Por
pan, trabajo y libertad: ganar las calles
Y
organizarse para ECHARLOS
Con el peronismo partido en dos y la UCR en coma cuatro, las presuntas elecciones no se sabe cuándo se harán, ni para elegir qué cargos, ni cuándo asumirían los presuntos electos en los comicios de un presunto 30 de marzo. Más que un proyecto de “salida a la crisis” se parecen al cuento del pastorcito mentiroso.
Mientras el pueblo se hunde en la miseria, vivimos en un curioso
régimen de facto donde ninguno de los tres poderes es legítimo, como tampoco lo
son los dirigentes sindicales.
Asistimos a un derrumbe completo, de todo, hasta de la Iglesia,
que pasó a la clandestinidad al obispo de Santa Fe acusado de violar niños,
mientras entrega como “parte de pago” a un cura también violador.
Ya nada asombra. Es cosa “normal” ver bandas de secuestradores
integradas por miembros de la Policía. O que al pibe que era compañero del
asesinado cadete Cazenave, el Ejército le ofrezca la readmisión en la fuerza a
cambio de que retire su denuncia. Para completar, los medios de comunicación
han pasado de llamarse 9 o América, a “Saúl-TV” o “TV-Secta Moon”.
No queda otra: salir a las calles y organizarse para hacer
realidad “que se vayan todos” de la única manera que es posible, echándolos con
la lucha extraparlamentaria.
Sigue trancada la negociación con el FMI, pese a que ya llevan
diez meses intentando un acuerdo de simple vasallaje. Los privatizadores
europeos reclaman 30 o 40% de aumento en las tarifas para sacar hasta la última
gota de jugo posible; o sea, exprimir salvajemente al pueblo. Siguen sin
concretarse la privatización de la banca y el despido de decenas de miles de
empleados del Estado (nacional, provinciales y municipales). La lista de
problemas que los capitalistas tienen sin resolver, es interminable.
En ese marco, aun en medio de una crisis en todos los terrenos,
la burguesía ha logrado, por lo menos coyunturalmente, un cierto respiro en
relación con la situación de acoso popular a que fue sometida el verano pasado,
con un último pico después de los crímenes y la represión en Avellaneda.
Después de la brutal caída de más de un año (y cuatro de
recesión), la crisis aparece hoy amesetada, sin que esté dicha la última
palabra sobre sus tendencias, máxime en el actual contexto mundial y
latinoamericano.
Tienen a favor que la brutal reducción del costo argentino
provoca en algunos rubros un relativo reanimamiento, combinado con una gran
cosecha, los buenos precios de cereales y oleaginosas y con el petróleo a casi
US$ 30 el barril.
Todo esto está en el marco de una descomunal crisis económica y
saqueo capitalista-imperialista cuyas perspectivas de solución mínimamente
estable no se avizoran. Pero no tomar en cuenta los elementos que señalamos
antes, es como distinguir sólo el blanco y el negro.
En el juicio a la Corte en Diputados quedaron al desnudo los dos
poderes del Estado “genuinos” (ya que el Ejecutivo es un “interinato”
completamente ilegítimo que pronto cumplirá un año).
Los cinco actos peronistas por el 17 de Octubre son un pálido
reflejo de la crisis del PJ. Es posible que su feudalización sea también
electoral, si hay elecciones en marzo, con o sin internas en diciembre o enero.
Que Melchor Posse sea primera espada de Rodríguez Saá pinta la
bancarrota de la UCR que, por lo menos en el corto y mediano plazo, es
irreversible.
En el horizonte no se avisoran brasitas del régimen de los
últimos 20 años (incluso aunque hubiera
elecciones el 30 de marzo) que colapsó en diciembre. El raquitismo estadístico
de los candidatos es superior incluso a las aun más raquíticas expectativas que
en cada uno de ellos pueda tener el pueblo.
La gran ventaja de la burguesía es que está jugando al
solitario; frente a las masas y también frente a la miopía y asimilación al
régimen y al Estado tanto de los “boicoteadores” electoralistas como de los
electoralistas declarados.
La crisis social continúa y se ha hecho crónica. El hambre y la
miseria campean en el pueblo y todos los indicadores lo demuestran. Pero el
gran shock ya lo hicieron.
Ahora apuestan al acostumbramiento y a la represión. Para el
acostumbramiento se juegan a articular redes de contención social alternas
(comedores, huertas, cooperativas, y un largo etcétera) sumadas a los planes
jefas-jefes de hogar para evitar explosiones sociales espontáneas y masivas. La
CCC, la CTA, el PO y varios más, colaboran objetivamente con esa política.
