Conflicto Municipales de General Pueyrredón
Escribir una nueva historia
Dedicado a todos los docentes autoconvocados que
salieron a luchar contra el ajuste y a todos mis alumnos que día a día me dan
fuerzas para luchar por derrotar este sistema.
En memoria de Néstor Segundo Herrera, luchador
docente asesinado el 1º de mayo de 2002 en Comodoro Rivadavia.
Este es el relato de casi 60 días de lucha contra uno
de los “ajustes” al que nos tienen acostumbrados el FMI y los gobernantes de
turno.
Mar
del Plata es una de las ciudades más castigadas con relación a su alto índice
de desocupación y pobreza. Los brillantes veraneos de años atrás se han
convertido en escalofriantes y largos inviernos donde la miseria, la pobreza y
la marginalidad aumentan progresivamente.
La
caída del gobierno de De la Rúa golpeó también a este Municipio precipitando la
renuncia del intendente Aprile, incapaz, entre otras cosas, de aplicar el
ajuste a 6.500 trabajadores municipales.
Su
sucesor, otro radical, es entonces el designado para llevar a cabo la tarea.
Pocos días después de su asunción con campaña mediática y opinión pública
favorable anuncia su plan de recorte, que ronda entre el 10 y el 30% de los
salarios, más planes de descentralización, privatización y disponibilidad de
toda la planta permanente de trabajadores.
Es
aquí donde nos ponemos a prueba y debemos dejar la rutina para enfrentar los
ajustes y los recortes que sufrimos los trabajadores. El recorte significaba
una pérdida del 30% de nuestros salarios. Los maestros municipales de Gral.
Pueyrredón dimos “una clase ejemplar”: lejos de esperar, nos organizamos y
salimos a la calle. Esto significó una organización autoconvocada con
ritmos y acciones diferentes de las políticas gremiales tradicionales y fue así
como día a día planificamos asambleas, cacerolazos, entrevistas a los
concejales (quienes debían votar la rebaja salarial). Y hasta el propio
Intendente, ante más de 200 docentes autoconvocadas, trató de convencernos de
que en una comuna quebrada monetariamente, el “ajuste” a los salarios era la
única salida posible.
En
menos de 24 horas hicimos nuestra primera manifestación. Luego de la jornada
laboral, nos autoconvocamos frente al Municipio y marchamos por las calles
céntricas a repudiar estas medidas. Muchas maestras participaban por primera
vez y, demás está decirlo, el principal motor era que nuevamente “nos metían la
mano en nuestros bolsillos”, ese vil metal, uno de los principales valores que
tiene esta sociedad.
Con
nuestras características, nuestros blancos delantales, nuestros miedos y
audacias, nuestras pancartas, queríamos mostrar a la población que existen
otros sectores de donde sacar el dinero y no son precisamente a los magros
sueldos de los municipales sino a los grandes empresarios y a los ricos que
nunca quieren ceder o perder un peso de sus ganancias.
La
lucha no fue fácil, moverse por fuera de los aparatos gremiales y sus
burocracias tiene sus bemoles. Sin embargo, lentamente fueron sumándose más
docentes a nuestras actividades, más allá de sus afiliaciones gremiales. Lejos
de dividir, nosotros uníamos. Los cacerolazos fueron
incrementándose, al igual que las pegatinas con los trabajos de nuestros alumnos
y con las consignas decididas en las escuelas.
Planificamos
entrevistas a los concejales hasta arrancarles su voto contra el ajuste. En
muchas ocasiones se sintieron acorralados, nuestra presión y convencimiento a
no ceder ni un centavo, unido al reclamo de que el municipio debía mantener los
edificios escolares y el servicio alimentario de nuestros alumnos, retumbaban
en cada pasillo del Concejo Deliberante.
Cada
asamblea autoconvocada decidía democráticamente cada acción y así ocupamos
todas las instancias imaginables: desde diálogos con la comunidad educativa
hasta la “banca 25”. Lentamente, pero con firmeza, nos convertimos en la
pesadilla de los ejecutores del ajuste. También fuimos ganando la opinión
del resto de los municipales y de la población que en general empezaba a
comprender el ajuste como una medida injusta.
En
muchas ocasiones y cuando nos parecía correcto, nos sumamos a las medidas del
Sindicato de Trabajadores Municipales, pero nunca depositamos un ápice de
confianza en su conducción y en un cuerpo de delegados verticalista, porque
sabíamos que no queríamos ni recortes salariales, ni despidos, ni retiros
encubiertos. En nuestro inconsciente primaba que durante años todo lo que
cedimos en forma consensuada con el sindicato significaba finalmente pérdidas y
más pérdidas a nuestras conquistas.
No
dejamos las escuelas, ni tampoco de dar clases, aunque en muchas ocasiones
tuvimos como medida de presión el paro de actividades. Sin embargo,
desestimábamos medidas como el paro por tiempo indeterminado o los paros
pasivos porque sabíamos que perder el contacto con nuestros alumnos y padres
era un arma de doble filo.
Así
fue como, casi sin quererlo, nos convertimos en referentes de la lucha y otros
sectores de municipales y delegados gremiales se acercaron a las autoconvocadas
docentes, organizando una “marcha de las antorchas” donde pudimos reunir a más
de 500 municipales con sus familias.
Para
ese entonces los concejales votaron en contra del ajuste, por más amenazas y
plebiscito público, el Intendente y sus secuaces tuvieron que dar marcha atrás;
ocasionando la renuncia del secretario de Economía (¿historia conocida, no?).
Por supuesto que lo que no pudieron sacarnos de bonificación municipal, nos lo
sacaron en las escuelas rurales (8 sobre 67 establecimientos) de la
bonificación provincial. Y eso aunque nuestros alumnos son iguales a la
chiquita de Tucumán que mostró en su tapa Página/12. El 80% de sus
hogares vive en la desocupación; el 15% está subocupado y sólo 5% tiene trabajo
estable. Así que lo que tenemos por delante es una realidad muy dura y, más
temprano o más tarde, habrá que volver a la lucha.
No todo está escrito:
¿Por qué autoconvocados?
Muchos
pensamos que a partir de las jornadas del 19 y 20 de diciembre hay cosas que
están cambiando, las asambleas populares, los distintos sectores
autoconvocados, son muestras de ello.
El
alto grado de desconfianza en los dirigentes sindicales –en su gran mayoría
cómplices de los ajustes y deterioros salariales–, las propias estructuras gremiales
y su tipo de funcionamiento donde unos pocos opinan por la gran mayoría, la
falta de un trabajo real por las bases, hace entre otros motivos que los
trabajadores busquemos nuevas formas de organización y de lucha. Este es un
camino complejo, lleno de inexperiencias y sin aparatismos. Y tal vez esto sea
lo válido: aquí se cuestiona todo, se “revoluciona” todo el pensamiento, las
acciones, y se crean nuevos lazos; se tejen redes más horizontales y
democráticas, aunque todavía embriorarias y desarticuladas.
Todo
está por hacerse y son pocas las recetas. El enemigo es fuerte, pero no
omnipotente, se trata entonces de crear nuevas herramientas y recrear algunas
viejas no sólo gremiales sino políticas para poner fin a tanta injusticia,
tanta miseria, tanto dolor.
¿El
fin de esta historia? La tendremos que construir entre la gran mayoría, que
somos los trabajadores ocupados y desocupados, los estudiantes, los pobres, que
estamos tratando de sobrevivir en este sistema caduco.
(Desde Mar del Plata) Viviana