En los hombres
se expresa en una fase unitaria correspondiente a la segunda edad de la
obstinación, la cual es un conjunto de formas de comportamiento en el trato
social negativas, caracterizadas por la indiferencia al hogar, la insubordinación
a la autoridad y el mal genio. En los hombres se expresa en formas agresivas,
constituyendo la edad del pavo, que dura 2 o tres años; en las mujeres, se
muestra como aislamiento que da origen a la fase negativa, que dura entre 6
meses a un año.
En
la prepubertad se producen variadas transformaciones corporales. Los signos de
la maduración comienzan a presentarse en las niñas a los diez años y medio
con el crecimiento de los pezones, el redondeamiento de las caderas y el
nacimiento del vello pubiano y axilar; en los hombres, los cambios comienzan a
los 11 años con el agrandamiento de los testículos, el alargamiento del
escroto y del miembro viril y la aparición de vello en los genitales. El
principal signo del segundo cambio configuracional es el gran crecimiento en
altura (8-10 cm. por año), que se produce asincrónicamente - se lleva a cabo
primero en las extremidades - lo que lleva a la disarmonía pubescente: tronco
corto y estrecho, junto a piernas muy largas, manos y pies muy grandes y rasgos
faciales toscos. Concomitante a la disarmonía externa encontramos la disarmonía
motora.
El
prepúber presenta una gran labilidad en su comportamiento, que fluctúa entre
los polos de una gran actividad y de la pereza. El rendimiento general, tanto en
lo académico como en lo físico, experimenta un importante deterioro. Es
característico el afán de experiencias (exploraciones, aventuras, viajes), que
si no es satisfecho, es reemplazado por el fantasear. Al terminarse los estímulos,
el prepúber cae fácilmente en el aburrimiento. La dirección de los impulsos
no está muy determinada, por lo que la actividad se diluye en variadas
activades: de vez en cuando, la acumulación de tensiones puede provocar
violentas acciones en corto-circuito
Esta
es una fase de desintegración psicológica, donde la disarmonía íntima es
producto del choque de las tendencias del pubescente(introspección) con las del
niño mayor(extraversión).
En
las funciones de orientación encontramos el paso del pensar intuitivo concreto
al abstracto conceptual y del uso de la memoria mecánica al de la memoria lógica
discursiva, que exige la comprensión de los contenidos aprendidos.
El
impulso sexual se diferencia del resto de la vida psíquica y cobra
independencia que rompe la estructura psíquica del niño. Este impulso se
manifiesta de una más abierta y más centrada en lo genital en los varones, en
tanto en las mujeres su presencia es más difusa y atada a la ternura; esta
propiedad difusa del impulso sexual en la mujer la hace más vulnerable a caer
en el extravío sexual si tiene experiencias desfavorables.
El
conocimiento sobre el tema sexual puede provocar desasosiego en el joven, que
tenderá a aislarse. La educación sexual deberá realizarse de manera
paulatina, abarcando la integridad del ser humano y de forma individual.
La
inseguridad con respecto al objeto del impulso sexual hace caer a los jóvenes
en la masturbación o en la homosexualidad, que si son enfocadas por los
educadores con el criterio adecuado, constituián sólo una fase pasajera dentro
del desarrollo.
Entre
las motivaciones más importantes de esta etapa encontramos el afán de poder,
de renombre y de crítica, todos ellos intentos por suplir la pobreza interior y
sobresalir por sobre el resto; el afán de independencia, que generalmente se
realiza en contra de la casa paterna y el afán fluctuante por la compañía y
por el aislamiento, de acuerdo a las condiciones fluctuantes del ánimo.
Los
sexos se separan a esta edad. Las mujeres tienden a aislarse, en tanto los
hombres se juntan para el juego, viviendo lejos de los adultos, con reglas
propias de solidaridad y regulaciones definidas.
El
suicidio se produce con peculiar cuantía en la prepubertad, como producto de
una constitución psíquica débil o como efecto de la falta de confianza en las
relaciones familiares del joven,
Los
extravío más frecuentes en esta edad son en el hombre, el robo, y en la mujer,
el de tipo sexual.
El
sentimiento se presenta muy excitable y lábil, por lo que está etapa es
caracterizada como emocional. El estado de ánimo es oscilante, se presenta una
alta disposición al miedo y una alta reactividad a los estímulos.
La
atención se dirige hacia sí mismo, y la autovaloración oscila entre el
narcisismo y el complejo de inferioridad.
Se
produce un cambio en los valores; se desmorona el mundo de los valores
infantiles - indeferenciado y dependiente de la autoridad -,para dar paso a la
consciencia personal.
