el mundo tras el triunfo de bush
Más guerras, más oscurantismo
menos libertades
La caracterización que sintetizamos en la definición revolución socialista o más miseria, más militarismo y más barbarie capitalista se demostró una realidad presente, con un avance de la barbarie como producto de la descomposición de la era capitalista.
Según todos los analistas, el 80% de los votos a Bush fue en defensa de los valores morales ultrarreaccionarios de una sociedad putrefacta, cuyo hedor está asfixiando al planeta.
Una cifra también muy elevada de votantes consideró inconveniente cambiar de comandante en jefe en el medio de la guerra (como eufemísticamente denominan al pillaje colonialista contra los pueblos de Irak).
El triunfo de Bush fue producto de una gigantesca puesta en marcha de toda la ultraderecha religiosa, que aportó la base de masas a los intereses de los monopolios del sector militar-industrial y petrolero.
Este operativo se pudo realizar en una sociedad que camina hacia la barbarie, sumida en dos tipos de opios: el religioso y el de todo tipo de drogas (por las que hay más de seis millones de presos; por supuesto, ni uno solo de los que manejan el megamillonario negocio y día tras día ponen en el mercado nuevos inventos químicamente destructivos para lucrar con el envenenamiento de los más desprotegidos). Es que para muchos millones de pobres, sólo alguna droga religiosa o no puede abstraerlos del horrendo hoy de la vida cotidiana y de la absoluta falta de futuro en el reino de este mundo.
Por mucho que nos digan en contrario, ambos opios son igualmente nocivos, porque son dos formas de enajenación. Y, de algún modo, el más peligroso es el religioso, ya que está proveyendo cobertura ideológica para las guerras del siglo XXI.
Un país partido al medio
Eso mostraron también las elecciones en Estados Unidos. Bush perdió en las dos costas y arrasó en los pequeños pueblos desconectados no sólo del mundo sino del resto del país. Son estados inmersos en lo que Marx llamaba idiotismo rural o localista en este caso, que quieren detener los males del mundo real mediante cruces y ajos, como a un Drácula.
Este elemento de agitación del demonio (encarnado tanto por las relaciones sexuales prematrimoniales y sus varias virginidades como por el fantasma del terrorismo), ha jugado un papel cohesionante, de dominio ideológico, para la burguesía en un país sin historia, conformado por inmigrantes desarraigados de todo tipo, esclavistas y esclavos.
A ese gran paquete Bush sumó su propio estado petrolero (Texas) y el de Florida, gobernado por su hermano, tierra del exilio cubano-gusano que hizo de Miami (como antes de Las Vegas), una ciudad parecida al emporio turístico-prostibulario-timbero que era Cuba antes de la revolución.
Y, en una verdadera andanada oscurantista, se realizaron 11 plebiscitos contrarios a los homosexuales, al derecho al aborto y a los matrimonios del mismo sexo. Además, en Alabama, se votó una ley xenófoba contra los inmigrantes mexicanos.
Todo esto se combinó en algunos lugares, como Ohio, con leyes proteccionistas del carbón y el acero a fin de atraer el voto de sectores obreros.
Desde el 11S manda
el terrorismo de Bush
Más allá de si Bush y su banda hicieron o dejaron hacer los atentados a las Torres o le encargaron a algún servicio de Inteligencia amigo que los organizara, el hecho concluyente es que a más de tres años de producidos no ha habido una sola acción que les diera continuidad en Estados Unidos, lo que hace altamente probable que jamás haya existido red ni organización exterior que los programara. Recordemos que el invento del ántrax tuvieron que pararlo porque todas las pistas llevaban a las oficinas de investigación científica del FBI.
Esto no significa que no haya numerosos grupos antinorteamericanos, así como también hay africanos que odian a los imperios europeos. Lo que sí quiere decir es que la producción tipo Hollywood montada aquel mismo 11 de septiembre (con un señor barbudo, ex socio de los Bush, escondido en una cueva de un país desconocido) no tiene ningún sustento real.
