SUPERVISION DEL TRABAJO
PSICOSOCIAL EN CENTROS DE SALUD:
CONECTANDO PROCESOS INDIVIDUALES, GRUPALES Y ORGANIZACIONALES
Por Eugenio Moliní
CAMPO
La supervisión de la asistencia
psicosocial, sea en hospitales psiquiátricos o en servicios de asistencia
social, se practica en un campo muy complejo. En la situación de supervisión
se encuentran el drama individual que hace que un paciente necesite esta
asistencia, el sufrimiento de la familia del paciente, las directivas políticas,
reglamentos y leyes que rigen estas actividades asistenciales, las dinámicas
grupales y organizacionales, los intereses corporativistas de las distintas
profesiones, las organizaciones de pacientes, las diferencias de enfoque entre
distintas escuelas terapéuticas y psiquiátricas, el entusiasmo y la
desesperación del personal, la idiosincrasia de los múltiples actores, etc.
No es de extrañar que los individuos que
allí trabajan, los equipos, la organización, los pacientes y el supervisor (
por muy externo que sea ) en ocasiones perciban su situación como caótica. La
supervisión externa es el único foro en el que la tarea no es la producción
de asistencia psicosocial. La tarea en supervisión es el darse cuenta
(awareness) de procesos que se dan a distintos niveles en el sistema , la creación
de significado común y el desarrollo de la capacidad de contacto de los
participantes. El enfoque gestalt combinado con la teoría de sistemas se ha
mostrado ser una orientación efectiva a la hora de supervisar en este complejo
campo.
El enfoque gestalt aporta la atención al
aquí y ahora, la calidad del contacto consigo mismo y con el otro, el
"darse cuenta de lo que es" como necesario para el cambio y
desarrollo, la responsabilidad de cada uno por las aportaciones a los procesos y
contribuye principalmente a la sumersión de los individuos en los procesos que
se dan a distintos niveles de sistema.
Por otra parte, el enfoque sistémico
aporta herramientas para la comprensión de estos procesos en sistemas complejos
y contribuye a la creación de distancia a los mismos.
En mi trabajo tengo la
intención de facilitar el contacto con y conexión entre procesos que se dan
en diferentes niveles de sistema y entre niveles de sistema. El modelo genérico
de los niveles de sistema es: intrapsíquico, individuo, interpersonal,
subgrupo, grupo y organización. A estos me refiero en el resto de la exposición.
Conviene tener en cuenta que existen otras
formas de diferenciar niveles de sistema, como por ejemplo: ser ( self as
being), actos (self as doing), métodos, teorías, creencias y valores. Estas, y
otras posibles categorizaciones, se intersectan multidimensionalmente y dan idea
de la complejidad del campo. Todas estas divisiones son arbitrarias y su
utilidad depende de la intención de la supervisión y del contexto en el que se
practique.
FONDO
Un servicio psiquiátrico para jóvenes había
funcionado impecablemente durante muchos años. El equipo estaba compuesto por
25 personas de todas las categorías profesionales: celadores, enfermeras,
enfermera jefe, psiquiatras, psiquiatra jefe de servicio, secretaria, personal
de noche, psicólogo, y asistente social. La tradición en éste servicio era de
poner énfasis en el desarrollo y profundización del contacto aquí y ahora con
los jóvenes internados sin descuidar el apoyo a las familias a la reinserción
en ellas de los pacientes. Para el trabajo terapéutico individual se procuraba
proporcionar a los pacientes un contacto externo al servicio. Cuando fuera
indicado se usaba medicación.
En este servicio coincidieron tres chicas
cuya forma obvia de disminuir su ansiedad era mutilarse con cualquier objeto
cortante que hubiese a mano y en ocasiones usarlos contra el personal. En
lenguaje gestalt: sus mecanismos de defensa eran principalmente retroflexión y
proyección. Al mismo tiempo estaba internado un chico con lo que se pensaba era
psicosis y tras algún tiempo se vió que padecía de uno de los llamados síndromes
neuropsiquiátricos (Aspberger). Una de los efectos que Aspberger tiene es que
dificulta enormemente la conciencia de los efectos que la propia conducta tiene
sobre los demás. Más detalles sobre cada uno de los pacientes serían
necesarios si éste artículo tuviera como foco el proceso individual y lo que
el contacto con cada uno de ellos despertó, pero no son imprescindibles para
comprender los procesos que se dieron en otros niveles del sistema.
