El despotismo del siglo xxi
El horror de
un mundo deshumanizado imaginado por Evgueni Zamiatin en “Nosotros” –que tiene
su modelo más famoso en “1984” de George Orwell– puede ser revisitado como el
recuerdo de una sociedad de ficción un poco más habitable que el actual Estados
Unidos de George Bush Jr. y su banda de estafadores y asesinos.
Mientras las
Torres Gemelas comenzaban a tambalear, los servicios de Inteligencia
estadounidenses iniciaban una serie de operaciones secretas de detención y
deportación, centrada en los musulmanes, que comenzaban a ubicarse del lado
malo del eje trazado por Bush Jr. Desde entonces, el presidente se escudó en el
Acta Patriótica, una ley que el Congreso votó en octubre. Según esta
legislación, el Gobierno puede retener hasta siete días, en secreto, a un
“sospechoso de terrorismo”. Además, desde el 17 de septiembre del 2001, el
Servicio de Inmigración puede mantener detenido a un extranjero entre 24 y 48
horas, “exceptuando una emergencia u otra circunstancia extraordinaria”. Y
Estados Unidos, se sabe, está atravesando “una situación extraordinaria”, y la
va a seguir atravesando por mucho tiempo.
A más de diez
meses de aquel 11 de septiembre, sigue siendo incierto el número de personas
–familiares de musulmanes hablan de más de 1.200– que permanecen en prisión sin
cargo alguno o por faltas menores vinculadas a la inmigración: a ninguna de
ellas se les pudo probar relación alguna con actos de terrorismo. Las denuncias
hechas por los detenidos hablan de golpes, falta de atención médica y torturas
físicas y psicológicas, alcanzando incluso la muerte del paquistaní Muhamed
Butt. La brutalidad de la situación recuerda a las dictaduras latinoamericanas,
hasta el punto que Warren Christopher, ex secretario de Estado de Bill Clinton,
insistió en que las listas de detenidos deben darse a conocer a los familiares
para no caer en la represión y “para que los familiares sepan qué pasó con sus
seres queridos”. Es una “buena precaución para no tener desaparecidos”, dijo
Christopher preocupándose por la imagen del imperio hacia el exterior.
Y ésta es
solamente una porción de la aberración que representa una política de
encarcelamiento y represión, que llevó a que los presos de Al Qaeda,
trasladados a la bahía de Guantánamo, fuesen tratados como animales a los que
no se les permite siquiera la posibilidad de usar turbantes o profesar su
religión, mientras se ven obligados a pasar el resto de su existencia en jaulas
a la intemperie. A mediados de julio, el Balochistan Post informó que el mollah
Abdul Salam Zaeef murió bajo tortura en la base de Guantanamo, según denunció
su familia que habría sido enterada del hecho por la Cruz Roja.
La situación
es a tal punto inocultable que las Naciones Unidas se vieron obligadas a
publicar una resolución en la que se declaran alarmadas por “la instauración de
tribunales militares cuyas reglas de funcionamiento derogan de manera flagrante
normas intangibles relativas al derecho a la libertad y a la seguridad y el
derecho a un juicio justo”. También alertan sobre “el aumento del racismo y de
la xenofobia”. Naturalmente, la ONU se sitúa por fuera de este problema como si
no tuviera nada que ver con la política criminal llevada adelante por el
imperialismo norteamericano.
La Ley
Patriótica da, también, el control judicial de la vigilancia telefónica y de
Internet, y otorga al FBI un acceso casi ilimitado, y sin control, a los
archivos sin tener que presentar la menor evidencia de un crimen. El FBI ni
siquiera está obligado a dar al “sospechoso” el tiempo necesario para llamar a
un abogado.
Se proponen
restringir cada vez más, y hasta extremos inimaginables, las libertades
democráticas. La ley contempla, asimismo, la posibilidad de que el Gobierno
exija que las bibliotecas y videotecas divulgen los materiales consultados por
cada ciudadano.
Basta con que
cualquier persona critique cualquier aspecto del Gobierno o de su política para
que sea detenido por “dar apoyo al enemigo”.
Bush se
propone crear un ejército de un millón de estadounidenses, de diez ciudades del
país, entregados al patriótico trabajo de espiar a sus vecinos. Esta es apenas
la etapa piloto de la Operación Tips, dirigida nada menos que por el benemérito
señor Ashcroft. ¿Se escuchan los ecos de las voces previsoras de Orwell? ¿Resucitó,
agravado, el macartismo?
El Tips es
otra muestra del acelerado avance en la descomposición de la sociedad
estadounidense y en el cercenamiento de las ya exiguas libertades democráticas.
Hace cerca de un mes, George Bush hijo propuso la creación del Departamento de
Seguridad Interior, un superministerio que absorbería muchas funciones de otros
organismos. El costo de esta reorganización –la mayor en medio siglo– llegaría
a US$ 100.000 millones, mientras que los desocupados empiezan a contarse por
millones. También busca la intervención de las fuerzas armadas en cuestiones de
policía interna, para lo cual está presionando, junto a su ladero Donald
Rumsfeld, para cambiar las leyes que lo prohíben desde 1878.
Bush y
Rumsfeld avanzan a los tumbos en una carrera que no repara en el desastre que
van dejando tras sus pasos. Se proponen liberarse de todo control del Congreso
y buscan una ley que les permita elevar sus iniciativas directamente a la Casa
Blanca, sin supervisión de otros ministerios, y que obligue a los legisladores
a votarlas en tiempo y con debates limitados.
En una trágica
ironía de la historia, Bush quiere convertirse en un nuevo Luis XIV, aunque la
Ilustración sea para él sólo una palabra desconocida. Pero hay algo que los
emparenta: ambos simbolizan la descomposición y el agotamiento de los sistemas
que representan.
El agotamiento
del sistema capitalista en su actual fase es algo que no requiere ya demasiada
constatación. Pero esto no quiere decir que los capitalistas imperialistas –al
igual que los exponentes del Despotismo Ilustrado, fase de transición a la
modernidad capitalista– vayan a hacerse conscientes de ese agotamiento y, en
consecuencia, retirarse dejando paso libre al socialismo.
El
imperialismo está conduciendo al mundo y a la sociedad estadounidense a niveles
de deshumanización y brutalidad que sólo podían ser imaginados por
extraordinarios literatos hace medio siglo. Hoy, la imaginación se volvió
vivencia cotidiana.
Es vital para
los explotados del mundo empujar a los imperialistas más allá del abismo de la
Historia para poder sentar las bases de una nueva sociedad, una sociedad
socialista. De no ser así, los novelistas de este siglo no podrán proyectar en
sus mentes la idea de futuro.
Maximiliano Estarosta