La Argentina después del 19 y 20 de diciembre

Las tareas de los revolucionarios hoy

 

En ocasión de cumplir Bandera Roja 10 años desde que saliera a la calle por primera vez el 3 de noviembre de 1992, preparó esta edición especial invitando a participar en ella a una serie de destacados dirigentes políticos y luchadores de extensa y comprobada trayectoria en la lucha anticapitalista y por el socialismo.

Hemos seguido en esto una tradición puesta de manifiesto desde nuestro segundo número y que estamos orgullosos de haber mantenido a lo largo de la dura década de los ’90.

Hoy, los vientos del pueblo que cambiaron su rumbo desde las jornadas del 19 y 20 de diciembre nos permiten abordar nuevos desafíos con un horizonte preñado de guerras y violencia, pero donde se han despejado los nubarrones que oscurecieron la conciencia de millones de explotados a lo largo de la ultrarreaccionaria década que cerró el siglo XX.

Hemos querido compartir en especial la apreciación sobre la situación abierta en la Argentina, con un puñado de destacados y entrañables dirigentes y camaradas.

Nora Ciaponi y Horacio Lagar nos acercaron sus opiniones por escrito.

Y Ernesto González, José Francisco (“el Petizo”) Páez y Luis Zamora, nos brindaron sus testimonios y propuestas, grabador de por medio. Julio Hernández (de la redacción de Bandera Roja) realizó las entrevistas que aparecen en las páginas que siguen.

 

Escribe Horacio Lagar (*)

Hay que debatir una salida

 

     En nombre de Convergencia Socialista (CS) saludamos a los compañeros de la Liga Socialista Revolucionaria (LSR) en su 10º aniversario, complaciéndonos en destacar la permanente tarea de divulgación del marxismo revolucionario que viene haciendo Bandera Roja a lo largo de sus 60 ediciones.

     Pero hay un hecho que señalamos especialmente porque es muy importante para la metodología de la izquierda en su crítica situación actual.

     Nos referimos a la actitud de la LSR que, a pesar de las públicas e importantes diferencias políticas que mantiene con nosotros y con los demás partidos, ha abierto fraternalmente su tribuna al debate franco y democrático. El hecho es destacable porque, además, esas diferencias que cada uno sostiene con pasión, no impidieron la unidad de acción, toda vez que se hizo necesario responder de conjunto y solidariamente a los ataques de la clase enemiga y sus agentes en el terreno de la política o la represión.

     El debate pasa hoy por dar salida a una situación de crisis extrema del régimen. Crisis que coloca a la izquierda en la encrucijada de jugar un papel protagónico –ganar liderazgo y abrir una alternativa independiente, por fuera de los partidos de la burguesía– o perder la histórica oportunidad, dejando el terreno libre a los oportunistas y burócratas proimperialistas.

     Ni el propio Gobierno, ni las clases que representa, tienen aún definidos los mecanismos que el régimen usará para salir del atolladero. Lo único cierto es que, cualquiera sea el mecanismo adoptado, será siempre ilegítimo y fraudulento, ideado para servir a las minorías corruptas que se benefician de la recolonización imperialista del país, y no al pueblo que se hunde en la miseria.

     Sin embargo, la izquierda clasista, democrática y antimperialista, deberá enfrentarse a todas las salidas reaccionarias, cualesquiera sean los mecanismos que se intenten para lograrlo, sean o no de tipo electoral. La derecha y la llamada “centroizquierda”, conforman un “frente” que, aunque conflictuado y tambaleante, tiene claro su objetivo: salvar al sistema utilizando todos los medios posibles, porque sobre él pende la amenaza que representan 20 millones de argentinos viviendo por debajo del nivel de pobreza.

     Con el fin de no dejar las manos libres a ese Frente contrarrevolucionario, Convergencia Socialista ha planteado –a todos los grupos y partidos de la izquierda– la necesidad de conformar urgentemente una Mesa de Coordinación para lanzar la más amplia unidad de acción, no sólo en los barrios y en las plazas, sino muy especialmente en el terreno electoral, ya que es ahí donde el Gobierno prometió dar formalmente la pelea. Se trata de un terreno que, aunque preparado ilegítimamente, nadie está en condiciones de modificar por falta de liderazgo, ya que para ello habría que contar con fuerza organizada en el movimiento de masas y una masiva capacidad de movilización, hoy de difícil concreción.

