DESDE MEXICO
Estimados compañeros de la Liga Socialista
Revolucionaria, reciban desde México nuestras felicitaciones por el aniversario
de Bandera Roja y el cumpleaños número 10 de la Liga.
Agradecemos el espacio que nos brindan para publicar
un artículo sobre México en el número 60 de Bandera Roja, y debido a las
circunstancias internacionales consideramos la ocasión propicia para dar a
conocer a vuestros lectores la política de unidad de acción que el Bloque de
Organizaciones Socialistas* impulsa en México, ante las condiciones adversas
que la crisis del capitalismo mundial y del regimen mexicano imponen a las
masas trabajadoras de este país. Porque sin duda el principal obstáculo que
enfrentan las luchas de la clase trabajadora de este país y del resto del
continente es la influencia de la ideología dominante que, mediante la ilusión
democrática y la conciliación de clases promovidas por la burguesía nacional y
la pequeñoburguesía servil, deforma y frena la unión de clase y la organización
política del proletariado.
En la parte norte del continente la lucha contra la
guerra imperialista es fundamental para propiciar la unión y organización
política de las luchas del proletariado en México y Estados Unidos, porque las
tareas contra esta guerra están ligadas indisolublemente a la lucha contra el
caos capitalista que impera en nuestros países, y contra la política de
austeridad, represión y miseria social ejercida por sus gobiernos democráticamente
electos, en tales circunstancias es vital para el movimiento proletario
esclarecer las verdaderas motivaciónes y el carácter imperialista de dicha
guerra, se trata de descubrir las relaciones económicas entre la profundización
de la crisis económica del coloso norteamericano y la actual necesidad
capitalista de una guerra de destrucción masiva, contradicción que sólo puede
ser resuelta mediante la acción revolucionaria de las masas. En consecuencia,
para coadyuvar a la organización de las fuerzas del proletariado mexicano en
lucha, el Bloque de Organizaciones Socialistas ha emitido la siguiente
declaración “Por la unidad de los oprimidos contra la guerra imperialista”,
cuya distribución comenzó el 26 de octubre, en los mítines contra la guerra en
las embajadas de EU e Inglaterra convocados por diversas organizaciones
políticas y sociales.
Dada la reacción imperialista ante la crisis mundial
y las rebeliones y luchas que las masas desarrollan en América Latina,
consideramos fundamental aportar a la discusión de los proletarios del mundo la
posición de este conjunto de organizaciones socialistas mexicanas frente a la
guerra imperialista que amenaza al mundo entero.
Reciban un saudo fraterno
Proletarios del mundo uníos
Taller del Pueblo
México, octubre del 2002
*En el Bloque de Organizaciones Socialistas
convergen la Liga de Unidad Socialista, Partido Obrero Socialista, Liga de los
Trabajadores por el Socialismo, Unión de la Clase Trabajadora, Izquierda
Democrática y Popular y Taller del Pueblo, estas organizaciones han iniciado un
proceso de discusión y acción en común, con el objetivo estratégico de impulsar
la unidad de los socialistas y de los sectores en lucha mediante una política
clasista. Además de otras actividades conjuntas el Bloque ha emitido hasta
ahora 5 declaraciones: “Trabajadoras y trabajadores: a luchar por nuestra
intereses y contra el imperialismo”, 1 de mayo del 2002; “Contra la guerra de
Irak”; “Atenco, nueva perspectiva de lucha”, 14 de agosto del 2002; “Unidad de
los primidos contra el capital”, 27 de septiembre del 2002, y “Unidad de los
oprimidos contra la guerra imperialista”, 26 de octubre del 2002.
Para nadie debe pasar desapercibido que la actual
ofensiva militar del Estado norteamericano, primero contra Afganistán y ahora
contra Irak están motivadas por una catastrófica crisis económica mundial que
ha provocado la disminución de la tasa de ganancia de los capitalistas, mayor
miseria y opresión para los pueblos y en consecuencia su rebelión. Ante la
caída de la ganancias, la lucha por los mercados es la causa de las acciones de
los Estados imperialistas que, a la vez, avanzarán en su objetivo de sofocar
las rebeliones populares y adquirir el control no solo económico sino también
político de regiones más vastas del globo.
