Un Primero de Mayo de coraje y resistencia obrera

Con escenario en Brukman

    Desde que se cortara la tradición anarquista y socialista del movimiento obrero con el advenimiento del peronismo del ’45, y su posterior “fiesta del trabajo”, por primera vez la lucha de los trabajadores ha sido la protagonista indiscutible el Primero de Mayo del 2003. Es también un hecho superior a la muy positiva tradición inaugurada por el MAS de los ’80, de instalar la reivindicación de la fecha en la Argentina con banderas rojas, pero siempre vinculadas a una (o varias) corrientes políticas partidarias. Por mucho que todos reivindicáramos el carácter de lucha obrera de la fecha, todas las conmemoraciones realizadas hasta ahora tenían un carácter netamente ritual (lo cual para nada les quita validez). Esta vez ese carácter de lucha obrera no fue una mera proclamación, sino que el Primero fue parte indisoluble de esa lucha.

    Nada garantiza que esto no se pierda mañana. Pero ya nada ni nadie podrán borrar de la historia real del movimiento obrero en la Argentina, que el Primero de Mayo del 2003 fueron las obreras de una modesta fábrica del vestido, con su lucha, quienes se constituyeron en factor aglutinante de la mayor parte del activismo que se moviliza en el país. Y hay que batallar para impedir que esto sea enterrado mediante el silencio clasista premeditado de los medios de la burguesía, ni por el miserable boicot y aislamiento de toda la dirigencia sindical, en particular la que está al frente de la CTA, como De Gennaro, que ni siquiera se dignó recibir a las trabajadoras que le solicitaron una entrevista, desde el desalojo hasta hoy.

 

¿Por qué tanta importancia?

 

    En primer lugar, no hay que considerarlo aislado del desalojo violento del viernes 18 y la represión del lunes 21. Ante estos hechos fueron muchas las especulaciones de quienes –así como quisieron ver sólo una conspiración duhaldista en la rebelión popular que volteó a De la Rúa– ahora se dedicaron a teorizar que lo de Brukman se trataba de una maniobra del menemismo para desprestigiar a Duhalde y su delfín Kirchner. Claro que se olvidaron que Menem no pretendía competir precisamente recubriéndose de un halo de progresismo, sino que propone militarizar la sociedad, con lo cual es bastante improbable que se haya dedicado a forzar una muestra de “mano dura” por parte de su competidor. Por el contrario, parece más coherente leer que el gobierno fue quien dirigió un mensaje al imperialismo y los monopolios, tratando de demostrar que no hacía falta cambiar el palo de la baraja para asegurar los intereses patronales. “La población irá a las urnas tragándose ese sapo” fue, de hecho, el mensaje de Duhalde… y hay que decir que el 27 lo logró.

    Sin embargo, apenas a 10 días de una represión a mansalva y 96 horas después de las elecciones, el Primero de Mayo mostró que había un activismo numeroso que se mantenía en pie, con su moral en alto y dispuesto a reafirmar, a la vez, que apoyaba el objetivo de volver a recuperar la fábrica.

    La Nación estimó en 7.000 las personas que se concentraron en Independencia y Jujuy, alrededor de la tribuna desde donde las obreras de Brukman dieron inicio al acto en que ofrecieron la palabra a tres dirigentas de la Unión de Trabajadores Desocupados de Gral. Mosconi, que viajaron hasta Buenos Aires para hacer oír el reclamo de libertad para los luchadores presos en las cárceles del menemista Romero. También hablaron representantes de Zanón y de los ferroviarios del Sarmiento en lucha por el salario.

    Un tono bastante diferente y con menor participación tuvo el acto posterior convocado por IU y el Bloque Piquetero en la Plaza de Mayo. Entre una veintena de oradores prevaleció el tinte electoralista por sobre cualquier programa de lucha, y pese a las rimbombantes alusiones al carácter “unitario” tuvo más de amontonamiento y concluyó con menos de 3.000 personas que esperaron hasta que Brukman le diera cierre, tal como se había comprometido.

 

¿Por qué Brukman?