     Con el mismo criterio hemos pedido a Luis Zamora que encabece ese llamado a la unidad de acción, por ser él quien tiene mayor poder de convocatoria. Pero, lamentablemente, su indecisión política, terminó dejándole el camino libre a la derecha para que, con la ayuda de la centroizquierda oportunista, pueda “legitimar” electoralmente al régimen.

     Nunca exigimos a nadie acuerdos ideológicos sobre el socialismo, sobre el poder, ni sobre el concepto de “la horizontalidad” –tan de moda– sino, solamente, algo tan mínimo como ponerse al servicio de un Movimiento para enfrentar la farsa electoral en el terreno mismo en que se presenta, participando en ella para denunciarla. Pero no con la intención de “resolver”, como candidato, los problemas del pais, sino únicamente con la promesa de convocar de inmediato a una consulta o Asamblea Popular de carácter Constituyente, para que las bases pudieran decidir democráticamente, a través de sus propias organizaciones de lucha, de qué manera quieren reorganizar el país.

     Pero Zamora descubrió que las elecciones de Duhalde son “ilegítimas” y, por lo tanto, no sirven. Con esta explicación, tardía y confusionista, Zamora confiesa una concepción de tipo jurídico-institucional que niega sus propios llamados a los barrios, a las protestas, y al poder de las movilizaciones obreras y populares. Ya que si la convocatoria electoral fuera “legítima” –o sea la hecha por Alfonsín o por Menem– entonces sí, él podría presentarse para arreglar el país…

     Nunca hasta ahora se había dado tanto fundamento teórico ni confianza política a las instituciones de la burguesía que mediante esta insólita, y también innovadora propuesta. Hasta ahora, sólo la derecha reaccionaria y los intelectuales de la pequeña burguesía sin brújula social, creían en la “legitimidad” de las elecciones para modificar la relación de fuerzas entre los explotadores y los explotados bajo el poder de las instituciones del sistema. Esa fue la ilusión creada por el Chacho Alvarez y la Carrió. Ilusión de la falsa ideología contra la cual los verdaderos revolucionarios reivindican otra concepción y metodología, basada en la organización política y democrática de la población.

     Da pena la renuncia pública de Zamora a esta concepción, para adoptar los principios de los opositores que buscan la “legitimidad” dentro del régimen para que, como candidatos elegidos, puedan corregir sus defectos.

     Con o sin elecciones, con o sin Zamora, la izquierda que se mantiene firme en sus objetivos clasistas, antimperialistas y democráticos, debe reunirse de inmediato con el fin de mostrar un rumbo y una bandera a “los que no tienen nada que perder, y sí un mundo nuevo que ganar”, y puedan enfrentar al régimen.

Octubre de 2002.

 

     * Joven dirigente del Partido Socialista en Bahía Blanca en la década de los ’40. En 1949 ingresó al Grupo Obrero Marxista, formando parte del más importante equipo de dirección de la corriente liderada por Nahuel Moreno, durante décadas. Exiliado en Europa durante la dictadura del Proceso, regresa a la Argentina en 1985 y en 1990 funda una de las corrientes que conformaron la actual Convergencia Socialista.

 

Escribe Nora Ciaponi (*)

Construyendo otro espacio

 

     A más de 10 meses de las jornadas del 19 y el 20 de diciembre, se mantiene con toda agudeza el repudio a todas las instituciones del régimen. Ninguna se salva: Corte Suprema de Justicia, partidos políticos, sindicatos, gobierno, el Estado mismo y sus relaciones internacionales, como especialmente están completamente subvertidos los mecanismos de representatividad. En estos días se completa la lista con los resonantes casos que involucran a la Iglesia… Nosotros creemos que, en últimas, se está cuestionando al sistema mismo. ¿Porque, qué otra cosa representan la globalidad de las instituciones?

     “Que se vayan todos… que no quede ni uno solo” expresa este profundo rechazo, a la par de que no se visualiza una alternativa a tanta destrucción y decadencia. De allí también la importancia de que el sentimiento negativo existente pueda convertirse en una palanca positiva hacia la transformación social, a que comience a vislumbrarse otra perspectiva. Este es el más importante desafío que enfrentamos.

     El otro elemento es la convicción de que nos ha sido arrebatado todo, que el país ha sido saqueado, que es necesario enfrentar la ofensiva recolonizadora de Estados Unidos luchando por un país y un continente independientes, recreándose así un sentimiento latinoamericanista y antimperialista que estuvo completamente devaluado en la década de los ’90.

