Bolivia

El espejo de América latina

     El único presidente del mundo que no sabe hablar el idioma de su país –Goni, le dicen– no aprendió de la experiencia de Cavallo de rebajar los sueldos el 13% para cerrar las cuentas frente al FMI. Gonzalo Sánchez de Lozada, prudentemente, lo hizo en sólo el 12%. Pero el resultado fue peor.

     La política imperialista de achicar de prepo los estados para que cierren sus cuentas fiscales y cobrar así la deuda usuraria, tuvo en Bolivia un quiebre espectacular: el del estado, sintetizado en el enfrentamiento a balazos entre la policía y el ejército, con el saldo de decenas de muertos y la iniciativa estudiantil como origen y un paro general de la Central Obrera de Bolivia (COB) como continuación.

     La política del FMI de achicar los estados nacionales para que los usureros cobren, tiene un problema: la 182 división aerotransportada norteamericana no puede estar en todos lados simultáneamente en la región. Y Estados Unidos carece de un aparato militar capaz de ocupar 18 millones de kilómetros con 400 millones de habitantes. En Vietnam, donde fueron aplastados, la superficie era similar a la de la provincia de Buenos Aires y la población equivalía a la de la Argentina. Y lo que es más grave aún, si los pueblos de América latina nos unimos en una resistencia continental, Estados Unidos tiene tantas posibilidades de organizar un ejército acorde a ella, como Bush de ganar el premio Nobel de Literatura.

 

La chispa encendió la pradera

 

     Mientras militares leales (por ahora) al presidente extranjero se baleaban con la policía, el pueblo irrumpía en escena, tumultuosa y desordenadamente.

     En pocas horas se incendiaron en distintas ciudades los símbolos del poder: el ataque se concentró en los emblemas del poder económico y político, incluyendo un partido que fue mucho más nacionalista e importante que el peronismo: el MNR, el que cambió su protagonismo en la revolución de hace medio siglo por un presidente semi yanqui que no sabe hablar en español (y no por afición al quechua y al aymará).

     Habiendo asumido hace apenas seis meses el gobierno está en la cuerda floja y grandes sectores de la población reclaman su caída, empezando por Evo Morales del MAS, la COB y otros movimientos sociales y políticos.

     Se ha abierto un paréntesis que no sabemos qué duración tendrá, aunque todo parece indicar que breve.

     Los grandes capitalistas del país, del gas, el petróleo y el narco, no parecen todavía haber bajado la mano a Sánchez de Lozada. Pero lo pueden hacer en cualquier momento si la lucha de clases arrecia y no les queda más remedio que sacrificar a su peón agringado.

     Bolivia no tiene solución sólo tirando a Goni y llamando a una constituyente donde los revolucionarios anticapitalistas y antimperialistas serán, casi seguramente, minoría. Sólo puede tener un inicio de solución con una revolución obrero-campesina que en alianza práctica con sectores bajos de la policía y las fuerzas armadas destruya el poder burgués sobre la base de la organización independiente, bajo la fórmula específica que consideren conveniente.

     El gigantesco chispazo de alerta que estalló en el medio de América latina indica la tendencia hacia la que marcha el continente: desintegración de los estados burgueses clásicos e inicio de levantamientos obreros, campesinos y populares, incluyendo la fisura de su aparato represivo, lo que significa un punto de partida que debe ser valorado en toda su magnitud.

Jorge Guidobono

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