El Medio Oriente balcanizado
va en camino de ser
reunido a bombazos
El grueso de los países actuales de la
región son un invento de la descolonización, la mayoría, de la segunda
posguerra.
Hasta la primera guerra mundial todos eran
parte del Imperio Otomano (turco). Después de que éste fuera derrotado, sus
territorios quedaron como protectorados coloniales en manos de ingleses y
franceses.
A Irak se le concedió una independencia limitada por parte de
Gran Bretaña en 1932, porque resultaba caro el protectorado y los imperialistas
igual dejaron grandes bases militares. Pero es un país conformado
artificialmente, como producto de la integración de las provincias otomanas de
Basra, Bagdad y Mosul, en la frontera trazada por el Reino Unido que le dio el
nombre de Irak. Esto significa que no se puede hablar de un “pueblo iraquí”,
sino que en su territorio conviven tres pueblos: kurdos en el norte, sunnitas
en Bagdad y chiítas al sur.
El grueso de los países de la región logró
una independencia formal en la segunda posguerra, donde fueron inventadas en
semanas, familias reales con una “antigüedad milenaria” trucha o se dibujaban
países al calor de proyectos nuevos. Recientemente se publicó una frase de Churchill
diciendo: “Inventé Jordania en un día de primavera; eran las 16.30, no recuerdo
de qué año”.
Este invento tenía que ver con la partición
de Palestina y la creación del Estado de Israel, hijo del imperio
franco-británico hasta 1956. La guerra de agresión contra Egipto –que había
nacionalizado el canal de Suez– protagonizada en común por Israel junto a los
viejos imperios coloniales, fue vetada por Estados Unidos y la URSS. Esto
profundizó la debilidad de los imperialismos europeos y empujó a Israel a
entrar directamente en la órbita norteamericana.
Irak fue, años después, una pieza en el
tablero estadounidense contra la revolución iraní de 1979. Abastecido por
Estados Unidos bajo Reagan, Irak atacó a Irán en una terrible guerra de ocho
años que dejó un millón de muertos. El actual secretario de Defensa, Donald
Rumsfeld, entregó personalmente armas químicas a Bagdad para ser usadas contra
Irán en 1984.
Para no aburrir con ejemplos, digamos que
el mismo partido, el Baath (socialismo árabe), dirige Siria e Irak desde hace
más de 40 años. Siria ocupa desde hace casi tres décadas parte del Líbano; los
emiratos pigmeos que creó Londres en el Golfo están controlados militarmente
desde la Guerra del Golfo de 1991 por tropas norteamericanas, igual que el
invento que es Kuwait (una “nación” de la que se puede hablar tan genuinamente
como cuando Duhalde dice “Nosotros, los bonaerenses”, para referirse a los
habitantes de una provincia donde hay “de cada pueblo un paisano”).
Finalmente, el territorio de Arabia
Saudita, con su realeza “trucha” (de la que proviene Bin Laden), tradicional
aliada de los yanquis, no sólo es sede del santuario de La Meca, adonde
peregrinan los musulmanes, sino que desde la Guerra del Golfo también sirve de
asiento para una base militar de 10.000 marines. Concentra la mayor reserva
petrolera del planeta, razón por la que ve con poca simpatía (por su propia
seguridad) que Estados Unidos invada a su vecino Irak, la reserva de petróleo
mundial que ocupa el segundo lugar detrás de Arabia Saudita.
La ocupación de Irak es la cabecera de
playa para la ocupación estadounidense de todo Medio Oriente y su
transformación en una especie de “virreynato del oro negro”. Nuevas guerras
piratas están en el horizonte. Bush muestra el espejito de colores de “la
democracia”, cinco siglos después de que América latina sufriera el genocidio
de la conquista con argumentos parecidos a los suyos.
Israel es el gendarme de la región, el sheriff norteamericano. Por eso está en
curso “la solución final” sobre el pueblo palestino, que combinará cámaras de
gas y algún Quisling –el títere de Hitler en Noruega– como acaba de reclamar
Bush y viene haciendo Sharon. Otra cosa es que pueda lograrlo porque la heroica
resistencia del pueblo palestino se lo impida, a pesar de sus dirigentes y del
fracaso de medio siglo de la política nacionalista burguesa antijudía, y no de
clase e internacionalista.
J. G.