Batlle, en
inglés, se dice Bush
Desde
que en 1871 el general Lorenzo Batlle fuera presidente del Uruguay, los Batlle
constituyeron una familia “real” que sólo carecía del derecho sucesorio
automático al trono. Su antepasado José Batlle fue el creador del Uruguay
moderno en el siglo XX y dominó la vida política del país hasta su muerte, en
1929. El padre del actual presidente Batlle, Luis, fue presidente dos veces y,
a su muerte, su entonces joven hijo Jorge pasó como todo delfín a ocupar el
trono vacante en su partido.
Con
esta breve reseña histórica, intentamos demostrar que la versión “autocrítica”
que realizó Batlle al día siguiente de sus denuncias sobre la obvia corrupción
de la clase dirigente argentina, es una mentira completa. Al no tratarse de un
político más o menos improvisado, es tan poco probable que Batlle se haya “ido
de boca” por “calentura” como que la reina Isabel saliera desnuda a los
jardines del Palacio de Buckingham porque sentía calor.
Al
igual que cuando promovió la condena a Cuba en la ONU, Batlle también actuó
ahora como un vulgar “Chirolita” de Bush, al servicio del operativo de aplastar
a la Argentina para aleccionar y disciplinar a toda la región que entró en
picada tras la última década infame.
No
es una casualidad que Batlle sea fanático del Alca, el salto en la colonización
yanqui de la región, terminando con el patético Mercosur y con la competencia
del imperialismo europeo, que fue el que se quedó con la mayoría de las
privatizaciones latinoamericanas. Ahora Estados Unidos pretende apropiarse de
ellas, sea en una sociedad poco equitativa con empresas mexicanas –por ejemplo
en telefonía– o de la forma que sea, incluso mediante el hundimiento del peso
frente al dólar, para comprar por unas pocas monedas empresas que hoy no les
pertenecen.
Batlle
no es un improvisado sino un político capitalista de raza e historia. No “se
zarpó” sino que cumplió un papel en la estrategia de Bush. Y esto no se
modifica por el viaje para pedir disculpas –que no correspondían– a Duhalde, el
ilegítimo gobernante argentino.
Batlle
es un peón de Bush y actuó como tal: tiró la piedra y la delicada situación
ríoplatense lo obligó al circo del llanto.
Pero,
además, y volvemos a la historia, si hay un político uruguayo con trayectoria
de corrupción, ése es precisamente el príncipe que llora. Hace 35 años, y siendo
parte del gobierno del general Gestido, Jorge Batlle (el patrón de la Lista 15)
tuvo acceso a la información reservada de una devaluación del 100% del peso
frente al dólar que se realizaría en horas. Presuroso, el actual “cruzado de la
honestidad” realizó una operación bancaria para quedarse con un “vuelto” de
medio millón de dólares, una cifra astronómica para esa época. El negociado se
conoció durante años como “la infidencia”, y debido a eso Jorge Batlle quedó
relegado políticamente. Su desprestigio era tal que la única medida
demagógica-populista que tomaron quienes ensayaron el golpe de Estado de
febrero de 1973, fue meter preso unos meses al “infidente” Batlle, mucho más
conocido en ese entonces por los nombres populares de ladrón, chorro y otros similares.
Con
el paso de los años y el silencio cómplice de parte de los que vivieron
aquellos hechos, el corrupto Batlle lanza una campaña contra la corrupción en
la Argentina… que es obvia.
Lejos
de cualquier sentimiento nacionalista que nos es absolutamente ajeno, decimos
categóricamente: son muchos los capitalistas uruguayos que no tienen autoridad
para horrorizarse de la corrupción en la Argentina, que acrecienta sus
millones. Pero si hay un político que carece de la más elemental legitimidad para
condenar a la corrupción es uno de los pioneros de ella en la región. Y se
llama Jorge Batlle. Menem y su banda delincuencial son apenas sus vulgares
discípulos.
Jorge Guidobono