retoma el mismo tema, y dice no poder creer que alguna vez haya
tenido deseos de eliminar al padre. Refiere a continuación una acción criminal
que recuerda haber cometido pero al mismo tiempo no concibe que la haya hecho:
fue cuando disparó contra su hermano, de quien tenía muchos celos por ser el
preferido. Freud arguye que es probable que haya ocurrido lo mismo mucho antes
con su padre, pero no lo recuerda. Lo que sí recuerda son fantasías de
VENGANZA contra una dama que no le correspondía. En todas estas fantasías tambíén
aparece el rasgo de la COBARDIA, que a él le parece horroroso: la venganza y la
cobardía son mociones infantiles, surgidas antes de la aparición de una ética.
P dice que la
enfermedad se acrecentó luego de la muerte de su padre: el duelo por él es la
principal fuente de la intensidad de la enfermedad, y halló en esta su expresión
patológica (un duelo normal no tiene, como aquí, duración ilimitada).
Hasta aquí
queda relatada la parte expositiva del tratamiento, que abarcó unos once meses.
E. Algunas
representaciones obsesivas y su traducción
Las
representaciones obsesivas aparecen inmotivadas o bien sin sentido, y para
aclararlas debemos hacer una traducción de ellas. Esto se consigue relacionándolas
con el vivenciar del paciente, o sea explorando cuándo emergió por vez primera
dicha IDEA OBSESIVA, y bajo qué circunstancias externas suele repetirse.
Accedemos así a su significado, su génesis y su origen pulsional.
Un ejemplo es el
IMPULSO SUICIDA de P, consistente en la idea de cortarse el cuello con una
navaja. El nexo de esta idea con el vivenciar del paciente fue este: la idea le
vino cuando su amada no estaba pues debía cuidar a la abuela. Por tanto, la
abuela le impedía ver a la amada, y le vinieron ganas de matarla. Frente a este
impulso muy censurable pensó entonces matarse él mísmo por semejantes
pensamientos, utilizando aquí una defensa contra el impulso reprobable: la
INVERSION, pues la acción de matar se volvía contrá él.
Otro ejemplo es
una IDEA OBSESIVA: debía adelgazar porque estaba muy gordo, con lo cual no comía
y hacía ejercicios. Tal idea le vino cuando la mujer que él apetecía estaba
en compañía de un primo de nombre Richard (que significa gordo). Como en el
caso del impulso suicida, vemos también aquí un impulso destructivo hacia el
primo, del cual se defendía imponiéndose el autocastigo de adelgazar.
Encontramos en P
otras ACCIONES OBSESIVAS: ponerle la capa a su amada para que no le pase nada
(compulsión protectora), contar hasta 40 o 50 entre rayo y trueno, y quitar una
piedra para que al carruaje que llevaba a la mujer no le pasara nada. Frente a
esto último, se vio obligado a volver a poner la piedra en su lugar, por juzgar
su anterior acción ridícula. Tras la partida de ella, se apoderó también de
P la obsesión por comprender cada sílaba de lo que cualquiera le dijera.
Todos estos
productos dependen de un episodio en relación con su amada. La compulsión de
comprender derivaba de querer entender ciertas actitudes de ella hacia él, y
que P desplazó a otras personas. La compulsión protectora era una reacción
frente a una moción hostil hacia la amada, y la de contar es una defensa contra
temores que significaban peligro de muerte. Asimismo, sacar y poner la piedra
expresan también esta fuerte ambivalencia hacia la amada: cuidarla (amor) y
destruírla (odio).
Tales acciones
obsesivas en dos tiempos, donde el primero es cancelado por el segundo, es típico
de la neurosis obsesiva, y expresan el amor y el odio, dos mociones de
intensidad casi igual (a diferencia de la histeria, donde se mata dos pájaros
de un tiro incluyendo ambos opuestos en una sola figuración). El paciente no ve
la relación entre ellas y las justifica mediante una RACIONALIZACION.
En P, el
conflicto amor-odio se expresa también en sus plegarias y en un sueño que
trajo a sesión. Tal ambivalencia se manifestaba especialmente con su amada, a
quien por momentos quería y por momentos pensaba que ella no valía la pena, o
bien tenía fantasías de venganza hacia ella, muchas veces escondida en fantasías
de ternura.
