Informe realizado por Javier Ardouin, Claudio Bustos y Mauricio Jarpa
(1998)
En este trabajo nos abocaremos a presentar, de forma
breve, el tema del conflicto básico, o conflicto central interno, el cual es
planteado por Karen Horney dentro de su estudio de la neurosis y sus
distintos aspectos.
En una primera parte de este trabajo nos dedicaremos a describir el conflicto
neurótico a través de una comparación con el conflicto normal al que se
enfrenta el individuo sano; además, realizaremos una pequeña descripción de
su causa, la cual es la existencia de las tendencias neuróticas. También
veremos la forma en la cual se expresa este conflicto, tanto en sus síntomas
como en sus expresiones conductuales, lo cual nos permitirá ver las
consecuencias que tiene este fenómeno mental en la vida del individuo neurótico,
para luego detallar las consecuencias que tienen los conflictos sin resolver
para el individuo neurótico: miedos, empobrecimiento de la personalidad,
falta de esperanza y tendencias sádicas.
En un ultimo punto estableceremos una discusión acerca de las características
generales de la teoría del conflicto básico de Horney , incluidos aciertos y
limitaciones de esta, junto con el resumen de este trabajo.
Abordaremos el tema del conflicto básico de una forma breve dedicándonos,
especialmente, a describir las consecuencias principales del conflicto en la
vida del neurótico, sin ahondar en la génesis de este conflicto, ni en
las tendencias que lo originan.
La teoría presentada por Karen Horney, sobre el conflicto neurótico, se
enmarca dentro del modelo de la personalidad psicoanalítico, y dentro de este
en la rama culturalista, ya que Horney, considera como principal, y último
determinante de la neurosis, las condiciones culturales en las que vive el
individuo mas que una deficiencia en el control de los instintos.
El conflicto, en general, surge al presentarse distintas
alternativas de acción al individuo, cada una de las cuales tiene sus pro y sus
contra, por lo cual el individuo tiene que decidir; esto es inevitable y, por lo
tanto, normal. En una sociedad como la nuestra, donde existe una multitud de
opciones por tomar, los conflictos se hacen más numerosos.
Horney nos dice que, para que un conflicto se de como tal y pueda ser resuelto
de una manera sana, es necesario que el individuo sepa cuales son sus
sentimientos, posea una serie de valores y tenga la capacidad de asumir la
responsabilidad de sus decisiones, que excluirá una o más alternativas de las
posibles. En el neurótico estas condiciones no están dadas, ya que no tiene
claros sus sentimientos, sus valores están ocultos por patrones compulsivos y
estos le impiden tener la firmeza necesaria para mantener una decisión.
El conflicto neurótico se caracteriza por estar basado en tendencias neuróticas,
las cuales son formas que el individuo tiene para enfrentarse al medio que le es
hostil. Estas tendrían su génesis en la infancia como respuesta ante la
ansiedad básica y se caracterizan por ser compulsivas e inconscientes. A
diferencia de los conflictos normales, en que las alternativas que se presentan
son conocidas por el individuo y éste puede elegir, aunque el resultado sea
duro, en el conflicto neurótico las tendencias son inconscientes, pueden ser
totalmente contradictorias y, por lo tanto, no le dejan al individuo vía de
acción frente a estas fuerzas que lo manipulan sin que él así lo desee; así,
según Horney: “...el origen del conflicto gira en torno a la incapacidad de
desear algo cordialmente, propio del neurótico, ya que sus deseos están
divididos y van en dirección opuestas..”(HORNEY,1959)
Primero, el conflicto básico neurótico producen síntomas psicógenos,
tales como estados de ansiedad, depresión, inercia, despego, etc.
En segundo término, el conflicto básico se caracteriza por la inconsecuencia
de los actos del neurótico. Por ejemplo, una persona que se caracteriza por
realizar acciones de beneficencia, esclaviza a los miembros de sus familia. La
persona no se da cuenta de las contradicciones que presenta su conducta, que
para los demás son fácilmente observables.