Segunda
versión
Para comenzar,
Remplein plantea que la prepubertad es la edad de la obstinación y del segundo
cambio configuracional. Esta etapa se presenta en los hombres como un período
unidireccional, en cambio en las mujeres, se destacan 2 subetapas. La primera se
caracteriza por rasgos positivos (de la última infancia) y la segunda, por
rasgos negativos (acercamiento de la pubertad). En la mujer se produce
mutabilidad del actuar, se torna sumisa, inquieta, sensible. Estos aspectos
negativos dan nombre a la "fase negativa" Sobre las transformaciones
corporales de la pubertad, se producen variaciones que tendrán incidencia en la
adquisición de madurez. Se producen las diferencias físicas entre sexos, así
como crecimiento en la altura, en el que se pueden obtener hasta 8 o 10 cm. por
año. Este crecimiento conlleva una disarmonía pubescente, debido a la alteración
de las proporciones corporales. Pero se debe destacar que las disarmonías que
se producen, afectan a los jóvenes en diferentes intensidades, dependiendo por
ejemplo del sexo y de la diferencia constitucional. Esta es una fase de
transformación y desfiguración. A su vez, esta disarmonía corporal se traduce
en una disarmonía de la configuración motora, tanto de la conducta
inconsciente como de la consciente; se da un desequilibrio en los gestos, una
descomposición de los movimientos. Tropiezan con sus propias piernas, no saben
dónde colocar sus manos. En el hombre comienza el cambio de voz. Característica
de esta etapa es la alternancia entre polaridades, por ejemplo:
travesuras-relajamiento, osadía-timidez, etc. Se produce un desarme de la
conducta, una desorganización de la actividad, de las fuerzas. Se presenta una
tendencia al comportamiento negativo y extremo, por lo que se ha designado a
esta etapa "edad de la obstinación". Los hombres se inclinan a la
irritabilidad y las mujeres a la falta de iniciativa y negativismo. La
inestabilidad, negativismo y laxitud llevan a una baja preocupante en el
rendimiento escolar y hacia la familia. Los jóvenes tienden a una mayor fatiga
psicofísica. Se debe evitar el exceso de trabajo en esta edad; ya que además,
el niño presenta una labilidad neurovegetativa. Se produce una desintegración
y transformación psicológicas, ya que el joven debe aprender a lidiar con dos
tendencias: la de niño mayor y la de pubescente. Se acrecienta la importancia
del despertar sexual. Se contraponen una activa extraversión y una introversión
pasiva. El desequilibrio interior que se produce, no se da de la misma forma en
todos los jóvenes, dependiendo de los tipos constitucionales armónicos, del
medio ambiente, etc. Es una fase de cambio en la estructura psíquica. Se da una
transformación del pensar intuitivo concreto en pensar abstracto; una mayor
facultad de abstracción. Se abre el mundo de lo posible, se relaja la facultad
de concentración. Se desarrolla el pensar técnico-constructivo como una forma
particular de talento técnico, además de la memoria lógico-discursiva. Existe
un gran desarrollo de las representaciones y de la memoria intuitiva; se
presentan fenómenos eidéticos en un alto porcentaje de éstos jóvenes.
Encontramos muy a menudo la conducta del fantaseo, cuyos resultados son
celosamente guardados por sus creadores. La fantasía permite la fácil
satisfacción suplente de los deseos frustrados, ya que la realidad le exige
mucho o no le permite realizar ciertas acciones. Sobre los impulsos, se presenta
una inquietud instintiva, no se sabe lo que se quiere y se da una avidez de
experiencia además de una inclinación a la exageración y un aburrimiento
extremo. En el caso del impulso sexual (el cual es denominado "fuerza demoníaca"
por Remplein), se desarrolla la líbido y un deseo indiferenciado de placer. Se
presentan apetito e interés sexual. En el hombre, el impulso se da de manera más
cruda que en la mujer, en la cual el deseo sexual no es frecuente(¿); y que por
lo demás, tiende a unir lo sexual con necesidades anímicas y vivencias psíquicas.
El o la joven rechaza al sexo opuesto, pero al mismo tiempo siente una tremenda
curiosidad hacia él.. Con relación a la iniciación sexual, se impone miedo y
consternación ante la responsabilidad. La iniciación sería necesaria para
ayudar al joven a "encontrar su camino". Debe ser paulatina y
profunda, remarcando la importancia del amor en lo sexual. Dado que la tensión
psíquica llega a su límite, se desahogaría mediante la masturbación, la cual
más allá de esta edad es condenada como inmoral (¿), lo cual daría paso a
sentimientos de culpabilidad por parte de quien la practica. Sobre la
homosexualidad, que en este texto es tomada como una desviación, una conducta
sin amor ni sentimientos entre quienes la practican, el educador puede tener un
papel de "encaminador". En el prepúber se desarrolla un afán de
emancipación y libertad de los padres; se presentan conflictos serios en el
seno familiar, si es que este existe. Cada sexo reacciona de diferente forma a
este punto. Debe presentarse una educación mediadora, perseverante y coherente.
Existe una gran discrepancia entre el mundo exterior y el interior del joven;
Contradictoriamente se producen afanes de convivencia, compañía y de una
introversión pasiva con tendencia al aislamiento. Los
jóvenes intentan hacerse ver y valer. Si los padres o la persona a cargo del
joven pierde el control sobre éste, el joven puede caer en extremos como huídas,
crimen, vagabundeo suicidio, extravíos, asesinatos, etc. El joven comienza a
interesarse en actividades como el coleccionismo, la cual realiza rigurosamente.
Se desarrolla un "querer" sin directriz, expresado en una mayor
voluntad de acción. Se presenta una propensión al miedo, el cual se disfraza
de arrogancia y osadía. Aumenta la predisposición a las emociones y a la
obstinación; la sensibilidad, vulnerabilidad e irritabilidad. La vergüenza está
relacionada con acciones que se consideran "prohibidas e inmorales";
afectando principalmente a las mujeres, por lo cual "debe fomentarse el
sentimiento de pudor". Se desintegra el mundo valorativo infantil para dar
paso al de la madurez, por lo tanto se toman las normas valóricas aplicadas por
los adultos. Los valores serían subjetivos y lábiles en esta etapa. Comienza a
aparecer la conciencia personal. En relación al sentimiento religioso, se
tiende a desarrollar uno personal, ya que la incomprensión por parte de los
padres, asumida por el joven, lo llevaría a acercarse a Dios.