HIPÓCRATES

 

     Hipócrates, quien nació en la isla de Cos, Grecia, en el año 460 antes de Cristo, realizó numerosos viajes antes de establecerse definitivamente en la isla para dedicarse a la enseñanza y la práctica de la medicina y Murió en Larissa, Grecia, en el año 332-a.C. fue el  Patriarca de la medicina occidental y sin duda alguna, el médico más ilustre de la antigüedad. Su innata capacidad para la observación clínica influyó decisivamente en erradicar viejas supersticiones.

 

     También fue el primer médico occidental que catalogó todas las hierbas y alimentos según su naturaleza: seca, húmeda, caliente o fría, asentando de este modo las bases del balance nutritivo idóneo para estar en plena forma. Otras obras como el Tratado del pronóstico y Aforismos, anticiparon la idea, entonces revolucionaria, de que el médico podría predecir la evolución de una enfermedad mediante la observación y evaluación de un número suficiente de casos.

 

     Otra de sus grandes aportaciones fue la idea de la medicina preventiva, concebida por primera vez en Régimen y en Régimen en enfermedades agudas, donde hace hincapié no sólo en la dieta, sino también en el estilo de vida del paciente y en cómo ello influye sobre su estado de salud y convalecencia

 

     Para la época de la patrística hay abundancia de citas de las obras auténticas de Hipócrates y del Corpus hipocraticum. Cipriano de Cartago, Gregorio de Nazianzo, Gregorio de Nisa y Eusebio de Cesarea sostienen una teoría de las ciencias naturales con respecto al origen de las enfermedades, que remonta a Hipócrates; pero existen igualmente versiones mágicas y demoníacas. Eusebio cita repetidamente a Hipócrates en un capítulo sobre la teoría de las enfermedades, en reflexiones referentes al libre albedrío, conoce la teoría de la dieta; además, la frase: la naturaleza es el mejor médico. Insiste, con referencia a Hipócrates, en la importancia de la prognosis y que en la relación entre cuerpo y alma esta última tiene la prioridad.

 

     La Corpus hippocraticum probablemente es lo único que queda de la biblioteca médica de la famosa Escuela de Medicina de Cos. Sus enseñanzas, su sentido del distanciamiento y su capacidad para la observación clínica directa quizá influyeran a los autores de esos trabajos y, sin duda, contribuyeron en gran medida a desterrar la superstición de la medicina antigua.

 

     Entre las obras más importantes de la Corpus hippocraticum está el Tratado de los aires, las aguas y los lugares (siglo V a.C.) que, en vez de atribuir un origen divino a las enfermedades, discute sus causas ambientales. Sugiere que consideraciones tales como el clima de una población, el agua o su situación en un lugar en el que los vientos sean favorables son elementos que pueden ayudar al médico a evaluar la salud general de sus habitantes.

 

     Hipócrates, enseñaba que el pensamiento y la emoción se originaban en la mente y no en el Corazón. Tomando prestada la teoría de los cuatro elementos de Empedocles descibió que la salud era el resultado de un balance apropiado de los cuatro fluidos corporales o “humores”, que correspondían a los cuatro elementos (la sangre correspondía al fuego, la flema al agua, la bilis negra a la tierra y la bilis amarilla al aire).

 

     Hipócrates utilizó la misma teoría para explicar la salud o enfermedad  mentales, si los cuatro humores estaban en balance, la conciencia y el pensamiento funcionarían bien, pero si un humor estaba en exceso o en escasez, resultaría una enfermedad mental de uno u otro tipo.

 

 

Bibliografía:

http://www.biosalud.com/hipo.htm

http://www.emocionol.com/interactivmente.htm

 

 

 

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