Según Horney, a veces aparece el conflicto básico en la superficie de manera
consciente, pero se expresa de manera deformada, presentándose como un
conflicto particular, punta de iceberg para el conflicto básico de fondo. También
puede aparecer en la mente consciente de la persona como una cierta
incompatibilidad entre ella y su medio.
La conducta del individuo neurótico estará determinada con mayor fuerza por la
actitud predominante, ya sea esta hacia, contra o aparte de la gente; esto no
indica que las otras tendencias sean menos poderosas; si las tres actitudes se
presentan de modo fuerte, el conflicto se agudiza. En el individuo normal las
tres actitudes no se excluyen y se combinan armoniosamente, adaptándose la
conducta del individuo a la situación; el neurótico, en cambio, no puede
combinar las tres actitudes de manera adecuada, porque se manifiestan de manera
compulsiva, lo que lleva al individuo a enfrentarse de manera rígida ante las
situaciones, aunque la actitud predominante no sea la adecuada, y a sentir
ansiedad ante la posibilidad de actuar de modo distinto al que su tendencia le
lleva. La rigidez del modo de acción depende de la historia del individuo: si
la situación en la infancia no es excesivamente prohibitiva respecto de
cualquier desarrollo espontáneo , las experiencias posteriores, particularmente
en la adolescencia, pueden moldear el carácter de la persona; pero por el
contrario, si las experiencias anteriores en el niño fueron de gran impacto, éstas
pueden dar al niño una rígida personalidad, que las experiencias posteriores
no cambian.
El conflicto, si bien se inicia como una alteración de la relación con los demás,
se expande al resto de la personalidad, alterando las metas y valores. Según
Horney: “el conflicto nacido de actitudes incompatibles constituye el núcleo
de la neurosis” (HORNEY, 1959, pag.45)
La fuente de los miedos del neurótico es el temor a la
perturbación del equilibrio. El equilibrio que tiene el neurótico se puede
romper fácilmente, ya que se basa en la armonización artificial de las
tendencias neuróticas contradictorias; de este modo, el neurótico, sin razón
aparente, se enfurece, se alegra o se deprime. Toda esta suma de desequilibrios
le da inseguridad: no confía en sí.
La más concreta expresión del miedo es el miedo a la locura. Este miedo
aparece cuando hay una aguda desesperación, y su promotor más común es la
amenaza a la imagen ideal. Si bien este miedo a la locura es raro, constituye la
expresión más consciente del miedo a perder el equilibrio.
Otro miedo es el que se tiene a la exposición; su génesis está en las falsas
suposiciones que entran en el desarrollo y mantenimiento del a estructura en sí.
El neurótico tiene miedo de que descubran o el mismo descubrir que no tiene
alguna característica que se supondría poseería. El miedo a este
descubrimiento puede ser provocado por cualquier situación que para el neurótico
sea una prueba.
También podemos encontrar el miedo a la desconsideración , a la humillación y
al ridículo. Las consecuencias de este miedo es colocar al neurótico aparte de
los demás y hacerle hostil a ellos , no atreviéndose éste a acercarse a
la gente que considera superior a él en algún aspecto; no tratan de
impresionar a los demás , de buscar una posición mejor, etc., todo por el
miedo al ridículo. Este miedo es considerado una condensación de los otros
miedos: temor de cambiar algo en uno , porque podría ser para peor; este temor
a lo desconocido , miedo a no poder cambiar, se comprende mejor cuando se
entiende la impotencia del neurótico.
Los conflictos por resolver producen un gran desgaste de energía
psíquica en el individuo neurótico, ya que este tiene que destinar todas sus
fuerzas a conciliar las tendencias contradictorias que tiene en su interior para
no desgarrarse, forjando un equilibrio que siempre es inestable. De este modo,
toda la energía se pierde en esta resolución del conflicto, no vigor para
realizar de buena manera ninguna otra tarea.
