Estados Unidos al Asalto del Mundo
GUERRA a la guerra
Fuera la ONU de Irak
Estados Unidos y sus aliados están lanzados
a una guerra pirata para apoderarse de grandes reservas de petróleo en Irak y
en toda la región. El pretexto que utilizan para hacerlo, es lo de menos. El
problema de fondo es que hay una grave crisis capitalista después de que se
pinchara el globo especulativo de los ’90 en Estados Unidos, y sus actuales
gobernantes se lanzan a la guerra para tratar de emparchar esa crisis, de la
que ellos mismos fueron protagonistas destacados ocupando cargos ejecutivos en
las fraudulentas quiebras de Enron y muchas otras megaempresas.
Estamos a las puertas de un genocidio gigantesco y del estallido de todas las instituciones de la segunda posguerra, incluyendo a la ONU, la Otan y muchas otras.
La causa básica está en que el asalto de
Estados Unidos para lograr un reparto del mundo todavía más favorable para sí, no se pretende hacer sólo a costa de la
muerte de millones de pobres sino también a expensas de sus viejos socios
imperialistas europeos que, por ejemplo, tienen grandes inversiones
petroleras en Irak y en todo el Medio Oriente. Por eso Francia y Alemania, y
sus socios de Rusia y China, utilizan su peso político en la ONU para evitar
que Estados Unidos, apoyándose en su mayor poder militar, los barra de la
región y establezca un “virreynato del oro negro” desde Medio Oriente hasta
Asia central, para ir asfixiando energéticamente a su principal contendiente:
la creciente China, frente a la cual los altos mandos norteamericanos preparan
planes de guerra a tan sólo diez años vista.
En contra de la mentira de Fukuyama en los
’90, de que se había entrado en la era de la “democracia” y se habían terminado
las guerras, éstas son intrínsecas e inherentes al imperialismo/capitalismo y
lo siguen como la sombra al cuerpo.
La Liga Socialista Revolucionaria se
pronuncia en contra de la guerra de piratería de Estados Unidos y sus aliados,
y por su derrota a manos de quien sea. También estamos en contra de la
ocupación de Irak por cascos azules e inspectores de la ONU, y por su derrota a
manos de quien sea.
No habrá paz para los pueblos si no es
sobre la base de la derrota de los imperios que generan las guerras. La clave
para la derrota de los modernos piratas, está en el levantamiento
revolucionario de todos los pueblos del Medio Oriente contra sus respectivos
gobiernos capitalistas y proimperialistas, que barra con sus estados y coloque
su armamento al servicio de la lucha activa del pueblo trabajador contra esta
nueva guerra de conquista imperial.
Al mismo tiempo, consideramos vital llevar
adelante una consecuente lucha anticapitalista y antimperialista en Venezuela,
en Colombia, en la Argentina y en toda América latina. Es una batalla
imprescindible aun cuando sea por el solo punto de “¡No a la guerra!”, por el
cual se están moviendo millones en todo el mundo, incluso antes de que suenen
los tiros.
Por supuesto, los imperialismos no deciden
las guerras según los resultados de las encuestas de marketing, tal como dejó
claro el propio Bush. Pero es en extremo importante que parta de tamaña
debilidad social inicial, ya que ésta puede combinarse luego con complicaciones
durante la guerra, con rebelión social y política en distintos puntos (como
Corea y Colombia), y la guerra contrarrevolucionaria puede terminar abriendo
situaciones opuestas, revolucionarias, que puedan derrotar a los distintos
imperialismos y al dominio capitalista del mundo: los dos requisitos para poner
fin a las guerras e impedir que el capitalismo y el imperialismo hundan a la
humanidad en la barbarie y destruyan al planeta.
Los cementerios y la “democracia” de Bush
En el discurso de Bush se deshilachó el
pretexto de “desarmar” a Irak y pasó a primer plano el “poder divino” de Bush
de imponer a bombazos su “democracia”, tras devastar un país y asesinar a
cientos de miles o millones de sus habitantes. Esta nueva “cruzada” de la
ultraderecha cristiana es un pretexto que ofende a la inteligencia humana,
sobre todo cuando lo dice un presidente que asumió gracias al fraude. Después
de perder en número de votos, su hermano, gobernador de Florida, organizó la
estafa en ese Estado impidiendo que se recontaran los votos. El caso pasó a la
Suprema Corte (de Reagan y Bush padre), que consagró presidente a George W. por
la decisión favorable de cinco miembros contra cuatro. ¡Buen maestro de
“democracia” tiene el mundo!
