Operativos: el Estado
AL ATAQUE

El momento ideal fue el clima reaccionario que dejó la protesta de los sectores medios de la sociedad frente a la ola de secuestros. Y el Estado aprovechó para avanzar un paso contra las libertades democráticas multiplicando su presencia armada en las calles. Un ejército conformado por la Policía Bonaerense, Gendarmería y Prefectura Nacional, se volcó a los barrios obreros y populares de La Cava, Carlos Gardel y Fuerte Apache con un imponente despliegue de efectivos. Requisando e indagando a toda persona que entrara, saliera o pasara por el lugar, en vivo a través de varios medios televisivos, constituyó un claro mensaje destinado a que la población asimile la idea, y empiece a entender que debe acostumbrarse a convivir bajo el clima de control social y militarización permanente del espacio público.

Los resultados generales del primer día del operativo (previo aviso público de que se realizaría) son irrisorios y rozan con lo ridículo: dieron como saldo sólo catorce detenidos en uno de los tres barrios: una lápida que pinta de cuerpo entero a la institución que seguramente, al terminar el día, contó más delincuentes debajo de sus uniformes que dentro de los propios barrios.

Una de las fuerzas llamadas a realizar los controles, la Bonaerense, tiene al 60% de sus efectivos sumariados y otro alto porcentaje está procesado por gatillo fácil, torturas en comisarías, asesinatos por encargue, corrupción, enriquecimiento ilícito... No es una originalidad decir que allí residen los mayores delitos y anidan los peores delincuentes: para colmo, en una de las requisas, cual macabra ironía de la realidad, no pudieron ocultar que uno de los detenidos resultó ser el hijo de un comisario de la Bonaerense acusado de asesinar a un policía de la Federal.

La presencia policial permanente de la Federal en toda la Capital no está desprendida de lo anterior y tiene el fin de hacer esconder el hocico lo más posible a los sectores populares y su juventud para domesticarlos física y psicológicamente, y empezar a tener un mejor control de movimientos en la ciudad. Se agrega a esto la persecución política con la represión directa que se realizan combinadamente en territorios lindantes entre Capital y Provincia, haciendo allanamientos específicos con el fin de poner a raya y penalizar la protesta social; hechos de esta naturaleza son moneda corriente contra militantes políticos y sociales.

Operativos similares a los que se empezaron a hacer no son nuevos en Capital ni en la provincia puesto que también bajo otros gobiernos se han realizado golpes comando, rastrillajes y simulacros en villas del conurbano, entre otros barrios pobres. Pero éstos, a diferencia de aquéllos, están muy lejos de expresar una tarea de rutina y más bien responden a una orientación global y de largo alcance del Gobierno. Es, sin lugar a dudas, una política de Estado. Hay que registrar el hecho de que Kirchner ("el hijo de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo") está inaugurando esta avanzada policíaca y que ello implica un salto considerable en su política, mostrándose sin caretas como el funcionario que es del Estado capitalista y qué planes reales se traza con relación a las libertades democráticas y los derechos humanos. Su misión de recomponer la imagen de las instituciones incluye urgentemente al aparato represivo, porque la tarea sucia que éste está llamado a cumplir es de difícil concreción por su bien ganado desprestigio. En consecuencia, para resolverlo, el Gobierno intenta entablar una conciliación forzosa entre la casta de uniformados y la sociedad, pero no sólo de su clase media sino sobre todo sus sectores más bajos (quienes en principio vieron con buenos ojos estos operativos), para ir logrando el acostumbramiento y la aceptación natural a ser un rebaño manso frente al Estado, y hasta colaborar con él. Y sobre esta base de ambigüedad en las filas de los explotados, facilitarse en adelante una política de represión abierta.

El problema es que la institución represiva está tan podrida por dentro que ni siquiera le podrán hacer cambios cosméticos. Porque "la mafia policial", como gusta llamarla a los medios de centroizquierda, no lo es por "falta de formación y bajos sueldos"; lo real es que toda la institución constituye un poder armado diferenciado del resto, con intereses materiales propios por los negocios ilegales que manejan como el narcotráfico, los servicios de inteligencia y de seguridad privada, el contrabando, robo de bancos, juego clandestino, piratas del asfalto, desarmaderos, secuestros millonarios. Es un aparato ligado directamente a los negocios capitalistas y hasta cierto punto es independiente del poder político.