F. El
ocasionamiento de la enfermedad
Un día P relata
al pasar un episodio donde puede verse el ocasionamiento de la enfermedad, o al
menos su ocasión reciente, hace seis años atrás. Esto ocurre en la neurosis
obsesiva, porque en la histeria las ocasiones recientes sucumben a la represión
y no se recuerdan: el neurótico obsesivo, en vez de olvidar el trauma, le quitó
investidura de afecto quedando como secuela un contenido indiferente y
considerado inesencial. Así, el neurótico obsesivo tiene noticia de su trauma
pues no lo olvidó, pero no tiene noticia porque no discierne el significado de
lo recordado.
Por eso,
enfermos obsesivos con autorreproches anudan sus afectos a ocasionamientos
falsos, sin comprender el significado de los primeros. Cita Freud el caso de la
persona que no sentía escrúpulos en sus contactos sexuales con señoritas,
pues los había desplazado al aseo de los billetes. Con tal desplazamiento
consigue una ganancia de la enfermedad: puede obtener satisfacción sexual.
Freud describe
seguidamente el ocasionamiento de la enfermedad de P. Su padre había intentado
casarse con una mujer pobre, pero luego optó por una rica, lo que le permitió
progresar en su trabajo. Este conflicto se reactualiza en P cuando siendo más
grande debe optar por elegir a su amada pobre o a otra muchacha rica que le habían
seleccionado sus parientes. Tal conflicto, que era entre su amor y el continuado
efecto de la voluntad paterna, lo solucionó enfermando: empezó a andar mal en
los estudios y en el trabajo. Este resultado de su enfermedad se halla entonces
en el propósito (o motivo, causa u ocasionamiento) de ella. Sólo más tarde P
pudo comprender que ello se originaba en el plan matrimonial que tenía su
familia para él, cuando estableció una relación transferencial donde Freud
era el padre y cierta chica que había visto en su casa era una hija rica que le
ofrecía. Un sueño ilustra esto: "se ve ante sí a mi hija, pero tiene dos
emplastos de excrementos en lugar de ojos", lo que se traduce como "se
casa con mi hija, no por sus lindos ojos, sino por su dinero".
G. El complejo
paterno y la solución de la idea de las ratas
Del
ocasionamiento de la enfermedad mencionado en sus años maduros, un hilo nos
lleva a la niñez de P. El conflicto entre la voluntad del padre y su inclinación
enomarada es antiguo y primordial, planteándose ya desde los años infantiles
del paciente.
Algo del orden
de la sexualidad se interponía entre padre e hijo: el padre había entrado en
oposición con el erotismo del hijo, tempranamente despertado. Sus ideas
obsesivas infantiles se ven cuando años después de morir el padre, el hijo
experimenta el placer del coito por vez primera exclamando "Esto es
grandioso. A cambio de ello uno podría matar a su padre". El padre había
desaconsejado a su hijo la compañía de la dama que quería.
P empezó su
quehacer onanista hacia los 21 años, poco tiempo después de la muerte de su
padre, pero, avergonzado por ello, lo practicó luego sólo en muy contadas
ocasiones, o sea: había una prohibición pero también podía oponerse a ella.
Luego de
fallecido, P fantaseaba con que aparecería su padre de noche: así lo alegraba
pues lo encontraría estudiando, pero también lo desafiaba porque entonces tenía
el impulso de verse en el espejo el pene desnudo. Vemos aquí nuevamente la
ambivalencia hacia el padre, similar a la mostrada en relación con su amada en
el episodio de la piedra.
En base a estos
datos, Freud aventura una construcción: de niño, a los 6 años, su padre le
había prohibido el onanismo, lo que acentuó su odio hacia él al perturbarle
el goce sexual. El paciente recuerda, en efecto, una escena donde su padre le
había hecho una reprimenda y él lo había desafiado e insultado. Ante la
magnitud de esa ira, desde entonces se volvió cobarde, y sentía gran angustia
ante situaciones de violencia.
P refiere que su
madre recuerda que fue castigado entre los 3 y 4 años por haber mordido a
alguien, presumiblemente a la niñera, aunque ella no le dio una connotación
sexual.
Poco a poco el
paciente comprendía que se había instalado desde una época muy temprana una
ira contra su padre amado, devenida luego latente. Transferencialmente se
comportaba con Freud como lo había hecho con su padre: lo insultaba, lo
apreciaba, temía que le pegara, etc.
Poco a poco quedó
así el camino abierto para comprender la representación de las RATAS.
Recordemos que P había reaccionado violentamente a dos dichos del capitán
checo: la tortura de las ratas, y su reclamación de devolver el dinero a A: algún
contenido inconciente habrá sido tocado.