Similar endeblez tiene el argumento acerca
de la posesión de armamento de “destrucción masiva”, cuando si hay un país al
que habría que desarmar definitivamente, es Estados Unidos, el principal
poseedor de armas biológicas, químicas y nucleares con las que se puede
destruir varias veces el planeta. Así, el tema del armamento de Irak se fue
desinflando, y amenaza con estirarse como un chicle en la ONU. Y Bush no puede
tener 200.000 hombres paralizados, con el dedo en el gatillo, por mucho tiempo
en medio del desierto y con la proximidad del verano.
Con
o sin aval de la ONU la suerte está echada y Estados Unidos va a la guerra de
piratería petrolera. Y la ONU pasaría a hacerle compañía a la fenecida
Sociedad de las Naciones que se murió entre la primera y la segunda guerra
mundial.
El proceso actual en el Consejo de Seguridad, convertido en una feria de ofertas y demandas, pone al desnudo la mentira del andamiaje montado después de la segunda posguerra. Turquía “musulmana” negocia dólar a dólar con Estados Unidos la venta de su territorio para la guerra yanqui y es también un indicio a qué ha quedado reducida la independencia nacional de países importantes en manos de mercaderes, fenicios “globalizados”, cualquiera sea su religión e ideología.
Hacia la militarización y los regímenes policíacos
En
el país que alardea de ser la más vieja democracia (esclavista, agregamos
nosotros), a las libertades y derechos civiles les están pasando por encima con
una topadora. Cientos o miles de árabes han “desaparecido”, e incluso las
autoridades discuten públicamente que no son iguales a Videla. Hay persecución
macartista contra los opositores a la guerra, y desde los aeropuertos hasta las
calles y comisarías, los derechos civiles han desaparecido en gran medida. Es
legal “pinchar” teléfonos. El sistema de espionaje sobre los correos
electrónicos está autorizado. Se puede detener gente por “averiguación de
antecedentes” sin límites de tiempo y sin dar datos de su paradero.
En pocas palabras, Estados Unidos vive en virtual estado de sitio, mucho más grave que
los que soportamos los latinoamericanos antes de los golpes que los continuaron
y superaron.
Estados Unidos marca una tendencia para el
mundo. Dos golpes de Estado en menos de un año en Venezuela, demuestran –al
margen de su fracaso– los estrechos límites de disidencia que admite el imperio
del norte. El salto en la militarización de Colombia, con nuevas tropas
estadounidenses, indica una tendencia a la vietnamización de América latina,
que va acompañada por la creciente presencia de bases militares norteamericanas
en la región, incluida la Argentina (Salta, Misiones, Tierra del Fuego).
En ningún lado está escrito que estas
tendencias orgánicas del imperialismo se puedan imponer, cosa que dependerá del
nivel de movilización antimperialista y democrática de las masas del mundo.
Pero sí demuestran que son inherentes a una guerra de pillaje desembozado como
la que está a punto de estallar.
La resistencia a la guerra
Esta
guerra es la que ha encontrado mayor resistencia en más de un siglo, superando
incluso a la de Vietnam, donde las movilizaciones en su contra comenzaron
recién años después de iniciada la guerra. Y ni que hablar de las dos guerras
mundiales en las que el grueso de los pueblos de los países imperialistas apoyó
a sus dueños.
Es que, por un lado, la llamada
“globalización” golpeó al nacionalismo y llevó a una visión más internacional
de los problemas. Por otro lado, hay división entre los distintos imperialismos
y por eso las movilizaciones más masivas fueron en Europa, auspiciadas por
gobiernos enfrentados a Estados Unidos, o por la oposición a la alcahuetería de
Blair, Aznar o Berlusconi. Los muchos millones que se movilizaron pacíficamente
el pasado 15 de febrero tienen mucha importancia, pero también la tienen los
miles que están tratando de bloquear las vías en Italia para impedir o
dificultar la movilización de pertrechos militares hacia el Golfo.
Los socialistas revolucionarios somos
fervientes partidarios de la más amplia unidad de acción con todos estos
sectores, así sólo se opongan al militarismo y la guerra, y no hayan
comprendido que estos horrores nacen del capitalismo y el imperialismo.
Alentamos la unidad de acción contra la
guerra con quien sea, por ese solo punto, al mismo tiempo que propagandizamos
la necesidad de la revolución anticapitalista y antimperialista nacional e
internacional. Y bregamos por la coordinación internacional de los socialistas
revolucionarios bajo las formas político-organizativas que logremos encontrar
en común, en esta hora histórica para la humanidad.
JORGE GUIDOBONO