Formidable derrota del más viejo bipartidismo

¿Adónde va el Frente Amplio?

Cualquier persona de izquierda o que simpatiza con ella no puede haber sentido otra cosa que una gran alegría con la derrota de colorados y blancos que vienen gobernando el país desde hace l74 años, que en los últimos 140 significó que los colorados gobernaran l28 y fueran el principal timonel del desastre nacional en el último medio siglo.

Es imposible no alegrarse por su derrota.

Cabe preguntarse si hay alguna posibilidad de cambio en el irreversible y decadente capitalismo oriental. Los dirigentes del Frente Amplio (FA) creen que es posible. Nosotros, no.

Tabaré Vázquez se ha encargado por todos los medios posibles de garantizar que no se intentara siquiera algún cambio de tipo revolucionario, o sea de fondo. Por eso puso a la derecha privatizadora al mando de la economía (Danilo Astori estuvo a favor de la privatización de Ancap –petróleo–, en un reciente plebiscito cuyo resultado fue contrario a la privatización). Por eso, también, Vázquez ofrece ministerios a los blancos –al margen de que éstos acepten o no– para hacer un gobierno burgués de unidad nacional.

No puede haber cambios de fondo de la mano de los responsables del desastre, o en amistoso entendimiento con ellos. No es un problema de “viveza” sino de lucha contra los enemigos del pueblo.

Vázquez pretende aplicar, de entrada, una política similar a la de Lula –el plan “Hambre cero”–, que ya fracasó a menos de dos años de iniciada su presidencia, por la muy sencilla razón de que para concretarla es necesario tomar medidas de fondo contra el imperialismo y el capitalismo

También en esto el Frente Amplio va a seguir el camino de Lula, claro que en un sendero mucho más estrecho que el de su gigantesco vecino.

Y nada de esto se oculta. Por ejemplo, en enero de este año el principal referente de los antiguos Tupamaros, Pepe Mujica, le decía a la revista Caras y Caretas (2/1/2004): “¿De qué socialismo hablás? Quiero un capitalismo que funcione, con burgueses como la gente”.

No sé si Mujica incluye en esa categoría de “burgueses como la gente” a los dueños de Enron, Parmalat y muchas gigantescas empresas vaciadas y saqueadas recientemente, en el capitalismo actual, por montos que superan seis o siete veces el total del PBI de Uruguay.

Los “burgueses como la gente” siempre amasaron sus fortunas sobre la base de la explotación, la miseria, el horror y la represión. Pero hace más de 30 años que el capitalismo, como sistema mundial, entró en acelerada decadencia incluso en los países imperialistas, y ni que hablar de la periferia.

Los capitalistas uruguayos no son la excepción: hay grandes sectores de la burguesía mundial que son crecientemente usurarios, parte del capital financiero y especulativo.

Proponerle a los burgueses uruguayos que traigan sus capitales del exterior porque ellos son uruguayos, no sólo implica un desconocimiento absoluto de las leyes del capitalismo sino que es un simple insulto a la inteligencia..

El capitalismo se rige por la ganancia y no por una lógica abstracta. Es depredador y anárquico, en el mundo y en Uruguay también.

 

EL FA está integrado al Estado desde 1989

 

Más allá del nefasto rol del FA frente al golpe de febrero de 1973 (al que apoyó) y de junio de aquel mismo año (al que enfrentó, pero impidiendo que la huelga general se transformara en insurreccional, con lo que la huelga quedaba condenada a la derrota), también cumplió un papel destacado para que la dictadura pudiera caer “en paracaídas”, mediante el pacto del Club Naval de l984.

Su bancada fue relevante incluso en la transición que siguió a la dictadura, al someter a la vía plebiscitaria institucional si debía castigarse o no el genocidio de Estado (que, naturalmente, se perdió en ese terreno tramposo y maniqueo).

Pero más allá de esa trayectoria, donde nunca sacó “los pies del plato”, el salto en calidad se produjo cuando el FA accedió, en 1989, a la Intendencia de Montevideo, la ciudad que concentra la mitad de la población del país, la mayoría de la clase trabajadora, y produce las dos terceras partes del PBI nacional.

Su programa municipal contenía algo similar a lo que hoy en la Argentina  llaman “comunas” y que los sectores izquierdistas soñaban convertir en organizaciones protosoviéticas, como mínimo. Esta aspiración fue barrida por el Poder Judicial, que declaró inconstitucional el proyecto.

Bajo la administración del FA, nada cambió en Montevideo salvo sus administradores. Ah, y las placitas, que en lugares céntricos o turísticos, son diseñadas por su intendente, Mariano Arana, arquitecto paisajista.