     Y si bien existe un proceso de baja en la movilización, es un hecho que amplios sectores populares construyen nuevas relaciones sociales en todo tipo de emprendimientos y experiencias: las fábricas que producen sin los patrones, los emprendimientos productivos y culturales generados por los movimientos de desocupados o asambleístas, como otros millones vuelcan horas de sus días a desarrollar actividades solidarias en comedores comunitarios o en hospitales… Finalmente, podemos decir que se ha roto con la cultura del “sálvese quien pueda”, del individualismo más atroz que supimos soportar durante décadas… Y estos profundos cambios en la conducta humana muestran la infinita capacidad de transformación que tenemos y que se ha puesto en marcha.

     Si bien la crisis de ellos es muy grande, reflejada en la mafiosa disputa de la interna peronista, en la desaparición de los radicales o en la falta de cualquier otra alternativa burguesa creíble, como siguen dispuestos a impedir que el tiempo corra a nuestro favor, quieren terminar con esta situación de “ingobernabilidad” y de ejercicio de la democracia directa. La salvaje represión desatada en Jujuy o contra los trabajadores de subtes, muestran a las claras esta decisión.

     Creo que necesitamos desarrollar todos los esfuerzos para articular los movimientos y organizaciones políticas y sociales que permitan avanzar –en la diversidad de los componentes y experiencias– hacia una estrategia política y de transformación social. Que no basta con las valiosas y diversas experiencias que se desarrollan, porque más tarde o más temprano (y ellos quieren rápido) tratarán de pasar a una ofensiva mayor. Y no contamos con todo el tiempo del mundo. Entre otras razones porque la miseria social a que nos condenan devora y destruye inmensas energías como capacidades humanas. Y a eso también están jugados: a desgastarnos, a destruirnos.

     Ahora tenemos una gran oportunidad de infligirles una derrota en su propio terreno, el electoral. A ello –aun en medio de su crisis– siguen apostando. Creo que una vez más minimizan el divorcio existente entre el pueblo y los mecanismos de dominación tradicionales. Si octubre del 2001 representó, sin dudas, el primer gran alerta que anticipó las jornadas de diciembre, las elecciones próximas pueden reflejar todo el repudio y el odio popular concentrado. Pero también es una oportunidad para que establezcamos lazos y coordinaciones (que preparen escalones superiores de coordinación y construcción estratégica) con todas las fuerzas políticas y sociales que han resuelto repudiar las elecciones. Ello si somos capaces de desarrollar una amplia actividad, una contracampaña que nos articule y los enfrente, lo que implicará una lucha contra las prácticas divisionistas de sectores de la izquierda sectaria y/o electoralista.

     Rechazar los aumentos de las tarifas de los servicios públicos, preparar las jornadas del 19 y el 20 de diciembre desde ahora mismo, bajo el telón del repudio electoral, son los más inmediatos objetivos a lograr en los próximos meses.

25 de octubre de 2002

(Especial para Bandera Roja)

 

     * Oriunda de Bahía Blanca, fue una destacada activista textil en los ”60. Cofundadora del PRT(La Verdad) y del PST (posterior MAS). Integró junto a Juan Carlos Coral la fórmula presidencial para las elecciones del 11/3/1973. Miembro de la Brigada Internacional Simón Bolívar, que participó en la guerra civil nicaragüense que derrotó a Somoza. Dirige la revista Nuevo Rumbo.

 

Entrevista a Ernesto González (*)

 

E l 19 y 20 de diciembre marcaron un salto en la situación política y social del país. En mi opinión hubo una rebelión. Fue un proceso espontáneo, más allá de que pudo haber punteros que se hayan aprovechado. Algunos exageran, planteando que hay una situación revolucionaria y que está en el orden del día la toma del poder. Creo que los más equivocados son el Partido Obrero, que opina que existe esa posibilidad ahora, y el MST, que señala algo parecido, aunque digan que no es fácil. Creo que no es así. Podríamos decir que se abrió una situación prerrevolucionaria, dentro de la terminología que utilizaba Trotsky. Pero no es una marcha inevitable y obligada hacia la revolución, sino que se da una situación de inestabilidad, que puede ir hacia la revolución o hacia una nueva estabilidad burguesa

     Hoy hay un reflujo, que tiene que ver con algunas dificultades que me gustaría señalar, no para dar una visión pesimista sino para prepararnos mejor para encarar el actual proceso.