P se había
identificado con su padre, también militar. Las palabras del capitán
"Debes devolver el dinero al teniente A" le sonaron como una alusión
a una deuda que una vez contrajo su padre, y que había quedado impaga. El padre
había pedido dinero pues lo perdió jugando a las cartas
("spielratte" es jugador empedernido o rata de juego).
En cuanto a la
representación del castigo con las ratas, ésta despertó pulsiones y recuerdos
varios en el breve intervalo entre el relato de ese castigo y la reclamación
del dinero, y aún después, y que adquirieron varios significados simbólicos.
Las ratas equivalían para P a gusanos, a penes y a hijos. La relación
rata=pene lleva a que el castigo era una repesentación del coito anal, y la
relación rata=hijo lleva a pensar que la rata era una representación de sí mísmo
pues él, como las ratas, había mordido a alguien y era perseguido y castigado
por ello. P sintió, cuando el capitán contó el castigo, que este era su padre
que lo amenazaba con el mismo. También hay una relación con la dama con quien
iría a casarse (heiraten) y con quien no podía tener hijos pues había sido
operada de los ovarios.
El castigo de
las ratas, donde estas entran en el ano, es una inversión defensiva, una
desfiguración de la entrada de las ratas=penes en el ano, fantasía basada a su
vez en dos teorías sexuales infantiles: que los hijos salen por el ano, y que
los varones pueden tener hijos como las mujeres. P había blasfemado como su
padre y su amada, a quienes amaba. Esto pedía un castigo: imponerse una
juramento imposible de cumplir, o sea, devolver el dinero a A. En el fondo de
todo esto parece estar el conflicto entre obedecer al padre y permanecer fiel a
su amada.
II. SOBRE LA
TEORIA
A. Algunos
caracteres generales de las formaciones obsesivas (1924)
La definición
de 1896 de representaciones obsesivas como reproches mudados o disfrazados que
retornan de la represión y están referidos a una acción sexual infantil
placentera, peca por demasiado unificadora y está basada en datos de enfermos
obsesivos. En realidad es mejor hablar de un PENSAR OBSESIVO, que puede abarcar
deseos, tentaciones, impulsos, reflexiones dudas, mandamientos y prohibiciones.
En la lucha
defensiva secundaria que el enfermo libra contra las representaciones obsesivas
que aparecen en su conciencia se producen formaciones que podemos denominar
DELIRIOS: no son argumentos puramente racionales contrapuestos al pensamiento
obsesivo sino una variedad de ambos, configurando un pensar patológico. Por
ejemplo, P no dejó de ver su pene en el espejo por pensar qué diría su padre
si lo viera, sino por pensar que si volvía a hacer eso, a su padre le pasaría
algo malo en el más allá.
Los enfermos
desconocen el significado de sus representaciones obsesivas, pues estas están
desfiguradas por la lucha DEFENSIVA PRIMARIA, y el pensar conciente ve en ella
simplemente un malentendido. Este malentendido se ve no sólo en las ideas
obsesivas mismas, sino también en los productos de la lucha DEFENSIVA
SECUNDARIA, como por ejemplo en las fórmulas protectoras (la distinción entre
defensas primarias y secundarias es la misma que aparece en 1896: "Nuevas
puntualizaciones...").
No todas las
ideas obsesivas de P eran de tan compleja edificación como la de la
representación de las ratas. También hay desfiguraciones por omisión, las
llamadas ELIPSIS, donde se omite un razonamiento intermedio. Por ejemplo, cuando
el paciente dice "si yo me caso con la dama, a mi padre le sucederá una
desgracia", ello debe traducirse como "si me caso con la dama y mi
padre viviera para saberlo, se enojaría tanto que yo volvería mi ira contra él
y lo mataría".
B. Algunas
particularidades psíquicas de los enfermos obsesivos; su relación con la
realidad, la superstición y la muerte
Trata Freud aquí
algunos caracteres típicos de los enfermos obsesivos: la superstición, la
incertidumbre o duda, la omnipotencia, y la actitud frente a la muerte.
1) Superstición:
El paciente P oscilaba entre dos opiniones: cuando surgía una obsesión, ridiculizaba su credulidad supersticiosa
en ella, pero cuando no podía explicar una compulsión vivenciaba las más
raras contingencias que justificaban su crédula convicción. Entonces, no era y
era supersticioso al mismo tiempo, aunque su cultura le impedía creer en
vulgaridades como el número 13, etc, aunque creía en sueños proféticos o
signos premonitorios que, a modo de 'milagros', le permitían anticipar
situaciones que luego efectivamente ocurrían, sólo que por obra y gracia de
trampas mentales.