Hay un tanteo permanente del Gobierno para medir la respuesta social en el terreno democrático con miras a imponer definitivamente un régimen aún más totalitario como lo viene exigiendo la inestabilidad política en Latinoamérica. En ese marco se dio la represión a los piqueteros en los subtes, se persigue judicialmente a los luchadores y se aprestan ahora a saturar las calles céntricas y las barriadas con millares de efectivos policiales. Para enfrentar este ataque, en primer lugar, hay que desenmascarar el argumento de la supuesta "seguridad del pueblo" con que intentan recubrirlo cuando, Justamente, pretenden dejarlo en manos de fuerzas llenas de delincuentes y mafias.

Al mismo tiempo, hay que organizar acciones de repudio y resistencia en los barrios y comprometiendo -centralmente- para ella a los organismos de Derechos Humanos, a la CTA, a los partidos de izquierda y a todos los que se reclaman defensores de las libertades públicas.

PABLO MOLINA


ENTREVISTA CON TRABAJADORES DE BRUKMAN
Una conquista y una pelea que continúan

El pasado 30 de octubre la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires votó la expropiación de la textil Brukman, de la cual se hará cargo la cooperativa "18 de Diciembre" conformada por los trabajadores. Este paso logrado luego de casi dos años de lucha, promete nuevos problemas a resolver. En primer lugar, que el ingreso a la planta se efectivice y, en segundo término, ir peleando contra todas las trabas y presiones que impone la legalidad patronal, incluidas las contenidas en los términos mismos de la ley y las imposiciones arbitrarias que decreta Ibarra. Para ello, es necesario seguir rodeando de solidaridad la lucha de las obreras y obreros de la fábrica y acompañarlos en este nuevo desafío.


-¿Cómo se encuentra el conflicto en este momento?

Elisa: -Estamos a la espera de los temas administrativos que creo que nos pueden llevar un mes, un mes y algo. Hay un problema con la plata para el alquiler, que la tiene que poner el Gobierno porque esa plata la jueza se la tiene que dar a los acreedores. La otra opción que tenemos es pagar nosotros un alquiler simbólico, pero una vez que ya estemos trabajando. Bueno, en esa espera estamos. Incluso, esto me parece peor que todo lo anterior porque no depende de nosotros sino que depende del Gobierno. Ya nos han dicho que por más que se quiera hacer rápido hay temas administrativos que demoran. Es lo que dicen ellos. Nosotros, mientras tanto, vamos a estar afuera.

Se está discutiendo todo esto porque yo no sé si podemos estar un mes más sin llevar plata a nuestras casas. Incluso los mismos aportes que la gente solidariamente nos daba se cortaron debido a que piensan que ya estamos trabajando porque salió la quiebra. Ahora vamos a intentar hacer una asamblea para discutir todo esto. La mayoría tenemos la posición de entrar aunque sea pagando el alquiler simbólico. Lo importante es estar adentro de una vez por todas y no darle más tiempo a los Brukman para que presenten alguna traba legal que nos estanque, después de todo lo que hicimos.

Celia: -El jueves 20 estuvimos con la jueza y nos aclaró bien que el Gobierno de la Ciudad se tendría que presentar a pedir la concesión; de esa manera sería más rápido, se allanarían todos los caminos y podríamos estar adentro de la fábrica más pronto. La realidad es que todavía no sabemos en qué quedó eso porque el Dr. Caro tendría que venir a informarnos y hasta hoy [24/11], no vino.

Yuri: -Estamos en las últimas etapas de este conflicto, si bien ganamos algunas batallas muy importantes no ganamos la guerra, como quien dice.
-¿Qué sería ganar la guerra?