     Una de las falencias es que el movimiento obrero ocupado no está en ascenso. Aunque empiece a haber manifestaciones, todavía está a la defensiva debido al temor a perder el trabajo e integrarse a la millonada de desocupados que hay. Esto limita las acciones.

     Es una realidad que se perdió mucho del trabajo obrero. Comparado con la gran cantidad que había, por ejemplo, en el gremio metalúrgico o en el automotor hace algunos años.

     Las condiciones objetivas nadie las va a discutir. Lo que tenemos que discutir es la situación de los trabajadores. El surgimiento de los piqueteros, como el de las asambleas populares y las ocupaciones de fábricas abandonadas por la patronal, son un tremendo paso adelante en este sentido. Pero atraviesan algunos problemas importantes. Fundamentalmente la división.

     Si bien no es lo mismo el Bloque Piquetero que el sector dirigido por D’Elía y Alderete, vemos que algunas organizaciones, como el Partido Obrero, tratan de utilizar el proceso que se está dando hacia la izquierda sólo para fortalecer su partido y no hacen los esfuerzos necesarios para unificarse con el resto de los sectores en lucha. Este mismo problema se notó claramente el pasado 1º de Mayo: en vez de hacer un acto conjunto con las asambleas, piqueteros y fábricas ocupadas, se hicieron varios actos. Esto no sirvió para unificar todas las fuerzas surgidas el 19 y 20 de diciembre.

     He estado en reuniones de las fábricas ocupadas, y no hay unidad ni siquiera entre ellas. Hay sólo pequeños intentos. Actualmente existe una división entre los que proponen “el control de los trabajadores”. Y los que plantean “la creación de cooperativas”. Eso, deberíamos discutirlo más adelante. Primero unámonos para enfrentar a este gobierno y a la patronal. Esta es la razón por la cual Duhalde puede llegar hasta la convocatoria a elecciones, más allá de las peleas que hay dentro del movimiento peronista y dentro de la UCR.

     Por otro lado, el gobierno, pese a su extrema debilidad, está logrando algunos avances. La adjudicación de los $ 150 y las bolsas de comida han tenido su impacto. No podemos creer que solamente es responsabilidad de los desfasajes de la izquierda, por su falta de unidad.

Lo fundamental, es lograr la unidad de la vanguardia que está peleando: los piqueteros, las asambleas, las fábricas tomadas y los sectores de trabajadores ocupados que estén en lucha.

     Las condiciones objetivas están maduras para profundizar el proceso revolucionario, pero si no existe algo organizado y centralizado no hay posibilidades de triunfo. Y esto es un problema. Porque hay mucha bronca contra los partidos políticos y el verticalismo, en especial de muchos sectores de la juventud, que es en la que yo confío que le dé énfasis al actual proceso.

     Otra de las necesidades que veo es organizar un movimiento anticapitalista y antimperialista amplio. Aunque no sea revolucionario, la situación puede impulsarlo para ese lado, y desarrollar mucho más la conciencia y ver que es necesario que el movimiento sea revolucionario.

     En síntesis, los militantes de izquierda, tienen que ser campeones de la unidad de todos los sectores que surgieron en este proceso. Y llamar a la formación de un movimiento con una formulación política que ayude a unir a las asambleas populares, los piqueteros y los ocupantes de las fábricas cerradas, y demás sectores que estén en un planteo anticapitalista y antimperialista. Los partidos que se reivindican socialistas y revolucionarios no tienen por qué disolverse en él. Serán en todo caso, el ala izquierda de ese movimiento, tendencia, frente o como queramos llamarlo. Pero sin una organización del conjunto de la vanguardia del movimiento obrero y popular, va a resultar difícil aprovechar las condiciones objetivas que la crisis del capitalismo nos ofrece hoy.

 

 

* Se incorporó a la militancia trotskista hace más de 50 años, en la corriente de Nahuel Moreno, cuando activaba en el movimiento estudiantil de La Plata, proveniente de su Pehuajó natal. Destacado dirigente en el Tucumán de los ’60. Codirigió junto a Moreno el PST y posteriormente el MAS, realizando una intensa actividad internacional en América latina y Europa.

 

Entrevista a José Francisco Páez (*)

 

A partir de diciembre se abrió una nueva situación en el país. Una situación extraordinaria que en cierta forma me hace acordar al largo proceso que surgió bajo la dictadura de Onganía y terminó reventando todo y abriendo una nueva situación en el país. Entonces, luego del Cordobazo hubo un parate hasta que vino el segundo Cordobazo. Hoy veo una situación similar. Tengo la impresión de que estamos en momentos, que yo no llamaría de reflujo sino de expectativa.

