El Psicoanálisis clásico : Freud
Sigmund Freud nació
en mayo de 1856 en Freiberg, sus años de experiencia psicoanalítica los realizó
en Viena; el legado de sus investigaciones no se centra en la medicina como tal,
sino que deben su reconocimiento histórico a la elaboración de un método que
parte del inconsciente para tratar las enfermedades mentales: el psicoanálisis.
El
término inconsciente es el más popular del psicoanálisis, hasta el punto que
identifica al psicoanálisis mismo. Los psicoanalistas prefieren explicar el
inconsciente como una dimensión de lo psíquico, radicalmente diferenciada de
la conciencia aunque vinculada con ella, o también con las expresiones verbales
del sujeto que se infiltran a través del discurso.
Freud
parte de un hecho simple para ilustrar lo inconsciente: cualquier representación
o elemento psíquico puede estar presente en nuestra conciencia y luego
desaparecer. Y, sin embargo, puede volver a reaparecer a través del recuerdo ,
no como otra consecuencia de la representación sensorial. Esto equivalía, para
Freud, a que dicha representación o elemento había estado latente ( no
explicitado a nivel consciente), y este hecho era una dimensión del
inconsciente.
Consciente, Preconsciente e Inconsciente
Y
La
conciencia es sólo una parte de lo psíquico (parte visible), peor en ella no
se pueden encontrar respuestas a muchos de nuestros actos
Y
Hay
representaciones que, en un momento dado, no son conscientes (no están en la
conciencia), pero pueden devenir en conscientes. A este consciente Freud le dará
el nombre de precosciente.
Y
Existe un
novel inconsciente que nunca llega a la conciencia (la acción de ordenar en el
ejemplo). El inconsciente sólo se abre paso a la conciencia a través de
asociaciones, como por ejemplo los sueños, los actos fallidos (equivocaciones u
olvidos en la realización de cualquier acción), los lapsus y los síntomas. A
este tercer nivel Freud le da el nombre de inconsciente.
Según
la teoría psicoanalítica, las representaciones del inconsciente tienen la
particularidad de incidir de manera decisiva en la vida psíquica del sujeto
(neurosis); son eficaces. Para los psicoanalistas, los síntomas propios de la
neurosis o la psicosis son el efecto de algo que el sujeto no conoce, pero la
suficientemente eficaz como para contrariar la misma voluntad.
En
función de lo expuesto, la vida psíquica no tiene su centro emisor en la
conciencia del hombre, en su racionalidad. Y como en consecuencia de ello se
produce un desplazamiento del interés del estudio hacia lo inconsciente para
determinar las leyes y mecanismos de su funcionamiento.
Según
Freud , el hombre a sufrido un triple descentrenamiento. En primer lugar y como
consecuencia de los descubrimientos en el campo de la física y la astronomía,
la Tierra dejó de ser el centro del universo; con el Evolucionismo, el hombre
mismo paso a formar parte del reino animal; el descubrimiento del inconsciente
resto a la conciencia su importancia como centro regulador de la actividad psíquica.
El Desarrollo Libidinal
El
psicoanálisis emplea el término de pulsión para el estudio del comportamiento
humano, es importante aclarar las diferencias que existen entre la pulsión y el
instinto. Los instintos tienden a una finalidad predominante biológica,
mientras que la relación entre la pulsión y el instinto. Los instintos tienden
a una finalidad predominante biológica , mientras que la relación entre la
pulsión y el objeto que la promueve es extremadamente variable.
La
pulsión es un impulso que se inicia con una excitación corporal (estado de
tensión), y cuya finalidad última es precisamente la supresión de dicha tensión.
Hay
dos tipos de pulsiones, la pulsión sexual o de la vida y la pulsión de la
muerte. Para el psicoanálisis el impulso sexual tiene unas acotaciones muy
superiores a lo que habitualmente se considera como sexualidad, al tiempo que
introduce la diferenciación entre sexualidad y genitalidad: si todo lo genital
es sexual, no todo lo sexual es genital. La libido es la energía que pone en
marcha la pulsión sexual , y puede presentar diferentes alternativas según esté
dirigida a los objetos (libido objetal), o bien se dirija al propio Yo (libido
narcista).
El
psicoanálisis establece una serie de fases a través de las cuales se verifica
el desarrollo del sujeto. Desde el punto de vista de dichas fases, los
conflictos psíquicos -y su posibilidad de resolución- dependerán del
estancamiento de una fase (fijación) o del retorno a una fase precedente
(regresión). De ahí que esta teoría implique un concepto dinámico sobre lo
psíquico.
Fase Oral.
Comprende
los doce-dieciopcho primeros meses. Esta primera fase libidinosa está
relacionada con el placer del bebé en el momento de la alimentación , en la
que tanto labios como boca tienen un papel preponderante. La satisfacción
ligada en un primer momento al acto de comer, adquirirá pronto autonomía, como
en el caso del mero chupeteo, y se convertirá a su vez, en el prototipo inicial
de toda satisfacción.