Es importante considerar que los impulsos y necesidades contradictorias no
son los únicos que consumen energía, ya que hay factores de la estructura
protectora que producen los mismos efectos. Asimismo, la enajenación del yo le
quita a la persona su fuerza motriz; esto no solo significa que el
individuo neurótico no puede hacer nada constructivo, sino que también sus
fuerzas creadoras se pierden.
La mala dirección de la energía puede manifestarse en tres perturbaciones
características: la indecisión general, de la cual la el neurótico no
se da cuenta porque inconscientemente hace esfuerzos para evitar la decisión;
una ineficacia general, resultado, según Horney, de :”...la incapacidad de la
persona , para ejercitar sus esfuerzos en razón de las corrientes cruzadas
internas...”(HORNEY,1959,pag.155): La tercera perturbación sintomática es la
inercia general: los que la sufren se les acusa de pereza , que no saben
disfrutar el ocio; es afectado tiene una aversión al esfuerzo , el aparecería
como el miedo a que el esfuerzo haga daño, lo que se entendería al
constatar que los enfermos se cansan rápidamente:”...la inercia neurótica es
una parálisis de la iniciativa y de la acción...”(HORNEY;1959, pag.157).
También podemos encontrar como efecto del empobrecimiento de la personalidad la
existencia de una arrogancia neurótica inconsciente en la cual la persona
piensa que tiene cualidades que en realidad no tiene o tiene en menor grado al
que supone.
Otro problema moral es la incapacidad de adaptar una postura definida y la
inseguridad producto de ella. El neurótico tiene muchas vacilaciones, cambiando
de parecer rápidamente ante cualquier problema. Producto de esto es que la
actitud del neurótico con respecto a la responsabilidad es algo confusa. El
asumir responsabilidad en un neurótico es algo difícil, debido a que no sabe
que hace y por qué lo hace.
El neurótico ,con el fin de no reconocer que sus problemas tienen raíces
interiores, recurre a tres mecanismos: la exteriorización, en la cual culpa al
exterior, usando el mecanismo de la proyección; una pretendida “inocencia”,
en la que el neurótico adopta la posición de que él no tiene la culpa de
nada, que es injusto que le pase algo malo a él, como envejecer y morir,
y la negativa de reconocer relaciones causa y efecto en la propia conducta.
El neurótico puede estar a veces contento, pero siempre este
sentimiento es fácilmente enturbiado por sus miedos.
Hay una falta de esperanza enorme en los neuróticos, lo que se demuestra en que
siempre buscan el lado oscuro de las cosas: hay una notable desesperación,
porque el neurótico no sabe que hacer con su vida . Horney lo ejemplifica de la
siguiente manera: “...esta falta de esperanza es el punto final de los
conflictos por resolver y es mas profundo que la desesperación de poder ser
alguna vez íntegro...”(HORNEY,1959, pag.181).
Según la autora, hay que darle importancia a esta falta de esperanza. No es un
problema de rápida solución, pero es importante resolverlo para evitar las
depresiones, que son recurrentes en los pacientes neuróticos, tanto como las
tendencias suicidas.
Las personas carentes de esperanza, pueden seguir viviendo
de una forma u otra, pero pueden volverse destructoras y, al mismo tiempo,
tratar de realizar una restitución viviendo por sustitución: esto es el
significado de las tendencias sádicas. Podemos observar estas actitudes
en los individuos que tienen pocas inhibiciones para expresar las tendencias
neuróticas sádicas, sean o no éstas conscientes.
Una persona sádica puede desear esclavizar. Su víctima tiene que ser esclavo
del “superhombre” que es él, dejándose moldear o educar. El sádico
intimida a su víctima para que no se le escape; casi siempre el esclavo es dócil
y teme al abandono debido a la presencia de tendencias neuróticas sumisión en
él.