Pero si Drácula ha funcionado como un elemento de terror a escala internacional durante un siglo, hay que admitir que en estos años las Torres derribadas cumplieron el mismo papel para sustentar el dominio social en el pánico irracional.
Para hacer olvidar aunque sea durante los días de los comicios el empantanamiento en Irak y las sesiones de torturas en masa en Abu Ghraib, mágicamente volvió a aparecer Bin Laden. Real o trucado por alguna computadora que cualquier niño puede manejar, el video venía a decir: ¡El peligro se mantiene!. Con ello, se ponía en el platillo-Bush de la balanza a una ancha franja de población de escasos conocimientos y formación. Un camarada estadounidense definía: En los debates, Bush presentó sus argumentos hablando el inglés como un niño de 10 años (pero muchos norteamericanos hablan igual).
Ese norteamericano medio tiende a identificarse más con el estilo cowboy de Bush que con el acartonamiento seudoaristocrático de Kerry. Dicho sea de paso, el opositor demócrata no presentaba alternativa alguna: votó en el Senado, al igual que los republicanos, a favor de la ocupación colonial de Irak y nunca planteó retirarse de ella sino hacerla mejor.
Todo el poder a Bush
Así tituló La Nación su tapa del 4 de noviembre. Y tiene razón. Bush y su banda guerrerista, oscurantista y enemiga de las libertades pasaron a controlar los tres poderes y van por más.
Van a aprovechar que algunos jueces de la Suprema Corte se van a jubilar o a morir, por su edad avanzada para nombrar jueces ultraconservadores. Lo mismo harían en todos los escalones de la Justicia.
No es una casualidad que acaben de nombrar como nuevo secratario de Justicia, en reemplazo del archirreaccionario John Ashcroft, a alguien que está aún más a la derecha. Se trata del asesor que ideó la barbarie de utilizar a Guantánamo como trampa extraterritorial para despojar de todo derecho a los prisioneros de la invasión de Afganistán. Se apellida González, nació en Texas, y no habla castellano. Ahora renuncia Colin Powell como secretario de Estado, para dar lugar a la ultrarreaccionaria Condolezza Rice, fiel a los halcones.
El cómodo control del Congreso alcanzado por Bush, le otorga algo más que lo que los superpoderes le pueden aportar a Kirchner.
El triunfo de Bush es malo para el mundo y también para el pueblo trabajador de Estados Unidos.
Es una catástrofe que, no por anunciada, resulta menos terrible. El genocidio inmediatamente posterior al resultado electoral, desatado sobre Fallujah y preparado desde tiempo atrás, es un trágico anticipo de lo que le espera al mundo, incluido al pueblo norteamericano.
Porque Bush necesita seguir doblando la apuesta. Eso favorece a un gran sector burgués, y a la ultraderecha evangélica y católica que aporta su base militante. Pero crea nuevas y graves contradicciones, no sólo con otros sectores burgueses sino también en sus propios puntos de apoyo. Por ejemplo, en el problema militar.
Estados Unidos tiene unas Fuerzas Armadas relativamente pequeñas (1,5 millón de hombres), junto a su descomunal superioridad tecnológica. Y las tiene desparramadas por el mundo.
La tasa de natalidad del wasp (el hombre blanco, anglosajón y protestante) es muy baja, con índices parecidos a los de Europa. Por eso, un general Sánchez dirigió hasta hace poco las tropas en Irak y es muy importante el componente latino entre la tropa.
La política de Donald Rumsfeld de apostar a la obvia superioridad tecnológica y enviar fuerzas numéricamente escasas (135.000 efectivos en Irak) para sostener una ocupación de esas características ha fracasado. Para ocupar (no sólo invadir) un país de dimensiones considerables, hace falta gran despliegue de infantería y no alcanza con la tecnología. Máxime cuando hay una resistencia fuerte.
