Aunque Carrió no lo crea

El capitalismo “limpio” es como la cuadratura del círculo

 

      “Mi plan es: limpiemos la casa”. Esta tarea de aseo nos la plantea Elisa Carrió, la hasta hace pocos días afiliada radical y ahora candidata a presidente por Alternativa para una República de Iguales (ARI). La suciedad que menciona la diputada, en un reciente reportaje de la revista 3 Puntos, alude a los innumerables casos de corrupción que cubren cada una de las instituciones del sistema, a las que según ella se podrían mejorar (“limpiar”) cambiando a los funcionarios. O sea que deberíamos buscar gente honesta (¿como ella?) que las hicieran funcionar correctamente.

      “El capitalismo es un sistema con un sustento moral –continúa la ex alfonsinista–, por eso creo que en la Argentina no existe capitalismo (...) y lo que hay que construir aquí es, justamente, un sistema capitalista serio, con transparencia en todas sus instituciones. Hay que hacer una profunda limpieza en ellas y en el sistema político y económico”, sostiene la diputada que fue funcionaria del estado chaqueño bajo la dictadura militar.

      Precisamente cuando la casa, y todo el edificio, comienzan a derrumbarse sobre nuestras cabezas, Carrió nos invita a pasar un plumero y sacarle lustre a los muebles, que inevitablemente se han llenado de polvo. Sin recordar quizá que la modesta “limpieza” que Carlos Chacho Alvarez intentó hacer en el corrupto Senado fue el preludio de la muerte del Frepaso, con Graciela Fernández Meijide incluida.

      Capitalismo hay uno solo: explotador, corrupto, genocida y bárbaro. Limpiarlo de suciedad sólo puede hacerse tirándolo por completo al basurero de la historia en forma revolucionaria. Basta con dirigir la mirada hacia Estados Unidos, expresión máxima del desarrollo capitalista y tema al que le dedicamos nuestra página central.

      Cuando desde las entrañas de millones de argentinos surge el “que se vayan todos” y el descreimiento profundo en las instituciones responsables de sostener la catástrofe económica, social y política de los últimos 25 años, la diputada Elisa Carrió intenta recrearlas y procurar sacar del centro de la escena el cuestionamiento al sistema capitalista de conjunto. Por eso, todas sus propuestas corren por vías institucionales: un plebiscito para intentar que la gente opine si quiere o no que se renueven todos los cargos legislativos en las próximas elecciones, una eventual Asamblea Constituyente si este plebiscito es desoído, un “shock distributivo” mejor que el de Hilda Chiche Duhalde (igualmente basado en la propuesta del Frenapo) mediante subsidios estatales para desocupados, niños y ancianos, y un supuesto “impulso estatal para el desarrollo de los sectores productivos que generen empleos”. O sea, vulgares trampas electorales, encerronas institucionales y las mismas migajas para los pobres: ésas son las propuestas de Carrió para “salir de la crisis”. No difieren mucho de las promesas de campaña de los anteriores presidentes, por más charlatanería barata, misticismo religioso o posturas contestatarias de cotillón de la ex impulsora de la Alianza. En el mejor de los casos, su pretendido “capitalismo limpio” no difiere de la vana búsqueda de la cuadratura del círculo.

      Justamente las vías “extraparlamentarias” por las cuales el 19 y 20 se terminó con la farsa aliancista y se echó a De la Rúa y a Cavallo, son las que, a toda costa, intenta evitar Carrió. Y eso la pone en pie de igualdad con todos los candidatos patronales del PJ (con alguno de los cuales Carrió intenta hacer un acuerdo), de sus “familiares” de la UCR y de la llamada centroizquierda, conformada por algunos de los integrantes “progres” de la reaccionaria Alianza (Frente Grande, PSP, PSD, PI) muchos de los cuales nutrieron al ARI.

      Recientemente, la ex radical, ex aliancista, ex funcionaria bajo la dictadura, ex alfonsinista, amenazó con un llamado a una “abstención revolucionaria” para las próximas elecciones y a los pocos días abandonó la empresa. La “ex revolucionaria” de palabra, había intentado unos días antes cerrar filas junto a Luis Zamora. Al ser rechazada en reiteradas oportunidades por el integrante de Autodeterminación y Libertad, se deshizo en elogios hacia el peronista Carlos Reutemann. Abandonó la idea de aliarse con el piloto y comenzó a explorar una posible fórmula con Víctor De Gennaro y no descartó alguna alianza con Kirchner.

      Queda claro que, con tal de llegar al gobierno, Elisa Carrió puede cambiar velozmente de aliados, de proyecto político o de convicción ideológica, aunque diga lo contrario: “…Quiero un capitalismo serio, pero las mujeres no soñamos con el poder; soñamos con el amor… los hombres son los que sueñan con eso…”. Todo el mundo es libre de enamorarse de quien quiera, pero venir a enamorarse de un “capitalismo serio”, más que cosa de mujeres es cuestión, en el mejor de los casos, de un “idealismo” absurdo. Es mucho más posible recibir un gesto de amor de un alacrán herido y acorralado.

Julio Hernández

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