Yuri: -Me refiero a entrar a la fábrica, eso sería la última batalla y ganaríamos la guerra. Quedaría demostrado para la opinión pública, para la clase trabajadora del país y del mundo, que nosotros teníamos razón y que por eso es que peleamos, peleamos, peleamos y no bajamos en ningún momento los brazos. Esperamos que esta semana o la próxima tomemos posesión de la fábrica y bueno, empecemos otra vez una nueva etapa de lucha, pero ya estando dentro de la fábrica. Será todo distinto.
-¿Cómo imaginás que será?

Yuri: -Desde ya pienso que vamos a tener problemas. Problemas económicos y de todo tipo. Nos imaginamos la situación en la que está la fábrica puesto que los dueños entraron con gente ajena a la fábrica, y pagada. Sabemos que nos sacaron plaquetas de algunas máquinas que son caras, alrededor de 300 dólares.

Para salir adelante vamos a tener que reorganizarnos desde abajo y, para nosotros lo más importante, organizar la producción, manejar la fábrica y seguir peleando, seguir para adelante después de haber pasado por muchas etapas.

-¿Qué es lo que más valoran de estas etapas?

Celia: -El haber resistido, ponernos fuertes y luchar con cuerpo y alma en esto de recuperar la fábrica. No haber bajado la cabeza, ni arrodillarnos ante el gobierno. Yo personalmente me opuse muchísimo al microemprendimiento que nos propusieron en algún momento porque para mí no era la salida, tenía confianza en que íbamos a recuperar la fábrica. Y bueno, así se hizo. Muchos nos opusimos a eso. Seguimos dando una discusión por la pelea por la expropiación y por el pedido de quiebra y lo conseguimos. Pero mirá que hubo que debatir muy fuerte acá en la asamblea para poder consensuar.

También valoro mucho la fortaleza de todos los compañeros, porque mal o bien superamos momentos de cansancio y de falta de confianza. Hay que tener en cuenta que el cambio político que se está dando, no tiene nada que ver con lo que fue en el 2001 o incluso en el 2002. Aunque se está haciendo muy corriente esa frase de que "es un veranito, una primavera". Pero ya se está viendo que el gobierno de Kirchner no es lo que parecía que iba a ser. Por eso hay tantas protestas de los desocupados y muchos conflictos sindicales que están saliendo. Igual, todo cambió mucho en relación con un tiempo atrás: no hay tanta fuerza en el movimiento obrero y eso hizo que muchos compañeros hayan querido, en algún momento, bajar los brazos. Pero lo que yo rescato es que todos tuvimos mucha fortaleza para llegar hasta acá y que la vamos a seguir teniendo para poder entrar y empezar a trabajar como deseamos.

Elisa: -Yo antes no conocía ni el movimiento de desocupados, ni que había gente peleando, ni que había tantos partidos de izquierda. Lo que más rescato es la posibilidad que tuve de conocer eso. También que, a pesar de que teníamos tanto miedo el primer día, tuvimos la fuerza de creer que nosotros podíamos. Aprendí que construir nunca es en vano. Construir organizaciones, movimientos, no es en vano porque hoy se ven los frutos, más allá de que hoy tengamos que estar de la mano de Caro para poder entrar. Nada hubiéramos logrado si no hubiéramos hecho esta gran lucha demostrando desde un principio que queríamos la expropiación.

En lo personal me da fuerza saber que hay que seguir construyendo y que tenemos que hacer un esfuerzo mucho mayor para poder lograr todo lo que queremos.
De todo lo que hemos hecho, la clave para mí ha sido la unidad con otros trabajadores, con los desocupados, con las fábricas recuperadas, con todos. Unidad y unidad ante todo; unidad en la acción. Si desalojaban a alguien o había una lucha, ahí estábamos nosotros para poder decir "se puede seguir peleando". Eso nos iba alimentando a nosotros mismos y nos hacía sentir bien, sentir que podíamos.

Yo pienso que lo que se siembra se cosecha. Por eso el día que nos desalojaron de esta misma calle Jujuy, hubo una cantidad impresionante de gente. Como dijo en algún momento mi compañera Celia: "No pueden decir que los trabajadores de Brukman no estuvimos en el puente Pueyrredón el día que mataron a Santillán y a Kosteki, no pueden decir que no estuvimos en las vías, que no estuvimos en los subtes, que no estuvimos cuando desalojaron las casas o las fábricas recuperadas, como Lavalán; no pueden decir que los compañeros de Brukman no pusieron todos sus brazos para hacer esa unidad y construir algo". Eso es lo que más rescato de lo que hicimos, aunque la pelea siga.