Además, la moral de esas tropas no parece estar muy alta. La reciente decisión de 19 soldados/ as de negarse a custodiar un convoy militar, y de comunicar esta decisión a sus familias en Estados Unidos para que la hicieran pública, habla con elocuencia del temor a ser fusilados clandestinamente por sus oficiales. En igual sentido, la cantidad de heridos y muertos por fuego amigo, demuestra la extrema tensión nerviosa de tropas que le temen a todo lo que se mueve, y disparan antes de averiguar si se trata de un camarada o de un enemigo.
La posibilidad/necesidad de instalar algún tipo de servicio militar obligatorio está objetivamente planteada si se quieren superar las limitaciones propias de un ejército mercenario basado en una tropa plebeya mayoritariamente hispanos y negros, con escaso o nulo patriotismo.
Pero este cambio no sería sencillo de realizar: el síndrome Vietnam hizo eliminar el Servicio Militar Obligatorio y su reimplantación daría como fruto profundos conflictos.
Este tema reviste una gravedad extrema para el imperio, ya que el curso hacia el militarismo es una decisión de Estado que trasciende quién es el candidato a cargo del Ejecutivo.
Es que el telón de fondo del militarismo es la crisis económica, que tiene las dimensiones acordes a la magnitud del imperio. La rebaja de impuestos de Bush beneficia sólo al 1% de los más ricos, y achica todo para los más pobres. El Wall Street Journal informa que los jefes de empresas (CEO) ganan como promedio US$ 2,12 millones al año; es decir que lograron un aumento de 7,2%. Los trabajadores de oficina recibieron un aumento de 3,6%, lo que significa que, con inflación, los salarios no han ido a ningún lado. La polarización social va en aumento.
El gigantesco déficit presupuestario está dirigido a favorecer al complejo militar-industrial-petrolero y a sus socios del sector de informática, que fuera la vedette de los 90 y ahora se muestra en retroceso, como lo indica el Nasdaq: sus valores han caído a menos de la mitad del pico que alcanzaron el 10 de marzo del 2002.
Pero la salida militar a la crisis, los ha metido en guerras inconclusas, empantanadas tanto en Irak como en Afganistán. Las resistencias locales han anotado más de 1.000 nombres en la lista de bajas oficialmente reconocidas y muchos más mutilados y heridos entre las tropas de ocupación.
Más allá de la ridícula farsa que serán las elecciones previstas para enero en Irak con un ejército de ocupación jugado a aniquilar la resistencia con métodos hitleristas, lo más probable es que Bush siga redoblando la apuesta. Siria e Irán están en la mira, por más que la heroica resistencia en Irak imponga un retraso a esos planes.
El camino emprendido el 11S por Bush y el estado norteamericano, es un camino sin retorno. Por eso renuncia Colin Powell y ocupará su puesto la super halcona Condolezza Rice. Salvo que se produzca una gran crisis a escala internacional que incluya a Estados Unidos y, sobre todo, si pegara un salto la resistencia también a escala internacional contra las guerras de agresión colonial.
El objetivo prioritario de Bush hoy es hacer de Medio Oriente un protectorado norteamericano con Sharon y el capataz militar israelí como gendarme. Pero viene por más. Colombia es sólo la cabecera de playa de un intento similar en América latina.
Las formas de lucha para enfrentar esta ofensiva diferirán de acuerdo con las regiones y circunstancias. Pero la conclusión común es que la humanidad sólo podrá frenar el horror de la barbarie derrotando a los imperialismos a todos en el camino hacia la revolución socialista internacional.
Jorge Guidobono
La gran democracia del Norte, ¿existió alguna vez?
Es sabido que, cuatro años atrás, Al Gore del Partido Demócrata, recibió medio millón de votos más que George W. Bush. Pero en el Colegio Electoral, Bush tuvo más votos y fue Presidente.
