En DEFENSA de
Cuba
“No consideramos
necesario utilizar por ahora la fuerza militar contra Cuba”, respondió Colin
Powell a la pregunta de la NBC sobre si pensaban “liberar” a la isla de la
misma forma que a Irak (Clarín, 5/5/03).
El momento elegido
para ametrallar a la isla con obuses cargados de “derechos humanos” no es entonces
el resultado casual de una macabra ironía. Es un ataque destinado a preparar el
terreno internacional para otro tipo de bombardeo más convencional, tal como
surge de las palabras de Powell.
El objetivo es
doble: esconder los atroces crímenes de guerra de conquista colonial cometidos
por Bush y su pandilla contra decenas de miles de iraquíes, a la vez que busca
minimizar la magnitud de la continuidad de la masacre ante la resistencia de
importantes sectores que se oponen activamente a la ocupación, como forma de
despejar el camino para la guerra internacional de Estados Unidos, lanzado al
asalto del mundo.
Con las manos
manchadas por la sangre de sus recientes víctimas en Afganistán e Irak, el
aspirante texano a Hitler esgrime como punta de lanza del actual ataque a Cuba,
a intelectuales y artistas que, en su mayoría, adscriben a la nefasta “teoría
de los dos demonios” que acompaña –como la sombra al cuerpo– los
pronunciamientos de los distintos imperialismos europeos.
Muchos de ellos
denunciaron el genocidio contra Irak, y sus declaraciones son utilizadas por
Estados Unidos para aislar a Cuba y redoblar la preparación de todo tipo de
agresión contra ella (económica, política o militar).
Estas voces claman
por los 65 nuevos presos en la isla. Pero nada dicen del casi millar de afganos
que Bush mandó encerrar en jaulas a pleno sol en Guantánamo, la base militar
norteamericana instalada en Cuba.
Tampoco dicen media
palabra en contra de que el gran aliado de Estados Unidos en Medio Oriente, el
vetusto tirano egipcio Hosni Mubarak, tiene en sus cárceles más de 20.000
presos políticos. Ni denuncian los crímenes de su otro aliado, el Estado turco,
que superan los cometidos de conjunto por Videla, Pinochet y cuanto dictador
hayamos conocido en el Cono Sur.
Arteramente se
desgarran las vestiduras hablando en contra de la pena de muerte. Pero aquí no
estamos ante una discusión sobre la pena de muerte (a la que nos oponemos) sino
que se trata de poner en cuestión el legítimo derecho de Cuba a defenderse de
los ataques de que es objeto.
La Liga Socialista Revolucionaria
reconoce y defiende ese derecho, más allá de las insalvables diferencias que
tengamos con el régimen de Fidel Castro. Cualquier crítica al mismo, sólo es
válida si se realiza colocándose en la trinchera opuesta a la del imperialismo,
en lucha tan denodada contra sus crímenes como por desnudar las mentiras con
las que los recubre; y en la más intransigente defensa de la agredida
revolución cubana, nuevamente en la mira del gendarme norteamericano.