La superstición
es explicable en la neurosis obsesiva: aquí la represión no ocurre por amnesia
sino por desconexión de nexos causales por sustracción de afecto.Tales vínculos
reprimidos son proyectados en el mundo exterior, adjudicándoles así una virtud
admonitoria.
2) Incertidumbre
o duda: Es otra necesidad del enfermo obsesivo, emparentada con la anterior. La
duda le sirve a todo neurótico para sacarlo de la realidad y aislarlo del
mundo: por ejemplo, P era hábil para evitar cualquier información que lo
obligase a convencerse de algo, con lo que podía seguir en la duda. Los temas
elegidos suelen ser los que son dudosos para todo el mundo, como la filiación
paterna, la duración de la vida, qué pasa luego de la muerte, etc., cosa que
usa cada enfermo para la formación de su síntoma.
3) Omnipotencia:
los pacientes obsesivos sobreestiman el poder de sus pensamientos y
sentimientos, de sus buenos y malos deseos, en la creencia que realmente ejercerán
efectos. Esto proviene de la antigua manía infantil de grandeza. Por ejemplo, P
relata que deseó que a un profesor de diera un ataque de apoplejía, cosa que
ocurrió después. En otra ocasión, fue rechazado por una señorita y más
tarde ésta 'como castigo' se tiró por la ventana, haciéndose entonces
reproches por ello. De estas formas se convenció de la omnipotencia de sus
sentimientos de amor y odio.
Estos enfermos
sobreestiman el efecto de sus sentimientos hostiles sobre el exterior porque
gran parte del su efecto psíquico interiir escapa a su conocimiento conciente.
Su amor, o mejor su odio, son realmente hiperpotentes pues crean, justamente,
aquellas ideas obsesivas cuyo origen no comprende y de las que se defiende sin
éxito.
4) Actitud ante
la muerte: Los temas de la muerte, el más allá, la posibilidad de la muerte de
otros, habitualmente seres queridos, y la duración de la vida están siempre
presente en el neurótico obsesivo, y todo ello influye sobre sus pensamientos y
fantasías. Necesitan de la posibilidad de muerte para solucionar los conflictos
que dejan sin resolver, ya que siempre posponen decisiones.
C. La vida
pulsional y la fuente de la compulsión y la duda
Para conocer las
fuerzas psíquicas que edifican la neurosis de P, debemos remontarnos a las
ocasiones de su enfermedad en la madurez y en la infancia. En la madurez: cuando
se vio tentado de casarse con una muchacha a la que no amaba, evitando decidir
sobre ello y posponiendo para ello todas sus actividades. En la infancia: la
oscilación entre la amada y la otra puede reducirse a la elección conflictiva
entre el padre y el objeto sexual acontecida, según los recuerdos y ocurrencias
obsesivas, en la primera infancia.
La relación de
P con el padre era ambivalente, lo mismo que la relación con su amada. P no tenía
conciencia concretamente de su hostilidad hacia el padre: en esta represión del
odio infantil hacia el padre encontramos la raíz del desarrollo ulterior de la
neurosis.
Ambos conflictos
de sentimientos están anudados: el odio contra la amada se sumó a la fidelidad
al padre, y a la inversa.
Sin embargo,
ambas corrientes conflictivas (oposición padre-amada, y, por otro lado,
amor-odio dentro de cada una de ellas) no tienen entre sí nada que ver ni por
su contenido ni por su génesis.
El conflicto
padre-amada es reducible al conflicto de elección amorosa entre hombre o mujer,
lo que encuentra su solución aún valorizando un sexo a expensas de
desvalorizar al otro.
En cambio el conflicto amor-odio nos resulta extraño,
porque si bien normalmente se resuelve triunfando uno de los dos, en el caso de
P vemos que persiste sin resolver: el amor y el odio se mantienen con igual
intensidad por mucho tiempo. El amor no pudo extinguir el odio, sino enviarlo a
lo inconciente donde, libre de la censura, pudo conservarse y aún crecer. Así,
el amor conciente crece para mantener reprimido el odio. Esta división ocurrida
en la infancia temprana con represión de una de las partes -por lo compún el
odio- sería la condición para esta sorprendente constelación de la vida
amorosa.
Las conductas
descriptas de amor y odio son típicas de la neurosis obsesiva, aunque ese odio
sofocado por el amor es también importante en la histeria y la paranoia, por lo
que el problema de la 'elección de neurosis' no pasa por allí.