No fue la primera vez. En 1824 (¡176 años antes!), Andrew Jackson recibió 38.000 más que John Q. Adams pero Adams ganó en el Colegio Electoral. En 1876 Samuel Tilden recibió 25.000 votos más que Rutherford Hayes, pero Hayes fue presidente porque ganó en el Colegio Electoral. En 1888, Grover Cleveland recibió 90.000 votos más que Benjamin Harrison pero Harrison ganó en el Colegio Electoral.
En 1920 Eugene V. Debs, del Partido Socialista, ganó por casi un millón de votos, pero no recibió ni un solo voto en el Colegio electoral.
En el Colegio Electoral sólo se cuentan los votos del ganador en cada Estado.
Los votos del perdedor no cuentan. Es como si los votantes del perdedor no hubieran existido. Es decir, los votos de un demócrata en Utah no cuentan, porque los mormones que viven allí siempre votan por el Partido Republicano. En California, el voto de un republicano o de un tercer partido no cuenta, porque siempre gana el Partido Demócrata.
El aparato del Colegio Electoral fue incluido en la Constitución de 1787 por el miedo que los 55 representantes todos hombres blancos, muchos dueños de esclavos tenían por la Rebelión de Shay, del año anterior.
Estos 55 representantes, 11 años antes (1776), se habían rebelado contra el rey de Inglaterra. Pero tenían miedo de la pasión popular que proponía una revolución más profunda.
En 1786, 1.500 veteranos se levantaron y tomaron los tribunales y cárceles en gran parte del estado de Massachusetts. Soltaron a los presos que en gran parte habían sido encarcelados por sus deudas y atacaron a los especuladores que les habían comprado sus granjas por monedas. Hasta Jefferson que había redactado la Declaración de Independencia apoyó el movimiento desde Francia: Hace falta una rebelión de vez en cuando.
La rebelión fue aplastada, pero los ricos temían que los pobres pudieran elegir su propio presidente. Como resultado de ese temor, inventaron el Colegio Electoral.
Hoy es casi imposible que un tercer partido pueda postular un candidato presidencial en todo Estados Unidos. Cada Estado tiene reglamentos distintos. Roger Calero, por ejemplo, del Socialist Workers Party (ex-trotskista) pudo presentarse en 14 estados. Y por no ser nacido en Estados Unidos, es posible que no cuenten sus votos.
En California, el Peace and Freedom Party (una alianza de socialistas independientes) postuló para la presidencia al preso político Leonard Peltier que ya lleva casi 30 años encarcelado, acusado de haber asesinado a dos agentes del FBI en 1973.
En ese entonces, los indígenas militantes ocuparon el asentamiento de Wounded Knee. Entre 1973 y 1976 fueron asesinados 60 indígenas. El FBI llevó a 150 de sus agentes para enfrentar a los rebeldes. En el tiroteo, murieron dos agentes y un indígena.
Por la ley electoral, Leonard Peltier sólo puede ser candidato a la presidencia en el estado de California. La campaña electoral fue una forma más de luchar por su libertad.
E. GILMAN
Según Bush es delito ser árabe o musulmán
La ofensiva de George Bush contra todo el mundo árabe es la pantalla de su política de asaltar el mundo para propagar su guerra de pillaje.
Hoy las libertades individuales y los derechos humanos en Estados Unidos están heridos de muerte. Hay ciudadanos desaparecidos sin posibilidades de saber sobre su paradero y su delito es ser árabe o profesar la religión musulmana. Los que vivimos en la Argentina sabemos qué significa esto: la desaparición sistemática de personas iguala a Videla con Bush y su Acta Patriótica. La diferencia está en que uno reprimió, torturó y asesinó a ciudadanos de un país menor dentro del mundo capitalista y el otro apunta y puede someter a grandes regiones del mundo.