En supervisión hicimos un trabajo
constructivo durante los meses en los que sólo una de las chicas y el chico
estaban internados. Cuando la segunda chica llegó empezó a ser más complicado
el mantener el foco en el trabajo con cada una de ellas por separado. La debácle
llegó cuando la tercera chica fué internada. Se llegó a hacer imposible
diferenciar entre los procesos que el contacto con cada una de ellas ponían en
marcha. A pesar de la ambición del personal de establecer relaciones
constructivas con estos cuatro jóvenes nunca pudieron hacerlo. Todo su tiempo
lo hubieron de dedicar a impedir que las chicas se cortasen a sí mismas, a
limpiar sangre, a viajar a emergencias para coserlas, a bajarlas de sogas con
las que intentaban colgarse, a buscar herramientas cortantes, cuerdas, agujas,
... Al mismo tiempo el chico con Aspberger hacía sus necesidades en cualquier
parte, repartía tortas compulsivamente, ...
La recogida y limpieza de cacas, pises y
sangres, los olores, la vigilancia continua y el miedo a ser dañado invadían
al personal que no encontraba la forma de restaurar sus límites (boundaries)
sin tomar medidas represivas lejanas a la ideología y metodología del
servicio. La medicación no ayudaba si no se les drogaba hasta el estupor químico,
cosa que se evitaba a cualquier precio. La imposibilidad de mantener una rutina
que diese estructura y previsibilidad a la vida cotidiana, cosa muy necesaria
para pacientes tan desorganizados, se hizo imposible. El trabajo en supervisión
se convirtió, en proceso paralelo al que se daba en el grupo, en un continuo
atender a emergencias y apoyo a la supervivencia psíquica de los participantes.
El clima en el grupo era de desesperación y se expresaba en un creciente
aislamiento entre compañeros de trabajo, irritación, chismorreo, desconfianza,
acusaciones de dejarse unos a otros en la estacada, actitudes de "perro de
abajo" con respecto a los superiores responsables y respuestas de
"perro de arriba" por parte de los últimos.
FIGURA
En este estado caótico quedó claro que
estructuras y límites (boundaries) en todos los niveles de sistema estaban
siendo transgredidas. Incluso las individuales de algunos del personal estaban
tambaleándose de tal forma que varios veían como única solución el darse de
baja. El supervisor llegó a estar paralizado en ambivalencia. Por una parte no
veía la forma de aportar nada sin transgredir los límites del contrato de
supervisión y pensaba en renunciar al encargo. Por otra parte no quería dejar
en la estacada a esta gente que respetaba y quería. Ambivalencia muy claramente
paralela a la que el personal sentía hacia los cuatro jóvenes pacientes.
La figura que poco a poco surgió en
supervisión fué la siguiente: la acumulación progresiva de transgresiones de
límites a todos los niveles de sistema había llevado a esta situación
insostenible para todos los actores, especialmente para los jóvenes pacientes.
Estas erosiones de límites implicaban una fuerte tendencia a la
des-diferenciación entre niveles de sistema (confluencia) y en cada nivel de
sistema. Había que buscar modos de reparar esos límites. A partir del momento
en que esta figura quedó clara, el supervisor se guió por la intención de
reflexionar con el grupo sobre en qué nivel o niveles de sistema las
intervenciones tendrían el mayor efecto reparador de límites.
INTERVENCION
El primer paso necesario era reparar los límites
de la supervisión, que también habían sido erodidos. Algunos de los ataques a
éstos límites y las respectivas intervenciones reparadoras que el supervisor
hizo fueron:
- El grupo invitó al
supervisor a una fiesta. El supervisor declinó la invitación y reflexionó con
el grupo sobre las consecuencias que su presencia en la fiesta pudieran tener.