Pero ya que hice la comparación, quiero decir que la dimensión de lo que ocurrió en diciembre en el país la veo superior a lo que fueron aquellas jornadas de lucha del Cordobazo, porque hoy el sector social que participa es la inmensa mayoría de la población.

La participación que se dio el 19 y 20 de diciembre tuvo un pico alto en los primeros dos meses y después decayó. Eso no quiere decir que la gente no tenga una gran expectativa abierta en volver a dar una respuesta contundente. Cuando ocurrió lo de Santillán y Kostequi en el Puente Pueyrredón, inmediatamente hubo una masiva respuesta contra el intento de Duhalde de sacar adelante una nueva forma de represión. Lo hizo para ir tanteando, para ir probando el ánimo de la gente. Eso no quiere decir que no sigan intentando ver cómo meten la represión para que puedan gobernar los que vengan después.

Es incierta la situación en la Argentina, muy incierta. En mi opinión, desde el punto de vista político, no hay ningún tipo de derrota, ni mucho menos. Veo una situación latente, aparentemente tranquila, y que en cualquier momento se puede producir una nueva reacción.

Más allá del hambre y de la miseria, la crisis no es sólo económica como quieren hacerlo creer muchos, sino que es social y política. Por eso la situación actual, latente, es de gran expectativa,  porque la crisis política alcanza al gobierno, a todo el régimen y a todo el sistema capitalista.

Precisamente, uno de los grandes problemas de los capitalistas es que no tienen interlocutores válidos. Ni siquiera hay una burocracia que pueda ser respetada. El régimen siempre ha tenido sus interlocutores válidos, sean de izquierda o sean moderados. Hoy esos interlocutores no existen. En parte, porque otro rasgo distintivo de esta situación es que hay mucho odio a las burocracias sindicales que, afortunadamente, están agonizando

Hace poco, nosotros hicimos una campaña a través de AyL, junto con el ARI y la CTA para “que se vayan todos”. En Córdoba hicimos una movilización muy importante, quizá cualitativamente la más importante del país, porque reunimos a más de 7000 personas. Allí participaron asambleas de muchísimos barrios, los sindicatos, los recolectores de cartón y mucha gente suelta. Aunque la segunda marcha cayó un poco, creo que esta consigna sigue estando en la cabeza de la gente y que se necesitan miles y miles que la tomen.

Hoy más que nunca la tarea predominante es la de escuchar a la gente. Hay planteos nuevos y la gente anda en búsqueda de nuevas formas de organización. A través de Autodeterminación y Libertad vemos también que muchas veces la gente tiene mucho más ingenio que el que tenemos nosotros con todo nuestro esquema de dirigencia partidaria. Un aspecto en el que la gente ha aprendido mucho por sí misma es el de la organización, y nosotros tenemos que ser parte de estos organismos que se han creado y ayudar a desarrollarlos.

El movimiento obrero, y eso que yo soy metalúrgico de toda la vida, está en un plano secundario en relación con el nuevo sector social que ha entrado en escena. No sé si corresponde denominarlo clase media, sector de desposeídos o sectores a los que la pobreza les está llegando al cuello, pero creo que la población de conjunto se identifica con la consigna de “que se vayan todos”. Hay que seguir levantándola y hay que seguir insistiendo en la democracia asamblearia porque es lo que hoy necesita la gente para cumplir con este reclamo.

Ojo que al mismo tiempo que digo que hay que escuchar, creo que no hay que abandonar todo lo que nosotros hemos aprendido en nuestras anteriores formas de organización, sino que hay que combinarlo con lo nuevo. Me parece que una combinación puede ser buscar coordinadoras. Pueden ser a nivel regional y provincial, que a su vez coordinen con las de otras provincias y formen una gran coordinadora nacional. Estas coordinadoras tienen que unir todo lo nuevo que ha surgido: las asambleas populares, el movimiento piquetero, las fábricas tomadas, los comedores comunitarios y las organizaciones sindicales no burocráticas. Esto debe ser independiente de todos los estatutos, de todas las leyes existentes, deben ser movimientos anárquicos, que tengan formas de organización revolucionarias, que cuestionen directamente el poder. Porque hoy, de hecho, se está cuestionando el poder. No se está cuestionando una reivindicación social, económica, un aumento de salario. Se está cuestionando todo.