Yuri: -Hay dos cosas fundamentales. La primera es la lucha que dimos con todos los componentes de la cooperativa, que en algún momento se diezmó por toda la situación que hemos estado pasando, con muchos problemas económicos, sociales y personales. Pusimos todas nuestras fuerzas. Pasamos etapas malas, etapas buenas, de mucha discusión y peleas internas también. Pasamos por todas esas etapas y en estos momentos podría decirte que estamos ya más apaciguados, esperando la entrada a la fábrica.

Lo segundo puede ser el enorme apoyo masivo que conseguimos de la gente. No solamente de los trabajadores sino también de los desocupados, estudiantes, asambleas populares y las corrientes políticas de izquierda, más la gente que trabajó mucho por el fondo de huelga. Todo esto ayudó para que la lucha no se caiga, no se vaya a abajo y ahora estemos esperando el día en que volvamos a entrar a la fábrica.

Juan Carlos: -La nuestra es una lucha que se dio a la inversa: nosotros deberíamos haber empezado como estamos ahora, en la carpa, y seguido en la fábrica. Pero tuvimos que hacer al revés: empezamos en la fábrica y terminamos en la carpa. Pero bueno, a través de intensas gestiones podemos nuevamente entrar a la fábrica.
En todo este camino, lo que más valoro es el sacrificio que hicieron las compañeras. Las que más sacrificio hicieron fueron ellas: estas mujeres han puesto todo. Los hombres también pusimos lo nuestro pero lo que más se notó fue el esfuerzo inmenso que hicieron las mujeres al estar acá en la carpa pasando frío, lluvias y muchas cosas. Hay compañeras que han pasado por enfermedades, otras que viven muy lejos y sin embargo se quedaron en la lucha, se quedaron en la carpa. Hubo momentos difíciles, momentos de angustias, momentos de nervios, de decaimiento. Pero bueno, ahora hay que continuar.

-¿De qué manera?

Celia: -Con la producción en marcha y demostrándole a la sociedad que peleamos por algo justo y que vamos a salir adelante con la misma fuerza con que conseguimos la expropiación y la quiebra.

Juan Carlos: -Ahora vamos a continuar con la cooperativa de trabajo que se llama 18 de Diciembre, por el día en que se inició todo. Vamos a seguir trabajando con control obrero, como siempre, más allá de la forma legal que tengamos. Además, la lucha en las calles no termina. Tampoco termina el acompañamiento a los trabajadores desocupados, piqueteros, estudiantes, sindicatos de base, a las asambleas de barrio; en fin, a todos ellos que nos han prestado un gran apoyo.

Elisa: -Adentro va a ser complicado porque, al estar legalmente, siento que de alguna manera nos trataron de disciplinar en lo que ellos querían, en lo que este sistema nos permite, que es la cooperativa. No te puedo decir que todos los compañeros quieren luchar, porque algunos están demasiado cansados después de tantos días, de tantos altos y bajos. Tenemos muchas compañeras mayores. Pero la pelea va a ser para que, además de que llevemos un sueldo a nuestra casa, podamos generar trabajo. Ojalá podamos hacerlo. Y cuando se nos venga, después de dos años, ese vencimiento por el tiempo en que nos prestan la fábrica, tenemos que estar preparados demostrar que lo que no pudieron hacer los Brukman lo podemos hacer nosotros. Pero para eso hay que entrar.

-¿Qué fechas manejan como posibles para el ingreso?

Yuri: -En estos momentos existen pequeños detalles tácticos y técnicos que hay que ir definiendo, sé que hay un problema con el alquiler, por ejemplo. El abogado Luis Caro nos había dicho que esta semana estaría todo listo y ojalá esto sea así, porque si cambia la situación por el tema del alquiler, esto se complicaría mucho.

-¿Esperan encontrar problemas cuando entren?