Freud arriesga
una hipótesis: en los casos de odio inconciente, el componente sádico del amor tuvo un desarrollo intenso que produjo
una sofocación prematura y radical, lo que explica la ternura conciente
intensificada como reacción por un lado, y por otro el sadismo inconciente que
sigue produciendo efectos como odio.
Ambas tendencias
son intensas y opuestas y el neurótico obsesivo, mediante el uso del
desplazamiento, hace que su incapacidad para decidir vaya extendiéndose cada
vez más a toda su vida. Expliquemos ahora el porqué de la duda y la compulsión.
La DUDA
corresponde a la percepción interna de la indecisión en sus actos deliberados,
como consecuencia de la inhibición del amor por el odio. Es una duda en cuanto
al amor que se ha desplazado a todo lo demás, aún a lo ínfimo e indiferente.
Es la misma duda
que lleva a la incertidumbre sobre las MEDIDAS PROTECTORAS y su repetición
continuada para desterrarla (para el enfermo la medida protectora nunca es
eficaz y siempre debe repetirla), y que torna a tales medidas protectoras tan
incumplibles como la original decisión de amor.
La COMPULSION es
un intento por compensar la duda y rectificar la insoportable inhibición en
ella implicada. Si por fin se logró, desplazamiento mediante, resolver algún
designio inhibido, es fuerza que este se ejecute, aunque no sea el original. Se
exterioriza así en MANDAMIENTOS y PROHIBICIONES ya que es ora el impulso
tierno, ora el hostil el que busca ese camino para la descarga. Si el
mandamiento obsesivo no se cumple la tensión es insoportable y se percibe como
angustia. Pero el camino mismo hacia la acción sustitutiva desplazada a algo ínfimo
es disputado con tanto ardor que, casi siempre, aquella acción sólo puede
imponerse como una MEDIDA PROTECTORA en
estrecho empalme con un impulsos sobre el que recae la DEFENSA.
Se dan también
dos REGRESIONES: del actuar al pensar, y del amor objetal al autoerotismo.
Respecto de la
primera, el pensar sustituye a la acción y, en vez de una acción sustitutiva,
se impone compulsivamente algún estadio que corresponde al pensamiento previo a
la acción. Según la intensidad de la regresión, podrá prevalecer el pensar
obsesivo (REPRESENTACION OBSESIVA) o el acto obsesivo.
La primera
regresión es también promovida por la temprana emergencia de las pulsiones
sexuales de ver y saber: cuanto más prevalezca la pulsión de saber, el CAVILAR
más se convertirá en el síntoma principal de la neurosis: el sujeto obtiene
ahora placer en el mismo acto de cavilar, más que en el contenido del
pensamiento.
Las acciones
obsesivas resultan de una formación de compromiso entre dos impulsos que se
combaten mutuamente. Se asemejan así a las acciones sexuales autoeróticas,
llegándose así a actos de amor pero, mediante una nueva rergresión, no son
dirigidos al otro objeto de amor y odio sino a acciones autoeróticas como las
infantiles.
Una palabra
respecto a lo COMPULSIVO. Compulsivos se vuelven aquellos actos de pensar que, a
consecuencia de la inhibición de los opuestos en el extremo motor de los
sistemas del pensar, se realizan con un gasto energético normalmente destinado
a realizar la acción. O sea, el pensar reemplaza regresivamente a esta última.
Pero el
pensamiento obsesivo debe ser asegurado contra los empeños disolventes del
pensar conciente, protección que se logra mediante la DESFIGURACION
experimentado por el pensamiento obsesivo
antes de devenir conciente. Sin embargo hay otro medio, el AISLAMIENTO, mediante
el cual se interpola un intervalo entre la situación patógena y la idea
obsesiva subsiguiente, lo cual despista la investigación causal del pensar
conciente. Además, el contenido de la idea obsesiva es desasido, por
GENERALIZACION, de sus referencias especiales.
Cabe también
incluír en la génesis de la neurosis, a juzgar por ciertos comportamientos de
P, un placer de OLER sepultado desde la infancia, y muy relacionado con la pulsión
sexual.
En suma: lo que
distingue a la neurosis obsesiva de
la HISTERIA no debe buscarse en la vida pulsional sino en las constelaciones
psicológicas descriptas. Nuestro paciente P estaba fragmentado en tres
personaliades: una inconciente y dos preconcientes, entre las cuales oscilaba su
conciencia. Por ejemplo P tenía una faceta reflexiva y jovial, y otra ascética
y supersticiosa, ambas preconcientes. El inconciente por su lado abarca las
mociones apasionadas y malas tempranamente
sofocadas. Resumen: P.Cazau