Los que hemos estado en la tarea revolucionaria, hemos tenido siempre muy en claro el enemigo y luchado permanentemente por la conciencia de la gente. Bueno, veo que la gente dio un salto cualitativo en su conciencia y eso es lo más valioso. Nosotros, con muchos años de prédica tal vez lográbamos pellizcar a diez por acá o veinte por allá. Hoy esa misma maduración la ha producido la misma barbarie que han provocado los capitalistas.

 

* Fue dirigente metalúrgico de Fiat y participante activo de las jornadas del “Cordobazo” en 1969. Fue uno de los dirigentes más importantes del segundo “Cordobazo” llamado el “Viborazo”. Candidato a vicepresidente por el Partido Socialista de los Trabajadores (compartiendo la fórmula con Juan Carlos Coral) en 1973, enfrentando a la fórmula Perón-Perón. Detenido por el gobierno de Isabel Perón, estuvo ocho años preso en distintas cárceles del país. Fue fundador del MAS en 1982 y actualmente participa en Autodeterminación y Libertad (AyL).

 

Entrevista a Luis Zamora (*)

 

E n diciembre se abrió un proceso riquísimo porque, a través de una pueblada, salió a la superficie un descontento que se venía acumulando desde hacía décadas contra el modelo económico y contra el régimen político. Un aspecto destacable es que este descontento no salió como una expresión electoral, sino a partir de una movilización espontánea tan fuerte que tiró abajo a un gobierno al que le faltaban más de dos años de mandato y que, encima, había sido votado por los sectores que hicieron punta en la protesta.

     Los acontecimientos del 19 y 20 han sido inéditos, cuesta encontrar ejemplos similares porque no fueron convocados ni dirigidos por ninguna organización ni dirigente. No fue sólo una movilización de descontento sino que hubo que poner el cuerpo, fue de combate callejero y costó la vida de 30 personas cuando De la Rúa decidió recurrir a las fuerzas de represión y asesinar, con tal de mantenerse unas horas más y poder negociar.

     Otro de los aspectos ricos fue que dio lugar al surgimiento de procesos asamblearios, de autogestión, de ocupación por parte de los trabajadores de las fábricas abandonadas por sus patrones. Se abrió todo un proceso de construcción de poder desde abajo. Se combinaron algunos procesos que venían de antes, como el de los trabajadores desocupados, con otros nuevos como las asambleas, las ocupaciones, los comedores comunitarios, etcétera. Algunos más significativos que otros, como la administración de los trabajadores de algunas empresas, cuestionando directamente la propiedad privada. Hay otros procesos, también importantes, pero con rasgos menos profundos en el cuestionamiento al régimen político y al sistema capitalista, como son los comedores comunitarios.

     A mi modo de ver, hoy sigue habiendo un proceso muy rico en la cabeza de muchísima gente. Un proceso que continúa más allá de los lógicos avances o retrocesos que puedan haber en las acciones. Sigue abierto un proceso revolucionario en la cabeza de millones, algo hermoso, que es lo más apasionante que se está dando en la Argentina de hoy. Opino que hay una búsqueda, que hay un pueblo que está reflexionando sobre todo, que está repensando todo. El rechazo a todas las instituciones (al Parlamento, al Poder Judicial, a la Policía, a la Iglesia, a los sindicatos…) ha generado una búsqueda de alternativas, aunque esto sea por ahora muy embrionariamente.

     El proceso de búsqueda y de construcción alternativa es, como suele ocurrir, mucho más lento de lo que uno quisiera.

     Otro elemento importantísimo es señalar que la situación de la Argentina es parte de un proceso latinoamericano y de un movimiento mundial de resistencia a las consecuencias de la globalización capitalista. Es parte de un proceso de ebullición en América latina, que se está expresando en algunos procesos movilizadores como el de Paraguay o Perú y en otros electorales como en Brasil, Bolivia y Ecuador. Lo más grande fue ver al pueblo pobre de Venezuela bajando de los cerros para enfrentar el intento de golpe impulsado por los yanquis. Esto fue algo apasionante, muy estimulante.

     Es todo un continente en rebeldía y me parece que todo el proceso argentino, con sus propias características, con sus riquezas y obstáculos, es parte de un fenómeno regional. Además se está combinando con marcado y creciente sentimiento antinorteamericano, vinculado al repudio al FMI y a Bush. No sé si esto es conscientemente antimperialista, pero se ha retomado este sentimiento que estaba adormecido, sobre todo durante toda la década del menemismo.