Fase Oral-sádica
Es
considerada una segunda etapa de la fase oral, coincidente con la aparición de
la dentición y, por tanto, ligada al acto de morder. Dado que la nueva
adquisición tiene un sentido destructivo ( aunque sólo sea implícitamente),
da lugar a la aparición del concepto de ambivalencia (relación de amor-odio
respecto a un mismo objeto).
Fase Anal
Se
extiende, aproximadamente, entre los dieciocho meses y los cuatro años. La
actividad anal adquiere unas connotaciones libidinosas. El ano se constituye en
la zona erógena (fuente corporal de excitación) por excelencia. Otra característica
de esta fase es la aparición de la polaridad actividad- pasividad, ligada a la
posibilidad tanto de retener como expulsar los excrementos.
Fase Fálica.
En
este momento, las pulsiones parciales de fases precedentes se concretan en una
cierta primacía de lo genital. Es la primera organización libidinal del niño
respecto al caos de las pulsiones parciales anteriores (orales-anales), que se
completará en la pubertad.
De
la forma específica en que se afronten las distintas fases, dependerán las
características psíquicas del sujeto. Desde un punto de vista patológico, las
perturbaciones en las distintas fases darán lugar a fijaciones o regresiones,
que se traducirán en el adulto en estados de neurosis o psicosis.
Complejo de Edipo.
Tiene
lugar de manera aproximada, entre los tres y los cinco años. El complejo de
Edipo es una de las concepciones mas controvertidas del sistema freudiano. Y según
la forma en que el sujeto resuelve este conflicto nuclear aparecerán o no
perturbaciones neuróticas posteriores.
En
cuando a su significado esencial es que el niño se halla situado en una especie
de triángulo afectivo con relación a sus padres, de modo que está envuelto en
una red de deseos amorosos hostiles con respecto a aquéllos. Este conflicto
puede presentarse bajo dos formas :
Y
Complejo
de Edipo positivo : el triángulo afectivo se resuelve a favor del
progenitor de sexo opuesto ; la hostilidad por tanto, será dirigida hacia
el progenitor del mismo sexo (la madre en el caso de la niña y el padre en el
caso del varón).
Y
Complejo
Edipo negativo : en esta forma el progenitor del mismo sexo la madre, en el
casi de la niña, y el padre en el caso del varón, se convierten en los
depositarios del complejo edípico.
En
su última etapa, Freud planteó que ambas formas podían darse de forma
concomitante en todo sujeto, lo que pasó a denominar con el nombre de complejo
de Edipo completo.
Según
Freud, el Edipo se resuelve por el temor (la fantasía del varón a ser castrado
por su padre ). Evidentemente, este postulado es radicalmente abstracto. Una
manera de explicarlo, lo más sencillamente posible, sería ésta : el
padre se interpone en una suerte de “idilio” entre madre e hijo. Sin embargo
el niño percibe que el padre es el sujeto amoroso de la madre (es su rival).
Por otro lado también participa del afecto de su padre, del que se siente
corresponsable. Este conflicto ira perdiendo fuerza (es decir, el niño
renunciará a poseer a la madre), en la medida que el niño se sienta ligado al
padre por un fuerte afecto, y por el temor de ser castigado por el.
De
esta manera, la madre deja de ser el todo para el niño, el cual realizara un
desplazamiento de sus sentimientos amorosos hacia otros objetos.
Freud
desatendió los mecanismo de Edipo en el caos de las niñas, para limitarse a
afirmar que el complejo de castración (es decir, el resentimiento por la
ausencia del pene) promueve su entrada al complejo de Edipo. Ciertamente ni
siquiera a un nivel simbólico es aceptable este postulado, el cual implica que
la fisiología distinta de la niña , con respecto al varón, es el núcleo del
problema. El mito bíblico de la creación de Eva de una costilla de Adán,
parece estar implícito en esta concepción , a la que no poca psicoanalistas
consideran portadora de resabios machistas.
Resolución del conflicto edípico.
Siguiendo
a Freud, la formas de encarar el Edipo tendrá mucha importancia en la elección
del objeto sexual del adulto (es decir puede condicionar tanto la
heterosexualidad como la homosexualidad).
El
heredero del complejo del Edipo es el Super Yo que representa la conciencia
moral (en parte consciente y en parte inconsciente) del sujeto, así como sus
ideales. El Superyó se estructura en oposición al Yó (que se identifica con
la conciencia, con el sentido de la realidad). Otra instancia del mundo psíquico
freudiano es el Ello, que constituye el mundo inconsciente de las pulsaciones
del sujeto , y por tanto abiertamente opuesto al superyo que, como vimos,
representa la sublimación positiva y creadora de los instintos inconscientes.
Así,
podríamos concluir que toda la teoría psicoanalítica freudiana se basa sobre
la supremacía de los instintos o, para ser mas exactos con su terminología ,
las pulsiones de naturaleza libidinosa. Éstas constituyen el motor que pone en
marcha la formación de la personalidad del individuo. Éste debe superar las
distintas fases de evolución pulsional hasta acceder al estado de madurez, en
que los instintos primigenios son sacrificados en aras de un desarrollo
armonioso de las potencialidades creadoras humanas.
Bibliografía:
http://www.monografías.com