- Un participante que habían
entablado una relación de pareja con una compañera de trabajo se acercó al
supervisor en un aparte y se lo contó, queriendo recibir consejo a nivel
personal. El supervisor, para el que la información vino de sorpresa, intervino
apuntando a la transgresión de límites que esta conversación suponía y dijo
que no quería hablar del tema hasta que no fuese hora de hacerlo en el grupo. Más
tarde se vería que durante este período se habían establecido nada menos que
tres parejas, que se mantuvieron en secreto durante un tiempo, a pesar del
acuerdo que había en el servicio de no trabajar juntos si se formaban parejas.
- El personal quería que
el supervisor tuviese llaves de las dependencias. El supervisor que era externo
tuvo que decir que no, ya que consideraba necesario el mantener cierta
marginalidad con respecto al sistema cliente.
- El supervisor compartió
con el grupo su toma de responsabilidad por su contribución al proceso
desorganizador e hizo un repaso de la historia de las transgresiones. Vino a
decir:
" Hace un año, al poco de empezar a
trabajar con estos cuatro pacientes os dije que la imagen idealizada que teníais
de mí y las esperanzas que poníais en lo que yo podía hacer no eran
realistas. Esta idealización,os dije, se puede convertir en demonización
cuando veáis que no estoy investido de poderes fuera de lo normal. Creo que
estas proyecciones de salvación tienen su paralelo en las que los pacientes y
sus familias ponen en vosotros. Conviene que estemos atentos a lo que pasa en
nuestra relación como fuente de información sobre lo que pasa en la relación
entre los pacientes y vosotros.
En algún momento durante este año he
perdido esta perspectiva y la marginalidad necesaria para contribuir a la
comprensión del proceso. Me estoy ahogando con vosotros en este mar de
ansiedad, agresiones y sustancias corporales. Oigo voces que expresan desengaño
y que quieren cambiar de supervisor. Si éso es lo que queréis, no quiero que
el contrato formal os impida romperlo. De todas formas prefiero seguir
trabajando con vosotros hasta la terminación del contrato este fin de año con
la intención de reparar los límites transgredidos. ( Esto era en Abril)
Posibles consecuencias de una terminación
prematura del trabajo en supervisión podrían ser: la acumulación de otro
asunto inconcluso a la memoria colectiva del servicio, permitir que las
proyecciones y nuestra sobreidentificación con ellas rompan todos los límites
y estructuras de la organización, la merma de la capacidad de contacto de cada
uno, el triunfo de la desesperación, el auto desprecio y la
autodestructividad,...
Yo prefiero seguir trabajando con la
intención de reparar lo que haya que reparar. Una posibilidad es que yo hable
con el director del hospital y que le informe de la situación y le dé ideas de
lo que yo pienso que es necesario hacer. No quisiera, ya que os creo capaces de
hacerlo vostros mismos. Si de todas formas es este el camino que considerais que
debemos seguir, lo haré. Si lo hago sería ésta mi última intervención. Esta
intervención mía supondría una transgresión, probablemente irreparable, de
los límites de la supervisión, y por lo tanto tendría que presentar mi dimisión".
DE
CONFLUENCIA A POLARIZACION
El proceso de reconstrucción de los límites
que diferenciaban al supervisor del sistema cliente y al mismo tiempo
posibilitaban el contacto con éste, llevó varios meses, fué discontinuo y se
caracterizó por dar dar tres pasos hacia adelante, uno a un lado y otro para
atrás.
La conciencia de que el sistema cliente debía
encontrar sus propias formas de reparar sus límites a todos los niveles creció.
El supervisor hubo de mostrar gran integridad, humildad y confianza en la
capacidad del sistema cliente de encontrar sus propios caminos reparadores de límites.
La intervención singular que tuvo el mayor
efecto reparador fué la de una enfermera jefe que suplía a la ordinaria. La
intervención, cargada de ira impotente, fué ante la psiquiatra jefe. La
enfermera vino a decir que no podía seguir siendo responsable del grupo
mientras la situación no fuera solucionada por la psiquiatra jefe, ya que ésta
era la única que tenía la necesaria autoridad formal. Otra solución aparte de
la que pasaba por dar de baja a los cuatro pacientes y remitirlos a otros
centros, no era vista como factible por la enfermera jefe. Con ella anunciaron
varios miembros del equipo que si los pacientes no eran dados de alta y
remitidos a otros centros, se iban a dar de baja.