Otra tendencia sádica es la satisfacción que se logra jugando con las
emociones de otra persona. Consiste en el juego de atraer y rechazar, de
encontrar y decepcionar, de elevar y degradar dar alegría y dar dolor.
Otra característica de las tendencias sádicas es la de explotar al compañero,
en la que lo importante aquí es obtener lo mejor de los demás, sin dar nada a
cambio. Simultáneamente hay una tendencia a frustrar a los demás; de
este modo, cualquier reacción de alegría del compañero es eliminada por el sádico.
También encontramos la tendencia sádica de denigrar y humillar a los demás:
el sádico sabe los puntos débiles de los demás y como herirlos. Horney
descarta que las tendencias sádicas provengan de los impulsos sexuales
pervertidos.
Según Horney la envidia, la tendencia a denigrar y el descontento resultante
explican de cierto modo las tendencia sádicas. El sádico, al no poder estar a
la altura de la persona idealizada, trata que su compañero lo esté.
Estos impulsos sádicos pueden estar reprimidos en algunas personas; de esta
forma, se da un sadismo invertido, ya que la persona teme a estos impulsos de
manera tal que los dirige hacia su interior para evitar que lo vean los demás.
Esta persona no se atreve a expresar sus deseos y tienden a cargar con las
consecuencias de las faltas, aunque no las hayan cometido ella
El deseo de resolver el conflicto puede darse, en el neurótico, por distintas
razones: deseo de liberarse de trastornos neuróticos evidentes, sentir trabas
para su desarrollo personal o para estar preparado para una situación
determinada.
Según Horney, sólo hay un modo para resolver los conflictos neuróticos, cual
es cambiando las condiciones de la personalidad que han dado lugar a ellos. No
basta con ver el conflicto básico, ni tampoco con relacionar las tendencias
contradictorias con sus orígenes y manifestaciones primitivas en la situación
infantil. Al tratar de disminuir el poder del conflicto básico sobre la
persona, se debe operar a través de las consecuencias que éste tiene en ellas,
comprendiendo las funciones que desempeñan y tratando de transformar los
procesos inconscientes en conscientes; el neurótico “debe comprender sus
necesidades y problemas, darse cuenta de la existencia de éstas [...] y
descubrir sus contradicciones. “(HORNEY, 1960, pag.238). Para el enfermo
esto es cambiar profundamente las tendencias de seguridad y satisfacción que
han guiado su conducta, porque tiene que alejarse de las ilusiones sobre su
propia persona y cambiar las bases de sus relaciones.
En definitiva, según Horney, “hay que ayudar al neurótico para que se
reintegre, para que se de cuenta de sus verdaderos sentimientos, para que
desarrolle su escala de valores y se relacione con los demás, basándose en sus
sentimientos y convicciones.” (HORNEY, 1959, pag. 216)
En un primer punto, definimos conflicto básico neurótico como
la incapacidad del individuo neurótico de responder de forma adecuada a las
condiciones del medio debido a que sus sentimientos se ven encubiertos por
patrones compulsivos contradictorios, que afectan tanto su relación consigo
mismo como con los demás.
El conflicto básico tiene ciertas expresiones psicógenas como lo son la
ansiedad, depresiones, etc. y se expresa también por la inconsecuencia del neurótico
en sus acciones.
Las consecuencias que trae el conflicto básico son: los miedos, como temor a
perder el inestable equilibrio interno; el empobrecimiento de la personalidad,
como producto de la pérdida de energía para mantener bajo control las
tendencias, lo que le impide al neurótico hacer algo constructivo; la
falta de esperanzas que se produce por no encontrar sentido a su vida y las
tendencias sádicas se originan al abandonar el individuo otras vías de solución.
La resolución del conflicto solo se resolvería, según Horney, cambiando las
condiciones de la personalidad que han dado lugar a ellos, haciendo que el
individuo reconozca sus verdaderas necesidades y logre relacionarse con su medio
social, abandonando la ansiedad básica, origen del conflicto central.