La tarea la vemos respondiendo a este desafío de construcción y desarrollo de los procesos de autodeterminación, de autoorganización que se dan por abajo, porque creo que ésta es la herramienta revolucionaria más poderosa. En AyL cada vez reafirmamos más esta idea de un pueblo tomando en sus manos las respuestas, en la acción y en la teoría, sobre cómo derrotar a la barbarie que es el capitalismo y a la colonización imperialista en curso. Este combate no se gana si no es el pueblo trabajador el que dé las respuestas, y sin unirse a los procesos latinoamericanos que señalaba antes. Sin una coordinación latinoamericana no será posible la derrota del imperialismo. Máxime en momentos en los que Bush ha pegado un salto en su política guerrerista y bárbara a escala mundial. Está, por ejemplo, el Alca y la penetración militar para sustentarlo.

     La tarea es estimular y extender estos procesos y también hay que escuchar. Un revolucionario, alguien que se plantea derrotar al capitalismo y toda su barbarie, para poder aportar, debe escuchar y aprender de lo que los pueblos hacen. Más que nunca hay que huir de dogmatismos y del pensamiento único, no sólo del de la clase dominante.

     La consigna que aprendimos de la voz del pueblo, el “Que se vayan todos, que no quede ni uno solo”, para mí sintetiza el fundamental objetivo de hoy. Vendría a ser algo así como “Abajo la dictadura”, es decir, “Abajo este régimen político, esta democracia capitalista”.

     “Que se vayan todos” es entendido de muchas formas pero tiene, en el fondo, esta riqueza de decir: “¡Basta! Váyanse y no vengan otros a hacer lo mismo. No queremos más este régimen político, estas instituciones”.

     Para mí esta campaña continúa. Hay que llevarla y traerla de los lugares en donde hay procesos sociales que estén peleando. Al mismo tiempo, hay que extenderla porque hoy son sectores minoritarios los que se movilizan por esto. Igualmente, tiene la simpatía de toda la población y abre una brecha que hay que ayudar a extender.

     Todos los sectores sociales que estamos levantando esta consigna debemos pelear por llevarla al resto de la población, porque existe el riesgo de la marginalidad y del sectarismo. Tenemos que preguntarnos cómo dialogar con millones que hoy no se están movilizando, porque la gran pelea es articular nacionalmente este reclamo y este objetivo.

     Yo sigo viendo combatividad. Por ejemplo, cuando vacían una fábrica los trabajadores reaccionan, no se resignan, no dicen “no se puede”. Quizás hoy no se vea que es posible ir a Plaza de Mayo y tirar a Duhalde. O quizá se vea que sí pero no se ve cómo crear algo distinto, sin que venga otro y haga algo parecido a Duhalde. Por eso la consigna sigue siendo “Que se vayan todos” y no que sólo se vaya Duhalde.

     Aunque haya miedo, confusión, inseguridades, yo veo que sigue habiendo combatividad. El gran desafío es articular todos los procesos que se están dando con otros que, por ahí, no se están dando, pero que existen potencialmente y pueden estallar en cualquier momento.

 

* Fundador y diputado nacional por Autodeterminación y Libertad (AyL). De destacada trayectoria como abogado de Derechos Humanos bajo la última dictadura militar, se incorporó a las filas del PST. Fue uno de los miembros fundadores del Movimiento al Socialismo el 6/9/1982.

 

Convocatoria para el reagrupamiento del socialismo revolucionario

 

     La realidad del mundo y del país cambió, y mucho. La de la izquierda tradicional y organizada, muy poco.

     Mientras decenas o cientos de miles y hasta millones discuten sobre la deuda externa, el FMI, el robo de las privatizaciones y los mil y un problemas de un capitalismo en descomposición, la fuerza más o menos organizada de la izquierda no cambia significativamente.

 

     Esto se agrava porque entró en un proceso de ruptura, pérdida completa de credibilidad y de expectativas populares en el peronismo, la burocracia sindical no es ni la sombra de lo que fue, y se operó un colapso en el seno de la UCR y del “viejo” Frepaso.

     Esto no es producto de un proceso de politización a escala de masas, y menos aun de la de sus sectores más activos y de vanguardia, sino lo contrario. La posibilidad de organizar, bajo la forma que sea, un gran movimiento revolucionario es directamente proporcional a que las necesidades de las masas –por más elementales que sean– sólo pueden resolverse revolucionariamente.