La guerra pone en evidencia la ruptura del
equilibrio de las relaciones entre los Estados. Antes esta guerra por los
mercados parecía resolverse “diplomáticamente”, pero las contradicciones
estallan ahora en mil pedazos; los capitalistas se devoran unos a otros y los
gobiernos de las potencias económicas y militares embisten contra economías
menores aplastando a los pueblos en lucha. En la coyuntura inmediata vemos como
las potencias petroleras no pudieron por medios "diplomáticos"
acordar una reducción sistemática a la producción del petróleo para desahogar
el saturado mercado mundial y elevar sus ganancias; ahora EU empezará a someter
a sus oponentes por medios bélicos. Los gobiernos de los países imperialistas
defienden los intereses de su burguesía petrolera y mediante la imposición de
barreras arancelarias buscan frenar la importación de petróleo barato
proveniente de otros países (como Irak) cobrando impuestos muy altos. La
campaña bélica contra Irak deja en evidencia guerra encarnizada por el control
de la producción y los precios del petróleo, a la vez que señala el oscuro
futuro que espera a los pueblos de oriente medio. El significado que tiene esta
guerra para los Estados imperialistas es el de una guerra comercial,
(imperialista también) y no hay terroristas que puedan ocasionar tal caos
mundial; este caos lo ha provocado el propio sistema capitalista. El
significado de esta guerra para los pueblos es el de la destrucción de sus
medios de vida y de lucha.
La ruptura más evidente de las relaciones entre los
Estados es el desacuerdo entre EU y los países miembros de la ONU para avanzar
en esta campaña militar. No es que estén en desacuerdo con la guerra; ya antes
Japón y Alemania entre otros, fueron aliados de EU para destrozar Afganistán.
La realidad es que ante la catástrofe económica y las revueltas sociales que en
distintos países ha provocado la crisis, la diferencia consiste en que Europa
pretende primero llegar a un consenso entre las potencias imperialistas, pero
la agobiada economía yanqui no puede esperar ningún consenso. Entre las
dificultades del consenso está precisamente la encarnizada lucha de clases; las
masas agitadas son una enorme presión para los gobiernos de cada país. En
nuestro caso va quedando en evidencia que el gobierno mexicano ha sido sumiso a
los intereses económicos y políticos del imperialismo norteamericano, aunque
por el momento la posición de la Secretaria de Relaciones Exteriores ante la
guerra sea la de buscar el consenso entre más países, indudablemente se
disciplinará pues nuestro país depende financiera y económicamente de EU, país
a cuyo gobierno le pagamos una agobiante deuda externa con unos exorbitantes
intereses. Además dado el desprestigio del que goza este gobierno ante el
pueblo, se ve obligado a presentar su apoyo a la campaña bélica como el
resultado de un debate reflexionado con otros gobiernos aunque el resultado sea
el mismo. El foro de la APEC en Los Cabos buscará lograr este consenso (“contra
el terrorismo” y por la guerra) entre los países como el nuestro, EU y otras
potencias europeas.
En la actual crisis económica, que inició en Japón
en 1989 y se ha ido extendiendo al mundo entero, los capitalistas han destruido
ya economías nacionales completas, como en el caso de los extigres asiáticos,
Argentina y Turquía, e incluso países completos como Irak (1991), Yugoslavia o
Chechenia (Rusia). Sin embargo la crisis global recién empieza y estas
anteriores intentonas por paliarla no significaron un respiro al abarrotado
mercado mundial, por el contrario la clase capitalista se prepara para
emprender la destrucción masiva de fuerzas productivas y mercancías
“sobrantes”.
Las repercusiones de la recesión mundial para la clase
trabajadora mexicana en el 2001 arrojaron el saldo de 600,000 despedidos en los
primeros 6 meses. Durante los primeros 8 meses del 2001 EU destruyó un millón
123 mil 356 empleos, la producción industrial no solo dejó de crecer, no solo
se redujo, empezó la abierta destrucción de la industria, la guerra se volvió
una realidad como salida para frenar la caída de las ganancias de los
capitalistas industriales y financieros.
Así, con su ganancia afectada, retiran sus
inversiones que son predominantemente especulativas, quebrando no sólo a los
bancos sino trasladando los ahorros de las clases medias y la clase trabajadora
a las metrópolis imperialistas, afectando más el consumo, provocando un mayor
estancamiento de productos en los almacenes y bodegas, agudizando la crisis de
sobreproducción mundial de productos, trayendo como consecuencia el cierre de
fábricas, los paros técnicos y los despidos masivos, la disminución de los
ingresos del Estado que termina por quebrar. El Estado “resuelve” aplicando
medidas de mayor austeridad a la clase trabajadora y las clases medias para
garantizar los pagos de deuda externa.
