“Pongamos a la Franja en su lugar”
Con ese eslogan, un inodoro era llevado en andas por los solemnes pasillos de la solemne Facultad de Ciencias Económicas, la tarde del jueves 31 de octubre. Con chiflidos y cánticos coreados por alrededor de 400 estudiantes, se llevaba a cabo un “escrache” a la Franja Morada.
“Que se vayan todos - Que se vaya la Franja”, era las voz de la
protesta que se hacía escuchar en todo el edificio. Es destacable que, lejos de
recibir insultos, esta protesta tuvo buena recepción del conjunto de los
estudiantes.
La patota Morada, los “hijos” de Coti Nosiglia y su cría en
Económicas –como el archidenunciado Yacobitti, que practica el hobby de
patotear y amenazar– que se habían desplegado con su habitual matonaje por la
rotonda de la facultad, quedaron paralizados por la sorpresa.
Vale recordar que desde el año pasado la Franja Morada
desconoció la voluntad de los estudiantes, expresada en las urnas, y en forma
dictatorial ocupó, hasta el día de hoy, los locales del centro de estudiantes:
les robó sus materiales cuando le hizo falta; prendió fuego a los armarios
cuando lo consideró conveniente; violó rejas y candados siempre que quiso… [¡¿Cómo?!,
¿no habían llenado la facultad de hombres de vigilancia, para nuestra
“seguridad”?] …Y, por supuesto, continuó robando con la venta de apuntes.
Redoblando la apuesta de atornillarse a las fabulosas prebendas
que les otorga conservar su podrido espacio de poder en la mayor Facultad de
Latinoamérica, los morados decidieron hacer su propio llamado a elecciones de
Centro en la semana del 4 al 8 de noviembre, con resultado asegurado de
antemano. Desconociendo olímpicamente a la TNT, y ni que hablar de la voluntad
de la abrumadora mayoría de los estudiantes, los radicales se han sostenido
mediante medidas fraudulentas, jueces “amigos” y, sobre todo, apelando al
matonaje.
Pero parece que los muchachos no tuvieron en cuenta un simple
detalle: que los estudiantes de la Facultad son parte de la misma sociedad que
se hartó de todos ellos, e hizo huir a su presidente, el asesino De la Rúa. Y,
en estos meses, confundieron quietud con sumisión. Y ante el proceso de movilización
que se abrió el miércoles 30, denunciando las elecciones truchas y por la
recuperación de los locales del centro, los matones respondieron con algunas
piñas y palos. Fue entonces que un grupo de más de 20 estudiantes pasamos por
todos los cursos contando lo sucedido e invitando a que luego de cursar se
acercaran a la puerta del Centro. Nos juntamos alrededor de 150, que nos
multiplicamos por tres en lo que se denominó “el carpetazo” del día jueves,
como inicio de una campaña de boicot a las elecciones truchas.
Ahora comprobaron que somos muchos los que llegamos a la
conclusión de que para que se vayan, hay que echarlos… y no precisamente
invitarlos a retirarse apelando a que respeten los papelitos depositados en las
urnas.
Para que la Franja se vaya, ya se vio, con el voto no alcanza. Tampoco
el haber confiado en que la (in)justicia de Nazareno resuelva el conflicto,
como hicieron quienes ganaron las elecciones el año pasado.
La única forma de que se vayan es echarlos y para eso es
necesaria la movilización y organización de cientos y miles de estudiantes. Los
primeros y promisorios pasos que dimos el miércoles y el jueves van en ese
sentido.
La apuesta de esta semana es que nos multipliquemos, en número y
organización, y así poder llevar a fondo la mejor estrategia que definamos para
poner a la Franja en su lugar. Para ello debemos llegar al conjunto de los
estudiantes de la Facultad y a los que cursan en las otras sedes. Aula por
aula, hay que promover y clarificar el debate, llamando a que cada curso
designe uno o dos coordinadores, para ir articulando una red que asegure la
unidad y la democracia para la lucha en la Facultad.
En ese camino, ir consolidando y extendiendo el proceso
asambleario, para construir un verdadero ámbito de organización que posibilite
el desarrollo de una dirección en defensa de nuestros derechos: el de estudiar,
y el de expulsar a los matones. Para que haya una real participación
democrática, deben tener cabida todos los estudiantes que estén dispuestos a
hacer algo, sin pedirles que previamente se pongan “la camiseta” de alguna de
las agrupaciones. De lograr esto comenzaremos a barrer las viejas estructuras
burocráticas de los centros que, tal cual los conocemos hoy, son trabas
absolutas para la organización creativa y protagónica que necesitamos.
Si el gigante que es Económicas comienza a moverse en ese
sentido, podría ser un punto de referencia para dar inicio a un proceso de
cambio de fondo en el conjunto de las organizaciones del movimiento estudiantil
de la UBA.
La reciente experiencia realizada con la conducción opositora de
la Fuba, demostró ampliamente que los problemas no se resuelven con un simple
cambio de colores; y que la participación estudiantil no puede ser reemplazada
por un pequeño conjunto de militantes que se limitan a decir “síganme, ahora a
mí, que soy honesto”.
Se trata de cambiarlo todo, para lograr que algo cambie, hacia
adentro y hacia afuera de la Facultad.
Porque la pelea necesaria que tenemos planteada no toca su fin
en las paredes de las aulas. Es la pelea por QUE SE VAYAN TODOS para poder
seguir estudiando. QUE SE VAYAN TODOS para que no nos empujen a engrosar las
filas de la desocupación. QUE SE VAYAN TODOS para que la Policía no nos siga
matando en el Puente Pueyrredón o en una esquina cualquiera. Y para que se
vayan: HAY QUE ECHARLOS.
Fedon y Molote