Este salto se pegó a partir del 11S, y con la posterior invasión a Afganistán. La detención de los afganos por presunción de terrorismo o de ser miembros de Al Qaeda, sin titubeos, plantearon que no tienen ningún derecho a defensa. Hoy encerrados, en condiciones infrahumanas, en jaulas expuestas al sol y la intemperie en Guantánamo, fueron los primeros pasos de una escalada que se sabe dónde empezó, pero no sabemos en qué nuevo horror puede terminar.
Esto no es nuevo en la historia de Estados Unidos. El mundo está lleno de mitos y uno es que el país del norte es una gran democracia, una tierra de libertades: en la segunda guerra mundial más de 120.000 ciudadanos americanos estuvieron confinados en campos de concentración por el delito de tener ascendencia japonesa.
Detrás de esta campaña digna de Torquemada, se intenta empujar a todo el mundo a vivir bajo el terror de que su seguridad está en peligro porque hay musulmanes en su vecindario.
La lógica de esta campaña se apoya en el fundamentalismo religioso, en el caso de Bush, el fundamentalismo cristiano. Este tipo de enfoques requieren excluir la reflexión, el razonamiento y el pensamiento científico. Por el contrario, se fortalecen valores como el nacionalismo o la defensa de la patria.
Pueblos de Carolina del Sur, donde Bush arrasa, tienen la misma conducta que los judíos ultraortodoxos o los fundamentalistas islámicos: las mujeres deben tapar su cuerpo y está prohibido cualquier roce entre hombres y mujeres. (Clarín, 21/10/04).
Así como Hitler estigmatizó a los judíos para justificar al nazismo, Bush lo hace con los árabes y musulmanes. Es que en un mundo en guerra se acaban las libertades. Dice Eric Hobsbawm: Considerando el mundo en su conjunto, en 1920 había treinta y cinco o más gobiernos constitucionales y elegidos (...), en 1938 diecisiete, y en 1944, aproximadamente una docena. La tendencia es clara. (Historia del siglo XX, Ed. Crítica, páginas 118-119).
Dice Gema Martín Muñoz, doctora en estudios árabes e islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid: En la realidad histórica y geográfica que conforma el mundo árabe existen y conviven con gente de otras religiones y culturas. Lo árabe y lo islámico son conceptos completamente distintos, uno se refiere a una pertenencia geográfica, cultural y lingüística. Lo otro se refiere a la religión, en este caso la islámica. La gran mayoría de los árabes son musulmanes. Lo cual no quiere decir que no haya árabes no musulmanes: hay árabes que son cristianos y hay árabes que son judíos (Clarín, 26/10/04).
Bush y otros imperialistas, para llevar adelante este discurso, necesitan negar la diversidad para construir estereotipos y un sentido común que dé paso a la discriminación y la xenofobia. Se animó a decir sobre Irak que era un lugar oscuro y bárbaro, el mismo lugar que dio nacimiento a una de las civilizaciones más antiguas, milenarias y de tremenda riqueza cultural.
Europa no queda excluida. Francia, como ya sabemos, prohíbe el uso del velo a las estudiantes musulmanas. Es como que prohíban a los judíos usar la estrella de David o a los cristianos el uso del crucifijo.
En la Argentina, no olvidemos lo que se dice en torno a la Triple Frontera.
Esto ya lo sabemos todos, pero es bueno volver a resaltarlo. Los grupos terroristas son hijos directos de la política internacional de la Guerra Fría llevada adelante por Estados Unidos con sus socios menores, como Paquistán o Arabia Saudí, entrenados y financiados por la CIA, para enfrentar a la URSS cuando invadió Afganistán.
Mientras siga el pillaje imperialista-capitalista, sólo se puede esperar más horror. En Estados Unidos hay desaparecidos. Es legal investigar en las librerías que lecturas consumen sus clientes. El sitio de Internet Indymedia, fue bloqueado por el FBI, por pedido de Italia y Suiza.
La lista podría ser larga. Pero también tenemos el ejemplo del pueblo español que le dijo no a la caza de brujas que querían hacer los hijos de Franco organizados en el Partido Popular.
