60 días de gobierno de Lula

Ni una medida

a favor de

los trabajadores

   El ferviente apoyo de la inmensa mayoría de los brasileños y la simpatía de decenas de millones de latinoamericanos, parecen no haber sido suficiente respaldo para que Lula dé siquiera un pequeño paso en beneficio de los millones de trabajadores, campesinos y pobres de Brasil. No inició el reparto de tierras, no aumentó los salarios, no enfrentó a los monopolios ni al imperialismo en ningún terreno y tampoco revisó las privatizaciones truchas realizadas por el gobierno de Cardoso. Más bien, está haciendo todo lo contrario.

   Entonces, cabe la pregunta: ¿Si no hizo nada de esto hasta ahora, en pleno idilio con las enormes masas de pobres que lo apoyan, podrá esperarse un brusco giro para el próximo período? Todo indica que esto último es poco probable y que, por lo menos, se están perdiendo los mejores momentos para hacerlo.

   Se acercan los primeros cien días de gobierno y, de hecho, el rumbo fijado por el gobierno del PT es una continuación y profundización de los ocho años de gestión neoliberal de Fernando Henrique Cardoso. Lo único que pareciera tener de obrero el actual gobierno de Brasil es el lejano origen de su titular. Sólo eso. En el resto, ha demostrado un claro rumbo burgués, a lo sumo, mediado por un discurso conciliador que, debido a la crisis actual en la región, difícilmente deje de ser sólo palabras.

   Algunas de las últimas medidas adoptadas por Lula hablan por sí solas: recortes presupuestarios anunciados estos días para cumplir con los acuerdos con el FMI, reformas jubilatorias y tributarias que recaerán en los sectores más pobres y no encarar (tal cual lo dicho en la campaña electoral) una pelea del conjuto de América latina contra el Alca; por el contrario, se limitó a discutir los términos de la colonización.

   El único compromiso hecho por Lula desde el primer día de su gobierno fue el de garantizar que los más de 50 millones de indigentes del Brasil “coman tres veces al día”. Entonces, ¿por qué no hubo un decreto para que las empresas más importantes pongan todos los fondos necesarios para su aplicación inmediata? Más bien, con el Proyecto Hambre Cero (PHC) se entró en negociaciones que no privilegian a los hambrientos y pobres sino a los grandes monopolios que, haciendo sólo un pequeño aporte, gozarán de grandes descuentos impositivos.

   Al mismo tiempo, los acuerdos del PT con la centroderecha y la derecha, son cada vez más firmes. Una pequeña muestra de ello es la decisión de no investigar el escándalo que envuelve al senador Antonio Carlos Magalhaes (dueño de media provincia en Bahía y llamado “el coronel”), que “pinchó” el teléfono de más de 200 dirigentes políticos.

   Párrafo aparte merece la militarización de Río de Janeiro ordenada por Lula. Con la excusa de “combatir el narcotráfico como nunca nadie lo hizo”, miles de soldados sitiaron la ciudad. Esto sienta un precedente gravísimo: se puede usar al Ejército para reprimir conflictos sociales, hoy con el pretexto del narco, mañana contra obreros, campesinos y estudiantes.

   Dentro de este marco, la Central Unica de Trabajadores y los sectores de izquierda que forman parte del PT y también el Movimiento Sin Tierra, enfrentan un desafío en el cual les va la vida: en el corto plazo, y con las tácticas que sea, deberán independizarse de un gobierno de claro carácter burgués y que, además, ha dado indicios también de estar enfrentado con los intereses de los pueblos hermanos de América latina con su política proimperialista para Venezuela.

   La inmensa mayoría del pueblo brasileño rechazó categóricamente, en las últimas elecciones, las consecuencias de una política neoliberal. Se aferró –y aún lo está– a las ilusiones que Lula supo despertar entre ellos. Está en sus manos también –y en el de los sectores de vanguardia que tengan una política independiente del Estado y del Gobierno–, resolver qué hacer para que millones y millones de compañeros vayan haciendo la experiencia que no están frente a un gobierno “propio” o “amigo” de los obreros, sino que gobierna con y para los patrones.

 

Julio Hernández

 

 

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