La consecuencia inmediata de la intervención
de la enfermera jefe interina fué que se puso en marcha una febril actividad
para encontrar emplazamientos alternativos para estos cuatro pacientes. La tarea
llevó varios meses. Esta intervención abrió también las puertas a la
explicitación de la ambivalencia subyacente bajo la parálisis del sistema
cliente: por una parte la lealtad a cada paciente por separado, a la autoestima
profesional y a la ética de las profesiones asistenciales. Por otra parte la
lealtad al servicio, a los compañeros de trabajo y al bienestar propio.
DE
POLARIZACION A AMBIVALENCIA
La ambivalencia soterrada vió la luz en el
sistema cliente en forma de polarización entre individuos, entre subgrupos,
entre el grupo y la organización. Pero el diálogo, aunque aún crispado, era
por fin posible. Una nueva figura tomó forma: el trabajo por la contención de
la ambivalencia en cada nivel de sistema en lugar de entre niveles de sistema.
El primer paso en esta dirección fué el
de diferenciar y explicitar los distintos niveles de sistema para romper la
confluencia que el sistema había desarrollado para sobrevivir la crisis. Había
que diferenciar al grupo de dirección del resto, diferenciar los diferentes
subequipos que trabajaban con cada paciente en particular, diferenciar al equipo
del resto del hospital, hacer figurales las relaciones interpersonales,
diferenciar a los subgrupos unos de otros, etc.
El proceso en supervisión hizo figurales
principalmente al grupo de dirección y a varias relaciones interpersonales.
Un dilema que requiso gran atención es el
que existe entre la necesidad de por una parte trabajar con las relaciones
interpersonales y por otra la de negociar con cada uno de los participantes el
nivel de intimidad al que estén dispuestos a llegar en la situación de
supervisión. Hay que tener en cuenta que el contrato de supervisión es
"colectivo" en el sentido de que se negocia entre el supervisor y el
grupo de dirección del equipo, lo que implica que los participantes no han
delegado en el supervisor el mandato de trabajar a los niveles intrapsíquico e
individual. El mandato de trabajar a nivel interpersonal se limita a aquellos
procesos interpersonales en los que se puede ver alguna conexión con lo que un
paciente despierte por medio de inducción, resonancia, proyección,
identificación proyectiva, confluencia, etc. Si en desmedido afán terapéutico,
el supervisor transgriede éstos límites, hará flaco servicio a los
supervisados y dañará irreparablemente al equipo.
Como consecuencia a este dilema algunas
relaciones interpersonales recibieron atención en la supervisión. Otras fueron
simplemente nombradas y recibieron el encargo del grupo de encontrarse fuera de
la supervisión, si fuese necesario con el apoyo de la enfermera jefe, para
resolver lo que hubiera que resolver. En este encargo estaba incluida la
recomendación de retroalimentar (feedback) al grupo en torno al estado de la
relación interpersonal. Otros dúos permanecieron en el transfondo sin llegar a
hacerse explícitos.
La intención del trabajo con las diadas
era la de reparar el entramado de relaciones interpersonales que hacía posible
la confianza y el apoyo necesario en el encuentro cotidiano con los jóvenes
pacientes. La intención de la retroalimentación al grupo era la de apaciguar
el desasosiego que los asuntos inconclusos a nivel interpersonal despertaban a
nivel grupal. La intención de que la enfermera jefe fuera la facilitadora de
estos encuentros era reforzar su papel de dirección y apoyo al personal, papel
que había sufrido grandes erosiones.
CONTACTO
EN AMBIVALENCIA
Este trabajo se hizo en paralelo con el de
reparación de límites en torno al grupo de dirección. La intervención que más
claramente supuso un cambio cualitativo en este aspecto ocurrió en una sesión
en la que el grupo de dirección recibió supervisión directa ante el grupo.
La sesión de supervisión comenzó en un
clima de desconfianza y quejas más o menos abiertas dirigidas hacia el grupo
directivo del equipo. Las quejas se hacían en actitud de "perro de
abajo" y tenían que ver con rutinas que no funcionaban y falta de
participación en decisiones. Tras un rato de dejar que el proceso siguiera su
curso, el supervisor propuso que el equipo de dirección se sentase fuera del
grupo, pero permaneciendo en la sala. La tarea era la de durante 20 minutos
escuchar lo que el personal tenía que decir, recibiéndo los comentarios sin
responder.