Veinte años pueden ser nada en un tango. Pero gobernar la capital, no sólo sin hacer algo mínimamente “revolucionario” sino actuando como una simple continuidad de la administración del Estado capitalista, a lo largo de quince años… éstos son demasiados. Pueden haberse tenido intenciones de administrar el capitalismo más prolijamente, algo que, además de secundario es completamente irrealizable. El reclamo por un capitalismo “humanizado” que, por ejemplo, realiza el Papa, es una ironía supletoria en un país laico.

Uruguay viene en caída libre desde hace medio siglo. Su principal exportación son sus habitantes: sólo en el primer quinquenio que siguió al fin de la dictadura emigraron 250.000 personas. Buenos Aires es la segunda ciudad, en población, de Uruguay. Y el desangre no se detiene.

Un futuro diferente sólo puede provenir como consecuencia de una lucha revolucionaria, socialista y latinoamericana.

El FA no es un paso adelante en ese camino sino un obstáculo para avanzar en esa dirección.

Por lo tanto, sólo dejando esto muy en claro se podrá intentar un reagrupamiento del socialismo revolucionario, que no tendrá a Tabaré Vázquez como aliado sino como enemigo.

El vecino Lula (incluida su derrota en San Pablo y Porto Alegre, por haberle dado la espalda a los explotados que lo votaron hace dos años), es el espejo donde pueden verse reflejados Vázquez y el Frente Amplio.

J. G.

 

 

¿Los revolucionarios debíamos votar al FA?

            Muchos honestos compañeros votaron masivamente por el Frente Amplio y por Tabaré Vázquez, con la esperanza de que las cosas mejoren. Respetamos sus ideas y sentimientos, así no los compartamos.

            Pero hay quienes esgrimieron otros argumentos para votar a Vázquez y al FA:

a)         ayudar a que triunfen y se desenmascaren;

b)         no separarse de las grandes masas frenteamplistas.

            Discrepamos con ambos enunciados. Si una corriente que se reclama revolucionaria tiene claro lo obvio –o sea, que Vázquez se postula para ser un administrador moderado del capitalismo y para ilusionar y controlar cualquier peligro de “desborde” de los explotados– tiene el deber irrenunciable de decirlo claramente antes de que esto se concrete, única forma de postularse como referentes para el próximo período –más o menos inmediato–, cuando las ilusiones se acaben.

            Lejos de acompañar o seguir las ilusiones de las masas en el FA, de lo que se trata es de echar ácido sobre ellas. Nada positivo hay en recubrir “por izquierda” un proyecto capitalista, encarnado por Tabaré Vázquez y buena parte de una generación de vanguardia 40 años atrás –y hoy “está de vuelta”–, cuyas mayores expresiones son José Mujica y Eleuterio Fernández Huidobro, ampliamente acompañados en los distintos sublemas.

            La única forma de posicionarse como alternativa frente a una tragedia anunciada, es no mezclar las cartas, separar aguas tajantemente del FA.

            Esto está unido al segundo problema: “no separarse de las grandes masas” obreras y populares ilusionadas desde hace casi 35 años con la trampa mortal del FA (al que los 12 años de dictadura contribuyeron a embellecer, al igual que los últimos 20 años de gobiernos colorados y blancos).

            La organización de los revolucionarios no es una hoja al viento que va para el lado que éste sople.

            Si sopla para el lado del precipicio hay que enfrentarse al viento, al precio que sea. Y esto incluye el precio del aislamiento, aun de muy buenos compañeros y no de arribistas y administradores del Estado capitalista (que sobreabundan).

            Las tácticas pueden ser diversas, pero deben ser claras y categóricas.

J. G.


Las tropas argentinas deben retirarse de Haití

El presidente depuesto de Haití, Jean-Bertrand Aristide, se encuentra en Sudáfrica desde febrero de este año. ¿Recuerda usted cómo llegó allí?

 

El 28 de febrero pasado, marines norteamericanos, con la ayuda y complicidad del gobierno francés y de una banda de paramilitares armados por Bush, destituyeron al entonces presidente de Haití Jean-Bertrand Aristide en un operativo relámpago. En pocas horas lo obligaron a renunciar, lo expulsaron del país, lo “chuparon” al estilo Videla, y lo enviaron hacia África, donde terminó recalando en Sudáfrica. Luego, pusieron en el poder al actual primer mandatario Gerard Latortue.

 

Los marines norteamericanos se encuentran desparramados por todo el mundo. Pero justamente en Haití, la misión de las Naciones Unidas no es dirigida por los mandos yanquis. ¿Sabe quién las comanda y de dónde son los soldados?