 

     Bajo la crisis del peronismo, la bancarrota de la Alianza y el triunfo de Lula, la burguesía y sus aliados intentan recrear un nuevo espacio capitalista con un discurso declarativamente “humano”, por más que la historia y el presente del capitalismo demuestren que la humanidad está tan reñida con el capitalismo como la libertad con el esclavismo.

     Los socialistas revolucionarios no menospreciamos la perfidia de los centros capitalistas. Ellos están poniendo en juego todas sus cartas, desde un De Gennaro –o algún otro sector– como cabeza de un supuesto o real proyecto de PT (procapitalista y bendecido por la curia), o alguna articulación con Carrió y viejos frepasistas, hasta el “regreso de los muertos vivos” de Carlos Chacho Alvarez, cuyas palabras y fotos llenan páginas y páginas con verdaderos atentados a la inteligencia como la creencia de que entre él y el históricamente derechista De la Rúa podían timonear un proyecto “centroizquierdista”. Esto no es muy diferente de confundir a López Rega con un demócrata o a Menem con un patriota. Pero es evidente que el regreso de Alvarez es más que una casualidad.

 

     Es un hecho que buena parte de los revolucionarios provenientes del viejo MAS, al igual que los nuevos y más numerosos luchadores, no logramos encontrar las fórmulas para actuar unificadamente con un mínimo común denominador.

     Por ahora, campea el rechazo hacia las formas verticales y burocráticas de organización, de jefes más infalibles en la imaginación que en la realidad, y de militantes que cuanto más corren menos piensan y cuestionan. Y es un lógico rechazo a un “modelo” que es parte del pasado.

     Si no hay muchos millones de cabezas que piensen, actúen, protagonicen y respalden con sus pechos y brazos sus ideas, no habrá revolución posible.

 

     La Liga Socialista Revolucionaria (LSR) ha propuesto sistemáticamente, y reitera hoy, que queremos y podemos actuar juntos en aquello en que estamos de acuerdo.

     Esto no es lo mismo que nuestra propuesta de conformar comités unitarios para luchar por “que se vayan todos”. Tampoco tiene que ver con la propuesta de “partido único” que impulsan algunos compañeros del trotskismo (y que nosotros no compartimos; menos en este período).

     Ha pasado casi un año desde ese diciembre que vio colapsar al régimen y sus instituciones. Para la LSR, también colapsó la vieja izquierda tradicional –más allá de sus méritos y defectos–, conformada en una Argentina de cuerpos orgánicos y verticalismo que ya no existe. La realidad cambió y buena parte de la izquierda no sólo no lo hizo, sino que ni siquiera lo intenta: prefiere seguir atada al régimen, en un creciente grado de adaptación –con distintas formas y magnitudes–, cuando la realidad exige más que nunca salidas revolucionarias en el plano de lo realista y posible.

 

     Para la LSR este tipo de acuerdo no significa ponerse de acuerdo sobre un programa “ómnibus” como tantas veces se hizo en el terreno electoral. Ese camino ya ha sido suficientemente transitado y quedó demostrado que no sirve: es un sucedáneo del “Síganme”, sólo que “obrero”. Nada tiene arreglo sin que millones protagonicemos una revolución que destruya el poder del imperialismo y del capitalismo. La lucha de clases y la vida misma irán definiendo qué tipo de poder construimos, junto a millones, a partir de allí, como parte de una transformación social que nos excede a cada una de las fuerzas –juntas o por separado– a quienes dirigimos este llamado a comienzos del año (ver Bandera Roja Nro. 56, 21/3/2002): Autodeterminación y Libertad, Convergencia Socialista, sectores del MAS y otros agrupamientos. Estamos convencidos de que actuando en común en aquello en que estamos de acuerdo –que es mucho–, y manteniendo posiciones independientes en lo que no coincidamos, podemos ayudar a abrir las compuertas de un amplio cauce de participación, aprendizaje y lucha política de una vanguardia nueva, no organizada, que nos excede ampliamente a todos. Y que tiene justificadas prevenciones contra todos los grupos, a los que equipara con “aparatos” así éstos sean irrelevantes como tales.

     Las formas cuidadosas de avanzar en común sólo podrán delinearse haciendo camino al andar.

 

jorge guidobono

(Liga Socialista Revolucionaria)

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