Para la administración del gobierno de Bush es de
orden prioritario el rescate de los monopolios del petróleo y el acero, y la
vía más rápida para resolver la sobreproducción de acero y petróleo y reanimar
la producción es mediante la producción de equipo militar, que el mismo Bush
define como prioritaria. Así, mientras que por un lado se destruye maquinaria y
mano de obra productiva mediante el paro industrial y el desempleo, por el otro
la salida imperialista se proyecta hacia la industria de la destrucción, la
industria de guerra. Es claro como el “equilibrio económico” también se ha
roto.
La clase capitalista peleará con todos los recursos
a su alcance para conservar el poder económico y político sobre la clase
trabajadora, bajo su dirección la humanidad se sumergirá en nuevas guerras
imperialistas de destrucción masiva. La clase proletaria pelea en todo el
mundo; las revueltas y rebeliones que se extienden por América Latina, la
huelga general en Italia y España demuestran los ánimos de lucha de las masas,
que, desunidas como clase mundial se enfrentan a la encrucijada histórica que
le plantea el capitalismo, sucumbir bajo la actual crisis económica o unir y
organizar sus fuerzas en una misma dirección: tomar en sus manos el control
económico y político de la sociedad. De otra forma la dinámica capitalista
continuará hasta sumergir en la oscuridad a la humanidad, cuya gran mayoría ya
hoy es azotada por la descomposición y la ruina.
Es necesario avanzar en nuestra organización para la
lucha formando una Coordinadora Nacional de todas las luchas existentes en
nuestro país; de los que nos movilizamos contra la guerra, de los obreros en
huelga como Euzkadi y Fertinal, de los campesinos de Atenco, de los estudiantes
y los jóvenes anticapitalistas, de los maestros y los trabajadores
electricistas. Una coordinadora que articule tanto las reivindicaciones como
las acciones de cada sector, así como construir comités donde no hay
organización o es muy precaria. Tanto los comités como la Coordinadora Nacional
nos deben permitir avanzar en la construcción de un Frente Nacional de Lucha
Clasista.
Para avanzar en este proyecto se requiere de una
amplia agitación y propaganda de las reivindicaciones generales que nos
articulen.
Podemos frenar el saqueo y la guerra imperialista en
Irak si nos unimos en la lucha con todos los pueblos del mundo oponiéndonos a
los planes de austeridad de los gobiernos y al pago de las deudas externas.
Además, los obreros y trabajadores mexicanos debemos frenar la venta de
petróleo para la guerra y romper todos los pactos con el imperialismo.
La lucha contra la guerra es a la vez la lucha
porque la crisis la paguen los capitalistas y no el pueblo. Tenemos que frenar
el desempleo y el cierre de fábricas organizándonos para expropiar las empresas
que cierren o despidan sin indemnizar a los dueños, para ponerlas a producir
bajo control de los trabajadores. Una forma de avanzar en estas necesidades es
hacer campaña entre los obreros y trabajadores para imponer la escala móvil de
horas de trabajo, o sea que el trabajo se reparta entre todas las manos útiles,
reduciendo así la jornada laboral sin afectar los salarios. De esta manera
evitaremos que los trabajadores mexicanos se vayan a EU a engrosar las filas
del ejército.
Tenemos que frenar el aumento de la carestía de la
vida (por ejemplo de las tarifas eléctricas) y los bajos salarios, así como los
impuestos al consumo para que podamos consumir las mercancías almacenadas que
necesitamos y nos impiden comprar. Para que esto sea posible tenemos que hacer
campaña entre todo el pueblo para imponer que a cada aumento de los productos
aumenten en igual medida los salarios.
Debemos impedir que el gobierno siga recortando el
presupuesto social y que avance en la privatización de la industria eléctrica y
petrolera, la seguridad social y la educación. Que ni los capitalistas
nacionales ni extranjeros controlen la industria. Que las empresas privatizadas
se nacionalicen para ponerlas bajo control de los trabajadores.
La represión contra el pueblo que lucha sigue
avanzando. Ni un peso más del presupuesto a los cuerpos represivos.
Como el Estado y la burguesía se oponen a resolver
las necesidades sociales y se muestran incapaces para resolver estas
reivindicaciones generales del pueblo. Debemos prepararnos para que los comités
existentes y los que construyamos, la coordinadora nacional de lucha y
posteriormente el Frente Nacional de lucha clasista impulsen desde ahora la
discusión de cómo el pueblo organizado construimos un gobierno obrero y
campesino que pueda satisfacer estas demandas.
Bloque socialista:
Liga de Unidad socialista, Partido Obrero
Socialista,
Taller del Pueblo, Unión de la Clase Trabajadora.
26 de octubre de 2002