 

La misión internacional la presiden Brasil y la Argentina. Actualmente, este gobierno de facto es sostenido gracias a la ayuda de 3.000 soldados brasileños, argentinos, chilenos y uruguayos que, lejos del vestuario centroizquierdista de sus respectivos gobiernos, garantizan y respaldan los intereses imperialistas en Haití bajo la cobertura de las Naciones Unidas.

Los uniformados argentinos ya son 640 y, luego del encuentro de Río, pareciera haber un acuerdo entre los gobiernos de Lula y Kirchner para aumentar el número de efectivos de ambos países e intentar que el resto de los países de la región haga lo mismo.

 

¿Ha escuchado o leído las excusas con las cuales se sirve tan vilmente a las directivas imperialistas?

 

Si no se cruzó con ellas no se ha perdido gran cosa. Estos canallas dicen lo de siempre: defender la democracia, los derechos humanos…

Por supuesto que la presencia de soldados latinoamericanos en Haití nada tiene que ver con garantizar la estabilidad democrática y la defensa de los derechos humanos. Es más, los uniformados son corresponsables de las persecuciones, encarcelamientos y asesinatos de los seguidores de Aristide, que desde hace alrededor de un mes han comenzado a exigir la vuelta del ex-presidente.

“Algunos haitianos –dice Página/12 el 7/11/2004– están comparando la situación con la dictadura militar de 1991-1994 y con el régimen de François “Papa Doc” Duvalier y de su hijo Jean-Claude “Baby Doc”, entre 1957 y 1986. Pero una diferencia, dicen, es que “este régimen tiene la bendición de la comunidad internacional”.

 

A fines de septiembre el huracán Jeanne pasó por Florida, Estados Unidos y mató a seis personas. Mucho menos que las que mueren habitualmente, por ejemplo, en accidentes de tránsito. Todos los medios hablaron de ello y del partido de fútbol que tuvo que postergar Boca en Miami.

El mismo huracán pasó por Cuba y no mató a nadie. Tal como nadie muere por hambre o desnutrición ni porque algún niño entra a la escuela y acribilla a todo su curso.

Obviamente, nada de esto fue noticia.

Jeanne también pasó por Haití...

 

Los soldados argentinos y brasileños, junto con los chilenos y uruguayos, tienen más de 2.500 hambrientos menos que controlar. Y nosotros, querido lector, más de 2.500 razones por las cuales luchar por el retiro de las tropas argentinas.

 

Julio Hernández


estados unidos al asalto del mundo

Objetivo Colombia

El Congreso de Estados Unidos aumentó de 400 a 800 los miembros de su personal militar en territorio colombiano. Levantó una restricción que limitaba a 400 el número de soldados que pueden operar en ese país.

Asimismo, decidió elevar a 600 el número de contratistas, la mayor parte de los cuales trabaja en la prestación de servicios y asistencia a las fuerzas armadas colombianas. En su mayoría son militares con licencia quienes, a cambio de una suculenta cantidad de dólares, pasan sus “vacaciones” en la selva colombiana.

Desde que en el 2000 el gobierno de Clinton puso en marcha el Plan Colombia se han entregado más de US$ 3.000 millones en asistencia al país y se han aumentado los programas que componen las iniciativas contra las drogas, como por ejemplo las fumigaciones indiscriminadas de plantaciones. En las discusiones iniciales del Plan Colombia rondaba el fantasma de la vietnamización del conflicto colombiano cuando se habló de la entrada de militares estadounidenses en el país. Por ese motivo, entre otros, se votó aquella limitación de envío de tropas. Pero, al igual que sucedió en Vietnam, cada vez es mayor la presencia militar en la región sin que puedan terminar de “resolver” la situación.

Para Estados Unidos, Colombia se ha convertido en una importante plataforma de operaciones en la región andina donde es indudable que necesita involucrarse cada vez más, para intentar terminar  con las guerrillas e imponer el monopolio estatal de la violencia. Todo esto agravado por la conflictiva relación con Chávez, en Venezuela, y el surgimiento de gobiernos más críticos  en Brasil, Uruguay, Bolivia, etcétera.

Estados Unidos, con Bush a la cabeza, redobla la apuesta. No se van a quedar de brazos cruzados diciendo “Uy, nos va mal, mejor nos retiramos”. En Venezuela perdieron un golpe de Estado, y fueron por más; perdieron un lockout patronal, y fueron por más; perdieron el referéndum revocatorio, e insisten. Ahora lo intentan vía Colombia, porque además del petróleo venezolano y de pretender quedarse con el control absoluto del suculento negocio que representa el tráfico de drogas, también los mueve un objetivo más estratégico: controlar la mayor fuente de agua potable del planeta, la Amazonia.

F. de Bruno


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