Al cabo de los 20 minutos la dirección y
el grupo de personal cambiaron de sitio. Ahora era la dirección la que tenía
una reunión ante el grupo de personal para reflexionar sobre lo que habían oído.
El personal, sentado alrededor tenía la tarea de escuchar sin intervenir.
El grupo de dirección
llegó a la conclusión siguiente:
"No hemos entendido la profundidad del
trauma al que el grupo ha sido sometido. Un paciente que se comportase como este
grupo estaría severamente traumatizado y se encontraría en la fase de reacción
después de una crisis. Lo que un paciente en esa situación necesita es alguien
en quien confiar y que pueda recibir las reacciones sin entrar en defensa. Hemos
de recuperar la confianza del grupo en nuestra capacidad de contener y poner límites
a los procesos que se den.
Medidas concretas en este sentido son:
reunirnos más a menudo durante éste período para reforzar nuestra función de
"protección hacia afuera y apoyo hacia adentro". Tomar decisiones
colegiadas e informar abiertamente de nuestras discusiones. En los casos en los
que por razones externas al servicio esto no sea posible,hemos de tomar plena
responsabilidad de nuestras decisiones, aunque sean impopulares, y recibir las
reacciones del personal sin levantar defensas que interrumpan el contacto. En el
momento que sea económicamente factible contrataremos a un supervisor en temas
de dirección para que nos ayude en esta tarea."
La reacción del personal no fué más que
positiva. Por fin se sentían escuchados y no necesitaban entrar en actitudes de
"perro de abajo" para poder influir en su situación laboral. Eran
conscientes de que quedaba mucho trabajo por hacer, pero la primera piedra de la
nueva estructura estaba colocada.
El personal y la dirección tomaban
responsabilidad por el dilema en el que sus actividades se desarrollaba: por una
parte la obligación que el servicio tenía de acoger a todos los jóvenes que
tuviesen necesidad de ingreso en un centro psiquiátrico, sin posibilidad de
decir que no. Por otra parte la necesidad de mantener las estructuras y límites
del servicio en un estado que posibilitase una atención psiquiátrica
cualitativamente aceptable. Este dilema no tiene ni tendrá nunca solución
definitiva. Hay que vivir con el.
La dirección se dió a sí misma el
compromiso de tener en cuenta la capacidad propia, del personal, de los
subgrupos y de la organización de poner límites y contener los procesos que
cada paciente pudiera poner en marcha a la hora de admitir a un nuevo paciente.
Conscientes así mismo de la obligación de admitir a todo aquel que lo
necesitase, comenzaron conjuntamente con el personal a invitar a políticos y
funcionarios con responsabilidad por el presupuesto a hacer visitas e
interesarse por el servicio y los dilemas con los que tenían que vivir.
CONCLUSION
He dejado fuera de la descripción a los
pacientes y las consecuencias que para sus vidas tuvieron las decisiones y los
procesos aquí descritos. Me queda un tono de mala conciencia por ello. Supongo
que son los restos, probablemente sin conclusión posible, del dilema arriba
presentado. Soy consciente de la oscuridad en la que las consideraciones teórico
metodológicas han quedado por falta de tiempo. Espero haber sido lo bastante
claro como para despertar curiosidad por este campo de aplicación de la
Gestalt. En realidad no tiene ningún misterio. Los principios que rigen este
trabajo son básicamente los mismos que rigen las terapias individuales, de
pareja y en grupo. Se trata de levantar la vista más allá de los niveles
intrapsíquico, individual e interpersonal en los que tradicionalmente nos
movemos los terapeutas gestalt. Y de trabajar con sistemas complejos en base a
la cuatro piedras angulares de la gestalt : darse cuenta de señales internas y
externas, ser consciente de que el significado que uno les da tiene más que ver
con uno mismo que con lo que de hecho sucede, compartir estas señales y los
significados que uno les da y por último tener confianza en que el sistema con
el que uno trabaja creará su propio significado a partir de los que sus
integrantes hayan compartido.
Aunque
claro, el todo no siempre es más que la suma de las partes. A veces es
simplemente distinto.