Un ejemplo de valentía y desprejuicio, es el director argentino-israelí Daniel Baremboim, que ha defendido la causa palestina más de una vez y, en contra de la corriente, ha defendido el intercambio cultural y la convivencia pacífica entre palestinos e israelíes. Decía de su amigo, el intelectual palestino Edward Said: Edward Said fue muchas cosas para mucha gente pero, en realidad, su alma era el alma de un músico, en el sentido más profundo de la palabra. La amistad de ambos es un ejemplo para los explotados del mundo.
Rechazar la islamofobia es defender nuestros derechos democráticos.
Verjádez
Viva el heroico pueblo palestino
Muerto Arafat, Bush y Sharon buscan desatar la guerra civil
La muerte de Yasser Arafat significa una conmoción inmensa en toda la región y en el mundo.
Es que incluso para quienes discrepamos muchas veces con él, Arafat era el símbolo viviente (el padre de la patria, diríamos aquí) del anhelo de una Palestina libre.
Por eso, al margen de los misterios que rodearon las circunstancias de su muerte, todos los explotadores y sus gobiernos hicieron los máximos esfuerzos para que su entierro tuviera la menor relevancia posible. La ceremonia de El Cairo se hizo prácticamente a escondidas y lejos del pueblo egipcio por decisión del tirano Mubarak, amigo de Estados Unidos desde hace un cuarto de siglo. Bush mandó a un secretario de un secretario y no hubo un solo presidente europeo presente. Hay que reconocer que hubo poca hipocresía a nivel imperialista.
El imponente funeral en Ramallah, donde cientos de miles de palestinos recibieron y acompañaron el cádaver de su líder con salvas de disparos de sus kalashnicov durante media hora, desapareció rápidamente de los medios. Y en un alarde de repudiable desprecio por el dolor de un pueblo heroico, sistemáticamente masacrado, las escasas imágenes que mostraron pretendieron presentarlas como una muestra de violencia.
Por delante está la convocatoria a elecciones para el 9 de enero y ya hubo un primer atentado contra uno de los líderes palestinos moderados.
Cómo se realizarán las elecciones con el ejército israelí ocupando todo el país, es un enigma, salvo que se tenga la ingenuidad, o el cinismo, de creer que el dúo de genocidas Bush-Sharon guardará una prudente neutralidad.
Ellos intervendrán no sólo porque les interesa lo que hagan los palestinos y sus dirigentes, sino también porque se está agrietando aún más el frente interno de Sharon. El Likud está virtualmente partido y la ultraderecha sionista no está dispuesta a soltar ni un tramo de las tierras ocupadas, aun cuando todo el operativo de Sharon sea una vulgar estafa avalada por los laboristas.
Por más que se hable de elecciones, lo que se cierne sobre la región son vientos de violencia y de guerra (agravados por la ocupación yanqui en Irak).
Bush y Sharon intentarán impedir la crisis que comienza a aparecer en el horizonte de Israel fomentando la guerra civil palestina. Buscan unir como sea a Israel y jugarse a conquistar una dirección palestina lo más alcahueta y afín a ellos que sea posible. Ésa es la jugada, favorecida por el carácter burgués y religioso del grueso de las dirigencias palestinas.
Pero no es un rompecabezas que puedan armar con facilidad. No hubo, no hay ni habrá solución nacional en una región que los distintos imperialismos balcanizaron artificialmente.
Sólo la revolución antimperialista y anticapitalista que barra a los distintos estados de la zona y abra paso a una Federación Socialista de Medio Oriente es una perspectiva realista. Cualquier anhelo de lograr una solución nacional es una utopía reaccionaria, por más que siga el genocidio del pueblo palestino por los sirvientes sionistas de Estados Unidos o se provoquen nuevas guerras coloniales, como la actual en Irak, u otras que empiezan a vislumbrarse, como contra Irán y Siria.
Jorge Guidobono
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