LA PERSONALIDAD
y Definición de personalidad
La personalidad es una
de las categorías más polémicas y complejas de la Psicología. Si
consideramos que somos análogos los seres humanos (percepción, aprendizaje o
pensamiento) debemos analizar cómo nos diferenciamos de los demás y cómo cada
uno posee una personalidad propia y peculiar.
Para entender la
personalidad, primero hay que analizar la etimología del término, distinguiéndola
del temperamento y el carácter que, a menudo, se han tomado como sinónimos.
Entre las teorías más relevantes de la personalidad hay algunas clásicas, como el Psicoanálisis de Freud, que otorga primacía al inconsciente del individuo; las tipologías de Catell y Eysenck, que subrayan la importancia de los rasgos de personalidad y crearon tests para medirlos; y la teoría humanística de Rogers, que destaca el potencial de crecimiento humano. También existen otros modelos teóricos con notable influencia en la actualidad: el aprendizaje social de Rotter y Bandura y la teoría cognitiva de Kelly.
En la actualidad
predomina el cuarto significado, con frecuencia, el término personalidad se
asocia con un criterio de atractivo social. Se cree que un individuo tiene
personalidad si posee algunas cualidades que los demás admiran o elogian. Ser
educado, tener atractivo físico, simpatía o talento pueden ser los factores
determinantes de este criterio.
Sin embargo, entre los
investigadores de la personalidad, que tratan de explicar por qué las personas
se comportan como lo hacen, hay muchos interrogantes sin desvelar en su
totalidad. ¿Qué es la personalidad? ¿Qué variables internas (rasgos,
cogniciones, expectativas) o situacionales son importantes en su constitución?
¿Cómo se desarrolla a lo largo del ciclo vital de cada individuo? ¿Qué es lo
normal y lo anormal en la personalidad?
Sabemos que cada ser
humano es único y singular, y también parecido a los demás. Si la Psicología
de las diferencias individuales enfatiza el estudio del individuo concreto, la
Psicología de la personalidad, si quiere ser una ciencia, tiene que definir una
leyes que expliquen la conducta de las diferentes personalidades para poder
predecir sus conductas. Todavía no existe un modelo global que explique todo lo
que sabemos del funcionamiento humano.
y Características de la
personalidad
Para comprender mejor
el concepto de personalidad, es preciso distinguirlo de otros relacionados con
él, como temperamento y carácter.
El temperamento
consiste en la herencia biológica recibida y, por tanto, es difícil de cambiar
o modificar. Millon (1993) lo describe como el material biológico en bruto
desde el cual la personalidad finalmente emerge. Se puede decir que incluye el
sustrato neurológico, endocrinológico y bioquímico desde el cual la
personalidad comenzará a formarse.
El carácter es un término
derivado de una palabra griega que significa grabado y se forma por los hábitos
de comportamiento adquiridos durante la vida. Millon piensa que le carácter
puede ser considerado como la adherencia de la persona a los valores y
costumbres de la sociedad en que vive.
La personalidad es la
conjunción del temperamento y el carácter en una única estructura. La
personalidad representa un patrón profundamente incorporado de rasgos
cognitivos, afectivos y conductuales manifiestos, que persisten por largos períodos
de tiempo y son relativamente resistentes a la extinción.
Entre las características
más relevantes de la personalidad podemos citar estas:
1.
No tiene una existencia real, se infiere a partir de la conducta de los
individuos. Es una abstracción que nos permite ordenar la experiencia y
predecir el comportamiento en situaciones específicas.
2.
Es la forma habitual de comportamiento de cada individuo. Comprende tanto
su conducta manifiesta como su experiencia privada. No consiste en una suma de
conductas aisladas, sino que incluye la globalidad del comportamiento.
3.
Se produce por la interacción de la herencia genética y el ambiente del
individuo, por el aprendizaje social y las experiencias personales. Se
desarrolla y cambia a lo largo de la vida.
4.
Es individual y social. Somos distintos pero también iguales, y una
tarea primordial es alcanzar el equilibrio entre lo que nos une y lo que nos
diferencia. Cada persona es única e irrepetible, sin embargo, cuando nos vemos
como actores en el escenario del mundo, podemos superar la inercia y los
interese mezquinos de ciertas concepciones racistas. Cuando somos más
consientes de nuestras acciones y reacciones observamos cómo nos condiciona el
entorno y cómo somos nosotros quienes lo construimos.
y Formación y desarrollo
La herencia y el
ambiente interactúan para formar la personalidad de cada sujeto. Desde los
primeros años, los niños difieren ampliamente unos de otros, tanto por su
herencia genética como por variables ambientales dependientes de las
condiciones de su vida intrauterina y de su nacimiento. Algunos niños, por
ejemplo, son más atentos o más activos que otros, y estas diferencias pueden
influir posteriormente en el comportamiento que sus padres adopten con ellos, lo
que demuestra cómo las variables congénitas pueden influir en las ambientales.
Entre las características de la personalidad que parecen determinadas por la
herencia genética, al menos parcialmente, están la inteligencia y el
temperamento, así como la predisposición a sufrir algunos tipos de trastornos
mentales.
Entre las influencias
ambientales, hay que tener en cuenta que no sólo es relevante el hecho en sí,
sino también cuándo ocurre, ya que existen periodos críticos en el desarrollo
de la personalidad en los que el individuo es más sensible a un tipo
determinado de influencia ambiental. Durante uno de estos periodos, por ejemplo,
la capacidad de manejar el lenguaje cambia muy rápidamente, mientras que en
otros es más fácil desarrollar la capacidad de entender y culpabilizarse.
La mayoría de
los expertos cree que las experiencias de un niño en su entorno familiar son
cruciales, especialmente la forma en que sean satisfechas sus necesidades básicas
o el modelo de educación que se siga, aspectos que pueden dejar una huella
duradera en la personalidad. Se cree, por ejemplo, que el niño al que se le
enseña a controlar sus esfínteres demasiado pronto o demasiado rígidamente
puede volverse un provocador. Los niños aprenden el comportamiento típico de
su sexo por identificación con el progenitor de igual sexo, pero también el
comportamiento de los hermanos y/o hermanas, especialmente los de mayor edad,
puede influir en su personalidad.
Algunos autores hacen
hincapié en el papel que cumplen las tradiciones culturales en el desarrollo de
la personalidad. La antropóloga Margaret Mead convivió con dos tribus de
Guinea y mostró esta relación cultural al comparar el comportamiento pacífico,
cooperativo y amistoso de una, con el hostil y competitivo de la otra, pese a
tener ambas las mismas características étnicas y vivir en el mismo lugar.
Aunque tradicionalmente los psicólogos sostienen que los rasgos de la
personalidad de un individuo se mantienen estables a lo largo del tiempo,
recientemente se cuestionan este enfoque, señalando que los rasgos existían sólo
en la óptica del observador, y que en realidad la personalidad de un individuo
varía según las distintas situaciones a las que se enfrenta.