EL HUMANISMO
En la primera parte del siglo XX, se tenía una concepción negativa y
pesimista de la naturaleza humana que dominaba las teorías de la personalidad,
es entonces cuando nace la psicología humanística, como una rebelión de la
forma mecanicista en que se trataba al hombre (La lucha por controlar los
impulsos primitivos e instintivos y las exigencias autoritarias del super ego
propuestas por los psicoanalistas, o el hecho de que las acciones humanas son
moldeadas por premios y castigos propuesto por los conductistas).
De esta manera, los psicólogos humanistas rechazan tanto las
concepciones psicoanalíticas como las conductistas, mencionando que degradan al
hombre porque conceden demasiada importancia a lo irracional y a los instintos
destructivos, por el contrario, ellos destacan la libertad relativa respecto a
presiones instintivas y la capacidad de crear y vivir conforme a normas
personales.
Así, la psicología humanista se funda en la idea de que todos los
hombres luchan por alcanzar la autorealización, es decir, el máximo de sus
potencialidades humanas, un aapertura a una amplia gama de experiencias: aceptar
las responsabilidades de la libertad y el compromiso personal; un deseo de ser
cada vez más auténtico y congruente con uno mismo, y la capacidad de crecer.
Considerando como un instínto básico del hombre y la esencia de la dignidad
humana el confiar en uno mismo, cuando todo el mundo duda de uno.
Para Rogers, las personas a las que orientaba eran clientes, no
pacientes, ya que consideraba que esta segunda denominación implicaba la
etiqueta negativa de la enfermedad; como terapeuta, le interesaban
principalmente los obstáculos y desviaciones del camino de la autorrealización
o funcionamiento pleno, considerando
que muchos experimentan un conflicto entre lo que aprecian de su personalidad y
lo que los otros piensan de ellos.
Rogers explica este conflicto mencionando que hay dos aspectos o partes
de la personalidad, uno es el organismo, que es la totalidad de una persona, y
lucha constantemente por alcanzar la perfección y ser completo, desarrollando
todas sus potencialidades, realizando todo aquello que podemos y haciéndolo de
la mejor manera posible; por otra parte, encontramos al yo, que es la imagen de
lo que somos y apreciamos en nosotros mismos, en los demás y en la vida en
general, y que adquirimos a través de los años observando como la gente
reacciona ante nosotros, buscando la estimación positiva, al principio de la
madre, para comenzar a sentir una estimación positiva por nosotros mismos.
Sin embargo, cuando la madre condiciona
su amor (si hacemos lo que quiere , nos ama), aceptamos esos veredictos e
incorporamos algunas condiciones del valor personal a nuestra personalidad,
comenzando a considerarnos personas buenas y dignas de aprecio solo si
observamos ciertas conductas.
De esta manera, Rogers se
convenció de que las personas afrontan las condiciones del valor o estimación
personal, rechazando o negando partes de su organismo, que no encajan dentro de
su autoconcepto; así, mientras mayor sea la brecha entre el yo y el organismo,
más limitado y defensivo se volverá el individuo, cosa que podemos remediar mediante un
aprecio positivo incondicional, disminuyendo así la necesidad de
autolimitarnos.
Así, Rogers entiende por funcionamiento pleno la capacidad de aceptar
nuestro organismo y abrirnos a todos los sentimientos, pensamientos,
experiencias y por lo tanto también a otros: “El organismo y el yo son una
cosa, el individuo puede realizar todas sus potencialidades”, Rogers estaba
convencido que en el ser humano coexisten la autoestima y el aprecio por los demás,
y que las potencialidades humanas del bien y de la autorealización superan con
mucho a las del mal y la desesperación.
Por lo tanto, podemos concluir, que si bien es muy amplia la gama de teorías
que nos hablan de la personalidad, cada una de ellas tiene pequeños huecos que
vienen a ser llenados por otras, es decir, no podemos hablar simplemente del
Psicoanálisis, considerando el id, el ello y el yo, porque este deja un poco de
lado la importancia que tiene para el individuo el “aprecio positivo
incondicional” propuesto por Rogers; ni podemos tomar al ser humano cono una símple
maquinita de estímulo-respuesta, sin considerar lo que lo lleva a responder de
esta manera; de la misma forma, no podemos centrar nuestra atención únicamente
en la autorealización y el desarrollo de nuestras potencialidades sin tener en
cuenta que todos tenemos nuestra historia, y que esta ha quedado guardada en
nuestro inconsciente; de esta manera, considero que para poder comprender mejor
el comportamiento de los seres humanos, es indispensable retomar un poco de cada
teoría y seguir buscando los factores que influyen en la conducta del
individuo.