En cuanto a la represión hay avances significativos: las
organizaciones piqueteras son sometidas al humillante cacheo y control de sus
manifestantes, la policía ha pintado de azul cada esquina e Ibarra reprime a
los vendedores ambulantes como si fueran un “ejército” enemigo (desarmado y
famélico) con posiciones estratégicas en las estaciones de trenes.
Distintos hechos le dificultan instaurar la “colimba educativa”,
la colimba tradicional u otros intentos de “leva forzosa” como si estuviéramos
a fines del siglo XIX.
Crecen los proyectos hacia la “fujimorización” del régimen
aunque, por la propia crisis, no logran aún ponerse de acuerdo en cómo
articularla. Pero es imprescindible alertar acerca del salto antidemocrático
que se prepara intensamente.
Hay luchas sindicales importantes, como la de hace un mes de los
petroleros del sur o la actual de subterráneos por las 6 horas. También siguen
acciones reducidas de asambleas y otras no multitudinarias de distintas
organizaciones piqueteras. Pero es evidente que son menores que las de
diciembre a junio.
Para que esto sea así confluyen varias razones. En primer lugar
la falta de organizaciones o dirigentes confiables para acciones de gran
envergadura. Esta es una de las causas básicas de la apatía actual (junto a la
desorganización y el temor de las masas a jugarse y a la confusión, inmadurez y
cretinismo electoral (o antielectoral) de la mayoría de las organizaciones de
“vanguardia” social y política.
Nada se ha cerrado. Pero el estado asambleario, de cabildo
popular, disminuyó y también lo hicieron las luchas, a pesar de que no cesaron.
Esta retracción se apoya, fundamentalmente, en que las masas y
sus “vanguardias” no ven perspectivas, organización ni dirigentes para encarar
una lucha de grandes proporciones, que es la única forma de intentar triunfar.
Con estas carencias, el movimiento de masas ha respondido a las
acciones enemigas en forma básicamente espontánea. Hubo un curso de
acción-reacción, el que hizo detonar el discurso de De la Rúa y también, en
menor medida, la masacre de Avellaneda del 26 de junio.
En todo esto, la responsabilidad de la pequeña izquierda es
inmensa y actuó a contrapelo de la mayor oportunidad histórica que se le
presentó –en más de medio siglo– de conformar un movimiento (bajo la forma que
sea) con inserción de masas. Estas no sólo actúan sino que también piensan –y
mucho– acerca de todos los grandes problemas. Su cabeza está por delante de sus
pies.
Signada por un electoralismo enfermizo, la izquierda se enfrasca
en una discusión entre una variada fauna “boicoteadora” por un lado; y por el
otro, quienes están dispuestos a presentarse “a lo que venga”, en las
condiciones que sea, a las elecciones que sea, y cuando sean.
Los “boicoteadores”
incluyen a varios pelajes: los proburgueses estilo CCC que negocian con civiles
y militares para lograr la “primera etapa capitalista” de su supuesta
revolución; están también los populistas que “acompañan” a un sector de masas
en su justo e impotente odio y rechazo a la partidocracia capitalista y
cirquera, pero se niegan a luchar por transformar esa negación en una síntesis
superadora, clasista y revolucionaria. Y también están quienes por más palabras
“rojas” y “revolucionarias” que pronuncien, creen que la burguesía posee en sus
manos un talismán que todo lo puede, llamado “elecciones”. Hacen una analogía
patética y trágica con el “cordobazo” y el regreso de Perón como intento de
cerrar esa etapa abierta… Pero se olvidan que hoy no hay un Perón; no existe el
control férreo de la burocracia sobre el movimiento obrero; tampoco hay un
Balbín, la UCR agoniza. Y lo que es más importante: el cordobazo no se cerró
con las elecciones del 11 de marzo o del 23 de septiembre de 1973, ni siquiera
con el accionar de las Tres A, sino con
el golpe genocida del 24 de marzo de 1976. Y esto sí lo tienen muy claro la
burguesía y su Estado.
La cabeza de las masas y de sus
sectores más inquietos
sigue por delante de sus pies
El 4 de enero decíamos: “…la realidad de estos días abrió hacia
adelante dos anchas avenidas, con muchos carriles de accesos y desvíos. Esas
dos anchas avenidas son revolución y contrarrevolución”.
En lo fundamental, creemos que ésta es la perspectiva que sigue
abierta. En los diez meses transcurridos se ha ido acumulando un profundo
proceso de reflexión y cuestionamiento en la cabeza y la conciencia de
millones. Al mismo tiempo, se han ido forjando distintos tipos de organismos de
masas que, con retrocesos y mutaciones, han llegado para quedarse.
