No hay salida

con los ricos en el poder

Duhalde y De la Rúa parecen gemelos: a poco de asumir resultan gobiernos viejos, que siguen en muletas el camino del FMI que cada vez les exige más y los humilla como a mayordomos seniles y descartables.

     Ahora Duhalde se apresta a vetar la bochornosa derogación de la ley de subversión económica aprobada en el Senado mediante una “ñoqui” al revés: en vez de sentarse en forma trucha en una banca, huye para posibilitar su aprobación.

     Duhalde asumió ilegítimamente hace cinco meses y diez días y se lo pasó mirando el cielo, como cuando esperaba la llegada del “avión negro” que traería a Perón. Sólo que el avión negro hoy se llama “acuerdo con el FMI”. Más que “acuerdo”, parece una versión criolla de “La gran comilona”, con imperialistas y ricachones insaciables.

     Esta sociedad no puede arreglarse con emparches porque está absolutamente podrida. La única cura posible está en la destrucción revolucionaria del poder de los explotadores, por las grandes mayorías de trabajadores y el pueblo, los únicos que pueden aplicar desde el poder una política y un programa opuestos a los que imperan desde hace más de un cuarto de siglo.

 

Caída libre y sin final

 

El dinero de las deudas que licuaron los grandes empresarios pesificados va a ser abonado puntualmente a los bancos por el Estado. Lo mismo corre para la eliminación del CER, que como no indexará los créditos de vivienda única, también tendrá que ser cubierto por las arcas públicas. Pero mientras el Banco Río giraba a sus accionistas madrileños remesas extraordinarias por las tasas de interés cósmicas que cobraba por los préstamos en el mercado argentino a los ahorristas locales, a nadie se le ocurría que tuviera que pagar algún tributo adicional a esas mismas arcas.

                Mientras tanto, hay un tributo que sí se está cobrando puntualmente, y no precisamente a los banqueros. Se trata del impuesto inflacionario, la solución mágica que les hacía falta a quienes querían bajar de un plumazo el gasto público sin tener que desenfundar la tijera. Con sólo mantener los presupuestos nominales, como se está haciendo, y dejando que crezca a la par de la inflación lo recaudado por IVA –que es un porcentaje de los precios finales– y otras tasas de ese tipo, el déficit fiscal se evaporaría antes de fin de año. Así, siendo estrictos en el planteo, el desocupado que compra leche para sus hijos y paga 21% de IVA al fisco estaría abonando por anticipado el monto que se entregará a los bancos para compensarlos por la pesificación asimétrica.

                Según algunos especialistas, la caída salarial en términos reales es del 30% en lo que va del año. El número es mayor que el del aumento del costo de vida porque se tiene en cuenta que el asalariado de menores ingresos consume una canasta de productos compuesta en su mayoría por artículos de primera necesidad, que son los que más aumentaron. Otro dato alarmante lo aporta el hecho de que el salario/hora promedio en dólares pasó de 6,42 en diciembre a 2,20 en abril, o sea un 37% menos que los US$ 3,50 que se pagan en las maquilas mexicanas donde las multinacionales estadounidenses emplean mano de obra semiesclava.

                Los pronósticos más mesurados hablan, para fin de año, de entre 60 y 65% de los argentinos bajo la línea de pobreza, de los cuales la mitad será indigente, o sea que no podrá cubrir las necesidades de alimentación básicas para su subsistencia. Y esto, por más que dicho en números y palabras no sea tan impactante como tener delante de uno la pila de cadáveres de los 60 o 70 chicos que se mueren de hambre por día en el país, debe entenderse como lo que es: una catástrofe cada minuto más irreversible.

 

Todo huele a podrido en las alturas

 

El más descuidado depósito de basura huele mejor que el poder y todas sus instituciones. Duhalde veta el o los artículos que el FMI le dicta contra la ley del propio Duhalde; la senadora radical rionegrina escapa del Senado para que le cierren los números al cogobierno radical-peronista; una ley se aprueba mediante el doble voto-desempate del presidente del Senado; la “justicia” libera a Cavallo mientras la atención pública está centrada en el partido Argentina-Inglaterra… son todas perlas del interminable collar de la infamia.

     La ofensiva represiva y autoritaria es el complemento de este poder en descomposición.

