Los
verdaderos delincuentes
Con cada caso de inseguridad como el de
Miguel Angel de 14 años, que robó en un supermercado de Gerli en julio pasado,
los medios y el poder político instalaron una campaña represiva más profunda
que otras veces. Ahora, ni siquiera el eje de la “polémica” es “seguridad vs.
inseguridad”; abiertamente exigen el aniquilamiento o el encarcelamiento de por
vida o la penalización a partir de la edad de seis años y otras penas durísimas
para los menores (a veces hasta festejan los casos del llamado “gatillo
fácil”).
En sospechosas “ratoneras” y puestas en
escena, los chicos aparecen rodeados por decenas de policías, comandos, grupos
especiales y medios, al instante de comenzar el “laburito”. Al igual que en
Avellaneda, el operativo de prensa es mostrarlos como la semilla de la
inseguridad y como una de las mil ramificaciones del “enemigo”: el pueblo
movilizado, organismos de derechos humanos, asambleas populares, centros de
estudiantes, organizaciones de izquierda, etc. La derecha trasnochada suele
decir que, como en los ’70 la guerrilla, la izquierda anda detrás de los robos
y tomas de rehenes. Esta operación ideológica (“zurdo” = delincuente) sigue
preparando el terreno para una represión social a escala total, cuando llegue
el momento.
Sin pretender discutir ni convencer a
estos fascistas salvajes, base social de dictaduras y gobiernos civiles
genocidas, nuestra explicación como socialistas revolucionarios debe tener como
objetivo disputarle el sector medio “neutral” y “vacilante”, sensible al
discurso de la derecha y reforzar la conciencia de los sectores más
democráticos.
No debemos aflojar en esa tarea. En cada
asamblea, fiesta, reunión familiar, almacén, micro, tren, o en la calle,
tenemos que dar la batalla y explicar pacientemente que los chicos que
delinquen son a la vez víctimas y creaciones genuinas del sistema capitalista,
que sólo les ofrece balas o cárcel. Hay que dejar en claro que el discurso de
la inseguridad tiene, además, una función comercial que es la de ampliar el
mercado de las empresas de seguridad y vigilancia en manos de policías y
militares retirados (las de Yabrán, por ejemplo). Al mismo tiempo, en los
barrios donde vivimos o militamos, y charlamos con la “barrita”, le decimos que
la revolución es el único futuro. Así, de una y, de paso, que no nos afanen.
Ellos, los empresarios, banqueros, los
funcionarios, los militares, la policía y demás instituciones, son los
verdaderos delincuentes que robaron y fundieron al país. Junto a los jefes
imperialistas tendrían que estar presos y expropiados para que miles de pibes
como Miguel Angel tengan un futuro y las condiciones de vida mínimas para no
tener que ir a un supermercado a saturarse de fiambres y bebidas.
Tanto para la derecha como para los
“progres”, los pibitos deben aguantárselas con medio plato de fideos y
lavándose en un balde durante toda la vida. Eso sí, quizá –dicen los “progres”–
algunos pocos hasta tengan la ayuda de un subsidio o plan Trabajar. Pero no es
con súplicas ni con imposiciones legales a los dueños del poder político y
económico como se logrará empezar a cambiar la realidad (como también gran
parte de la izquierda cree). Las súplicas jamás las escuchan y las imposiciones
legales las violan siempre.
Los socialistas revolucionarios creemos,
por el contrario, que hay que destruir ese poder y sus instituciones “mafiosas”
judiciales, policiales, carcelarias y de monopolización de la información, que
no denunciaron ni encanaron a los banqueros que fugaron capitales ni a los
corruptos que fueron gobierno ni a los policias que asesinaron manifestantes en
diciembre, y siguen matando.
(Desde
La Plata - Corresponsal)