 

    Es más que evidente que la crisis económica capitalista no tiene como epicentro una fábrica del vestido de medio centenar de obreros. Cobra entonces dimensión el carácter aleccionador –para todos los trabajadores del país– que tuvieron el desalojo violento, la represión y el cerco policial que se mantiene aun hoy alrededor de la fábrica vacía. El mensaje es sencillo y clarito: si no te vas a resignar a ser un desocupado más a cambio de un “plan” de $ 150; si pretendés mostrar que la fábrica puede funcionar cuando la patronal la abandonó luego de vaciarla, sólo te esperan la calle y la represión. Y esta lección no estaba dirigida a 50 obreros, sino a los 20 millones que conforman la población activa del país (ya sea ocupada, tercerizada, subocupada o desocupada). En este contexto, golpear sobre una fábrica chica facilitaba la tarea.

    Es que las obreras de Brukman, lejos de verse débiles por su número o por el tamaño de su musculatura, se transformaron en un punto de referencia para todos los trabajadores del país. Porque cuando la patronal se hizo humo, después de pagar salarios de dos pesos y consumar su estafa, ellas sacaron adelante la fábrica a lo largo de un año y medio en el que, además, se negaron a cooperativizarse o avenirse a alguna otra variante de lenta agonía con vencimiento a no más de dos años vista.

    Y lo lograron con una simple fórmula que combinó tres elementos: firmeza, coraje y trabajo. Como siempre hace falta algo más, le añadieron el debate en asamblea para la toma de decisiones, y abrieron sus oídos a las opiniones de todo el que se acercase a compartir el curso de su lucha sin violentar las decisiones propias.

    Con ese mismo método pudieron afrontar el desalojo, reagruparse y encabezar una resistencia férrea que no se doblegó pese a todas las presiones políticas –desde el mismo viernes “santo” elegido por el poder para reintegrar la sacrosanta propiedad privada a manos de los delincuentes comunes que son los Brukman– con las que se las intentó inducir a abandonar el lugar, además del abrumador despliegue policial que transformó al barrio en una plaza sitiada.

    Sin embargo, el objetivo de recuperar la fábrica reafirmado en el orden del día de la asamblea cotidiana, fue la mejor brújula para orientar y armonizar los pasos a dar en función del mismo. Esto pudo verse tanto cuando los delantales celestes entrelazaron sus manos en la osadía de traspasar la valla que los separaba de sus máquinas; como también a la hora de decidir reagruparse en Once el día siguiente a la represión, torciéndole la muñeca al miedo y a todo el que pretendiese mirar para otro lado. Así, el martes 22 lograron que una masiva movilización las acompañase ante las vallas para instalar su carpa.

 

Rodear la carpa de solidaridad activa

 

    La pelea sigue abierta pese al duro golpe recibido. Hoy, además de estar a cielo abierto, las obreras y obreros de Brukman están en la mira de la justicia patronal que traspasó el conflicto del ámbito laboral al fuero penal, caratulando la causa de “usurpación”.

    Elementales razones de solidaridad proletaria exigen todo el apoyo. Pero rodear de solidaridad a Brukman es también una tarea de autodefensa para todo trabajador consciente. Es mucho lo que puede y debe hacerse. En primer lugar acercarse a la carpa en la placita de México y Jujuy para hacer tangible que Brukman no está sola. Hay que trabajar día tras día para lograr que la esquina sea un hervidero, un punto de organización para todos los sectores que se acercan a colaborar, pero también un punto de coordinación de comisiones internas, delegados de base, o simples activistas. Porque es necesario ir tejiendo una red que ayude a coordinar la pelea no sólo de los despedidos o desocupados y las corrientes de izquierda, sino de los cientos de miles de trabajadores muchos de los cuales viven sus propios conflictos laborales en un aislamiento que no se romperá si no se traspasan las artificiales fronteras de los gremios y las patronales que nos dividen.

    A las puertas de Brukman está planteada la posibilidad de empezar a tejer esa coordinación, ya que se parte de un punto aglutinante muy sólido, siempre y cuando no se pierda de vista el objetivo de recuperar la fuente de trabajo bajo la forma que sus trabajadoras consideren conveniente.

    Y lo urgente e impostergable: hacer colectas para sostener el acampe y todas sus tareas. No hay quien no pueda colaborar en esta actividad, ya que puede realizarse en escuelas y facultades, pero también en los lugares de trabajo, entre los vecinos del edificio, de la cuadra y del barrio. Lo que no doblegaron con gases y balas, no debe perderse por hambre.

L. RUBIALES

 

 

Hosted by www.Geocities.ws

1