Las asambleas se mantienen en algunos lados pero están en
retroceso en este período. Las aparateadas iniciales de la CTA y, después, las
persistentes de la izquierda, las dañaron significativamente. Su gran desafío
actual no es organizar tomas, como están haciendo muchas, sino que sigue siendo
la necesidad de masificarse.
Las organizaciones piqueteras oscilan entre tres vertientes. Por
un lado, las hay atadas al Estado por un fuerte cordón umbilical. Ese es su
rasgo distintivo, además de ser procapitalistas como la CTA o pro-militares
nacionalistas (o burgueses de igual pelaje) como la CCC. Por otro lado están
quienes también dependen del Estado, como PO que, en el “Encuentro del Bloque
Piquetero” votó un “plan de lucha” a seis meses vista, después de afirmar por
todos lados que hubo y hay un “argentinazo”, y una “revolución en marcha”… pero
que parecen ser un depósito a plazo fijo, donde lo único que hay que hacer es
pasar a cobrar a los 180 días, y convocar –ellos mismos– a una “Asamblea
Popular Constituyente” (“con poder”, “revolucionaria”, etc.). ¿Qué pasará con
este castillo de naipes? Se puede caer sin que nadie siquiera se dé cuenta o
desembocar en alguna otra estratagema para seguir huyendo hacia adelante.
Un fenómeno más complejo es de los sectores nucleados en la
Coordinadora Aníbal Verón, muchos de los cuales realizan denodados esfuerzos
por alentar la organización de los desocupados con independencia del Estado y
tratando de combatir el clientelismo político.
La proliferación de fábricas y empresas ocupadas y puestas a
producir, ante el abandono y/o vaciamiento de sus patronales, se debaten entre
la lucha por la supervivencia y los múltiples aprietes a que son sometidas. Desde
las presiones para que institucionalicen formas cooperativas (amenazas de
desalojo mediante) hasta el abierto matonaje, el régimen cierra sobre ellas un
operativo en pinza. Ambas arremetidas exigen una dura lucha para no caer en la
trampa de que la fuerza laboral se transforme en nuevas patronales destinadas a
una crisis liquidadora; y para afrontar la autodefensa ante el ataque físico directo
de las patotas. Aun con el importante intento de conformar una comisión bajo el
lema “si tocan a una, nos tocan a todas” el peor enemigo es el aislamiento
social: no habrá futuro para estos valiosos emprendimientos si no es en el
marco de una pelea por mayores objetivos, en vínculo con el resto de los
trabajadores, ocupados y desocupados.
El movimiento estudiantil, por su lado, no ha tenido un papel
protagónico. Desde que en el 2001 preanunciara lo que se venía en el país,
barriendo electoralmente a la Franja Morada de sus principales bastiones, quedó
inmerso en un cierto “parate” íntimamente vinculado a que las corrientes de
izquierda e independientes que quedaron al frente de los centros y de la Fuba
se limitaron a ser la versión rosada de los morados. La pelea por terminar de
echar a la Franja sigue planteada y deja al desnudo que ello no se logrará
mediante votos sino mediante la acción decidida de los estudiantes movilizados,
tal como lo demuestran los recientes hechos en Económicas.
Los reclamos de pan, trabajo y libertades conforman una trilogía
esencialmente democrática que exige desarrollar una pelea unitaria,
multitudinaria y tumultuosa.
La consecución de esos objetivos resulta imposible sin avanzar
en la pelea para “que se vayan todos”, que es la gran llave maestra que abre la
posible unificación de todos los sectores en lucha. Desde el punto de vista de
la Liga Socialista Revolucionaria (LSR), hacer realidad “que se vayan todos”
pasa por la convicción de que hay que echarlos. Para ello, es necesaria la
organización de un movimiento que sume la fuerza de millones de explotados,
oprimidos y sectores populares empobrecidos.
Al calor de la participación en todos los ámbitos de lucha, de
la actuación cotidiana en las organizaciones de masas existentes o en otras que
puedan formarse, y de un diálogo permanente y sistemático con la diáspora cada
vez mayor de agrupamientos desprendidos tras la defección de las viejas
organizaciones de la izquierda; está planteada la posibilidad de una
autoconvocatoria de todos los que estemos dispuestos a la pelea para echarlos a
todos, y a jugarnos para lograrlo, lo que es posible si se está dispuesto a ir
hasta el final.
Dar impulso a la conformación de cientos y miles de comités de
bases unitarios para “que se vayan todos, que no quede ni uno solo”, entendemos
que abona el terreno para el avance de una conciencia antimperialista,
anticapitalista, antiburocrática y socialista, que amplíe su horizonte hacia el
de la lucha continental para derrotarlos.
j. g. y l. rubiales