     Quizá se adelanten las elecciones, quizá no. El hecho es que no hay políticas alternativas realistas. Esa es la única fortaleza efectiva de Duhalde, la que le permite prolongar su agonía en espera del “acuerdo” con el FMI, con los bancos chupasangre, con los monopolios nacionales y extranjeros, con los curas y su administración de la pobreza, con los burócratas peronistas de afiladas uñas o con los dirigentes piqueteros “amigos” e intermediarios de los pocos pesos destinados a intentar impedir estallidos sociales crecientes.

    

Por abajo se derrumbó lo viejo y lo nuevo aún no nació

 

En la manifestación de Moyano del 12 de diciembre se preanunció lo que los días y meses siguientes confirmarían: el divorcio entre la dirigencia sindical y política peronista por un lado y los trabajadores y el pueblo por el otro. El “paro general” y el acto de Moyano suspendidos por “tiempo lluvioso”, y su patética realización a la semana siguiente, y con sol, fueron el punto sobresaliente. El “paro general” de De Gennaro del 29 de mayo no fue paro ni general; salvo en algunos lugares, como Misiones, se limitó a cortes de ruta por las organizaciones piqueteras de variado signo político.

     La conclusión es simple: toda esta gente no llega a ser ni mariscales de derrotas. Son parte de lo viejo, de lo que se tiene que ir por caduco y obsoleto o, dicho de otra forma, de lo que hay que derrumbar para alumbrar formas de organización política-sindical-barrial que se vayan convirtiendo en una alternativa efectiva de un poder contrapuesto al de los ricos y el imperialismo.

     El problema está planteado en términos simples y trágicos. Si continúa el actual impasse político continuará implacablemente la política de destrucción del pueblo y del país por parte del imperialismo y de la clase dominante nativa.

     No hay recambio posible de tipo reformista. Haya o no elecciones la única perspectiva realista es organizar una lucha de masas, de tipo revolucionaria, para cambiar de manos el poder y arrancárselo a la minoría de super-ricos. Las formas de cómo hacerlo no las inventaremos los marxistas, que sí participaremos en todas las formas de lucha que el pueblo vaya adoptando. Al calor de la pelea, insistiremos en que la única solución es terminar con el poder de los explotadores y conquistar un poder de las mayorías trabajadoras, ejercido mediante una democracia directa que nada tiene que ver con toda la mugre institucional imperante.

 

Por un poder y un gobierno obrero y popular

 

Hay que salvar al pueblo expoliado que vive en la Argentina (sea cual sea su país de origen). Y hay que salvar a la Argentina de completar su rumbo hacia una colonia completa.

     Utilizando las más diversas tácticas es necesario desarrollar un poder alternativo que confronte con el poder burgués en descomposición, termine con él e imponga una política y un programa opuestos a todo lo que vivimos desde hace décadas, que nos ha llevado a la catástrofe actual.

     Los explotados y oprimidos debemos enfrentar esta tragedia que se vuelca sobre nosotros, con la única perspectiva posible: la de una revolución antimperialista, anticapitalista, socialista, internacionalista y democrática entre los luchadores y el pueblo pobre (y con leña a los explotadores y chupasangre).

     Un nuevo poder puede dar una salida real al pueblo y a la colonización del país y proyectar esa gesta revolucionaria al conjunto de la región, enferma no del “efecto tango” sino del virus de la colonización imperialista y de la descomposición capitalista.

     Un poder de nuevo tipo, de los trabajadores y el pueblo terminaría con la sangría interminable en favor de los ricos y aplicaría un plan de emergencia para el pueblo empobrecido y la colonizada nación. Desde ese poder, podría plantearse, entre otras medidas:

 

   Romper todos los tratados económicos, políticos y militares con el imperialismo mundial y expulsar a todas sus misiones (como el FMI y otros).

   No pagar la deuda pública que contrajeron los capitalistas.

   Repartir las horas de trabajo a salario pleno.

   Expropiar la banca, el comercio exterior y todos los monopolios y la tierra de los oligarcas.

   Expropiar a las grandes familias que vaciaron el país y meterlas presas hasta que regresen los capitales fugados al exterior, que les serán expropiados.

   Separar al Estado de la Iglesia y expropiar sus bienes.

   Disolver los aparatos represivos y castigar a los asesinos de ayer y de hoy. n

 

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