Elisa: -Sí, en una entrevista que le han hecho a los Brukman, mostraron plaquetas de las máquinas. Entonces es evidente que han sacado varias de ellas. Es más, se corre el rumor de que el trabajo que teníamos acumulado lo han estropeado. Era mucho, eran 2.000 pantalones, que si les han hecho tajos en las piernas convierten en inútil todo el trabajo. Estamos viendo que va a haber un retraso para empezar la producción. Pero bueno, ya vamos concientizados de eso y con los ánimos de que todo es solucionable. Peor es estar afuera.

-Les agradezco mucho.

Yuri: -No, gracias a ti, a la gente de tu partido y a toda la que ha estado apoyándonos en momentos buenos y en momentos malos. La lucha que estamos llevando adelante también es gracias a ese apoyo. Y si nosotros ganamos también gana toda la gente que nos ha ayudado. Siempre buscamos la unidad en acciones concretas y con eso se pueden conseguir cosas importantes, como quien dice.

JULIO HERNÁNDEZ (24/11/2003)


Fábricas recuperadas
Un debate necesario sobre sus perspectivas y limitaciones

 

A partir del fenómeno de las fábricas recuperadas por los trabajadores, surgieron muchas discusiones sobre su significado. Viejas y nuevas polémicas giraron y giran en torno a la noción de autonomía de las clases dominadas, al problema organizativo, a la relación entre organizaciones políticas partidarias y organismos de base, la participación y las posibilidades de que esas experiencias se extiendan en un camino revolucionario.

Más allá de cualquier interpretación o de las limitaciones de estas experiencias, dejamos en claro una cuestión que no merece ningún tipo de dudas: la defensa irrestricta de cualquier toma de fábrica por parte de los trabajadores para que sea gestionada por ellos mismos. El cuestionamiento a la propiedad privada de los medios de producción y la participación directa de los trabajadores son puntos de partida irrenunciables para cualquier proyecto revolucionario constituyendo una base para el aprendizaje de la autoorganización obrera.

La discusión sobre la autonomía ofrece distintas lecturas posibles. En primer lugar, se relaciona con las capacidades de los trabajadores para gestionar la producción con independencia del poder de los propietarios capitalistas. Otra visión -la de la autonomía con respecto al Estado- rechaza cualquier tipo de "contaminación" de las organizaciones populares a través de las diversas políticas estatales; o bien descarta cualquier instrumento de construcción estatal no capitalista. Dentro de esta línea interpretativa, hay sectores que sostienen la necesidad de construir autónomamente de partidos políticos y sindicatos, revalorizando las nociones de democracia directa y horizontalidad.

En un plano teórico distinto se distinguen otras cuestiones: a) la autogestión y el autogobierno popular como forma organizativa superadora del sistema capitalista; b) la noción de que la extensión de las formas de organización autónomas anticipan en el presente formas de socialismo; y c) por último, están quienes plantean la ruptura de las formas de organización de la producción social y de toda la sociedad respecto de las formas capitalistas de producción y su organización política, desechando completamente la conquista del Estado (porque implicaría una forma de reproducir el poder jerárquico y autoritario), al mismo tiempo que se rechazan las mediaciones exteriores (los partidos que intentan controlar los diversos movimientos sociales). No obstante, la autonomía no brota espontáneamente de las relaciones sociales, sino que se gesta en la lucha y en su comprensión.

La sacralización de las experiencias de las fábricas recuperadas, se basa en una visión que cree que su desarrollo permitiría establecer como resultado una alternativa al capitalismo. Si bien las formas de autoorganización y autogestión pueden ayudar enormemente para anticipar relaciones sociales alternativas, permitiendo profundizar experiencias que desarrollan formas no jerárquicas, no hay que perder de vista que estas formas no capitalistas son incompletas, porque no alcanzan un horizonte general de superación del sistema capitalista en su conjunto.

Muchos de quienes plantean como el "camino a seguir" la profundización y extensión de estas experiencias no tienen en cuenta un dato central de la realidad económica. La mayoría de las empresas recuperadas son producto de que muchos capitalistas locales de sectores no dinámicos de la economía abandonaron "sus" fábricas, que ocupan un lugar marginal en la producción, por lo que la base económica potencial queda limitada a la subsistencia. Desde esa concepción, se considera posible generar una economía alternativa, una economía paralela, con nuevas relaciones de producción al interior de la sociedad capitalista, escapando a la ley del valor y de las relaciones de explotación capitalista.

Las fábricas recuperadas no son producto de la ofensiva de la clase obrera que le está arrebatando empresas productivas a los grandes capitales. Son resultado de la crisis del capitalismo y sus secuelas de desempleo estructural y destrucción. Lo peor para cualquier política es el aislamiento y considerar que experiencias pequeñas y "puras" constituyen el camino a seguir. No existen islas productivas que escapen a la lógica del capital, aunque desarrollen prácticas sociales democráticas y solidarias. Incluso los debates sobre "estatización" o "cooperativismo" pueden ser estériles sin tener en cuenta las relaciones concretas de poder.

Apostar al desarrollo central de alguna de estas experiencias nos lleva a caminos peligrosos: la cooptación por parte del sistema, encontrando un sector del mercado para su producción, o volver a tener niveles de superexplotación de sus trabajadores queriendo estar sujetos a los convenios colectivos dirigidos de los sindicatos. La experiencia de El Hogar Obrero, que se inició como un proceso dirigido por los trabajadores y terminó en una empresa capitalista que generó innumerables estafas, marca una de las posibilidades concretas: la integración al sistema. En síntesis, el proceso no es unívoco, los caminos son múltiples.

Poner el acento exclusivo en las fábricas recuperadas -como así también en el movimiento piquetero- hace olvidar la existencia de conflictos en los sectores del movimiento obrero (sindicalizados o no) que siguen ocupados bajo la órbita del gran capital. Obviamente, siguiendo estos análisis no se tiene en cuenta la correlación de fuerzas desfavorable del conjunto de los oprimidos, ni el desarrollo integral de la lucha de clases, como tampoco la capacidad de reacción de las clases dominantes. La suma aritmética de conflictos no lleva irremediablemente a la crisis del sistema capitalista y la aparición mágica del socialismo. Este sería un reciclado de los postulados de Bernstein que, un siglo atrás, sostenía que la progresiva ampliación de conquistas y libertades democráticas en el seno de la sociedad capitalista, llevaba al socialismo.

Básicamente, lo se discute, es el tema del poder político: la necesidad de la organización, y de sus diversas formas. El mayor nivel participativo y la democratización de las decisiones son puntos de partida irrenunciables para cualquier construcción alternativa que tenga como horizonte la transformación, pero no es la receta mágica que lo soluciona todo. Gran parte de la izquierda partidaria actúa en los conflictos privilegiando la construcción de sus propios aparatos, con una concepción sustituista que tira por la borda cualquier grado de autonomía de las masas. El surgimiento de concepciones "basistas a ultranza" es una reacción lógica ante aquellas lógicas de construcción elitista. No hay ninguna dirigencia "lúcida" que nos pueda llevar de la nariz por la "línea correcta", pero tampoco esto se resuelve con el asambleísmo permanente.

Por último, habría que plantear una cuestión central: el Estado. Cuando se plantea la estatización, no se tiene en cuenta el carácter de clase del Estado, que no es una instancia de mediación neutral, sino el que garantiza la relación social desigual que se desarrolla en el capitalismo, y que su objetivo es preservar y perpetuar esa relación. Al mismo tiempo, al ser una relación social es un ámbito más (no el único) donde también se desarrolla la lucha de clases. En este sentido, no hay que caer en falsos ejes de discusión como apostar todo al control estatal o abandonar toda lucha con respecto al poder político y ocuparse solamente de construir espacios autónomos, supuestamente incontaminados de las relaciones sociales del poder del capital, desconociendo que el Estado tiene miles de caminos para abortar experiencias de autogestión. El Estado capitalista no va a dejar libremente que las masas populares construyan poder propio. Siempre actúa: o poniendo límites jurídicos, integrando las experiencias; o bien, llegado el caso, reprimiendo, buscando disciplinar -de distintas maneras- a los trabajadores.

NANDO


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